Publicado el 16 enero, 2021 • 10:00
por Yanay Prats Herrera
De aroma elegíaco estas semblanzas, sobrecogen como en interior de catedral justo antes de la liturgia, comunión: Julián del Casal ?de José Martí, publicada en el periódico Patria el 31 de octubre de 1893, a pocos días de la muerte de Casal?; y José Martí ?por Rubén Darío, del libro Los raros, especie de canon literario del escritor nicaragüense, cuya primera edición fue en 1896, un año después del fallecimiento del Apóstol?
Inician a modo de invocación ante lo rotundo de la muerte: “—¡oh! permitid que diga su nombre delante de la gran Sombra épica; de todos modos, malignas sonrisas que podáis aparecer, ya está muerto!…” (José Martí). “Aquel nombre tan bello que al pie de los versos tristes y joyantes parecía invención romántica más que realidad, no es ya el nombre de un vivo” (Julián del Casal).
Retratos finiseculares que hacen llegue a nosotros un perfume decimonónico inconfundible, espíritu romántico en transición hacia nuevas vías estéticas y éticas: “De la beldad vivía prendida su alma; del cristal tallado y de la levedad japonesa; del color del ajenjo y de las rosas del jardín; de mujeres de perla, con ornamentos de plata labrada; y él, como Cellini, ponía en un salero a Júpiter. Aborrecía lo falso y pomposo” (Julián del Casal).