Por: Ciro Bianchi Ross
26 septiembre 202

Estatua de José Martí en el Parque Central, en La Habana - Foto: DeLaHabana.
Sus obras son de las más vistas. Baste decir que, entre otras, es el autor del monumento a José Martí en el Parque Central habanero, la escultura de las tres virtudes teologales que corona la puerta principal del cementerio de Colón, la imagen de La Milagrosa en la propia necrópolis… Y aun asi el nombre del artista es prácticamente desconocido. No existe aquí, que sepa el cronista, un certamen que lo recuerde, una academia que lleve su nombre ni un plan de estudios que lo incluya y enaltezca. Ni siquiera se sabe a dónde fueron a parar sus restos.
No solo se le olvida. También se le vilipendia. Para algunos, el mulato habanero José Vilalta Saavedra es un genio, un maestro de la escultura monumental, uno de los nombres fundamentales de la escultura cubana de entre los siglos XIX y XX, un hombre que es forzoso reconocer por su habilidad técnica y alta sensibilidad… Para otros, no pasó de ser un mero intermediario entre clientes cubanos y talleres de maestros italianos de la escultura.
Por suerte, Alessandra Anselmi, profesora titular de Historia del Arte en la Universidad de Bologna, y autora de un libro sobre el Art-Deco en Cuba y de un estudio biográfico sobre el empresario cubano Alfredo Hornedo, acaba de publicar en su país los resultados de una investigación sobre la vida y el quehacer de este artista; sus trabajos y sus días tanto en la Isla como en Italia, donde estudió, trabajó y murió. No fue un intermediario, asegura la investigadora, y añade que documentos que incluyó en su monografía permiten afirmar que fue un escultor importante, de alto nivel.
Para decirlo en pocas palabras, fue el primer escultor cubano en el tiempo, y el primer cubano que consigue en la Isla emplazar una de sus esculturas en un lugar público.



















