Barbara M. Cortellan Conesa
7 octubre, 2025

Imagen creada con el programa Gimp
La faceta científica de José Martí constituye una dimensión imprescindible para comprender su proyecto de emancipación integral para nuestra América. Lejos de ser un simple divulgador, el Apóstol cubano articuló una visión propia donde la ciencia se convertía en instrumento fundamental para la soberanía intelectual y el progreso autóctono.
Martí concebía la ciencia como “conjunto de conocimientos humanos aplicables a un orden de objetos”, destacando su carácter práctico y social. Su definición como “cúmulo de respuestas que la naturaleza daba a las preguntas del hombre tenaz” revela una comprensión dialógica del quehacer científico, muy avanzada para su época.
Desde su labor periodística en Nueva York, Martí ejerció como puente intelectual indispensable, acercando a los lectores latinoamericanos los avances bacteriológicos de Pasteur, las teorías de Darwin y Edison, así como los congresos científicos internacionales. Su voluntad permanente de cultivarse y entender el mundo lo llevó a formarse una cultura científica poco común entre los hombres de su época, transformándose en uno de los cronistas más lúcidos de aquella transformación tecnológica.
Sin embargo, el Apóstol de Cuba no fue un divulgador neutral. Concibió el desarrollo científico-técnico en función de las necesidades de las mayorías, alertando sobre su posible uso como instrumento de dominación. Su postura crítica frente al materialismo científico lo llevó a preguntarse: “¿Para qué, sino para poner paz entre los hombres, han de ser los adelantos de la ciencia?”.