viernes, 19 de mayo de 2006

En torno a la muerte de José Martí

Viernes 19 de mayo del 2006

María Delys Cruz Palenzuela

Existen innumerables versiones de los sucesos relacionados con la caída en combate del ilustre patriota cubano José Martí el 19 de mayo de 1895. Una recopilación realizada por el investigador Rolando Rodríguez, en su libro "Dos Ríos, a caballo y con el sol en la frente" nos aproxima en gran media a la posible realidad, aun cuando no se tiene ninguna por conclusiva.
Se dice que a Ángel de la Guardia, en el avance junto a Martí, le habían herido su cabalgadura. Prácticamente salió de debajo de ella, tomó posición detrás del fustete y se batió con los enemigos españoles. A su vista estaba el cuerpo del "Presidente". Logró acercarse, trató de rescatarlo y no pudo. Dominador de la Guardia recordaría después que, de pronto, distinguió en la distancia a su hermano que le hacía señas para que fuera a donde estaba. Solo atinó a preguntarse qué hacía Ángel en una línea tan adelantada, y comenzó a llamarlo para que retornara junto a las fuerzas cubanas.Con el alma en vilo, en medio de espesas nubes de pólvora, que según los testigos poco permitían divisar del escenario de lucha.
De la Guardia retornó por fin a los suyos y comunicó la noticia. Demoró algo en llegar por las condiciones en que traía su caballo. Al escuchar aquella infausta nueva que traía el joven teniente, Máximo Gómez, en gesto impulsivo, ansioso, al que no le faltaría su propio convencimiento de que la historia podía pedirle responsabilidades por no haber impedido la muerte de Martí, prácticamente solo, se encaminó al lugar del suceso y trató de ubicar el cuerpo con la idea de recobrarlo, pero no le resultó posible porque, tan pronto De la Guardia había dado la espalda, los adversarios avanzaron hacia el lugar de la caída del prócer y una barrera de fuego vedaba llegar. Tanto se acercó a las filas españolas, que los enemigos presumieron que lo había herido (...) El Generalísimo (así se le llama a Máximo Gómez), al no poder distinguir el cuerpo, quizás llevado más que todo por la ilusión y la esperanza, llegó a pensar que Martí "sano o herido" podía estar extraviado.
Pero, las tropas españolas habían hallado el cuerpo.
Gómez continuó la búsqueda.El día 20, a las tres de la tarde, el cadáver del Maestro, que había sido guardado por centinelas de vista, fue conducido al cementerio del poblado conocido por Remanganaguas. Lo cargaban cuatro soldados.
Fue enterrado en tierra viva y solo con el pantalón que había vestido. Se le dio sepultura en una fosa, debajo del cadáver de un soldado español.Después de varios encuentros con el enemigo, ese mismo día, Gómez, desesperado por saber de Martí, se fue hasta el lugar donde la tarde anterior el coronel español Ximénes de Sandoval había hecho un alto llevando consigo el cadáver del Apóstol. Doña Modesta le comentó que Martí estaba muerto: le señaló que tenía un balazo en la cara y otro en el pecho. Gómez evaluó que en efecto, con esas heridas era imposible que estuviera vivo.

Martí, el camino a Dos Ríos

Autor: LUIS PAVÓN

José Martí se sentía feliz al arribar a una "playa de piedras y espinas," el 11 de abril de 1895, a eso de las 11 de la noche, mojado por la lluvia, bajo una luna roja; no estaba aparentemente fatigado, aunque el intenso remar había ampollado sus manos. Luego sabrá que desembarcaron en Playitas de Cajobabo, en Guantánamo. Había sido el último en bajar del bote en el que vino, junto al General Máximo Gómez, y un pequeño grupo expedicionario, a participar, como quería, en la Guerra libertadora de cuya organización había sido la figura decisiva.

Quedaban sin abolir, no lo había olvidado, insatisfacciones y problemas. Entre los personales, el mayor se refiere a su hijo, ya quinceañero, con quien quisiera haber partido, y cuya ausencia reprocha; le apena, igualmente, la aflicción que puede causar a la madre, a quien escribió desde Montecristi la inolvidable despedida que comienza "en vísperas de un largo viaje", líneas que darían pie a posteriores reflexiones, pues se encontraba en lugar vecino y bien cercano.

De índole política, el reciente fracaso de la expedición llamada de Fernandina, le obligó a tomar decisiones que podían dejar resquemores: entre éstas, la más grave, en cuanto hería a uno de los pilares de la gesta –aunque tal vez Martí no lo esperara—, la designación de Flor Crombet como Jefe de la expedición en lugar de Antonio Maceo, al no poder éste ajustarse al presupuesto de que se disponía. El Titán vendría en ella y asumiría, a la llegada a Cuba, el mando de la tropa. No obstante, le disgustó la medida, sobre todo si se tiene en cuenta que entre él y Crombet existían fuertes desavenencias.

Además, podría pensarse que el Apóstol extrañara cálidas amistades abandonadas, y no decimos hábitos de vida, porque en sus 42 años de edad, no pocos de ellos de patriótico peregrinar, estaba acostumbrado a ir de uno a otro lugar, según fuese necesario, siempre con mínimo equipaje o sin equipaje alguno.

Pero estaba feliz y cada una de las páginas escritas, aún en circunstancias complicadas, lo refleja. Sus biógrafos, de Mañach hasta el reciente y bello título de Toledo Sande, así lo hacen constar. Lo escribió señeramente en su diario al marcar la llegada a tierra cubana con la elocuencia de solo dos palabras: "Dicha grande".

Los días siguientes serán de intenso trabajo para el Apóstol. Estará al tanto de los problemas de la Guerra y escribirá a la emigración pidiendo armas; se dará a la tarea —que 60 años después, en la Guerra Revolucionaria sería de las primeras que llevara a cabo el Comandante Ernesto Che Guevara— de cuidar heridos, para lo cual se valdrá del estudio minucioso de las posibilidades de lo que hoy llamaríamos "medicina verde", además del yodo que trajo consigo. Aprende el nombre de los árboles. Marca con entusiasmo fechas de su diario como "día mambí".

Ni un instante deja de ser el Delegado del Partido Revolucionario Cubano fundado por él y como tal actúa desde los campos de Cuba. Contribuye eficazmente a la organización de la guerra: prepara, redacta y firma junto a Gómez, órdenes y circulares para ser cumplidas por el Ejército Libertador, algunas tan impostergables y terminantes como la del 26 de abril de 1895, que condena como un crimen todo intento de apaciguamiento: "la contienda iniciada solo terminará con la independencia y a quien con otras proposiciones pretenda engañar o perturbar a la Revolución se le aplicará la pena mayor". Otras, como las que prohíben el paso de reses y provisiones de boca a los poblados o a los campamentos enemigos, marcan igualmente la dureza de la contienda.

Trabaja infatigablemente. Escribe en la hamaca, "a la luz de una vela de cera, sujeta junto a mis rodillas por una púa clavada en tierra".

En aquellos parajes le ha recibido con entrañable cariño la tropa que comanda el veterano coronel Félix Ruenes, toda formada de baracoenses: el lugar y la gente son propicios para la evocación, de la que Gómez participa entusiasta, de episodios de la Guerra Grande. Se habla con gusto un lenguaje que Martí asumirá vivamente en su diario: Jolongo (bulto), frangollo (dulce de plátano), chopo (parte de las viandas), catauro, bayás (especie de almejas)...y otras, nos ponen en presencia del escritor sensible a la gracia de un decir seguramente nuevo para él en su mayor parte, del que se va apropiando al paso. Va, incansable.

El propio Gómez describirá el asombro de los viejos guerreros acostumbrados a estas marchas, ante el comportamiento de Martí, que las realiza sin ningún tipo de flojera.

Los recuerdos de la Guerra Grande exaltan generalmente a protagonistas hasta entonces anónimos, cuando no se refieren a Céspedes o Agramonte: se anota el alzamiento del hijo de éste.

A lo largo de aquel camino, los campesinos le llaman "Presidente". Él declina el nombre, que no solo le otorgan los soldados, sino jefes conocidos como Miró Argenter. Martí sencillamente acepta el de Delegado. Por otra parte, oír le atribuyan tal cargo, disgusta a Gómez. Sobre éste, como sobre Maceo, se cierne el fantasma de las divergencias entre el mando civil y los militares, frecuentes en la Guerra Grande. Martí lo sabe y él mismo rechaza los estorbos creados por lo que llama "la república leguleya".

Tiene una idea clara, sin embargo, que espera sirva de límite a excesos y desacuerdos. La defiende ante Maceo, en la entrevista histórica: "mantengo rudo: Ejército, libre, y el país, como país con toda su dignidad representado".

Tal vez no se le entiende: son conversaciones apresuradas y en las que está omnipresente el pasado. Él piensa que cuando se lleve a cabo la Asamblea en cuya realización trabaja, de ella saldrá la forma mejor. De cualquier manera estudia la conveniencia de renunciar a toda aspiración cuando llegue ese momento, "para tener libertad para aconsejar y poder moral para resistir el peligro que de años atrás preveo".

Por lo pronto, sigue intensamente en la Guerra. Ninguna diferencia entibiará su ánimo. Escribe cartas a Maceo, a Masó, a Gonzalo de Quesada, a Miró, a la familia Mantilla, que ocupa lugar preferente en su corazón. A ésta manifiesta más de una vez su ánimo sin desmayo. Cuenta la entusiasta revista "de los 3 000 hombres de a pie y a caballo, a las puertas de Santiago. ¡Qué lleno de triunfos y de esperanzas Antonio Maceo!".

Interviene activamente en la vida del campamento. Pronto le otorga una junta de jefes, a iniciativa de Gómez, el grado de Mayor General. Encontrará algunos viejos conocidos, como Rafael Portuondo, representante del Partido en Santiago. Va por tierras llanas o abruptas. Alguna vez intervendrá en decisiones incluso judiciales. De tres sentenciados a muerte por cuestiones de armas, quita a dos la sanción.

Avanza. El paisaje llena sus ojos y su espíritu. Ante la presencia poderosa del Cauto, oye a Gómez: "!Ah, Cauto, cuánto tiempo hacía que no te veía". Y, él, que solo lo conoce de cuanto lo ha soñado, siente hincharse el pecho de "cariño poderoso, ante el vasto paisaje del Río amado". Está, sin saberlo, en su escenario final.

Ha atravesado tierras, montañas, bosques y llanuras que hoy forman parte de las provincias de Guantánamo, Holguín, Santiago de Cuba y Granma. El l8 escribirá su última carta a Manuel Mercado, donde ratifica su previsión antimperialista. La tragedia ocurrirá donde se junta el Contramaestre con el Cauto, los Dos Ríos que ya la historia guardará entre sus altares. Aquel día 19 de Mayo, Martí arengó a la tropa "con verdadero ardor y espíritu guerrero". Dos horas después, cuenta Gómez, nos batíamos a la desesperada con una columna de más de 800 hombres, a una legua del campamento. Separado de Gómez, Martí se lanza al combate. Solo lo acompaña "un niño que jamás se había batido": Ángel de la Guardia, quien traerá la dolorosa noticia.

No fue posible recuperar el cadáver de manos enemigas. Posteriormente lo enterrarán para luego desenterrarlo, mal embalsamarlo y llevarlo, el 27, al Cementerio de Santiago, donde se le expone y luego sepulta. Aunque el Jefe de la columna española, Jiménez de Sandoval, como masón promete un tratamiento sereno, no se entrega el cadáver a la viuda, Cármen Zayas Bazán, a pesar de haberlo reclamado.

"¡Qué guerra ésta! Ya nos falta el mejor de nuestros compañeros y el alma misma del levantamiento", escribe Gómez en su diario. Sin duda, fue el golpe más duro que recibió la Revolución. Había sido la personalidad de mayor alcance de la lucha, su guía natural, el arquitecto de su estrategia y veedor de su futuro. Morirá sin saber que el hijo, tras escapar del colegio norteamericano donde la madre lo había matriculado, vendrá a luchar en los campos de Cuba.

Su caída fue un golpe irreparable. Sin embargo, dejó señalado el camino hacia nuestra verdadera independencia.
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Fuente: EXCLUSIVO, 19/05/06

Homenaje a José Martí en el aniversario de su muerte

De tu ardoroso pecho, en pleno fuego,
De improviso emergió la roja rosa,
Y en tu frente resaltó la refulgente estrella.
Llenóse la campiña de sollozos y las palmas de luto se vistieron.

¿De dónde ese rumor de golondrinas?
¿De dónde aquellas rosas blancas sin espinas?
¿A dónde van y de dónde salieron?
¿Tal vez se van reunir contigo allá en el cielo?

Al pronunciar tu nombre allá en la muerte,
Se estremecen de llanto los luceros,
Los campos de la patria que tu amabas,
Hoy teñidos de sangre, gritan su desconsuelo.

Para tí amadísimo Maestro se encienden los colores de la tarde,
Las notas de las liras te cantan sus poemas,
Y un rayo de luz atraviesa los campos de Dos Ríos,
Esplendoroso y blanco, y como el mármol, duro y frio.
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Martha PardiñoMayo 19, 2006

PORTAL JOSÉ MARTÍ, NUEVA PUBLICACIÓN CUBANA EN INTERNET

13:20

19/ 05/ 2006

A la vida y obra de José Martí, el más universal de los cubanos, podrá accederse desde hoy consultando la dirección digital www.josemarti.cu

El doctor Mario Valdés presentó la nueva publicación en el contexto del Coloquio Internacional "El antiimperialismo de José Martí", que durante tres días reunió a investigadores y estudiosos de Costa Rica, México, Venezuela, Estados Unidos, Francia, Italia y Cuba.

La columna del director, firmada por el Doctor Armando Hart Dávalos titulada Nuevo Mundo será uno de los rasgos distintivos del portal, concebido gracias al esfuerzo conjunto de la Oficina del Programa Martiano, el Centro de Estudios y la Sociedad Cultural José Martí.

Un directorio de personalidades e instituciones y secciones de noticias y obras, cronología y convocatorias son algunas de las opciones de la página digital, así como también la oferta de productos informáticos, la visita virtual a sitios vinculados al Apóstol y las efemérides diarias.

Valdés destacó que el sitio recogerá la opinión de especialistas y estudiosos cubanos con el objetivo de contrarrestar algunos otros que aparecen en el ciberespacio bajo el prisma de quienes no poseen un conocimiento exacto acerca del autor de La Edad de Oro.

Informó que como parte del proyecto se trabaja en una versión en software libre, en tanto el portal será enriquecido hasta su total culminación el próximo 19 de julio, aniversario de la fundación del Centro de Estudios Martianos.

La ceremonia fue propicia para dar a conocer las convocatorias a los Concursos Infantil "Mi pequeñuelo" y el de Investigación José Martí, los cuales tienen el objetivo de estimular la creación artística con temáticas martianas y la indagación sobre la vida y obra del extraordinario luchador antiimperialista, respectivamente.

El Coloquio Internacional, clausurado con la conferencia "El misterio de Cuba", a cargo de Hart, director de la Oficina del Programa Martiano, fue recordatorio del Aniversario 111 de la caída en combate de José Martí, ocurrida el 19 de mayo de 1895.

TOMADO DE LA "AIN"

JOSÉ MARTÍ Y LA LECTURA

Por Waldo González López

Oportuno recordar la significación que, para nuestro cubanísimo y universal José Martí, tuvo la lectura, como acto íntimo y personal, pero decisivo en la vida espiritual y cognoscitiva de los humanos.

Fue él justamente quien realizó, para tal fin, la operación divulgativa y valorativa de libros y artes plásticas, entre otras manifestaciones de la creación. De tal suerte, sentenció el Maestro en 1882 que la crítica es «el mero ejercicio del criterio».

Poeta, ensayista, novelista, dramaturgo y periodista, este hombre inmarcesible reúne en una sola persona todos estos oficios y aún más. Quien lo haya leído a fondo, sabe que esta afirmación es tan cierta como su breve pero fecunda existencia.

Nutrido de una vasta cultura, siempre sugirió a sus contemporáneos de diversos países —a los que se dirigía, a través de importantes diarios latinoamericanos, de los que era cónsul y corresponsal desde New York— el placer de la lectura. De ahí sus estupendos proverbios que, diluidos en su poético y contundente lenguaje, han quedado, tal acontece con mucho de lo escrito por él, como axiomas antológicos, utilizados en pleno siglo XXI, en nuestras impresionantes Ferias del Libro y demás eventos culturales del mayor nivel.

El Ciudadano del mundo —tal lo definió uno de sus más prolijos estudiosos, Roberto Fernández Retamar, quien dirigiera el Centro de Estudios Martianos—, dejó sentada entre tales sentencias para siempre esta ya clásica de 1882:

La lectura estimula, enciende, aviva, y es como soplo de aire fresco sobre la hoguera resguardada, que se lleva las cenizas y deja al aire el fuego.

Mas, ese mismo año diría también, en otro momento, este sabio pensamiento: «Se lee lo grande, y si se es capaz de lo grandioso, se queda en mayor capacidad de ser grande.»

Poeta que anunció el Modernismo por un lado y, por otro, dejó los más rotundos Versos Sencillos, tan cargados de conceptos (cercanos, sin duda, a los que publicara años después de su muerte el entonces joven poeta Antonio Machado en España bajo el título de Proverbios y cantares), supo llegar a todos por su lenguaje que me atrevo a definir de perfecto, gracias a su talento excepcional y su cultura ciclópea que le permitía leer en varios idiomas y escribir y traducir en francés e inglés. En tal sentido, escribiría que «la perfección de la forma se consigue casi siempre a costa de la perfección de la idea».

Amante del lenguaje, escribió en 1881 que «la grandiosidad del lenguaje invita a la grandiosidad del pensamiento».

Justamente, sería Fernández Retamar quien reuniera, en 1972 algunos de sus mejores Ensayos sobre arte y literatura en un volumen excepcional, del que nos valimos sus alumnos, entonces estudiantes de la Escuela de Letras, como referencia constante, al punto de que en algunos (al menos en mi caso) nos sirvió para quedar prendados del verbo magistral del genial autor, cuya obra y memoria consagraría 1995 la UNESCO como año martiano.

La lectura, pues, constituye vía esencial e idónea para adquirir más y mejores conocimientos, ser más grandes humanamente y llegar a las estrellas, como también escribiría Martí en lírico tono metafórico.

MARTÍ, A GALOPE DE LA TERNURA

Por Marilys Suárez Moreno

Toda la existencia de José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, fue un ir y venir sin reposo, como a saltos. Una vida que le enturbiaba el ánimo a veces, pero nunca las ansias de amor. En él ese sentimiento estaba a flor de piel. Amó mucho Martí, lo percibimos en sus textos nunca impersonales ni fríos, en su constante batallar por la patria oprimida, en el goce que le proporcionaban unos hermosos ojos de mujer.

Mas la libertad de Cuba le llenó de desvelos el corazón. En el destierro, lejos de los suyos, pasó días muy tristes o muy felices, en los que escribía, estudiaba, hacia nuevas amistades y encontraba momentos de sublime inspiración para el amor.

Pero, además de su inmenso quehacer, de sus escritos sobre política, de sus discursos y poesías, aun tenia tiempo para desgajarse en sueños. Era un perenne enamorado este Martí nuestro y universal, de frente ancha y mirada soñadoras.

En su fecunda obra volcó todo el respeto y la admiración que le inspiraban las mujeres.

En la introducción del primer número de La Edad de Oro, revista escrita por Martí para los niños del continente, aclaraba con intención sutil: Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto.

En su breve, pero rotunda existencia hay múltiples ejemplos en los que resalta el respeto, la ternura y el amor que Martí sentía por la mujer, a la que consideraba como ”La hermosura mayor que se conoce”.

En su primer destierro a España, un Martí de 18 años encandiló su adolescente corazón con el amor de Blanca Montalvo, la joven aragonesa que le inspiró los primeros ardores. Otros nombres, luego, hicieron latir con igual fuerza su siempre receptivo órgano vital.

Entre las relaciones de Martí en México, una habría de traer a su vida consecuencias que lo marcarían con honda huella. Allí conoció a la camagüeyana Carmen Zayas Bazán. No tardó la joven en enamorarse del periodista y poeta de palabra dulce y conmovedora. Pronto vendría el matrimonio y el nacimiento de su hijo Pepe, a quien dedicó su hermoso libro Ismaelillo.

Por esos años, el joven Martí viajó a Guatemala, donde conoció a María Granados, la bella y delicada muchacha que se prendó del patriota de palabras y versos gentiles. En el corazón del joven cubano luchaban la promesa del amor a Carmen y la pena de María, la dulce Niña de Guatemala, cuyo recuerdo triste cantó Martí años después, con dolor sin consuelo.

La madre, sus hermanas, las esposas de sus compañeros, las amigas, fueron también objeto de devoción y delicadeza del más universal de los cubanos.

Así, como al galope del tiempo, vivió y amó aquel hombre predestinado por la historia a desposarse con la patria, su más fiel amada.

jueves, 18 de mayo de 2006

Recrean en las artes plásticas facetas de José Martí

Variadas facetas de la vida de José Martí se recrean en casi tres decenas de pinturas expuestas en la galería de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de esta ciudad, 910 kilómetros al sureste de La Habana.

"Arte soy entre las artes" se titula el proyecto cultural organizado por la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba, el taller Aguilera, de esa urbe oriental, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y la Biblioteca Nacional José Martí.

El grabado y la litografía son las técnicas más utilizadas en las 78 piezas del proyecto original, de las cuales 28 se exhiben en la exposición. Las obras resumen la visión personal de un grupo de artistas de esa manifestación cultural, quienes se inspiraron en el legado del Héroe Nacional de Cuba en ocasión del aniversario 150 de su natalicio, celebrado en el 2003.

Inspirado en el rostro del Apóstol, los creadores abordan la apreciación intima que les inspiran el pensamiento y la huella del también fundador del Partido Revolucionario Cubano durante la lucha por la independencia del yugo colonial español en el siglo XIX.

Muchas de las obras de la muestra deben su título a fragmentos de versos o frases del también destacado escritor, poeta, orador y periodista, de cuya caída en combate se conmemoran 111 años el próximo viernes 19 de mayo.

En la colección expuesta en Guantánamo figuran trabajos de destacados virtuosos de las artes plásticas, entre ellos Roberto Fabelo, premio nacional de esa manifestación en 2004, y Adigio Benítez y José Julián Aguilera, entre otros.

Fuente: Agencia de Información Nacional

miércoles, 17 de mayo de 2006

José Martí. El gran desconocido.(*)

© Ángel Luis Martínez Acosta

José Martí es un gran misterio: todo en él lo es. Dice mucho cuando habla; quizá dice más cuando a veces calla: "¡Qué ventura, que no me entiendan! Y ¡qué dolor, si me entendiesen!" [1]

Pienso que el mayor encanto que ejerce Martí sobre todos los que nos acercamos al estudio de sus ideas es precisamente el misterio que le rodea, la sensación de que sus palabras, por insignificantes que parezcan, encierran un mensaje, oculto para quienes su obra es sólo objeto de curiosidad pasajera o simple modo de coleccionar frases que sustituyan al estudio metódico y ordenado. Y por eso mismo creo que fue precisamente él quien puso el mayor empeño en velar una parte importante de sus más profundas ideas.

Para quienes se acercan por primera vez a su obra a través de sus discursos o artículos lo primero que salta a la vista es el lenguaje tan cargado de símbolos y de metáforas que muchas veces deviene en obtuso creándose la impresión de que no habló para las mayorías. Queda la duda permanente de no haber entendido sus palabras aún en aquellos pasajes que aparentemente son fácilmente comprensibles. Encontraremos múltiples citas y frases que podrán ser empleadas en su sentido literal en las más disímiles situaciones, pero en la medida en que avanzamos en el conocimiento de su obra escrita, nos queda siempre la impresión de no haber llegado a conocer el espíritu que anida en su interior y que es la fuente de donde emana toda su fuerza.

En Martí se da la circunstancia de haber sido un hombre de su época y al mismo tiempo con capacidad de proyectar su mente al futuro y de expresar ideas que impresionan por la actualidad de sus conclusiones, como si hubiesen sido expuestas en el tiempo presente de cualquier generación posterior a él. Y no dudamos en calificarlo de contemporáneo.

Profundizó como pocos en el alma humana. Supo de sus alegrías y de sus penas, de sus bajezas y bondades. Conoció el amor y el odio, el bien y el mal. Sufrió los rigores de la cárcel, del destierro, de la muerte de amigos y de familiares, del desprecio y de la incomprensión de amigos y de enemigos. Tuvo el amor de los buenos, de los niños, de los hombres, de las mujeres, de los ancianos. Contó con muy buenos amigos y fieles colaboradores. Fue vitoreado y aplaudido a su paso por el mundo. Conoció de las bajezas humanas y de la traición. Fue criticado y cuestionado por algunos cubanos precisamente por ser fiel a sus convicciones. Pasó hambre y necesidades paradójicamente en la época en que fue depositario y guardián de importantes sumas de dinero que el exilio le entregó para financiar la guerra de independencia. Conoció la felicidad de la paternidad y el dolor de ver cómo su esposa le alejaba a su hijo querido, de su reyezuelo, de su Ismaelillo. Hay en Martí un profundo sentido de misión en su vida, vinculada fundamentalmente con la independencia de Cuba. Su pensamiento y acción estuvieron dirigidos hacia este fin y no se desvió de este camino a pesar de los múltiples campos del saber que abarcó. Y creo que fue precisamente este sentimiento de misión el que le abrió los corazones y la confianza de los cubanos.

Una de las tareas más arduas que tuvo que acometer fue la de lograr la unidad entre los cubanos que militaban en el campo de la independencia. Tuvo que enfrentarse a celos, desconfianzas, rencillas, odios, sentimientos de venganza, complejos de culpa, aspiraciones de mando, caudillismo, racismo, odio al español y a otros tantos sentimientos acumulados durante años de continuos fracasos en aras de la independencia de Cuba.

Martí fue en ese momento, si cabe el término, el sanador del maltrecho espíritu independentista. A todo prestó atención; a todos atendió y calmó: al sediento de justicia y al hambriento de patria. Se enfrentó al odio y logró vencerlo. ¿Sus medicinas? Amor, tolerancia, conciliación, perdón. Consoló a las viudas y a los huérfanos. Lloró él mismo a los muertos. Ayudó a los enfermos. Enseñó a leer y a escribir. Mostró mundos, abrió caminos, marcó sendas.

Él mismo fue objeto de la envidia, de los celos, de las conspiraciones, de las incomprensiones. Pero supo estar por encima de las miserias humanas y de las limitaciones de muchos que junto a él organizaban la nueva guerra y que quizás se hubiesen quizá asustado de la enormidad de la tarea que tenían por delante y que en ese momento sólo estaban dando los primeros pasos. ¡Qué ventura, que no me entiendan!

Contó sobre todo con el apoyo y el cariño de los humildes, de los trabajadores a quienes consideraba como sus hermanos, sin rechazar la ayuda generosa de los cubanos ricos que le apoyaron en su cruzada. En su labor patriótica contó con ricos y pobres, con cubanos y españoles, con americanos, europeos y representantes de otros continentes, con hombres y mujeres, con blancos y negros, con militares y civiles, con jefes y soldados, con gobernantes y ciudadanos en un avance de lo que sería su sueño de lograr una república con todos y para el bien de todos.

Se aprecia en Martí una constante búsqueda de significado que va más allá de la existencia física de la vida humana. Critica a quienes ven al hombre sólo como resultado de un proceso evolutivo fisiológico olvidando esa otra parte no tangible que a modo de alma le anima y le rodea. En su filosofía el espíritu es la fuerza que todo lo anima, tal y como queda expresado en su concepto muy peculiar del "ser compuesto", aunque destacando el papel activo de lo ideal. Por eso afirmaba que él estaba situado entre el espiritualismo, que es la exageración del espíritu, y del materialismo, que es la exageración de la materia.

¿Fue Martí un místico? ¿Fue un nuevo profeta? ¿Fue el apóstol que tantos han querido ver en él? O, ¿fue simplemente un hombre genial que se propuso como misión en la vida el deseo de ver independiente a su patria? No lo sé. Ha pasado más de un siglo desde su muerte y estas son preguntas que aún permanecen sin respuesta y dudo que exista una respuesta única.

Martí escapa a cualquier encasillamiento o clasificación a una escuela, movimiento o doctrina. Sobresalió en múltiples esferas del conocimiento y asombra la profundidad de sus juicios. A diferencia de otras muchas personalidades que destacan en la historia por su inteligencia y por los aportes que hicieron a un campo dado del saber, en Martí llama la atención la amplitud y universalidad de su pensamiento.

¿Fue sólo maestro, político, periodista, dramaturgo, traductor, biógrafo, crítico de arte, poeta, filósofo, diplomático, revolucionario, conspirador, editor, publicista, ensayista, estadista? ¿O fue todo a la vez y más? En todo caso habría que buscar alguna referencia en los sabios griegos de la antigüedad que en sí mismos resumían todo el conocimiento de la época y eran los principales promotores del desarrollo científico, con la diferencia de vivir dos mil años después y en unas condiciones de desarrollo social totalmente diferentes.

¿Cómo Martí se veía a sí mismo? De entre sus múltiples referencias siempre me han llamado la atención las siguientes palabras:

"Yo nací de mí mismo, y de mí mismo brotó a mis ojos, que lo calentaban como soles, el árbol del mundo.- Ahora, cuando los hombres nacen, están en pie junto a su cama, con grandes y fuertes vendas preparadas en las manos, todas las Filosofías, las religiones, los sistemas políticos. Y lo atan, y lo enfajan -y el hombre es ya, por toda su vida en la tierra, un caballo embridado. Yo soy caballo sin silla. De nadie recibo ley, ni a nadie intento imponerla. Me salvo de los hombres, y los salvo a ellos de mí. -Venzo a la preocupación, que viene de afuera, y a la ambición, que viene de adentro. Yo soy, pues, un hombre valeroso.

Pero sufro. No se vive más que en la comunidad.-&" [2]

¿Cómo definiríamos a Martí? O quizá sea mejor no intentar definirlo porque lo más importante no es tratar de ubicarlo en un sector dado de la actividad humana, contentamiento fácil de la mente que tiende siempre a organizar y clasificar hechos, personas y acontecimientos para su mejor dominio. Hace muchos años que se le acepta como el más universal de los cubanos y creo que la propia imprecisión del término se ajusta más a su verdadera personalidad.

Para tratar de entender a Martí en toda su complejidad se necesita estar en disposición de despojarse a la entrada de su obra de toda idea preconcebida y de abrir el corazón y la mente a las enseñanzas que indudablemente encierran sus palabras. Y de vibrar con la energía que emana de ellas. Y sólo después, mucho después, seremos capaces de analizar, comparar, definir y llegar a conclusiones propias aún cuando nos quede la duda, la eterna duda del misterio.

La tarea de siquiera asomarse al ideario martiano sobre el contenido, esencia y proyección de su ideal republicano en particular es sumamente difícil en parte por lo apuntado anteriormente y a lo que se une la dificultad de conocer en profundidad las ideas esenciales, rectoras que, a modo de columna vertebral de su ideario, estructuran todo el cuerpo teórico. Y este desconocimiento ha llegado hasta el punto de negarle un ideario republicano. No son pocos los investigadores martianos que afirman que Martí no dejó suficientemente argumentadas sus ideas sobre la república que soñara y de la que tantas veces habló.

Creo que este desconocimiento tiene su punto de partida en las propias condiciones en que Martí vivió y trabajó. Destaca la no-existencia de trabajos monográficos en los que dejase expresada todas sus opiniones. Sus ideas las iba reflejando de acuerdo a la necesidad del momento y a través de los medios de que pudiese disponer. Así, una fuente importantísima para conocer de cerca muchas de sus ideas se encuentra dispersa en las decenas de artículos que escribió para distintos periódicos y revistas de varios países; y hay fuertes indicios para suponer que en el futuro irán apareciendo nuevos materiales. Y habría que agregar otra circunstancia ya apuntada: lo complejo que se hace muchas veces tanto la lectura como la propia comprensión de sus escritos debido en parte al uso reiterado de un lenguaje metafórico y a veces enigmático.

Este conjunto de circunstancias condicionó el hecho de que aunque Martí, el hombre, era bastante conocido ya hacia 1890 por los cubanos radicados en los Estados Unidos, así como por otras muchas personas en el resto de América y en Europa, sin embargo, tal y como en su momento señalara el profesor Infiesto:

"Para muchos de sus contemporáneos, de aquellos que vivían junto con él la gestión afiebrada de la libertad cubana, José Martí era un orador. Su profusa y variada producción literaria les era, en general, ignorada." [3]

No puede pasarse por alto que algunos de los juicios más significativos sobre temas sumamente delicados de la política cubana fueron expuestos en cartas privadas desconocidas para el gran público. Y existe otra circunstancia. Martí comprendió que el triunfo de la independencia estaba condicionado por el modo en que se solucionasen a la vez varios problemas de primer orden y entre los que destaca hallar una solución eficaz al peligro real que representaban los Estados Unidos tanto para Cuba como para el resto de América.

Los primeros juicios de Martí sobre los Estados Unidos fueron de elogio por el aporte hecho por este país a la causa de la libertad y de la democracia en el mundo, pero poco a poco van dando paso a juicios más críticos en la medida en que es capaz de penetrar en la esencia de la sociedad y descubrir las profundas contradicciones que provocan, en lo inmediato, serias injusticias sociales capaces de hacer necesaria "una revolución formidable de la clase trabajadora".

Las críticas que realizó sobre este país llegaron a granjearle animadversiones fuera incluso del movimiento revolucionario cubano. Es interesante cómo ya en 1887, en carta a su amigo Fermín Valdés Domínguez, se lamenta de algunos criterios vertidos por el ilustre argentino Domingo Faustino Sarmiento:

"... No me conoce, y aun sospechaba, por mis opiniones sobre los Estados Unidos, no tan favorables como las suyas, que no era muy mi amigo." [4]

Esta incomprensión la hallará Martí en otros países y también entre los propios cubanos. Téngase en cuenta, sólo a modo de ejemplo, que Tomás Estrada Palma, el hombre que asumiría la máxima responsabilidad en la dirección del Partido Revolucionario Cubano a la muerte de Martí y que en 1902 fue electo como primer presidente de la República, fue uno de los muchos cubanos que apoyaron la intervención de los Estados Unidos en la guerra contra España.

Martí ya había alertado sobre este peligro, pero las circunstancias en que desarrollaba su labor le impedían un enfrentamiento innecesario con el poderoso vecino. Una de las tareas más delicadas a las que tuvo que enfrentarse fue la de lograr la unidad entre los propios cubanos, así como organizar a la emigración cubana que residía precisamente en los Estados Unidos y que por esta misma circunstancia les hubiese sido difícil entender la previsión martiana. Tampoco convenía enemistarse con el gobierno norteamericano ya que era en su territorio donde se desarrolló la mayor parte de su actividad conspiradora.

La política de los Estados Unidos hacia Cuba había sido expuesta en la Doctrina Monroe del 2 de diciembre de 1823 frente a las pretensiones europeas de intervenir en América. En su contexto se aplicó la estrategia de "la fruta madura", es decir, esperar a que madurasen suficientemente las condiciones en Cuba para que por su propio peso cayese bajo la influencia norteamericana. Y a ello se unen varios intentos fallidos de compra a España. Este es el motivo de la política asumida hacia Cuba durante las guerras de independencia: no apoyar a los insurrectos cubanos por cuanto la liberación de Cuba dificultaría la posibilidad de su dominio futuro y sí apoyar a España hasta que el desgaste de fuerzas ambos contendientes hiciese posible su entrada en el conflicto, que fue lo que hicieron en definitiva.

Ya Martí había alertado de este peligro en 1886:

"...tal vez sea nuestra suerte que un vecino hábil nos deje desangrar a sus umbrales, para poner al cabo, sobre lo que quede de abono para la tierra, sus manos hostiles, sus manos egoístas e irrespetuosas..." [5]

Martí enfatiza en la necesidad de dedicar el mayor esfuerzo a la preparación de una guerra que debería ser rápida y que llevase a la república dentro de manera que no diera tiempo ni justificación para una intervención. Paralelamente llevó a cabo una campaña de información entre el público norteamericano promoviendo el reconocimiento y apoyo a la beligerancia cubana en la misma medida en que rechazaba con argumentos sólidos algunas tesis expuestas por políticos y periodistas norteamericanos que cuestionaban la capacidad de los cubanos para auto gobernarse. [6]También llevó a cabo contactos con amigos y gobiernos latinoamericanos buscando su apoyo a la causa cubana alertando que si Cuba caía en manos de los Estados Unidos estos la utilizarían como trampolín para lanzarse sobre el resto de América. [7] Y fue más lejos aún. Conocedor de la contradicción entre los Estados Unidos y Europa por el dominio de América, llegó a afirmar que Cuba estaba en el fiel del mundo: la independencia de Cuba garantizaba el justo equilibrio internacional.

Hubo, además, otro tema polémico que tiene que ver con la esencia misma de su concepción revolucionaria, y que motivó serios desacuerdos tanto con los principales jefes militares de la guerra como con otros oficiales y conspiradores revolucionarios: me refiero a la dirección de la guerra.

Que esta polémica no quedó del todo resuelta lo podemos apreciar en las siguientes palabras del Mayor General Máximo, Gómez Jefe del Ejército Libertador, y superviviente de la epopeya bélica:

"Yo salí de Monte Cristy con el plan general de la campaña en la mente y en el bolsillo. A Maceo no se le ocurrió, ni pensaba en eso, hacerla del modo en que se hizo, y mucho menos pudo ocurrírsele a Martí que maldito si entendía mas que el mismo Collazo de cosas de la guerra." [8]

Similar juicio fue relatado por el martiano Miguel A. Carbonell, quien en un discurso pronunciado en 1958, señalaba:

"... El contemporáneo no le distingue a Martí la estatura, ni siquiera en el sacrificio de Dos Ríos. No se la distingue Máximo Gómez, quien, a los pocos días de su muerte, culminando con actos su apostolado, afirma, en carta a Tomás Estrada Palma, que Martí es un fracasado desde Fernandina hasta Dos Ríos." [9]

La afirmación de Gómez es válida, hasta cierto punto, en lo que a la conducción táctica de la guerra se refiere tomando en cuenta la inexperiencia de Martí en el combate. Las circunstancias de su propia muerte parecen demostrar que poseía más valor y espíritu de lucha que conocimientos prácticos en el arte de pelear.

Pero Gómez se equivoca al negarle a Martí conocimientos de la guerra en un plano estratégico. Ya Martí había demostrado en varios artículos el profundo conocimiento que tenía de la guerra no sólo desde el punto de vista sociopolítico sino estrictamente militar, emitiendo juicios acertados sobre diferentes conflictos bélicos de Europa y América. Y lo volvió a demostrar durante la guerra en Cuba ya que fue él quien redactó algunas de las circulares más importantes sobre cómo organizar y dirigir la guerra. Gómez no tuvo en cuenta que estrategia es política y que la guerra que se llevó a cabo fue sólo el acto final de toda una preparación que se correspondía a una concepción estrictamente martiana. Tanto es así que muerto Martí la guerra perdió su dirección política inicial cayendo a la postre bajo la influencia de los Estados Unidos y de los sectores más acaudalados de la burguesía cubana más vinculados al poder colonial español y que en muchos casos habían apoyado las tesis del partido autonomista contrario a la independencia. [10]

Escapa al objetivo de este trabajo intentar un análisis del pensamiento político militar de los principales jefes de la revolución cubana por lo que me limitaré a mencionar sólo las diferencias esenciales entre los máximos dirigentes, diferencias que pudieron ser superadas a la postre precisamente por la coincidencia en el objetivo supremo de lograr la independencia.

La contradicción principal radicaba en la dirección de la guerra. Era de sobra conocida la amarga experiencia de la guerra del 68 cuando la subordinación de la dirección de la guerra quedó en manos de un gobierno civil integrado por buenos patriotas que no tenían experiencia de cómo llevarla a cabo unido a que las principales decisiones tácticas quedaban subordinadas a largos proceso burocráticos que hacían inviable la realización de acciones militares de envergadura y que entre otras causas condujeron al Pacto del Zanjón. [11]

Cuando Martí prepara la revolución el "fantasma de Guáimaro" reaparece en la escena política. Se enfrenta decididamente a la posición de Gómez, Maceo y otros jefes militares quienes se oponen rotundamente a que la dirección militar de la guerra esté subordinada al mando civil. La posición que ellos sostenían era que la guerra debía ser dirigida exclusivamente por el mando militar posición no compartida por Martí ya que en su criterio ello podría conducir a una nueva forma de caudillismo que, a la postre, abriría las puertas al establecimiento de una dictadura militar. [12]

¿Entendieron los principales jefes militares el sentido profundamente democrático de las ideas de José Martí acerca de la necesidad de evitar que la revolución pudiese de alguna forma dar paso al establecimiento de una dictadura? En lo que respecta a Máximo Gómez habría que destacar su peculiar modo de entender la dirección de una revolución.

"Porqué al lado de tanta miseria de recursos materiales, hay, i es lo peor, escasez de varonil resolución - pues hasta se le teme a la Dictadura revolucionaria; se podrá dar mayor candidez o más afeminado modo de pensar?

¿Acaso se puede citar una revolución en el mundo que no tenga su Dictadura? Muy débil y sin brios debe ser la que no revista este sello- de seguro que no habrá más que divertir y hacer reir al Gobierno que élla ataque por débil que este sea. Los hombres que tal piensan, no han nacido para ayudar a libertar hombres -porque no saben y no quieren aprender a armar el brazo del guerrero- porque tienen miedo. O es eso -o son resabios del Autonomismo- es que la sangre no está bastante depurada." [13]

En Martí hay otro temor: que de alguna manera pueda reeditarse el "terrible 89" en alusión directa a los sangrientos sucesos que transcurrieron durante la época de terror en la Revolución Francesa. En varios de sus escritos insistió en calificativos similares para referirse a este extraordinario acontecimiento. [14]

En una época en que predominaban el caudillismo y el regionalismo y en la que los hombres seguían a un jefe por su valor o debido a su influencia política o económica en una zona geográfica dada, Martí no tenía ninguna posibilidad de hacer la guerra. Los necesitaba y ellos lo sabían. Esta contradicción ha sido apuntada ya por Márquez Sterling: "... Sin Martí no había revolución, pero sin Máximo Gómez era imposible la guerra."

Otro de los grandes escollos que tuvo que salvar Martí en su labor preparatoria era la desconfianza de los hombres que habían peleado en la guerra del 68 hacia todos aquellos cubanos que no habían participado en la contienda o que se habían mantenido al margen por diversos motivos, desconfianza que se extendía, como ya hemos señalado, hacia los que defendían fórmulas democráticas en la dirección militar.

Martí no había participado directamente en la guerra pero desde los 16 años había sufrido prisión y destierro por su posición independentista. Y era él quien estaba, años después, organizando la nueva guerra. Márquez Sterling define el discurso pronunciado por Martí el 10 de octubre de 1891 con las siguientes palabras:

"... este discurso puede calificarse como su propia proclamación a la jefatura del movimiento revolucionario. Audazmente, sin la falsa modestia de otras veces, declaraba haber desentrañado los elementos necesarios de la guerra, juntando los factores que había dejado en franca hostilidad la dirección tibia y dispersa de la campaña anterior." [15]

El principal sostén de la causa revolucionaria lo encontró fundamentalmente entre los cubanos residentes en los Estados Unidos y, más específicamente, entre los tabaqueros emigrados a Tampa y Cayo Hueso. Y fueron los trabajadores del Cayo quienes se pusieron públicamente de su parte y le apoyaron durante el conocido incidente con el patriota cubano Enrique Collazo. Fue Martí quien a su vez se puso decididamente al lado de los obreros durante la huelga en La Rosa Española, en Cayo Hueso. Porque, como había repetido a lo largo de su vida, "El corazón se me va a un trabajador como a un hermano" [16]

El misterio de su vida le acompañó hasta sus últimos momentos. Las circunstancias de su muerte en combate han provocado las más disímiles hipótesis que van desde el suicidio hasta el sacrificio voluntario como expresión de una profunda convicción patriótica a pesar de que era consciente de sus limitaciones debido a la inexperiencia en el arte de pelear.

Tengo la esperanza de que algún día seamos capaces de penetrar en lo más profundo del pensamiento martiano y de sacar a la luz el inmenso tesoro que guarda. Ese momento no ha llegado aún y creo que la generación actual no será testigo de ese acontecimiento. Lo descubierto hasta ahora de su pensamiento nos da la fuerza necesaria para confiar en la inteligencia y en el amor, únicos instrumentos para acometer la tarea.

(*) Fragmento del libro "José Martí y la República. Selección de Textos.



Relación de Notas:

[1] Cuadernos de Apuntes No. 9 (1882) Tomo 21. Página 256.
[2] Cuaderno de Apuntes No. 5 (1881) Tomo 21. Página 167 a 168. (En el prólogo que escribió al "Poema del Niágara" de Juan Antonio Pérez Bonalde aparece de nuevo esta idea.
[3] Ramón Infiesto. "El pensamiento político de Martí." Universidad de La habana. Cátedra Martiana (III Curso). Imprenta de La Universidad de La Habana, 1953. Página 53.
[4] José Martí. Carta a Fermín Valdés Domínguez del 7 de abril de 1887. Tomo 28. Página 382.
[5] Carta a Ricardo Rodríguez Otero. Nueva York, 16 de mayo de 1886. Tomo 1. Páginas 195 a 196.
[6] Sobre este tema puede consultarse el artículo (carta) de Martí "Vindicación de Cuba" que aparece reproducido íntegramente en la cita 3 del capítulo 5 de este libro.
[7] Es muy elocuente la carta inconclusa que escribiera a su amigo Manuel Mercado el 18 de mayo de 1895 donde explica con detalle estos propósitos y donde enfatiza que "en silencio ha tenido que ser".
[8] Esta cita fue dada a conocer por Cosme de la Torriente y Pedraza en "Martí y su guerra. 24 de febrero de 1895". Discurso leído el 24 de febrero de 1953. Academia de la Historia de Cuba. Imprenta El Siglo XX. La Habana, 1953. Página 30. Afirma Cosme de la Torriente que el General Gómez "... preparó de su puño y letra, una nota, que figura entre papeles donados al Archivo Nacional últimamente por el Dr. Vidal Morales y Calvió (...) refiriéndose al capítulo VI del libro del General Enrique Collazo titulado "Cuba Independiente." (La Habana, 1900, página 213).
[9] Miguel A. Carbonell y Rivero. "Presencia de Martí en la guerra. Discurso leído el 27 de enero de 1958." Academia de Historia de Cuba. Imprenta el Siglo XX. La Habana, 1958.
[10] El historiador cubano Sergio Aguirre describe cómo el Presidente Cleveland en 1896 "... comprendió que podía contar en la Isla, como base social para los planes del Norte, con los elementos acaudalados." Señala seguidamente que en junio de 1896: "Recibió un largo escrito remitido por el cónsul norteamericano en La Habana, General Lee, y firmado por casi un centenar de cubanos prominentes, hacendados en su mayor parte." (Sergio Aguirre. "Frustración y reconquista del 24 de febrero." Revista Cuba Socialista. Año II. Febrero de 1962. No. 6. Páginas 10 y 11).
[11] En abril de 1869, seis meses después del inicio de la primera guerra de independencia contra España, los principales jefes y representantes de los revolucionarios cubanos se reúnen en el poblado de Guáimaro con el propósito de organizar y legitimar jurídicamente el levantamiento armado. En dicha reunión se proclamó la República en Armas así como la Constitución que la regiría. Fueron aprobados asimismo los principales símbolos patrios (la bandera, escudo y el himno) y fue electo el primer gobierno, siendo electo como Presidente de la República en Armas, el insigne Carlos Manuel de Céspedes quien había dirigido el levantamiento militar el 10 de octubre de 1868. En dicha Asamblea se produjo un profundo debate en relación con el tema de la dirección de la guerra ya que mientras Céspedes era partidario de la necesidad del mando único, Ignacio Agramonte, representante de los revolucionarios camagüeyanos, defendía la tesis de un mando militar subordinado a la aprobación de sus acciones por el Gobierno, tesis esta última que finalmente fue aprobada.
[12] Consultar la carta de José Martí al General Máximo Gómez del 20 de octubre de 1884 que aparece en las Obras Completas, en el tomo 1, páginas 177 a 180. También la pueden encontrar en el Capítulo 4.3 de este libro donde se ha reproducido íntegramente.
[13] Máximo Gómez. "Diario de Campaña." Instituto del Libro. La Habana, 1968. Páginas 192 a 193. (Se ha respetado la ortografía del original)
[14] Recomiendo al lector que preste atención a las citas expuestas en el Capítulo 1 de este libro.
[15] Carlos Márquez Sterling. "Nueva y humana visión de Martí." Editorial Lex. La Habana, 1953. Página 535. (El discurso al que se hace referencia fue pronunciado por Martí en Hardman Hall, Nueva York. Se encuentra en las Obras Completas. Tomo 4. Páginas 259 a 266)
[16] José Martí. "Carta a Serafín Bello." 16 de noviembre de 1889. Tomo 1. Páginas 253 a 254.
[17] Sergio Aguirre. "Frustración y reconquista del 24 de febrero." Cuba Socialista. Año II. Febrero de 1962. No. 6. Página 6.
[18] En este sentido sería bueno apuntar, sólo a modo de ejemplo, cómo se ha manifestado esta incomprensión en el calificativo de "guerra necesaria" para identificar a la guerra del 95 preparada por Martí. Afirmar que esta guerra era necesaria es cierto pero insuficiente como elemento distintivo ya que necesaria fue también la del 68. En todo caso es sólo un rasgo que define como no casual a un acontecimiento y sería, por tanto, una definición más filosófica que política. Porque si de calificativos se trata se ajustaría más a la realidad el de guerra republicana o el de guerra de independencia de contenido republicano, conceptos que se ajustan más al ideario martiano, ideas que aparecen ya de manera explícita en varios de los documentos que redactara como apoyo al desembarco en Cuba del General Calixto García Íñiguez durante la malograda Guerra Chiquita.
[19] Julio Le Riverend. "Martí: ética y acción revolucionaria." En "José Martí: pensamiento y acción." Colección de Estudios Martianos. Editora Política. La Habana, 1982. Página 73.

Sesiona coloquio internacional "El antiimperialismo de José Martí"

Por Ileana Medina Amaro

La Habana, 16 (AIN) Los ideales que defiende la Revolución Cubana son la expresión poética de la resurrección histórica de José Martí, Héroe Nacional de la Isla, afirmó hoy el poeta Cintio Vitier, al intervenir hoy en el coloquio "El antiimperialismo de José Martí", que se inició hoy en esta capital.

Conjugar acción y pensamiento para lograr una sociedad justa con un alto nivel educacional sin abandonar la solidaridad hacia los hermanos de Latinoamérica y del mundo, convierte en realidades múltiples versos del Apóstol, precisó el también investigador de la obra del patriota cubano.

Durante el Coloquio Internacional que se desarrolla en el Centro de Estudios Martianos, de esta ciudad, Vitier expresó además que la Patria y poesía eran en el Héroe una unidad.

La vigencia de la ideología de enfrentamiento al dominio unipolar del gobierno de Washington expuesta en el siglo XIX se manifestará en este encuentro, en el cual se debatirán temas tales como fuentes y raíces del antiimperialismo martiano, análisis de los elementos históricos y sociológicos formadores de Estados Unidos, entre otros.

Mario Nájera, coordinador de la Cátedra José Martí de Guadalajara, México, dijo a la AIN que para entender mejor la presencia del pensamiento del más universal de los cubanos es necesario conocer su poesía, expresión excelsa y armónica de su inteligencia y patriotismo.

El próximo 18 de mayo, día de la clausura del coloquio, tendrá lugar la presentación del Portal "José Martí", sitio digital, cuya aparición ha sido demandada por los estudiosos e investigadores.

Niños de Cuba pintan inspirados en Martí

Osviel Castro Medel

JIGUANÍ, Granma.— Unos 200 000 niños de toda Cuba participaron este año en un concurso de artes plásticas que en homenaje a José Martí se premia cada mes de mayo en esta localidad, muy cercana a Dos Ríos.

Pioneros de todas las provincias, desde preescolar hasta noveno grado, enviaron sus trabajos al evento, en el cual fueron escogidas 834 obras finalistas.

De ese número, 373 resultaron seleccionadas para ser expuestas en el XI Salón nacional infantil de plástica De donde crece la palma, cuya sede es la galería jiguanicera Benito Granda.

Mariela Sánchez González, vicepresidenta del comité organizador del certamen, explicó a JR que aunque la temática de las obras es libre, decenas de niños se inspiran en la figura del Héroe Nacional, y esa recurrencia siempre obliga a exponer una muestra diferenciada sobre el Apóstol dentro del Salón.

De donde crece la palma, confiere tres premios y cinco menciones en cada uno de los niveles establecidos: de preescolar a tercer grado, de cuarto a sexto y de séptimo a noveno.

El concurso es auspiciado por el Consejo Nacional de Casas de Cultura, el Ministerio de Educación, la Organización de Pioneros José Martí, el Consejo Nacional de Artes Plásticas y la galería de arte jiguanicera Benito Granda.

El jurado está integrado por prestigiosos especialistas de las artes plásticas como Jesús Santana, Raciel Feria y María del Carmen Rumbaut, entre otros.

Decenas de personalidades han visitado en diferentes años la galería Benito Granda, entre ellas los miembros del Buró Político Esteban Lazo y Abel Prieto, quienes en el 2005 elogiaron la calidad de los dibujos de los niños y se interesaron por la posibilidad de una mayor difusión del concurso.

miércoles, 10 de mayo de 2006

El busto de José Martí, de Alberto Lesca, presidirá la plaza del poeta cubano

EDITORIAL PRENSA ASTURIANA
Director: Isidoro Nicieza
AVILÉS

Álvarez-Buylla

El espacio, en un lateral de la calle Jovellanos, será objeto de reforma. Pronto la pequeña pero recoleta plaza que Avilés ha dedicado en un lateral de la céntrica calle de Jovellanos al poeta, pensador, político y libertador José Martí va a ser objeto de una adecuada restauración.

El busto de este político americano ocupará el centro, con jardincillos a su alrededor y todo ello a espaldas de la nueva sede de la Mancomunidad de Turismo de la comarca de Avilés.

El autor del busto es el artista cubano Alberto Lesca Merencio, que, entre el sinfín de premios y galardones que ha obtenido a lo largo de su vida, destacamos los logrados en 1970, en la Escuela Nacional de Arte de Cuba, en el concurso de cartel sobre Camilo y Che Guevara; el logrado en 1985 en el Certamen internacional para el mural pictórico sobre la paz, en el XII Festival Mundial de la Juventud los Estudiantes, en Moscú, y el premio «Abril», conseguido por la escultura de Julia A. Mella, otorgada por la UJC.

El señor Lesca y Merencio tiene obras emplazadas dentro y fuera de su Cuba natal; entre otras, la escultura de Julio Antonio Mella, en México Distrito Federal; la «Cabeza de Rey», en el Museo de Bellas Artes de Ucarina; el gran mural sobre la paz, en la Casa de la Unión de Pintores de Moscú; el monumento al Espíritu Guerrero, símbolo de la ciudad de Puerto Cabello, en Venezuela. o el busto de Lu Xun, en el parque Lenin, de La Habana.

Sus obras se exponen en importantes ciudades del mundo, entre ellas en Canadá, Venezuela, República Dominicana, Alemania, Estados Unidos, Jamaica, Brasil, México, Francia y España.

lunes, 8 de mayo de 2006

José Martí: Referencias a la etnología y el folklore en su obra (Parte III - Final)

Por: María Teresa Linares Savio (*)

(Fecha publicación:06/05/2006)

Los Cuadernos de trabajo de José Martí tienen datos interesantes.

Es otro libro de la vida con fichas de estudio 'con voces nacidas en América para denotar cosas propias de sus tierras', de las cuales seleccionamos algunas que cobran vigencia ahora que se atan nuevamente con América Latina los lazos políticos y culturales que harán un solo pueblo de los pueblos de Nuestra América y para lo que trabajó él incesantemente.

En estos cuadernos anota términos de música, bailes, alimentos, locuciones, de los que transcribimos algunos: Bandola: 'Tiple pequeño en Colombia'. Es el instrumento nacional por excelencia. Este instrumento se conoce también en Puerto Rico, Venezuela y Panamá. Nos ayuda a situar la localización y antigüedad del término.

Bambuco: 'Zamacueca, cueca, zapateado, jarabe'. Son bailes campesinos muy similares entre sí, de origen español.

Martí menciona las variantes colombiana, argentina, chilena, cubana y mexicana. Es término usado también como canción en Colombia y llegó a Cuba posiblemente al regreso de emigrados cubanos o en migraciones al principio del siglo XX. Gustó tanto a los trovadores cubanos que compusieron muchos bambucos Manuel Corona, Sindo Garay, Rosendo Ruiz y María Teresa Vera.

Canta: En Venezuela, 'es tonada. Canta llanera: la guacharaca'. También en los llanos colombianos utilizan el nombre guacharaca para el instrumento rallador, que se hace de un canuto de bambú con estrías, y dan el mismo nombre al canto que acompaña.

Cielito: 'La copla uruguaya, y el baile popular de que es parte principal el canto de ella'. Martí menciona cielitos también entre los gauchos. Hoy se considera un género campesino argentino que se canta con décimas, en proceso de extinción.

Furruco: En Venezuela, 'barril pequeño, con una cubierta de madera, y otra de cuero, atravesado por un palo delgado, que al subir y al bajar produce un ruido brusco, sordo, monótono y desagradable. Parece un agrandamiento de la zampoña'. La zampoña es un instrumento aragonés. En Brasil le llaman cuica. El principio fricativo con una varilla aparece también en el ecué abakuá y el kinfuiti bantú, instrumentos afrocubanos que se emplean aún en Cuba.

Nos inclinamos a pensar que, aunque con nombre evidentemente español, el instrumento venezolano mencionado se acerca más por su figura al kinfuiti, ya que en Venezuela hay mucha influencia africana. Fioli: En Venezuela, 'sarao de gente pobre. Ahí hay un fioli'. Se puede considerar como un guateque cubano.

Guacharaca: En Venezuela, 'canto mezclado de baile usado por los llaneros. Tóqueme una guacharaca. De guacharaca, esta ave tan sabrosa en comida y tan bullanguera'.

Galerón: En Colombia y Venezuela, 'cantar musicado de los llaneros, como las Rosas de Timoneda'. El galerón reúne varios pasos de baile, intercalando coplas y décimas. Es canto y baile de campesinos, de posible origen cubano, muy semejante a las tonadas de punto fijo de las zonas centrales de nuestra Isla.

Joropo: En Venezuela, 'zapateado variadísimo'. También el joropo tiene distintos pasos de baile y aún se usa en zonas suburbanas de Venezuela.

Pasillo: 'Baile popular en Colombia'. Similar al joropo.

Quena: 'La flauta del indio peruano'.

Resbalosa: 'El zapateado en Chile'. En la Argentina, 'tocar la resbalosa, era degollar, porque lo hacían al son de ella, y también porque resbalaba el cuchillo. Tocarle la resbalosa, mandarle a degollar. Hubo violín y violón (aludiendo al conjunto instrumental con que se ejecuta): degollar: frase de D. Mariano Meza'. ¿Serán éstas ceremonias de sacrificios de animales, que se hacían acompañadas de música?

Tiple: 'Guitarra corta de ocho cuerdas' (Colombia). Hoy se le llama cuatro, por tener cuatro cuerdas dobles, y se le conoce en Venezuela, México, Panamá y Puerto Rico. En Cuba se conservó el nombre hasta su extinción, sustituido por la bandurria o el laúd cubano.

Zambe: En Venezuela, 'especie de zapateo: zapateo y escobilla. Animadísimo y dificilísimo. El payaso Jn. González lo bailaba maravillosamente, con dos maracas pequeñas en la parte superior de los tarsos, sobre un tablado'. Este es un dato importante. Aunque es un zapateado, que casi todos son de origen español, el nombre es evidentemente bantú, y el atarse maraquitas en las muñecas es costumbre bantú en Cuba, entre los tocadores de tambor yuka y los tocadores de rumba columbia. Entre los paleros cubanos, es ritual comenzar un baile y canto diciendo: ¡Jura' dio sambé! Este baile pudiera estar relacionado con los bailes de paleros y de makuta.

También hubo campesinos que bailaban el zapateo como solistas virtuosos sobre un tablado en las bodegas de campo, en el poblado de Artemisa (localidad habanera).

Ziripá: En Santiago de Cuba, 'el zapateo'. Alejo Carpentier menciona este nombre como baile antiguo de negros.

El Diario de campaña es uno de los más fascinantes relatos entre los que José Martí muestra su asombro ante la naturaleza y la cultura del hombre.

Las principales dificultades que enfrentan en la guerra, son las enfermedades y el hambre. Veamos algunas fórmulas dietéticas remediales a la escasez que señala, en las que aparece el uso de las larvas de abeja como alimento fundamental: '[...] nos detenemos a ver derribar una palma a machetazos al pie para coger una colmena, que traen seca, y las celdas llenas de hijos blancos. Gómez hace traer miel, exprime en ellos los pichones y es leche muy rica [...]'. ¿Será que ya se conocía el valor del propóleo y de otros derivados de la miel?

Pan-patato: Rallaban el boniato crudo, lo mezclaban con calabaza, yuca u otra vianda, o coco rallado, y luego le echaban miel de abejas o azúcar y manteca, lo cocinaban en cacerolas de manteca rodeadas de calor. Servía para cuatro o seis días. Así aprovechaban el boniato malo. Costumbres familiares: 'El rancho es nuevo, y de adentro se oye la voz de la mambisa: 'Pasen sin pena. El café enseguida, con miel por dulce [...]. Va y viene ligera; le chispea la cara, de cada vuelta trae algo, más café, culantro de Castilla para que cuando tengan dolor al estómago por esos caminos, masquen un grano y tomen agua encima'.

Remedios caseros: 'En un grupo hablan de los remedios de la nube en los ojos: agua de sal, leche de ítamo, 'que le volvió la vista a un gallo''.

En dos ocasiones habla Martí del valor alimenticio de la miel, y del jugo de las larvas mezclado con ella. Nutre por todo un día y da fuerzas.

Y agrega más remedios: 'Vi hoy la yaguama, la hoja fénica que estanca la sangre, y con su mera sombra beneficia al herido'. Y necesitaban bosques de esta planta. 'Machuque bien las hojas y métalas en la herida; que la sangre se seca [...]. Las aves buscan su sombra'.

'Que la sabina, olorosa como el cedro, da sabor y eficacia medicinal al aguardiente'. 'Que el té de yagruma, de las hojas grandes de la yagruma, es bueno para el asma'. 'A César le dan agua de hojas de guanábana, que es pectoral bueno, y cocimiento grato'. 'Artigas, al acostarnos pone grasa de puerco sin sal sobre una hoja de tomate y me cubre la boca del nacido'. Y finaliza su diario: 'Está muy turbia el agua crecida del Contramaestre, y me trae alentín un jarro hervido en dulce, con hojas de higo'.

Sería mucho más amplio este artículo si ordenáramos todos los valiosos aportes que ofrecen las obras completas de José Martí, que enriquecen el conocimiento de la cultura popular y los aspectos de la antropología de los pueblos de América.

En su obra Martí no descuida los detalles que evidencien el estudio de la base económica, las artes, las costumbres, el ciclo de vida, lo que pudiera dar pie al estudio de las teorías etnológicas de la época, con la seguridad de que, además de político, poeta, crítico, literato, lingüista, tendríamos que considerarlo un pionero de la etnología.


(*) María Teresa Linares Savio es cubana, musicóloga, una de las más importantes estudiosas de la raíz africana en la cultura de Cuba.

José Martí: Referencias a la etnología y el folklore en su obra (Parte II)

Por: María Teresa Linares Savio (*)

(Fecha publicación:05/05/2006)

El juicio crítico a libros lleva a José Martí al estudio de la vida nómada de los habitantes de la pampa argentina, y establece criterios contradictorios sobre los juicios de 'barbarie' que se manejaron en aquel momento. Hemos conocido al gaucho y la pampa por la versión versallesca de Sarmiento.

El ojo de la civilización mira la barbarie y expresa su punto de vista despectivo sobre ella. La visión americana de José Martí lee y realiza un juicio sobre 'La pampa' de Alfredo Abelot, y compara la escala de valores de aquel conglomerado social con sus formas de vida fundamentales.

De sus descripciones emana respeto y admiración por el hombre gaucho y sus instituciones. En ellas dibuja nuevamente el paisaje físico y social esbozado y señala su fin próximo: '[...] expirando ya a los pies de la locomotora, la vida primitiva y la época'.

Al describir la ilustración de la portada del libro, dice: 'El gaucho viene a caballo tendido, por la llanura, mirando atrás de sí, como quien desconfía [...] el gaucho es de los que nacen a horcajadas; con la rodilla guía a su compañero, más que con la rienda [...] trae calzones azules y camisa blanca; al cuello lleva un pañuelo rojo; el sombrerete de ala floja va bien sujeto por el barbiquejo, a la cara lampiña [...] va con la guitarra al hombro por el desierto americano [...]'.

El progreso, la civilización es ya inevitable, y los restos de hombres nómadas, mezcla de aborigen y español que son los gauchos, aparecen en la descripción del libro como la pampa que se va. Es otro tipo humano, de un conglomerado distinto el que nos describe ahora el autor de 'La pampa'.

Es el de un proscrito de la sociedad que tiene que vivir y luchar él solo por la vida. Un hombre que se ha creado sus leyes propias de subsistencia, que mata para vivir. Describe primero lo externo del hombre; luego, el paisaje humano: 'Allí la vida intensa bajo el techo del cielo [...]. Allí la pulpería con sus velorios y sus rimas, sus carreras y sus cantos [...]. Allí la 'boleada', la caza a caballo con el arma de las bolas; el 'baqueo' ?'rastreador?' siguiendo la pista del indio [...] la 'partida' de soldados y el gaucho malo, el gaucho alzado contra la justicia [...] el que canta de noche el triste y el cielito [...] que bebe a campo abierto en 'la boquilla el mate cimarrón, el matecito sin azúcar'.

Y aquí la crítica de José Martí al viajero-escritor que lleva '... teoría, que es como llevar venda' y 'donde pudo y debió ver los lances heroicos de la sociedad inicial [...] no ve más que barbarie primitiva y necesidad feroz de sangre en el indio descendiente de generaciones oteadas y acuchilladas por el blanco'.

Señala también Martí que el autor cae en el error de atribuir vicios de la urbe ?'como el juego y la embriaguez?' a estas gentes primitivas, como '... un salto atrás según la teoría naturalista'.

Luego compara fiestas comunes en la Argentina y Colombia, como el macabro velorio del angelito ?'que también se celebra en Chile, Venezuela, Perú y otros países de nuestra América. Y sigue comparando otros aspectos de la vida primitiva de los pueblos: 'Batea su carne el cazador pampero, lo mismo que el indio del Norte. Sin ley vive el gaucho de Choele-Choel, y el vaquero yanqui vive sin ley. En cuanto se 'carga' de ginebra en la pulpería, sale el gaucho a flor de aire, a llamar a pistoletazos a quien le saque el pie en valor, y el minero de Colorado hace bailar a balazos en los pies, al petimetre de la ciudad [...] el que sabe de árabes errantes e indóciles, sabe de gauchos'.

Porque son razones similares las que hacen reaccionar a los hombres ante los mismos estímulos. Y agrega Martí: 'El hombre es uno, y el orden y la entidad son las leyes sanas e irrefutables de la naturaleza'.

Otras tres actividades principales en la vida y el orden moral del gaucho describe el juicio crítico de José Martí: '[...] a rastrear va la 'partida'; a buscar al asesino que mató en su rancho al 'baqueano viejo' que era la gloria y el honor del lugar [...].

Por más huellas que vio a la puerta del rancho busca el rastreador al asesino, que huyó hace como ocho días por el yerbal, por el río hasta donde halló piedra, para no dejar rastro a la salida. Llegan a un pueblo [...]. 'Este es el caballo', dice el rastreador. Y era. [...] toma el caballo, a trote de vuelta, el camino de su señor, y el rastreador victorioso le pone la mano en el hombro al asesino, que confiesa [...]. En las calles de piedra conocen los hijos de los gauchos la mula en que pasó el cura, o el caballo en que anda el alcabalero [...]'.

El gaucho argentino vive sobre su caballo, y en todas sus actividades pueden seguirse mejor las huellas de su caballo que las de sus pies. En el caballo realiza las 'boleadas', la cacería del guanaco y el ñandú, o el caballo o el novillo que codicia. Aquí la base económica es otra. La describe también Martí en el trabajo como la cacería colectiva, de provecho individual, por el rescate de plumas de avestruz o pieles de novillos que vende luego al dueño de la pulpería.

No le falta al gaucho su caballo, ni el cuchillo, ni las bolas, ni el recado, tan lujosamente hecho para lucimiento de su brioso corcel: 'El recado con sus jergas dobladas en cuatro [...] su caroña de cuero fino para la humedad, su basto de madera fileteado con estribos de plata, su pellón y su sobrepellón [...] la cinta de cuero [...] el freno es como el de los moros, de cuero trabajado y de plata [...]'.

Considera el autor francés como retorno a etapas primitivas el goce del hombre en circunstancias distintas a su mentalidad europea. Se conduele de que desaparezcan tipicismos que le atraen, que desaparezcan como un paso normal del desarrollo, del avance de su civilización sobre aquella barbarie.

¿Podrá desaparecer la barbarie permaneciendo estampas pintorescas como los carnavales aldeanos de Buenos Aires? Estas particularidades, dice Martí, son comunes a todos los pueblos en la misma etapa de desarrollo. Y he aquí el planteamiento de un concepto teórico etnológico interesante, contrapuesto a aquellas reglas escolásticas del señor Abelot.

'Peca este libro sincero de La Pampa [dice Martí], en que el autor mezcla sus opiniones, aprendidas y prehechas, con las que dan las cosas de suyo, que es lo que el lector busca en los libros [...]. Lo que se quiere es saber lo que enseña la vida, y enoja que no nos dejen ver la vida como es, sino con estos o aquellos espejuelos. Con tanto como se escribe, está aún en sus primeros pañales la literatura servicial y fuerte [...]. Es cierto que en La Pampa el autor cuenta a modo de testigo lo que vió y lo cuenta con soltura y hombría', con descripciones pintorescas e interesantes.

Donde el autor pudo y debió ver los lances heroicos de la sociedad inicial, vio persistencias y desviaciones, y selecciones y atavismos.

Martí abre de nuevo el libro de la vida en otro capítulo. Se enfrenta a la naturaleza del hombre y del paisaje cubanos, en la última etapa de su vida. Escribe en el Diario de Montecristi a Dos Ríos una interminable relación de experiencias, para él antes desconocidas, de su suelo cubano. Anota sus observaciones y las recomienda para que las ordenen por las fechas y las conserven.

Ya había recogido en toda la América nuestra un léxico de música, instrumentos, danzas y comidas. Recomendaba el desarrollo de productos como el maguey y el hule mexicanos y otras fuentes propias de economía. Ya en aquella época se estaba atado a la importación de productos elaborados norte-americanos: '[...] fuerza es que la producción del tabaco [en México] [...] se vea pronto en estado de dar abasto a la creciente petición, sin acudir para ello a muy raros tabacos extranjeros [...]'.

Y agrega que para el ensayo del cultivo que se intenta '... mis laboriosos hermanos de familia [los tabaqueros cubanos] [...] vendrían alegres a hallar ellos pan de destierro, ganado en honra de la industria y bien del país'.

Y de hecho se establecieron fábricas de tabacos con obreros cubanos que emigraron con sus familias, y en esas fábricas ofrecieron recitales de música para los trabajadores los cubanos Ignacio Cervantes, compositor y pianista, y el violinista Rafael Díaz Albertini.

'Y del hule, sí [...] podría sacarse gran partido. ¡Con qué placer leí yo [...] hace unos días ¡Hule mexicano! [...] muy preso yo, me hicieron poner ropa de corteza de árbol, hecha en los Estados Unidos. Raspaba y hería [...]. La del maguey sería mucho mejor'.



(*) María Teresa Linares Savio es cubana, musicóloga, una de las más importantes estudiosas de la raíz africana en la cultura de Cuba.

viernes, 5 de mayo de 2006

José Martí: Referencias a la etnología y el folklore en su obra (Parte I)

Cultura - Cuba

Por: María Teresa Linares Savio* (Fecha publicación:04/05/2006)

Las acotaciones, descripciones y criterios sobre la vida del hombre, que José Martí vierte en los artículos, críticas y relatos de viaje, demuestran su preocupación por aspectos relacionados con la antropología de los pueblos americanos. En estos breves comentarios se señala su valiosa labor pionera como estudioso de la etnología y el folklore americano.

En muchos de sus trabajos, José Martí demuestra su profunda preocupación por el desconocimiento que existía sobre la vida cotidiana del hombre americano. Considera y manifiesta en sus trabajos que es necesario analizar las costumbres -vida familiar, economía, artesanías, comidas, medicinas y remedios caseros, vestuario, la filosofía expresada en sus decires- y todos aquellos aspectos que entrarían en la cultura material y espiritual del hombre 'natural', para con ello entenderlo y guiarlo por el mejor camino de su desarrollo.

En agosto de 1887 José Martí publicó en El Economista Americano un artículo crítico sobre la lectura que hiciera el antropólogo y etnólogo norteamericano Daniel Garrison Brinton, de Filadelfia, ante la Asociación de Adelanto de las Ciencias, titulado 'Noticia de los datos actuales para el estudio de la cronología prehistórica de América', en el que destaca los libros publicados por aquel autor referidos a las lenguas aborígenes, las leyendas mayas, una gramática de la lengua cakchiquel y un baile -comedia en nahuatl- español llamado El guegüense, de los primeros años de la conquista.

Se refiere a las teorías del antropólogo sobre la antigüedad de la raza americana y su procedencia del oeste de Europa a través del puente de tierra preglacial que la unía a América.

Señala también cómo el antropólogo demuestra sus hipótesis por los '... hallazgos de depósitos de conchas y huesos de especies distintas donde se han hallado restos de cerámica y útiles de piedra pulidos con relativa habilidad, y en los arenales de Trenton y lugares varios, ricos en residuos paleolíticos que revelan la existencia del hombre americano en la época glacial, cuando no antes en lo esparcido del cultivo del maíz y del tabaco, que en edad remotísima se cosechaban desde el Canadá hasta la Patagonia'.
Martí se refiere también en este artículo a la mención que hace Brinton de las más de 200 lenguas aborígenes diferentes de raíz que existían en Norte y Sudamérica, '... quizás desaparecidas hoy muchas de ellas, pero que acusan una edad muy lejana, pues sólo por la duración de ella pudo parar en esas opuestas ramas una raza cuyo común origen se comprueba por la identidad de los cráneos hallados en los depósitos cuaternarios más antiguos: -y en el descubrimiento de útiles de labor en los depósitos glaciales-, lo que remonta la existencia del hombre en América hasta la época del hielo, hace unos 35 mil años'.
Estos sorprendentes comentarios nos sitúan ante el interés de José Martí por un conocimiento de nuestros orígenes para apoyar la defensa de nuestra identidad americana y el interés por aspectos de la lingüística, la etnología y la antropología de los pueblos de América. Por esto quizás se pronuncia contra el injerto de elementos culturales exóticos en nuestra cultura cuando dice:
'La historia de América [...] ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia'.
Y no es que esté en contra de la cultura universal, sino que está consciente de que, por conocer y dar prioridad a aquélla, se descuida la nuestra.
Sobre esto sentencia: 'Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco [abonado, irrigado] [...] ha de ser el de nuestras repúblicas'.
El pensamiento de Martí no puede considerarse por esto localista. Su pensamiento americano trasciende todas las fronteras, a través de las descripciones de sus visitas a Guatemala, Isla de Mujeres (México), los Estados Unidos; a través de sus comentarios críticos y en sus poéticas visiones del Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos.
En Livingstone, Guatemala, encontramos que se detiene ante el hombre y su contexto social: 'Pues, ¿qué hacen en aquella plaza tantos hombres que van y vienen?
No es plaza, es que están embarrando una cabaña. Ese bullicio es simpático; atrae ojos y corazones, porque lo engendra un sentimiento fraternal. [...] En este lugar el pueblo no permite que un hombre solo haga su casa: todos le ayudan, sea cualquiera la época del año; ellos la arrancan de la tierra y la acarrean para endurecer el suelo, ellos cruzan las varas, ellos construyen bruscos ladrillos, ellos coronan la choza de abundantes hojas de palmeras'.
Su mirada rápida de viajero, ávida del conocimiento del pueblo, capta una escena que es común en toda nuestra América, tal como se realiza en Cuba una junta o reunión de vecinos para la construcción de su bohío. Y describe todos los pasos de la preparación de la arcilla, los cujes que le sirven de apoyo a las paredes de embarrado, el techado de guano.
En nuestros grupos primitivos fue necesaria la unión para no perecer, y en estas visiones de América comprueba los elementos de la cultura material derivados de grupos indígenas similares en Centroamérica y Cuba y su permanencia en las poblaciones contemporáneas a sus viajes.
Se refiere luego Martí a las relaciones humanas: 'El marinero es saludado por todo el mundo [...] hablan su Caribe primitivo, su dialecto puro [...]. Y ¡qué manera de hablar! Una vez admiró el viajero la rápida palabra de los vascos: ahora ve que ésta le es muy superior. Son locuaces con la lengua, con los ojos, con las caderas, con las manos [...]'.
Gestualidad y cordialidad propias también del cubano. Describe así detalles importantes para el estudio de un pueblo, su lengua y expresividad, el hombre y su parla, el carácter social del conglomerado, la mujer y su vestuario: 'Y cómo se viste esa negra: es el vestido del país. Un pañuelo blanco, atado de manera de turbante le cubre por delante la frente; y por detrás el cuello, dejando las largas puntas sobre la ebúrnea espalda. Un camisón de azul listado deja al aire brazos y cuello, y, más debajo de las rodillas, deja paso a la saya que le cuelga de la cintura [...] más debajo de la cintura ciñe con un lazo abandonado el camisón de hilo, un pañolón azul de largas puntas'.
Y como Martí describe otros lugares, no usa los términos de aquel pueblo, sino un lenguaje sencillo, poético, que a todos nos llega como un paisaje a todo color, captado por su mirada panorámica, acuciosa, similar a la de su llegada a Livingstone.
Cuando Martí llega a Zacapa, encuentra que los pobladores viven del cultivo del tabaco y la fabricación de sombreros de petate, y al usar una palabra del lugar aclara su significado: '[...] éste es el patrimonio, como dice la gente del pueblo'.
Y con esta noticia aclaratoria va la base económica y el nombre que le dan en el lugar a la producción y al material del sombrero, especie de guano de palma para tejer.
Luego de un azaroso viaje en mula por lugares inhóspitos durante varios días llega a Isla de Mujeres y observa formas de transacciones comerciales comunes en Cuba y en poblaciones rurales en desarrollo en países centro y sudamericanos durante el siglo XIX, y quizás aún en algunos. Se refiere al comercio de productos de cambio en la bahía.
'Se compra aquí con huevos, se llama al aguardiente de caña habanero, se hacen frecuentemente bailes con poninas, contribución voluntaria que no excede nunca de cuatro reales, y con ellos, como en todas partes, se bebe abundante vino dulce'.
Los bailes de ponina fueron descritos por los costumbristas en Cuba como los realizados en zonas campesinas o en barrios humildes en los muelles y alrededor de la ciudad de La Habana. En éstos se vendía ponche de leche y agualoja.*
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(*) María Teresa Linares Savio es cubana, musicóloga, una de las más importantes estudiosas de la raíz africana en la cultura de Cuba.

miércoles, 3 de mayo de 2006

José Martí en la esfera de lo erótico

Por: Imeldo Álvarez García

02 de Mayo, 2006

(Cubarte).- La lectura de Martí, Eros y Mujer (revisitando el canon), de Mayra Beatriz Martínez (La Habana, 1955), ensayo que mereciera premio del jurado Pinos Nuevos, integrado por Caridad Atencio, Teresa Blanco y Jesús David Curbelo, y que la Editorial Letras Cubanas presentó en la recién concluida Feria de La Habana, constituye, sin duda, una incitante y recapituladora incursión en la visión erótica del hombre que dijera: la única verdad de esta vida, y la única fuerza, es el amor.

La autora es Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de La Habana, especialista del Centro de Estudios Martianos, coautora de la edición crítica de los Diarios de campaña martianos. Ha obtenido varios premios, como el Razón de Ser, en 1994; el Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en 1996; y el Dador, en 2002. Se trata no solo de una tenaz investigadora del equipo que acomete la edición crítica de las Obras Completas de nuestro Apóstol, sino una periodista y editora abierta a las encrucijadas del conocimiento y la creación.

Desde la contracubierta se le informa al lector que en este libro podrá apreciar cómo “se construye, genérica y sexualmente, la imagen femenina martiana: ese moral y cívico deber ser de la mujer” gracias al análisis de los escritos públicos o privados, literarios o políticos, poéticos, narrativos, dramáticos, periodísticos y otros del genio literario y político que en su paradigmático texto “Nuestra América” dijo que en este Continente “los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales”. Es decir, de cómo Martí fue proyectando en su obra la imagen del eros y de la mujer de su época.

Para ello son “revisados y valorados el cuerpo martiano, los patrones con que él concibió la masculinidad y la feminidad – no exentos de prejuicios y contradicciones –, el papel que les asignaba a las mujeres en la sociedad, las diversas líneas ideológicas que tensaron el discurso erótico martiano”. Martí, en su Cuadernos de apuntes No.2, en torno al tópico de la recuperación de lo real mediante la reivindicación del cuerpo, escribió: “Pasión por el deber: preferencia por el martirio voluntario, esto es el alma que asciende. Lo otro es cuerpo que retiene. Esa clase de cuerpo que hay que vencer”.

Dice Mayra Beatriz: “Siendo eros, sin lugar a dudas, uno de los símbolos del tiempo – de las más significantes expresiones de cada época y grupo humano, y el ámbito por excelencia del reconocimiento cercano y del autorreconocimiento íntimo, capaz de permitir que nos observemos y actuemos al desnudo –, habría de resultar imposible desterrarlo de cualquier estudio que aborde el registro mayor identitario, dedicado, en Martí, a la observación consagrada, y a la aceptación y defensa comprometida de las culturas hispanoamericanas en general, y de la cubana en particular”.

Confieso que, desde esta perspectiva, Martí, de cierto modo, me resultaba una atracción, además de ontológica, profundamente humana. En sus provocativas percepciones preliminares, Mayra Beatriz señala que en este aspecto el gran hombre sigue siendo un desconocido. Yo, mientras penetro resueltamente en el ensayo de ella, recuerdo una frase del Maestro, tan apreciada: En el erotismo faltan dignidad y fe. Y esta otra: A nada se va con hipocresía. Porque cerremos los ojos, no desaparece de nuestra vista lo que está delante de ella. Ni calmamos lo que nos dice el corazón transgrediendo muchas veces lo que la praxis pone en la cabeza. De pronto, nos agarra, al vuelo, un criterio de Mayra Beatriz: “Martí, en la esfera de lo erótico, actuó siempre en forma muy refrenada”.

Ella explica la paradoja de quien quiso fijar las más audaces prescripciones a través de un proyecto cultural revolucionario en su sentido más amplio, capaz de incluir rupturas radicales en el plano político, económico y pedagógico, y, sin embargo, proyectó un discurso erótico que, para la época, y en general, puede considerarse conservador, al menos de modo explícito. Yo retengo y en general y sigo adelante. Reflexiono lo de al menos de modo explícito.El corpus temático me clava en la lectura porque los senderos y la necesidad de la máscara, digamos, la privación del espacio para la mujer, la afrenta y dolor del adulterio femenino, los compromisos con la vida en el espacio público, las entretelas de Lucía, la protagonista de la única novela escrita por Martí, la virgen dentro y fuera del canon, de la almohada de estrellas a boa infernal, la dislocación de los modelos, la moralidad suprema (la mujer que anima, aplaude, unge), las cartas a la madre, a la esposa, a las Mantillas...y otras derivaciones no conclusivas, en fin, la mítica leyenda y el encuentro con una visión menos legendaria. (Eva dice: Todo es Eva).

En verdad hay que darle las gracias a Mayra Beatriz por conducirnos desde los textos iniciales de Martí hasta sus días alucinantes, tras su desembarco en Playita de Cajobabo, por mostrarnos, con lucidez y ternura femenina, cómo la percepción y pensamiento del cuerpo implicaron en Martí laceración física y padecimiento existencial, insistente autocensura, sin decaer en su escritura, tan distante de los ensayos hechos con frialdad académica, no imponiendo criterios, sino buscando respuestas en forma diferente, sin plegarse a los criterios establecidos, ejerciendo su legítimo derecho.

Me detengo en cada una de las 253 notas con que Mayra ha ampliado, apoyado, enriquecido su ensayo. Notas que subrayan su horizonte intelectual, el conocimiento, variado y actual, de obras, autores y corrientes que afirman el curso de estas provocadoras décadas del siglo XXI en el campo de la cultura.

Pienso, resumiendo, que constituye una ganancia la lectura de este libro. A mí me ha ayudado a profundizar en la idea de que así debiéramos abordar otros temas y proyecciones de la vida y obra de Martí. Con amor, autenticidad y espíritu despojado de rutinas y esquemas, de cara al mañana que entre todos estamos construyendo.

Ganadores de los premios José Martí

Las Vegas, Nev.

En su 21ava. Conferencia Anual, la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) anunció los ganadores de sus primeros premios José Martí por la Excelencia en Publicación.

Se recibieron setecientas cuarenta participaciones en 6 categorías: Publicación Sobresaliente, Secciones Sobresalientes, Palabra Escrita, Diseño, Fotos y Caricaturas y Mercadotecnia.

De las 740 nominaciones, 35 publicaciones recibieron premios.

El jurado para evaluar las entradas, conformado personas ampliamente conocidas en el mundo de la prensa hispana escrita, evaluaron las participaciones en Nueva York en febrero pasado; e incluyo a: Nelson Fernández, de APCO Worldwide; Gloria Constanza, socia de CMS; Michael Gómez, de MasterCard; Angel Linares-Lugo, de People en Español; Mindy Figueroa, de Scholastic Entertainment; Gladis Roda de Rosa Public Relations and Communications; Chiqui Cartagena, Meredith Integrated Marketing; LLC y Terry Mireles, de Vigo Remittance Corp.

Lupita Colmenero, presidenta de la NAHP, informó que: “Este año hemos decidido reducir el numero de los premios y hacer que tengan un mayor significado para nuestros miembros. Hemos dado al concurso el nombre de José Martí porque él fue un hombre de letras que buscó la excelencia a través de toda su vida”. Y agregó: “También decidimos concentrar el trabajo de juzgamiento de los premios en un solo lugar y escogimos la ciudad de Nueva York por el fácil acceso a un distinguido panel de jueces”.

La Convención Anual de la NAHP se realizó en Las Vegas, Nevada, del 29 de marzo al 1 de abril. NAHP, fundada en 1982, representa a periódicos y revistas con un promedio de más de 20 millones de lectores cada semana.

La organización ha reformulado su programa de premios y ha bautizado el concurso con el nombre del renombrado periodista, héroe cubano, poeta y estadista José Martí.

martes, 2 de mayo de 2006

José Martí

2006-5-1

Por Cástulo Gregorisch

Si ocurriera el milagro
de un renacimiento,
de aquel que nació
un 28 de Enero.

Si resucitar pudiéramos
a nuestro maestro,
quién sacrificó su vida
por la de su pueblo.

Cruel cruz lleva Cuba
sobre sus espaldas,
con odiosa hoz
clavada en su alma.

La patria que sufre
hoy le necesita,
necesita un hombre
de su valentía.

No tenemos un líder
que tenga su talla,
que con entereza
se enfrente a las balas.

Alguien que nos guíe,
que nos dé la mano
para terminar
con el vil tirano.

Alguien que no aspire
a ejercer el mando,
alguien que se entregue
sin poner reparos.

Alguien que lo mueva
un gran amor a Cuba,
alguien que posea
su gran estatura.

Cuba hoy le requiere,
Cuba hoy por él clama,
¡José Martí Pérez
levántate y anda!