Editorial
martes 1, septiembre 2026 - 5:00 AM
Comienza una vez más septiembre, el Mes de la Patria. Este año conmemoramos 205 años de la emancipación centroamericana y renovamos aquel viejo anhelo de construir una nación de la cual todos podamos sentirnos orgullosos, como lo expresa nuestro Himno Nacional.
El Salvador llega a septiembre y a los 205 años de la Independencia centroamericana con motivos para celebrar, pero también con razones de sobra para reflexionar. Amar a la patria no consiste únicamente en rendir homenaje a sus símbolos, sino en reconocer sus problemas, defender sus libertades y asumir la responsabilidad colectiva de construir un país más justo, incluyente y democrático para las generaciones presentes y futuras.
Son más de dos siglos de historia marcados por esperanzas y desencantos, avances y retrocesos, luchas y sacrificios. Doscientos cinco años durante los cuales generaciones enteras de salvadoreños han soñado con un país próspero, justo, libre y en paz.
Pero construir patria nunca ha sido una tarea sencilla.
Nuestro propio Himno Nacional recuerda el enorme valor de dos principios esenciales: la paz y la libertad. “Conservarla es su gloria mayor” y “la libertad es su dogma, es su guía”, proclaman sus versos. No deberían ser palabras reservadas para los actos cívicos de septiembre, sino compromisos permanentes que orienten nuestra convivencia y, especialmente, el ejercicio del poder público.
La paz y la libertad han costado demasiado a los salvadoreños como para considerarlas conquistas definitivas o darlas por sentadas. Cada generación tiene la obligación de protegerlas.
Por eso, patria no es únicamente colocar una bandera azul y blanco en la casa o en el automóvil. Tampoco son patria los discursos grandilocuentes, las ceremonias oficiales ni las palabras cuidadosamente adornadas que escucharemos durante este mes. Todo ello forma parte de nuestras tradiciones y merece respeto, pero el verdadero patriotismo exige mucho más.


