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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Estrada Palma: un hombre honrado, un presidente equivocado

Por Jorge L. León
Lunes, 31 Agosto, 2026 - 17:12

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Durante décadas, buena parte de la historiografía oficialista cubana ha presentado a Tomás Estrada Palma bajo una mirada particularmente severa, llegando en ocasiones a convertirlo casi en una figura demonizada de la República. Esa visión, marcada por presupuestos políticos posteriores, ha tendido a reducir al hombre a sus errores y a oscurecer sus virtudes. La historia, sin embargo, exige algo más difícil: juzgarlo sin absoluciones ni condenas preconcebidas, distinguiendo al patriota del gobernante y al hombre honrado de sus decisiones políticas.

Tomás Estrada Palma llegó a la presidencia de Cuba en 1902 rodeado de un enorme prestigio. Había sido independentista, presidente de la República en Armas y uno de los hombres respetados por José Martí. Pero una cosa era el revolucionario que Martí conoció y otra, muy distinta, el presidente que tuvo que gobernar una República recién nacida, devastada por años de guerra y sometida a las limitaciones de la Enmienda Platt.

Conviene decirlo desde el principio: Estrada Palma no fue un hombre corrupto. Su vida personal estuvo marcada por la austeridad y la honradez. Incluso renunció a cobrar su salario como presidente. Fue un administrador cuidadoso de los recursos públicos y concedió gran importancia a la educación, las obras públicas, la reorganización de las finanzas y la recuperación económica de un país prácticamente arruinado.

Ahí están sus virtudes. Y no son pequeñas. Pero la historia de un gobernante no puede escribirse solamente con sus virtudes personales. Estrada Palma tenía una concepción rígida del orden y de la autoridad. Fue un hombre de principios firmes, pero también de escasa capacidad para negociar con quienes discrepaban de él. Y cuando llegó el momento de la reelección, aquella rigidez terminó convirtiéndose en uno de sus mayores errores políticos.

La Constitución de 1901 permitía la reelección. El problema no fue, por tanto, simplemente aspirar a un segundo mandato, sino el deterioro del proceso político que acompañó aquella decisión. Los liberales denunciaron fraude y uso de los recursos del Estado. La confrontación terminó desembocando en la llamada Guerrita de Agosto de 1906.

Quintín Banderas: La sombra más oscura

Hay, sin embargo, un episodio que no puede omitirse cuando se examina críticamente la presidencia de Estrada Palma: la muerte del general Quintín Banderas.

sábado, 1 de enero de 2022

Intervención estadounidense consolidó proyecto neocolonial

Por Jorge Wejebe Cobo/ ACN
01 Enero 2022

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Foto: Tomada de cubadebate.cu

En Cuba, el pueblo celebraba con gran esperanza las navidades de 1898 ante la perspectiva de por fin tener una patria soberana después de derrotar la dominación colonial de España en la última contienda libertadora de 1895-1898, en la cual murieron más de 200 000 de sus hijos, caídos en el campo de batalla o víctimas de los crímenes de las fuerzas colonialistas.

Sin embargo, un destino muy diferente le impuso a aquellas generaciones de criollos la estrategia del naciente imperialismo norteamericano.

La primera etapa de esos planes se puso de manifiesto tras la intervención de las fuerzas militares estadounidenses en la guerra durante una corta campaña que culminó el 10 de diciembre del 98 con la firma del Tratado de Paz de París, para dar por concluida la llamada guerra hispano estadounidense, pero sin la presencia en las negociaciones de los representantes del Ejército Libertador.

Ese día en la capital francesa culminó una de las contiendas más cortas y provechosas para el naciente imperialismo estadounidense después que intervino en la Isla en junio de ese año, supuestamente para ayudar a los independentistas a alcanzar la libertad.