Barbara M. Cortellan Conesa
19 mayo, 2026
Un recorrido periodístico por las ciudades que forjaron al Apóstol
Para entender a José Martí, nuestro Apóstol, no basta con leer sus versos o sus discursos. Hay que seguirlo por las ciudades que lo vieron sufrir, crecer y resistir.

“El sentido de la justicia constituye la piedra angular del pensamiento y la acción revolucionaria de José Martí (…)”. / Foto: Diseño y Montaje de la autora"
Desde muy joven, La Habana colonial le mostró el rostro más cruel de la injusticia: las murallas que separaban a los criollos de los españoles, el privilegio del comercio esclavista y una prensa amordazada. Fue en su Habana querida, la de la calle Paula y el colegio de San Pablo, donde Martí comenzó a forjar esa conciencia dolorida que luego lo llevaría a defender la verdad como herramienta de liberación.
El primer destierro a España, con apenas 17 años, fue su encuentro con las ciudades viejas del imperio. Madrid y Zaragoza no lo intimidaron; al contrario, allí entendió que la metrópoli también arrastraba sus propias contradicciones: universidades que predicaban la libertad mientras negaban a Cuba, y calles donde el pensamiento colonial se disfrazaba de modernidad. Como periodista, valoro que en esas ciudades españolas él aprendió a escribir con rigor y furia, denunciando la hipocresía del sistema y defendiendo a los cubanos encarcelados. Allí nació su pluma incorruptible.
México fue su primera gran escuela urbana americana. En el Distrito Federal, Martí no solo encontró trabajo como periodista, sino que descubrió la fuerza de una ciudad mestiza, vibrante y revolucionaria. Las calles de la capital azteca le mostraron que la unidad entre nuestros pueblos era posible. Sin embargo, también vio la fragilidad de las jóvenes repúblicas, sus caudillismos y exclusiones. Por eso, desde su crónica, advirtió sobre el peligro de imitar modelos extranjeros sin mirar nuestra propia raíz indígena y campesina.