escrito por Ibrahim Hidalgo Paz
18 enero 2024
Las revoluciones se caracterizan por ser modificaciones profundas de las estructuras políticas, económicas y sociales, procesos radicales mediante los que se transforma la realidad existente y se alcanza una nueva, diferente y superior a la anterior. Para que una revolución se considere triunfante, las renovaciones enunciadas en el ámbito material deben conllevar cambios de las ideas, de la concepción del mundo.
Estos son los entes que asumen la acción libertadora y, por ende, su conducta personal debe ser portadora de una nueva conciencia ética: alentados por la honradez, el deber, la entereza, que motiven espiritualmente la búsqueda del mejoramiento personal y la de sus coterráneos, del pueblo, de la nación.[1]
Para José Martí, solo con hombres capaces de pensar por sí, y de buscar soluciones propias a los conflictos de la patria, se haría realidad la república nueva, más que un ideal, una apremiante necesidad. «—Quiero por mi parte habituar al pueblo a que piense por sí, y juzgue por sí y se desembarace de los aduladores que de él obtienen frutos» (OC, t. 22, p. 57), anotó el Apóstol.
