Autor: Jorge Wejebe Cobo
Dom. 17 | Mayo. | 2026
Horas antes de morir el 19 de mayo de 1895, el jefe insurrecto develó la clave fundamental de su tarea antiimperialista

Durante el aniversario 165 del natalicio del adalid de la independencia, el 28 de enero de 2018, quedó emplazada la estatua de Martí en la plaza 13 de marzo, ubicada en La Habana vieja. Foto: Yuris Nórido
La noticia de la muerte de José Martí en Dos Ríos se regó como pólvora, pese a lo cual el Capitán General de la Isla indicó que se comprobara fehacientemente la información y desde Santiago de Cuba fue enviado a Remanganaguas el doctor Pablo Aurelio Valencia Forns, para que practicara una autopsia a los restos mortales que, para ese fin, desenterraron el 23 de mayo, quien confirmó que se trataba del prócer mambí.
El médico describió los rasgos físicos de Martí, su vestimenta y precisó que tenía una escarapela con los colores de la bandera cubana, un libro muy pequeño manuscrito con letras del Padre de la Patria y en el dedo de la mano una sortija, en la que se leía la palabra "Cuba".
Tras varios entierros en el trayecto de los cerca de 150 kilómetros que conducía a Santiago de Cuba, Martí fue sepultado finalmente en el cementerio Santa Ifigenia, rodeado de soldados, y tal pareciera que ese hecho podía conducir al resquebrajamiento de la lucha independentista de los cubanos, pero la Revolución continuó por el rumbo establecido por el Apóstol y tres años después la metrópoli era ya historia en Cuba.





















