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martes, 14 de febrero de 2023

Desde la Isla de Santo Domingo, en homenaje a Martí

Por Lilliam Oviedo
30/01/2023
Fuentes: Rebelión

«Odio la pluma que no vale para clavar la verdad en los corazones y sirve para que los hombres defiendan lo contrario de lo que les manda la verdadera conciencia, que está en el honor, y nunca fuera de él».

A ciento setenta años del nacimiento de José Martí, está organizada en forma corporativa la pluma que realiza, por encargo de la clase dominante, tareas enmarcadas en la misión de aplaudir la demagogia y apañar el entreguismo.

Es la pluma incapaz de denunciar que las bandas criminales se han multiplicado en un Haití dominado por las potencias imperialistas que encabezan esa comunidad internacional a la cual Luis Abinader, el millonario presidente dominicano, suplica que organice una ocupación.

No pregunta esa pluma de dónde salen las armas, las municiones y el entrenamiento que exhiben esas bandas criminales y no presenta como culpable al poder que hace poco más de un año y seis meses envió a los mercenarios colombianos quienes, tras vacacionar en centros turísticos dominicanos, asesinaron en Puerto Príncipe al corrupto y también criminal represor presidente Jovenel Moïse.

lunes, 10 de octubre de 2016

El primer viaje del Apóstol José Martí a Santo Domingo. (y II)

CARLOS RODRÍGUEZ ALMAGUER
21 MAY 2016, 12:00 AM

El 31 de agosto sale de Nueva York rumbo a las Antillas. Pasando por Fort Liberté y Dajabón, llega a Montecristi el día 9 de septiembre, y se queda en la casa de huéspedes de Catalina Ramos. Mandan aviso de su llegada a Gómez que está en La Reforma. El día 11 sale con Panchito hacia la finca adonde llegan al anochecer. Martí, tiempo después, lo describirá así: “Iba la noche cayendo del cielo argentino, de aquel cielo de Santo Domingo que parece más alto que otro alguno, acaso porque los hombres han cumplido tres veces bajo él su juramento de ser gusanos o libres, cuando un cubano caminante, sin más compañía que su corazón y el mozo que le contaba amores y guerras, descalzaba el portillo del cercado de trenza de una finca hermosa, y con el caballo del cabestro, como quien no tiene derecho a andar montado en tierra mayor, se entró lentamente, con nueva dignidad en el épico gozo, por la vereda que seguía hasta la vivienda oscura: da el misterio del campo y de la noche toda su luz y fuerza natural a las grandezas que achica o desluce, en el dentelleo de la vida populosa, la complicidad o tentación del hombre. Se abrieron a la vez la puerta y los brazos del viejo general: en el alma sentía sus ojos, escudriñadores y tiernos, el recién llegado; y el viejo volvió a abrazar en largo silencio al caminante, que iba a verlo de muy lejos, y a decirle la demanda y cariño de su pueblo infeliz, y a mostrar a la gente canija cómo era imposible que hubiera fatal pelea entre el heroísmo y la libertad.”

martes, 4 de octubre de 2016

El primer viaje del Apóstol José Martí a Santo Domingo (I)

CARLOS RODRÍGUEZ ALMAGUER
14 MAY 2016, 12:00 AM

Corría el año de 1892 y los emigrados cubanos y puertorriqueños, residentes en los Estados Unidos, principalmente en Nueva York y las ciudades floridanas de Tampa y Cayo Hueso, habían convenido en la creación del Partido Revolucionario Cubano para ofrecer un frente común al vetusto régimen colonial de España que, luego de tres siglos de dominación sobre la casi totalidad del continente americano, aún mantenía su bota opresora sobre las islas de Cuba y Puerto Rico.

Esta organización política, sin embargo, necesitaba de una estructura militar que llevara a cabo la ímproba tarea de expulsar por la fuerza de las armas al ejército colonialista peninsular que operaba en la mayor de las Antillas para, luego, continuar la labor independentista de la hermosa Borinquen. El Delgado electo por las emigraciones para ejercer la dirección de la novicia organización política había resultado ser, al mismo tiempo, su principal inspirador y organizador: el abogado, poeta y periodista cubano José Martí, cuyos lauros como literato y orador de altos vuelos eran ya de todo punto conocidos y resaltados en las dos Américas.

Luego de una consulta realizada por Martí y sus compañeros, entre los militares que habían desempeñado mandos importantes tanto en la Guerra Grande o de los Diez Años (1868-1878), como en la Guerra Chiquita (1880-1881), sobre quién debería desempeñar el mando supremo en la Guerra Necesaria que se preparaba, el resultado vino a ser el esperado: la esforzada y levantisca oficialidad criolla, tan difícil de armonizar aún en los tiempos de paz, había acordado por unanimidad que, entre todos, el que alcanzaba mayor prestigio y capacidad reconocida para la dirección militar era el dominicano Máximo Gómez, maestro en el arte de la guerra de gran parte de esos mismos bravos oficiales que ahora lo elegían.

lunes, 4 de mayo de 2009

Montecristi, Martí y sus valientes.

Opinión del invitado especial. La salida hacia Cuba junto a Máximo Gómez, en abril de 1895.

Diario F-27 Digital
Por José Antonio Núñez Fernández

El Apóstol José Martí redactó en la casa de Máximo donde Gómez estaba hospedado, "La Carta de Montecristi", que representa El Acta de Independencia de Cuba.

Es el mes de abril de 1895 y ya está preparada la salida de Montecristi hacia Playita de Cojobal en Cuba, que era una de las últimas colonias de España. Para los gastos del viaje Lilís aportó el dinero. Lilís decía: "España es mi esposa, pero Cuba es mi novia". Martí va a partir hacia su patria, con la que él llamaba "su mano de valientes". Tres dedos eran cubanos: Francisco (Paquito) Borrero, Ángel Salas y César Guerra. Los otros dedos eran dominicanos: Máximo Gómez y Marcos del Rosario.

La partida se realiza a bordo de la goleta del capitán Bastián. Bastián el capitán de goleta, resulta un irresponsable, un charlatán que aparentemente puso proa hacia el oriente de Cuba; pero que en realidad enfiló hacia Cabo Haitiano, República de Haití.

Martí no se amilana, no se da por vencido. Y entabla conversaciones y negociaciones con el capitán de un barco frutero alemán. Ese barco tenía por nombre El Norstrad.

El capitán germano realmente va a cumplir con la palabra empeñada frente a los expedicionarios de la libertad. El Norstrad acerca a los expedicionarios, a una distancia prudente de las costas de la parte oriental de la isla. El cabal y honorable marinero alemán, coloca a Martí y su mano de valientes, en un espacioso bote. Los remos van a ser manejados por Máximo Gómez, que en realidad no sabía de eso. Porque era él un diestro manejador de las riendas de los caballos, ya que era él uno de los grandes jinetes del continente.

El ilustre banilejo con los remos tiene problemas y se rompe uno de los remos.
Pero por suerte y gracias a Dios, las olas del mar arrojan el bote hacia las arenas de Playita de Cojobal.

Es de noche y se adentran en las tupidas malezas de unos altos matorrales. Entonces Gómez le pidió a Marcos del Rosario el bravo negro de Mojarra, que cantara como un gallo. Del Rosario no se hizo esperar y tres o cuatro veces cantó como el macho de un gallinero. Ocurrió lo deseado por Gómez. Y claro sonó el "kikiriquí de un gallo de verdad". Eso les dio a entender al grupo que ellos se encontraban en la cercanía de una o de más de una vivienda campesina. Entraron en conversación con los campesinos del lugar.

Y lograron que se uniera a ellos el primer voluntario para la lucha por la libertad de Cuba. Ese primer voluntario tenía por nombre, el de Félix Ruenes. En esa lucha brava y por voluntad de Martí, Gómez sería el general en jefe y Antonio Maceo Grajales: El Lugarteniente. Hay que decir que en la primera guerra, que duró diez años, del 1868 al 1878 Máximo Gómez realizó prodigios de valor y se convirtió en el "Napoleón de la guerra de guerrillas".

En uno de los primeros combates murió José Martí. El Apóstol cayó de cara al sol en Dos Ríos. Gómez acongojado y padeciendo grandes angustias, pensó y tuvo razón que el mayor peligro para Cuba no era España. Sino la Yankilandia que contemplaba con los ojos de Jean Lafitte y de William Walter y solapadamente amolaba su triple fila de dientes.