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sábado, 9 de julio de 2022

Fermín Valdés Domínguez desde la ciencia y el compromiso patrio

Marta Gómez Ferrals
Foto: Archivo
08 Julio 2022

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El 10 de julio de 1852 nació en La Habana Fermín Valdés Domínguez, un cubano entero y de gran valía patriótica y como ser humano integral, quien siempre será recordado gratamente como el hermano del alma de José Martí, tal y como el propio Maestro lo llamara un día por la profunda amistad que desde la niñez los unió.

A 170 años de ese acontecimiento es hermoso valorar la comunión inmediata surgida entre los dos pequeños desde las aulas de la enseñanza primaria, duradera para toda la vida, aunque hubo tiempos en que la distancia física los alejó.

Fermín y su hermano mayor habían sido acogidos como hijos en el hogar de un eclesiástico español, de gran cultura, valores éticos y buena posición económica, aunque ambos conservaron el apellido Valdés dado por la casa de beneficencia de donde procedían. Pepe Martí era el vástago mayor de un humilde y honrado funcionario hispano, asentado con su familia en La Habana.

Enseguida hicieron buenas migas los dos chicos entre los deberes escolares, los juegos del recreo y los gestos solidarios, sin importar las posibles barreras que su diferente condición social les deparara.

Tales lazos se convirtieron en hermandad en las aulas de la escuela del prestigioso Rafael María de Mendive donde se prepararon para los estudios superiores. Juntos alcanzaron, con la influencia de su excepcional maestro Mendive, la formación de sus principios y valores, sus ideales patrióticos y políticos en general cuando enrumbaron hacia la adolescencia y juventud. Juntos conocieron por primera vez el dolor de la injusticia y los castigos por amar tanto a su Patria.

viernes, 17 de junio de 2022

De todas partes: Martí el amigo

Por: Pedro Pablo Rodríguez
15 de junio de 2022

La intensa vida social de Martí en los más diversos círculos fue factor favorecedor de sus dotes para hacer y mantener amistades, a pesar de la diversidad de asuntos que le ocuparon a lo largo de su existencia

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José Martí junto a Fermín Valdés Domínguez y Panchito Gómez Toro en Key West, Estados Unidos, 1894

La Habana, Cuba. – La intensa vida social de Martí en los más diversos círculos fue factor favorecedor de sus dotes para hacer y mantener amistades, a pesar de la diversidad de asuntos que le ocuparon a lo largo de su existencia.

La amistad fue para él asunto de mayor atención y disfrute mediante gestos de bondad y de preocupación por quienes le rodeaban. Lo mejor del mundo, ¿no es un buen amigo?. Así escribió a Ramón Luis Miranda al que considera “amigo y señor”. A Clemencia Gómez, la hija del Generalísimo, le plasmó en su álbum personal esta idea: La amistad no es más que amor.

De joven, en México, le señaló al escritor Gerardo Silva los límites de esa relación: Es noble defender la amistad, sin olvidar por ello la historia y la justicia.

Y en uno de sus cuadernos de apuntes expresó su preocupación por el pensamiento propio: La amistad no excluye nunca la libertad de criterio.

lunes, 31 de enero de 2022

Dos amigos olvidados de José Martí

Mauricio Escuela Orozco
26/01/2022

La memoria, si bien existe, no se defiende sola, sino que vive carnalmente en los hijos, a través de sencillos pero vitales mecanismos de justicia y de recordación…

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El eminente pedagogo Rodolfo Menéndez de la Peña - (Tomada de Ecured)

Rodolfo Menéndez de la Peña era un hombre joven, maestro, inquieto, cuando le donó casi todo su patrimonio a José Martí. El pasaje es poco conocido en la historia cubana, pero resultó determinante para la causa libertaria del siglo XIX entre los habitantes de la isla, por entonces cautiva de España. Cuando el pedagogo se estableció en Yucatán, México, siguió carteándose con el Apóstol, en un fluido espíritu repleto de ideas, de fulgurantes pareceres en torno a cómo debía construirse la vida en el continente.

Menéndez de la Peña nació en San Juan de los Remedios y emigró siendo casi un muchacho, perseguido por ser independentista. Allá, en el exilio, fundó escuelas, constató un método de enseñanza, erigió revistas y publicaciones de orden científico. Solo vino a Cuba brevemente tras terminada la guerra de 1895. Allá, donde su savia fuera trasplantada con la premura de la saña enemiga, floreció el hombre bueno. México acoge aún el legado de Menéndez de la Peña, donde la universidad principal yucateca lleva su nombre, donde presidentes de la nación y eminencias profesionales le dedican encendidas tesis y homenajes.

El amigo remediano de Martí le puso a su hija el nombre de Patria, a la que educaría según preceptos muy profundos, propios del más moderno colegio. Junto a la revista La Edad de Oro se sitúa Lira de la Niñez, hecha enteramente por Menéndez de la Peña. Ambas publicaciones cuyo destino era América, dieron cuenta de un panorama novedoso y humanista.

Poco hablamos en Cuba de este hombre que además dejó una larga dinastía de periodistas, filósofos y maestros en Yucatán que llega hasta el presente. Sin embargo, no se concibe la enseñanza en el continente sin leerlo. Martí reconoce en su correspondencia la grandeza de Menéndez de la Peña, sobre todo porque en medio de lo peor de la lucha, cuando pocos creyeron en la victoria, el remediano se entregó en cuerpo y alma. Ni donde vivir tenía el maestro tras donarlo todo, hasta el último esfuerzo por Cuba.