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lunes, 10 de octubre de 2016

El primer viaje del Apóstol José Martí a Santo Domingo. (y II)

CARLOS RODRÍGUEZ ALMAGUER
21 MAY 2016, 12:00 AM

El 31 de agosto sale de Nueva York rumbo a las Antillas. Pasando por Fort Liberté y Dajabón, llega a Montecristi el día 9 de septiembre, y se queda en la casa de huéspedes de Catalina Ramos. Mandan aviso de su llegada a Gómez que está en La Reforma. El día 11 sale con Panchito hacia la finca adonde llegan al anochecer. Martí, tiempo después, lo describirá así: “Iba la noche cayendo del cielo argentino, de aquel cielo de Santo Domingo que parece más alto que otro alguno, acaso porque los hombres han cumplido tres veces bajo él su juramento de ser gusanos o libres, cuando un cubano caminante, sin más compañía que su corazón y el mozo que le contaba amores y guerras, descalzaba el portillo del cercado de trenza de una finca hermosa, y con el caballo del cabestro, como quien no tiene derecho a andar montado en tierra mayor, se entró lentamente, con nueva dignidad en el épico gozo, por la vereda que seguía hasta la vivienda oscura: da el misterio del campo y de la noche toda su luz y fuerza natural a las grandezas que achica o desluce, en el dentelleo de la vida populosa, la complicidad o tentación del hombre. Se abrieron a la vez la puerta y los brazos del viejo general: en el alma sentía sus ojos, escudriñadores y tiernos, el recién llegado; y el viejo volvió a abrazar en largo silencio al caminante, que iba a verlo de muy lejos, y a decirle la demanda y cariño de su pueblo infeliz, y a mostrar a la gente canija cómo era imposible que hubiera fatal pelea entre el heroísmo y la libertad.”

martes, 4 de octubre de 2016

El primer viaje del Apóstol José Martí a Santo Domingo (I)

CARLOS RODRÍGUEZ ALMAGUER
14 MAY 2016, 12:00 AM

Corría el año de 1892 y los emigrados cubanos y puertorriqueños, residentes en los Estados Unidos, principalmente en Nueva York y las ciudades floridanas de Tampa y Cayo Hueso, habían convenido en la creación del Partido Revolucionario Cubano para ofrecer un frente común al vetusto régimen colonial de España que, luego de tres siglos de dominación sobre la casi totalidad del continente americano, aún mantenía su bota opresora sobre las islas de Cuba y Puerto Rico.

Esta organización política, sin embargo, necesitaba de una estructura militar que llevara a cabo la ímproba tarea de expulsar por la fuerza de las armas al ejército colonialista peninsular que operaba en la mayor de las Antillas para, luego, continuar la labor independentista de la hermosa Borinquen. El Delgado electo por las emigraciones para ejercer la dirección de la novicia organización política había resultado ser, al mismo tiempo, su principal inspirador y organizador: el abogado, poeta y periodista cubano José Martí, cuyos lauros como literato y orador de altos vuelos eran ya de todo punto conocidos y resaltados en las dos Américas.

Luego de una consulta realizada por Martí y sus compañeros, entre los militares que habían desempeñado mandos importantes tanto en la Guerra Grande o de los Diez Años (1868-1878), como en la Guerra Chiquita (1880-1881), sobre quién debería desempeñar el mando supremo en la Guerra Necesaria que se preparaba, el resultado vino a ser el esperado: la esforzada y levantisca oficialidad criolla, tan difícil de armonizar aún en los tiempos de paz, había acordado por unanimidad que, entre todos, el que alcanzaba mayor prestigio y capacidad reconocida para la dirección militar era el dominicano Máximo Gómez, maestro en el arte de la guerra de gran parte de esos mismos bravos oficiales que ahora lo elegían.