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miércoles, 24 de enero de 2024

Honradez: principio ético de la revolución martiana

escrito por Ibrahim Hidalgo Paz
18 enero 2024

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Ilustración: Félix M. Azcuy

Las revoluciones se caracterizan por ser modificaciones profundas de las estructuras políticas, económicas y sociales, procesos radicales mediante los que se transforma la realidad existente y se alcanza una nueva, diferente y superior a la anterior. Para que una revolución se considere triunfante, las renovaciones enunciadas en el ámbito material deben conllevar cambios de las ideas, de la concepción del mundo.

Estos son los entes que asumen la acción libertadora y, por ende, su conducta personal debe ser portadora de una nueva conciencia ética: alentados por la honradez, el deber, la entereza, que motiven espiritualmente la búsqueda del mejoramiento personal y la de sus coterráneos, del pueblo, de la nación.[1]

Para José Martí, solo con hombres capaces de pensar por sí, y de buscar soluciones propias a los conflictos de la patria, se haría realidad la república nueva, más que un ideal, una apremiante necesidad. «—Quiero por mi parte habituar al pueblo a que piense por sí, y juzgue por sí y se desembarace de los aduladores que de él obtienen frutos» (OC, t. 22, p. 57), anotó el Apóstol.

martes, 16 de febrero de 2021

Honradez y Revolución en José Martí

Por IBRAHIM HIDALGO PAZ (*)
Publicado el 11 Febrero, 2021
por Victor Manuel González

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Para Martí la honradez es un principio ético inviolable, orientador y guía de la Revolución - (Foto: AUTOR NO IDENTIFICADO)

José Martí concibió la honradez como un principio ético inviolable, orientador de la política en cualquier circunstancia, guía de la Revolución: “estamos fundando una república honrada, y podemos y debemos dar el ejemplo de la más rigurosa transparencia y economía” (Epistolario, t. III, p. 273). Consecuente con este criterio, vivía y procedía “con la transparencia y la humildad de los apóstoles” (Epistolario, t. III, p. 278), pues sabía que los pueblos siguen a quienes corren su suerte, padecen sus carencias, sufren sus reveses y comparten sus alegrías. Por ello combatió todo cuanto puede descomponer desde dentro el entramado social, y con firmeza expuso: “a nuestras almas, desinteresadas y sinceras […] no llegará jamás la corrupción!” (Obras Completas, t. 4, p. 231). Y advirtió: “¡Cuánto cómplice encuentra la tiranía en la corrupción, en la ambición y en el miedo!” (Epistolario, t. IV, p. 107).

Su capacidad de previsión, y el conocimiento de los riesgos en la futura República, le permitieron afirmar que sus deudas de agradecimiento no las olvidaría nunca, “pero consideraría un robo pagar estas deudas privadas con los caudales públicos, y envilecer el carácter de los empleos de la nación hasta convertirlos en agencias del poder personal, y en paga de servicios propios con dinero ajeno” (Obras Completas, t. 21, p. 408). Los intereses de persona alguna nunca han de estar por sobre los de la nación.