Pedro Corzo
viernes 12 de marzo de 2021
El Grito de Baire, el levantamiento independentista que organizó José Martí junto otros patriotas en más de una veintena de localidades de la Isla. Es un suceso al cual el totalitarismo castrista ha decidido reducirle relevancia, al igual que a otras numerosas efemérides que constelan la historia patria de Cuba, como es el 10 de octubre, el primer clamor efectivo por soberanía de los cubanos.
Fueron muchos los patricios que dentro y fuera de la Isla laboraron por años a favor de la independencia. El destierro fue vital para el 24 de febrero, pero la obra interna que coordinó Juan Gualberto Gómez fue determinante en la consecución del objetivo final.
El castrismo desde el primer día del triunfo de la insurrección intentó destruir todos los fundamentos de la nación cubana. Inició una campaña de descrédito contra los patriotas que gestaron y condujeron la Guerra de los Diez Años, una epopeya que reduce la insurrección capitaneada por Castro en la Sierra Maestra a una simple escaramuza.
La historia oficial del castrismo se ensañó en las figuras de Carlos Manuel de Céspedes y de Francisco Vicente Aguilera e ignoró otras como la de Ignacio Agramonte. Se dijo mucho de sustituir la bandera nacional, aunque no el himno, porque de hecho fue suplantado por la Internacional comunista. Fue una operación orientada a restar méritos a las figuras más notables de aquella gesta, que después fue relevada con una consigna esgrimida por el propio Fidel Castro que decía, “Nosotros entonces habríamos sido como ellos. Ellos hoy habrían sido como nosotros”.