Ariel Hidalgo, Miami | 16/03/2022 10:18 am
1. El surgimiento de las corrientes socialistas
Para empezar, Carlos Marx nunca fue comunista. No lo fue, por lo menos como se entiende actualmente ese término. A pesar de que escribió en 1848, en coautoría con Federico Engels, su célebre Manifiesto Comunista, no tuvo nada que ver con lo que generalmente mucha gente hoy llama “comunismo”, calificado así debido a los regímenes creados y presididos por los partidos comunistas a partir de que Vladimir Ilich Lenin adoptara ese nombre para lo que hasta entonces se llamaba Partido Bolchevique, agrupación que había surgido del ala izquierda del Partido Socialdemócrata Ruso.
Pero mucho antes de que este partido fuera creado, Marx, en los últimos años de su vida, cuando ya se había popularizado el término “marxista”, al ver tantas tergiversaciones que de su pensamiento se realizaban en su nombre, llegó a escribir en una carta: “Solo sé que yo no soy marxista”.
Murió pobre, y solo once personas asistieron a su funeral.
Tras su muerte, un cubano llamado José Martí escribió elogios sobre él, que fue “un hombre comido del ansia de hacer el bien” y que “despertó a los dormidos y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos”, aunque Martí se desmarcó de su idea de la lucha de clases y abogó a favor de un “remedio blando al daño”[1].
