martes, 20 de junio de 2006

Doña Leonor Pérez, la madre de José Martí.

Por Gislania Tamayo Cedeño


Publicado: 19 de junio de 2006


Nació el 17 de diciembre de 1828 en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias. En noviembre de 1842, con solo 14 años de edad, llega a Cuba acompañada por sus padres y su hermana Rita.

Familia con una holgada posición económica, le sigue sonriendo la suerte en La Habana; su padre que era músico y oficial de artillería, gana la lotería y compra una buena casa en la calle Neptuno.

Leonor sabía leer y escribir, algo grande para los infantes de entonces en Canarias, había aprendido sola en un juego de niños.

Su posición social en La habana le permite vivir una vida plena para la época, pues disfrutaba de muchas posibilidades intelectuales que antes no poseía.

El 7 de febrero de 1852 contrae matrimonio con Mariano Martí Navarro, sargento primero del Cuerpo de Artillería.

A partir de entonces Rita y Leonor deciden vivir juntas en la casa de la calle Paula.
El 1856 el matrimonio viaja a Valencia para asentarse allí, ya llevan consigo al retoño de ambos, al pequeño José, de solo tres años.

Doña Leonor era una mujer rebelde, sostenía sus criterios y estaba acostumbrada a gobernar en su casa, a pensar y a decir sus pensamientos; pero esto no la exime de ser dulce y cándida.

José Martí es el primer hijo, esto le permitió dedicarse por entero a su cuidado los primeros años de su vida, y por supuesto su influencia de mujer sobresaliente influyó en la formación esencial de su vástago.

La enseñanza de José Martí era algo tan fundamental para su madre que lo inscribe en el colegio de San Anacleto, donde aprendería además inglés, y francés.

Martí le profesaba un amor sin límites a la progenitora de sus días, a la que en una ocasión le escribe:

El enemigo brutal/ nos pone fuego en la casa: / el sable la calle arrasa/ a la luna tropical/ pocos salieron ilesos/ del sable del español:/la calle al salir el sol/ era un reguero de sesos./Pasa entre balas un coche:/ entran, llorando, a una muerta:/ llama una mano a la puerta/ en lo negro de la noche./ No hay bala que no taladre/el portón; y la mujer/ que llora me ha dado el ser:/ me viene a buscar mi madre./ A la boca de la muerte/ los valientes habaneros/ se quitaron los sombreros/ ante la matrona fuerte/ y después que nos besamos/ como locos, me dijo:/ vamos pronto, vamos hijo:/ la niña está sola: vamos.

Era una mujer tenaz, capaz de entender los ideales políticos y sociales por los que luchaba su hijo, de darle aliento para que no decayera, aunque a veces cuando le escribía lo instaba a reflexionar…” quien nace Cristo, muere crucificado…

La muerte de su hijo la sume en un profundo silencio de dolor que ella solo podía entender, hasta que muere el 19 junio de 1907.

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