jueves, 5 de octubre de 2006

Martí en francés.

Por: Carmen Suárez León
05 de Octubre, 2006

A partir de este mes de octubre la revista digital en francés Lettres de Cuba, editada por Cubarte (www.lettresdecuba.cult.cu) contará con la sección “Lire Martí”, en la que se presentarán textos del patriota y poeta cubano traducidos por reconocidos traductores con una larga ejecutoria como estudiosos de José Martí, como es el caso de Jacques François Bonaldi y Jean Lamore. Estos excelentes traductores han trabajado con la obra martiana durante gran parte de su vida en su condición de escritores e investigadores.

Lettres de Cuba ha creído que es de gran urgencia y actualidad difundir la poesía y la prosa del más universal de todos los creadores hispanoamericanos en el mundo francófono, ya que muchas veces se habla de este libertador de pueblos y de hombres, y fundador de la modernidad literaria en Nuestra América, y menudean las interpretaciones y los puntos de vista, pero el texto está ausente. Y, como insistía Martí en su pensamiento humanista, hay que ser radical, lo cual quiere decir, según sus propias palabras, “ir a la raíz”, así mismo hay que leerlo si queremos interpretarlo, en su rizoma suculento. Mal comprenderemos o enjuiciaremos a José Martí si no leemos la mayor cantidad posible de sus escritos en muy diversos géneros y momentos.

Sin embargo, no es de ahora el interés por darlo a conocer en lengua francesa. Las primeras ediciones de textos martianos traducidos a ese idioma datan, hasta donde sabemos, de la década del veinte del pasado siglo XX. Paul Estrade nos dice: Por aquellos años comienza en Francia una labor de traducción al francés de los escritos de Martí. La primera traducción recogida se remonta al año 1922, bien tardíamente, si se compara el hecho con la existencia, ya es 1884, de una primera traducción suya al inglés, sobre Judah P. Benjamín.

Estrade se refiere a unos versos de Ismaelillo -“L´espiègle”- aparecidos en traducción de Marcel Veuillermoz aparecidos en La Revue d´Amérique Latine (1ro de marzo de 1922). En el Centro de Estudios martianos poseemos un ejemplar de Les Petits souliers roses (París, Editions Emile Paul Freses, 1931) en el que se declara que es una adaptación de Armando Godoy y uno de Poésies (París, Editorial Bernard Grasset, 1937. 253 pp.), de José Martí, donde aparece crédito de traducción para el mismo Godoy, cubano radicado en Francia y que produjo su obra en lengua francesa por esos años.

Sin embargo, el primer gran intento por ofrecer al lector francés una muestra del americanismo martiano más completa es el libro América (París, Stock, 1935, 253 p.), en el que Francis de Miomandre traduce textos básicos del pensamiento martiano con prefacios de Jorge Mañach, Félix Lizaso y Juan Marinello. Le sigue Pages choisies (París, Ángel, 1953. 398 p.), texto patrocinado por la UNESCO en 1953, año del centenario y presentado y traducido por Marx Daireaux, Joseph Carner y Emilie Noulet.

El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 impulsa las publicaciones martianas y tendremos antologías diversas en los años setenta, sin hablar de congresos, revistas especializadas, y tesis doctorales dedicadas al Héroe cubano en lengua francesa. Pueden citarse José Martí (poesía, con prólogo de Juan Marinello, y traducciones de Josep Carner, Emilie Noulet e Irma Sayol)) (París, Seghers, 1970, 188 p.); José Martí: Notre Amérique, con selección de Roberto Fernández Retamar y traducción y notas de André Joucla-Ruau (París, François Maspéro, 1978, 340 p.) y José Martí : La Guerre de Cuba et le destin de l´Amérique, con prólogo de Cintio Vitier y textos traducidos y anotados por Jean Lamore (París, Aubier-Montaigne, 1973, 286 p.)

En los últimos años le debemos a Jean Lamore la edición bilingüe de Versos libres con sus traducciones y el prólogo de Cintio Vitier (Editorial José Martí-UNESCO, 1997, 221 p.), a María Poumier su traducción de Lucía Jerez (Généve, Éditions Patiño, 2004) y a Jacques-François Bonaldi, la de las cartas de José Martí a Manuel Mercado: Il est des affections d´une pudeur si delicate… Lettres a Manuel Mercado( Francia, L´Harmattan, 2004, 434 p.)

Como podemos comprobar por este breve e incompleto recuento bibliográfico, los esfuerzos por dar a conocer a Martí en el mundo francófono han sido sostenidos por la vocación martiana de muchos estudiosos a través del tiempo. Lettres de Cuba, revista electrónica que se beneficia con la velocidad y la posibilidad de llegar a los más diversos medios francófonos quiere y se alegra de ponerse a la disposición de estos traductores y divulgadores de la letra y el espíritu de José Martí a través de su sección nueva “Lire Martí”.

Fuente: CUBARTE

miércoles, 4 de octubre de 2006

A rastras con Martí.

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - La existencia de la Nación peligra. Lo dice el gobierno. Lo dicen la oposición y el exilio.

Tantas veces se ha dicho y con tan variadas motivaciones, que ya nadie hace caso. Total, a fuerza de identificarla con el Estado, con la Revolución o con la voluntad de un hombre, ya ni se sabe a ciencia cierta qué es la Nación. Por eso, entre otras cosas, peligra. No se sabe cuidar lo que no se conoce y, de tantos que se la quieren apropiar, no se sabe a quién pertenece.

Todos hemos tenido la culpa. Nos parcelaron la nación en nuestras narices mientras nos entreteníamos en aplaudir consignas de caudillos y en soñar el futuro. Nuestra heredad fueron minúsculos trocitos de la bandera empapados en sangre. Nos arrullaron con fábulas históricas que siempre tenían moraleja y coletilla.

Y hénos aquí, en un nuevo siglo, sin ponernos de acuerdo con nuestro pasado, tropezando tercamente con las mismas piedras y supersticiosamente temerosos del futuro.

Tenía que ser así. La historia de los pueblos cuando se transforma en interesados meta relatos teleológicos de pueblos elegidos y destinos grandiosos no suele traer buenas consecuencias.

Ahora que va quedando tan poco que disputar de la nación entre todas las facciones que la integran, le tocó el turno en la rebatiña a Martí.

En realidad, el Apóstol siempre estuvo en disputa, sólo que ahora, con la riña en su clímax, algunos intelectuales de la diáspora aspiran a desmontar el mito martiano. Los más audaces invitan a enterrar a Martí.

¿Será tanta su frustración y desesperanza que decidieron ceder a Martí, regalarlo en bandeja de plata, dejarlo definitivamente en manos de los que se arrogan el monopolio de la patria?

El castrismo recicló la confusa galaxia que resulta el ideario martiano para dar legitimidad histórica, un toque de marxismo-leninismo añadido a la Revolución Cubana. Luego de la debacle del mundo soviético, fue el ingrediente básico de su nacionalismo enfrentado a muerte con los Estados Unidos.

Ahora que algunos caen en la trampa de no resistir la tentación de atacar a Martí o desmontar la Cuba heroica, los intelectuales orgánicos del régimen son los celosos depositarios del Santo Grial.

Deprime y preocupa el espectáculo. A ambas orillas del abismo, posmodernos y milenaristas, herejes y oficiantes, todos irresponsables, andan a rastras con Martí.

Todo espanta, pero ya nada asombra. Nos acostumbraron tanto a los héroes inmaculados, al bronce de las estatuas y a las historias perfectas, que terminaron por aburrirnos.

Una triste consecuencia es que hoy muchos cubanos identifiquen las gestas de la patria con el teque y como tal lo rechacen. Para otros, son sólo pretextos y coartadas en sus agendas políticas.

Con tan poco a que aferrarnos, corremos el riesgo cierto de vernos convertidos en una descreída y apática tribu en eterno viaje por el desierto. Siempre en pos de cambiantes espejismos.

Martí no es ajeno a las culpas. Más allá de los errores y autorías que se le achacan, uno de sus peores errores, sabiendo bien para qué servía la palabra, no fue decir, alto y claro, que nuestro vino, si es agrio, es sólo y nada más que eso: vino agrio.

Tal vino no podía ayudar a digerir omisiones y manipulaciones históricas. Era nuestra historia y había inexorablemente que comérsela. Puede que no sea el momento oportuno para iniciar otra digestión.

Salvar los símbolos de la Nación no está en manos de los santones idólatras ni de los iconoclastas incendiarios de templos. Es una tarea que rebasa ampliamente las posibilidades de ambos.

La verdad histórica es asunto demasiado serio y vital para un pueblo como para que se la rifen entre gazmoños y perretosos.

A fin de cuentas, ¿a quién puede convenir, si es que conviene a alguien, hurgar a estas alturas de la infravida como Nación en chismes históricos y páginas de diarios largamente perdidas?

¿Será cínico y dolorosamente cierto que algunas mentiras, en adecuadas dosis, ayudan a vivir?

En lo personal, el José Martí que sigo prefiriendo, antes que el de los monumentos, es el poeta genial que escribió los Versos Sencillos. Tal vez será por aquello de que "el arroyo de la sierra me complace más que el mar".

luicino2004@yahoo.com


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martes, 3 de octubre de 2006

Efemérides Martiana

4 de octubre de 1869
Martí es detenido e ingresa en la cárcel acusado de infidencia ya que durante un registro efectuado por un grupo de voluntarios en la casa de sus amigos, los hermanos Fermín y Eusebio Valdés Domínguez, encuentran una carta dirigida por Martí y Fermín a un condiscípulo a quien califican de apóstata por haberse alistado en el ejército español y pelear contra su patria.

jueves, 28 de septiembre de 2006

Apuntes

Apuntes. De José Martí.

"Más, ¡cuánto trabajo cuesta hallarse a sí mismo! El hombre, apenas entra en el goce de la razón que desde su cuna le oscurecen, tiene que deshacerse para entrar verdaderamente en sí. Es un braceo hercúleo contra los obstáculos que le alza al paso su propia naturaleza y los que amontonan las ideas convencionales de que es, en hora menguada, y por impío consejo, y arrogancia culpable, --alimentada. No hay más difícil faena que esta de distinguir en nuestra existencia la vida pegadiza y postadquirida, de la espontánea y prenatural; lo que viene con el hombre, de lo que le añaden con sus lecciones, legados y ordenanzas, los que antes de él han venido. So pretexto de completar el ser humano, lo interrumpen. No bien nace, ya están en pie, junto a su cuna con grandes y fuertes vendas preparadas en las manos, las filosofías, las religiones, las pasiones de los padres, los sistemas políticos. Y lo atan; y lo enfajan; y el hombre es ya, por toda su vida en la tierra, un caballo embridado. Así es la tierra ahora una vasta morada de enmascarados. Se viene a la vida como cera, y el azar nos vacía en moldes prehechos. Las convenciones creadas deforman la existencia verdadera, y la verdadera vida viene a ser como corriente silenciosa que se desliza invisible bajo la vida aparente, no sentida a las veces por el mismo en quien hace su obra cauta, a la manera con que el Guadiana misterioso corre luengo camino calladamente por bajo de las tierras andaluzas. Asegurar el albedrío humano; dejar a los espíritus su seductora forma propia; no deslucir con la imposición de ajenos prejuicios las naturalezas vírgenes; ponerlas en aptitud de tomar por sí lo útil, sin ofuscarlas, ni impelerlas por una vía marcada. ¡He ahí el único modo de poblar la tierra de la generación vigorosa y creadora que le falta! Las redenciones han venido siendo teóricas y formales: es necesario que sean efectivas y esenciales. Ni la originalidad literaria cabe, ni la libertad política subsiste mientras no se asegure la libertad espiritual. El primer trabajo del hombre es reconquistarse. Urge devolver los hombres a sí mismos; urge sacarlos del mal gobierno de la convención que sofoca o envenena sus sentimientos, acelera el despertar de sus sentidos, y recarga su inteligencia con un caudal pernicioso, ajeno, frío y falso. Sólo la genuino es fructífero. Sólo la directo es poderoso. Lo que otro nos lega es como manjar recalentado. Toca a cada hombre reconstruir la vida: a poco que mire en sí, la reconstruye. Asesino alevoso, ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que, so pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les enseña un cúmulo aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al oído, antes que la dulce plática de amor, el evangelio bárbaro del odio. ¡Reo es de traición a la naturaleza el que impide, en una vía u otra, y en cualquiera vía, el libre uso, la aplicación directa y el espontáneo empleo de las facultades magníficas del hombre! ¡Entre ahora el bravo, el buen lancero, el ponderoso justador, el caballero de la libertad humana, -que es orden magna de caballería, -el que se viene derechamente, sin pujos de Valbuena ni rezagos de Ojeda, por la poesía épica de nuestros tiempos; el que movió al cielo las manos generosas en tono de plegaria y las sacó de la oración a modo de ánfora sonora, henchida de estrofas opulentas y vibrantes, acariciada de olímpicos reflejos! El poema está en el hombre, decidido a gustar todas las manzanas, a enjugar toda la savia del árbol del Paraíso y a trocar en hoguera confortante el fuego de que forjó Dios, en otro tiempo, la espada exterminadora! ¡El poema está en la naturaleza, madre de senos próvidos, esposa que jamás desama, oráculo que siempre responde, poeta de mil lenguas, maga que hace entender lo que no dice, consoladora que fortifica y embalsama!"

[José Martí. Prólogo a "El Poema del Niágara" de Juan Antonio Pérez Bonalde. Este trabajo se publicó en Nueva York, en 1882, y fue reproducido en la Revista de Cuba, tomo XIV, 1883. En Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 7. Páginas 223 a 238.]

Para leer todo el trabajo, hacer clic [aquí]

lunes, 25 de septiembre de 2006

IV Encuentro Internacional de Cátedras Martianas en Caracas.

Escrito por Redacción
25.09.2006
Al evento asistirán los más importantes especialistas martianos del mundo. Será organizado por la Casa de Nuestra América José Martí, centro adscrito recientemente como proyecto estratégico a la Biblioteca Nacional. Paralelamente se realizará el VI Encuentro de Cátedras Martianas de Venezuela

En palabras del Prof. Sergio Briceño, Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí, Caracas se convertirá en la “capital martiana del mundo”, al reunir del 27 al 29 de septiembre de 2006 a 30 intelectuales, escritores y pensadores internacionales y 20 nacionales, que durante años han estudiado el pensamiento del prócer cubano José Martí, el libertador de Cuba, lo cual le da un alto relieve académico, investigativo e intelectual al evento. Es la primera vez que se hace en Venezuela a este nivel, de ahí su importancia histórica, política y científica.

Tras los encuentros realizados en la Ciudad de Panamá, Guadalajara, México y Puntarenas, Costa Rica, la realización de este IV Encuentro en Venezuela, fue acordada por unanimidad en este último país. Además, se llevará a cabo el Sexto Encuentro de Cátedras Martianas Venezolanas, dado que desde hace muchos años se venían realizando en varias universidades nacionales. “El Encuentro -señala Briceño- se propone ampliar los lazos entre las cátedras martianas de diferentes países e instituciones, lo innovador es que en esta oportunidad es convocado por la Casa Martí”.

Expertos de talla mundial

El director de la Casa Martí informó que la delegación cubana viene encabezada por el jefe del Programa Martiano del gobierno cubano, el Dr. Armando Hart Dávalos, político, ensayista y miembro del Consejo de Estado de la isla. Además de la Directora de Estudios Martianos de La Habana, Ana Sánchez Collazo y también el Dr. Pedro Pablo Rodríguez, Director de la Edición Crítica de las Obras Completas del prócer antillano y Director Científico del evento.

Por Venezuela participará el Presidente Honorario de la Casa Martí, el Dr. Ramón Losada Aldana, fundador de la Cátedra Martiana en la UCV, autor de varios estudios sobre el tema y de la edición crítica de la Revista Venezolana. Lo acompañará el Dr. Alberto Rodríguez Carucci, también Miembro de la Junta Directiva de la Casa y fundador de la Cátedra en la ULA y el Dr. Edmundo Aray, escritor y director de cine venezolano, entre otros. Estos especialistas cubanos y venezolanos estarán acompañados por colegas provenientes de México, Perú, Costa Rica, Panamá, Puerto Rico, Chile, España, Estados Unidos, Argentina y Francia.

El acto de instalación del encuentro se realizará este miércoles 27 de septiembre, a las 10:00 a.m, en el Hotel Ávila de la Urbanización San Bernardino de Caracas, lugar que concentrará todas las deliberaciones del evento. El encuentro es organizado por la Casa de Nuestra América José Martí, institución con sede en el Boulevard Panteón del centro capitalino, fundada hace dos años y adscrita recientemente, por instrucciones del Ministerio de la Cultura, como Proyecto Estratégico a la Biblioteca Nacional de Venezuela. La Casa tiene como Presidente al Prof. Arístides Medina Rubio, Director General de la BN.

sábado, 23 de septiembre de 2006

Efemérides Martiana

23 de septiembre de 1888

José Martí es nombrado socio corresponsal de la Academia de Ciencias y Bellas Artes de San Salvador.

jueves, 21 de septiembre de 2006

Se reúnen en Caracas estudiosos de José Martí.

Estudiosos de José Martí en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos se reunirán en Venezuela del 27 al 29 de septiembre para analizar diversos aspectos de la obra del patriota e intelectual cubano.

Medio centenar de expertos de México, Venezuela, Cuba, Costa Rica, Panamá, Perú, Puerto Rico, Chile, Argentina, Estados Unidos y España participarán en el IV Encuentro Internacional de Cátedras Martianas y VI de las cátedras venezolanas.

El encuentro fue convocado por la Casa Nuestra América "José Martí" de Caracas, las cátedras martianas venezolanas y el Centro de Estudios Martianos de La Habana.

Fuentes del grupo organizador adelantaron a Prensa Latina que desde hace 115 años, cuando Martí vivió en Caracas, no se ha realizado un acontecimiento más relevante relacionado con el pensamiento del Libertador de Cuba y patriota latinoamericano.

Para el análisis se definieron seis ejes temáticos: Martí para y desde el III milenio, Martí en Venezuela, El periodismo martiano y La corriente del pensamiento independentista latinoamericano para una nueva corriente antiimperialista.

Asimismo, Símbolos y mitos latinoamericanos en la escritura de José Martí y Recepción y estudios de la obra martiana.

El principal objetivo del encuentro es promover el conocimiento de la obra martiana y ampliar los lazos de las cátedras, mediante debates en comisiones, mesas redondas, paneles, conferencias especiales y visitas a lugares de interés.

Los anteriores encuentros fueron realizados en Panamá, México y Costa Rica, centrados también en el estudio de la obra política, social y literaria de José Martí y en esta ocasión tendrá como lema "Por la dignidad plena del hombre, en defensa de la Humanidad".

La convocatoria indicó que en la reunión tienen cabida todas las disciplinas del saber, desde profesores universitarios hasta activistas de la lucha social que aporten a la corriente martiana sus experiencias y reflexiones.

Fuente: Prensa Latina

martes, 19 de septiembre de 2006

Investigador cubano habla sobre relación entre Eloy Alfaro, Martí y Maceo.

Regino Sánchez Landrián, especialista del Museo Fragua Martiana cuenta esta historia singular y poco explorada de la relación entre estos próceres de la independencia latinoamericana.

Por: Luis Hernández Serrano
Correo: digital@jrebelde.cip.cu
19 de septiembre de 2006 00:33:59 GMT
El prócer de Ecuador Eloy Alfaro Delgado sintió una particular inclinación hacia nuestra Patria desde que conoció la historia del joven ecuatoriano-cubano, al que Sucre, el Mariscal de Ayacucho, rindió póstrer tributo.

En ello basa el joven Regino Sánchez Landrián, especialista del Museo Fragua Martiana, de Ciudad de La Habana, la temprana gratitud que sintió el patriota ecuatoriano Eloy Alfaro Delgado por sus amigos Martí y Maceo, y por la independencia de Cuba.

«De ahí que en sus dos períodos consecutivos como Presidente ayudara al movimiento revolucionario de Cuba y de América Latina».

HOMENAJE DE SUCRE

«Influyeron mucho en él, de niño, las narraciones épicas que le contara su madre, María Natividad Delgado, en las noches de la localidad ecuatoriana de Montecristi, en la provincia de Manabí, su región natal.

«Un habanero ilustre, Francisco Calderón, emigró a Ecuador en 1780 y tuvo que ver después con aquel primer grito emancipador del 10 de agosto de 1809 en Latinoamérica. El hecho despertó en Eloy Alfaro sentimientos de admiración y gratitud que se incrementaron al saber que ese cubano era el padre del abanderado de la histórica Batalla de Pichincha: Abdón Calderón de Garaycoa».

Sánchez Landrián revela que Abdón nació en Cuenca, Ecuador, el 31 de mayo de 1804 y que murió el 25 de mayo de 1822, un día después de la batalla que condujo el mismo Sucre.

«Aquel joven cayó siendo oficial del Batallón de Yaguachi, perteneciente a las tropas del referido Mariscal. Con 17 años, escaló las faldas del Pichincha con el estandarte de la emancipación en sus manos, y cuando sintió la metralla enemiga en su pecho, les gritó a sus compañeros que siguieran avanzando con él para conquistar la cima del monte, fuerte plaza de los españoles y realistas».

Sucre enseguida dictó disposiciones oficiales como homenaje póstumo al temerario joven con genes de cubano y ecuatoriano:

«Para honrar debidamente la memoria de Abdón Calderón de Garaycoa, no se nombrará otro Capitán a la Primera Compañía del Batallón de Yaguachi. En lo sucesivo pasará revista el expresado Calderón como si estuviese vivo; y cuando en las de Comisario sea llamado por su nombre, toda la Compañía responderá: “Murió gloriosamente en Pichincha; pero vive en nuestros corazones”. A la madre de Calderón (Manuela de Garaycoa y Llaguno) se le pagará mensualmente el mismo sueldo de que hubiera disfrutado su hijo en la clase de Capitán, a que fue ascendido después de su muerte por su extraordinario valor. Mariscal Antonio José de Sucre».

ALFARO Y EL APÓSTOL

Nuestro entrevistado, licenciado en Historia en 2003 en la Universidad de La Habana, participó en el concurso ¿Qué sabe usted sobre Eloy Alfaro?, auspiciado por la Embajada de Ecuador en La Habana, la Oficina del Programa Martiano y el Comité Eloy Alfaro de Centro Habana, y obtuvo Primera Mención con su trabajo: Alfaro, en una vida, la historia de Ecuador.

«Lo primero que hallé fue la singular y poco explorada relación entre Alfaro y Martí. En la página 77 del libro De Paula 41 al Museo Casa Natal José Martí, de Mary Nieves Díaz Méndez, publicado en La Habana por la editorial Letras Cubanas en 1988, se dice:

«Jipi-japa legítimo obsequio del prócer ecuatoriano Eloy Alfaro a José Martí, como motivo del homenaje que le fuera ofrecido al Maestro por un grupo de amigos latinoamericanos, como el propio Alfaro, el colombiano José María Vargas Vila, el venezolano Juan Pérez Bonalde, el peruano Patricio Jimeno y otros en el afamado restaurante Delmónico, de Nueva York, en 1894».

Aclara Regino que ahí al menos hay una imprecisión. El onomástico 41 del Apóstol ese año 1894 no se celebró allí, sino en la casa de huéspedes de Carmen Miyares, sita en 57 Street, entre 8va. y 9na. avenidas, Nueva York.

«Por otra parte aunque el Maestro celebró su último cumpleaños —el 42— en el reservado del restaurante Delmónico, en enero de 1895, los participantes en esa ocasión fueron Gonzalo de Quesada y Aróstegui, Rodolfo Luis Miranda, Ramón Luis Miranda, Gustavo Govín y el propio Martí».

¿PACTO SECRETO?

Comenta el joven investigador que estos detalles los tomó de la sesión de la Academia de Historia de Cuba efectuada el 28 de enero de 1959, en La Habana. El doctor Gonzalo de Quesada y Miranda pronunció un discurso llamado Los natales de Martí, que esclarece estos aspectos.

«En los más de 20 libros que consulté, la relación Alfaro-Martí se ha abordado solo como contactos amistosos y protocolares, sin fecha ni lugares concretos. En Cuba el historiador que más trabajó la personalidad de Alfaro fue Emeterio Santovenia, pero no precisó nada al respecto, solo que ambos se habían encontrado en 1890 y 1891.

«Indagué en muchas obras sobre Alfaro, hasta llegar a su biógrafo más completo: Alfredo Pareja Diezcanseco, también ecuatoriano. Su libro La hoguera bárbara, publicada por la Nueva Editora, Casa de la Cultura ecuatoriana, Quito, 1986, tampoco dice cómo se conocieron ambos pensadores, ni en qué circunstancias».

Enfatiza Sánchez Landrián que Alfaro fue encarcelado, asesinado a balazos en su celda, sacado, arrastrado por las calles de Quito, descuartizado y quemado, de ahí el título de La hoguera bárbara.

De los contemporáneos, el joven museólogo consultó la Tesis Doctoral de Enrique Ayala Mora, prestigioso intelectual de Ecuador que trabajó la revolución liberal ecuatoriana, donde Alfaro es el centro. Otros autores como Malcolm Deas y Hernán Malo, ambos de Ecuador, hablan de la influencia de Martí en Alfaro, sin explicar por qué ni cómo.

«Tuve la suerte de encontrar una carta escrita el 22 de octubre de 1902, del mismo Alfaro a José Peralta, ecuatoriano residente en Perú a principios del siglo XX, comentando cómo había conocido a José Martí.

Fue a través de Bartolomé Mitre, director de La Nación, de Buenos Aires, quien le envió con Alfaro el pago a Martí por sus colaboraciones.

«El 24 de octubre de 1890, en la casa de huéspedes de Carmen Miyares, conoció a Martí y le entregó el importe con la carta con que Mitre los presentó a los dos. Así comenzó la fecunda amistad que cultivaron en numerosos encuentros y diálogos. Alfaro le obsequió el primer sombrero de jipi-japa. El otro se lo dio en 1894.

«Ambos se encontraron también entre los días 7 y 10 de junio de ese año en San José, Costa Rica. Martí fue con Panchito Gómez Toro, según asegura Pareja Diezcanseco, en la página 182 de la obra citada.

«El día 11 de junio se vieron de nuevo, en unión de Panchito Gómez, en la casa que ocupaba Alfaro, antigua residencia de su madre, María Natividad Delgado, en Alajuela, localidad de unos
4 000 habitantes, según censo de la época».

Todo lo anterior, unido a la relación Maceo-Alfaro, y Alfaro-Máximo Gómez, le hace suponer a Regino Sánchez que existió un pacto secreto entre esos luchadores, incluido Martí, para la independencia de Cuba y, además, para la refundación de Ecuador.

«Un ejemplo de esto es la carta que Maceo le envía a Alfaro desde Tapia, Pinar del Río, el 12 de junio de 1896, en la que le expresa su complacencia ante la noticia de que este había cumplido lo que le tenía ofrecido en cuanto a colaborar con la causa cubana.

«Además, Alfaro, a fines de 1895, se atrevió a escribirle una carta a la Reina Regenta de España para que concediera la independencia de Cuba. Ese mismo año organizó una expedición que desde Ecuador vendría a la Isla bajo las órdenes del comandante ecuatoriano León Valle Franco, intento que se frustró por la negativa del gobierno colombiano a que cruzase por su territorio».

En el Congreso Americano que propuso Alfaro para efectuarse en México, en agosto de 1896, uno de los temas fue la necesidad de la Independencia de Cuba. Igualmente brindó gran ayuda al representante del Partido Revolucionario Cubano, Arístides Agüero, y al emigrado cubano Miguel Alburquerque.

«Desde la década de 1890 hay un grupo de latinoamericanos comprometidos con refundar también la Gran Colombia Bolivariana. Se inspiraron en el proyecto del colombiano José María Torres Caicedo, al que Martí conoció mediante Vargas Vila, pero esta vez desde el Río Bravo hasta el Amazonas. Entre ellos aparecen los firmantes del Pacto de Amapala: Santos Zelaya (nicaragüense); Joaquín Crespo (venezolano); Benjamín Herrera (colombiano), y por supuesto Eloy Alfaro y José Martí, este último como ideólogo y gestor de esa suerte de propósito secreto.

«El ecuatoriano Enrique Ayala Mora, en la página 81 de su libro Historia de la Revolución Liberal Ecuatoriana, de 1994, dice: “(...) para él —alude a Alfaro— como para muchos líderes liberales de su época, debía formarse una especie de internacional revolucionaria de América Latina destinada a la coordinación de esfuerzos y al auxilio mutuo”. Se conoce que entre varios dirigentes se suscribió este pacto que justamente tenía ese objetivo. Los hechos posteriores probaron que la solidaridad existía».

Y añade Regino: «Gustavo Humberto Rodríguez R. en la página 109 de su obra Benjamín Herrera en la guerra y la paz, Editorial Ciencia y Derecho, Bogotá, 1994, dijo que era un anhelado proyecto que antes, en 1895, había esbozado el presidente ecuatoriano, General Alfaro, quien tampoco logró sacarlo adelante, a pesar de que entonces, en 1897, contó con el apoyo de los liberales de los países grancolombianos».

domingo, 17 de septiembre de 2006

Y NACIO UN POEMA.

Diario Las Americas
Publicado el 09-16-2006
POR LUIS MARIO

Las tres grandes obras poéticas de José Martí son el Ismaelillo libro dedicado a su hijo pequeño; Los Versos libres y los Versos sencillos. Pero hay también muchos poemas escritos en diversas ocasiones, en el ir y venir del primero de los patriotas cubanos, entre los que permanece una bella selección de versos dotados de un fino erotismo. “Guantes azules” es una de esas páginas martianas que se apartan de su propia y uniforme tradición. Son tres estrofas que siguen una misma configuración rítmica, pero la primera usa la rima asonante, la segunda es completamente sin rima -versos libres, como se decía entonces-, y la tercera está escrita con rimas consonantes.

Son cambios osados porque pertenecen al Siglo XIX, que estuvo tocado por cierta rigidez romántica en la confección estrófica, no así en la improvisación desbordante. Pero, tecnicismo aparte, resalta en esta obra la descripción surrealista de una alcoba matrimonial, la incitación, que es requiebro amoroso y la plenitud de la entrega en una imagen elíptica que cierra el poema.

Después del contacto de la abeja con la rosa, nada más puede decirse. Y el hombre enamorado calla. Si Martí es un escritor que a manos llenas reparte originalidades, es también un poeta del que fluyen las sorpresas. Y fluyen incontenibles, que es lo esencial.

Guantes azules. Por José Martí

I

Se me ha entrado por el alma
una banda de palomas:
me ha crecido y sale afuera
un rosal lleno de rosas.
Una luna apacible se levanta
sobre un campo poblado por las tórtolas:
un guerrero gigante resplandece
de pie, cual fuste de oro, entre las momias;
me parece que sube por el cielo
la madreselva que tu cuarto aroma.

II

Calla, apaga la luz, deja que suba
el vapor de la tierra, y se levante
en la sombra el amor de nuestra almas:
caerán las cosas; dormirá la vida;
sólo tú y yo, gigantes desposados,
nos erguiremos de la tierra al cielo:
coronarán tu frente las estrellas:
de los astros sin luz te haré un anillo.

III

Yo llevo en las desdichas aprendida
una ciencia callada,
que reposa, como una puñalada,
en las entrañas mismas de mi vida.
Yo sé de la parcial sabiduría
con que el hombre se nutre y se aconseja;
pero yo no sabía
lo que sabe la rosa de la abeja.

Publican ensayo sobre el cuñado cienfueguero de José Martí.

La investigadora cienfueguera Mirtha Luisa aclara que el joven Fortún colaboró con las luchas por la independencia cubana.

Por: Julio Martínez Molina
Correo Digital: digital@jrebelde.cip.cu
17 de septiembre de 2006 03:09:21 GMT

CIENFUEGOS.— La investigadora sureña Mirtha Luisa Acevedo, especializada en el estudio de Martí y de los vínculos de su familia con esta ciudad, acaba de publicar un ensayo reivindicatorio del cuñado del Apóstol: el cienfueguero Joaquín Fortún y André, esposo de su hermana menor Antonia.

«Pese a que se registran muy pocos datos en torno a este hombre, todo indica que fue víctima de calumnias que lo vincularon con el autonomismo, lo cual merece esclarecimiento», consigna Acevedo en el texto titulado El cuñado cienfueguero de Martí.

Con 21 años de edad, el 12 de octubre de 1885, Antonia contrajo matrimonio con Joaquín Fortún y André, según acta registrada en el Libro 7, Folio 335, No. 514 en la Iglesia de Nuestra Señora de Monserrate, en La Habana.

El joven Fortún y André había nacido en Cienfuegos el 6 de febrero de 1863, tal cual consta en Libro 11, Folio 99, en la Parroquia de la Purísima Concepción, de esta ciudad.

La investigadora despeja dudas al aclarar que fue descendiente de una familia ligada a las luchas independentistas desde fecha temprana. Y que él mismo intervino en la guerra necesaria recaudando fondos y pertrechos bélicos para nuestra causa.

Su padre Joaquín Fortún y Govín, participante en las contiendas de independencia, era administrador de la vía férrea Cruces-Santa Clara, donde realizó un importante proyecto para una escuela de Agricultura en Cruces, presentó planos, proporcionó terrenos y adjudicó una mensualidad para el sostén de la misma.

Su hijo Joaquín realizó estudios de Comercio en el Spring Hill College, de Alabama, Estados Unidos. Se graduó en 1880, tras lo cual regresó a Cuba para fijar su residencia en La Habana.

Tiempo después el cienfueguero desposó a Antonia Bruna Martí y Pérez, y de ese modo unió su temprana educación patriótica al vínculo familiar martiano, dice la estudiosa.

Hay referencias que ofrecen la opinión de Martí ante tal relación. En carta a Manuel Mercado, de marzo de 1887, opina: «el marido de la linda Antonia es un joven simpático y entusiasta, lo que me hace quererlo…».

Más tarde, en diciembre de ese mismo año, señala: «Antonia ya dueña de casa y madre». Ya había nacido el tercer Joaquín de la saga Fortún (La Habana 1886-1913), aunque más tarde vendrían Ernesto (La Habana 1888-1914), María (¿Matanzas?-México 1977), Carlos (¿Matanzas?-México 1977), la que constituye la familia Fortún-Martí.

Antonia falleció el 9 de febrero de 1900. Apesadumbrado, Joaquín Fortún André se trasladó a México con sus hijos, y allí falleció el 4 de mayo de 1944, recuerda Mirtha.

Antes de este ensayo Mirtha Luisa, miembro de la Sociedad José Martí y de la UNEAC, publicó el año anterior otro texto relacionado con los estrechos lazos de la esposa de Martí con Cienfuegos, opinión también recogida por este diario.

Efemérides Martiana

17 de Septiembre de 1879

Es detenido en su casa por conspirar con Juan Gualberto Gómez y otros patriotas.

viernes, 15 de septiembre de 2006

Atrae visitantes famoso regalo a José Martí.

La Habana, 13 sep (PL) La almohadilla de olor que la célebre "niña de Guatemala" regaló a José Martí hace 129 años, atrae hoy a los visitantes en el museo Fragua Martiana, en esta capital.

El regalo -inmortalizado en los Versos Sencillos, del Héroe Nacional de Cuba- aparece situada hoy junto a su buró y la silla donde firmara la orden de alzamiento el 24 de febrero de 1895, reinicio de la última guerra independentista cubana en el siglo XIX.

"Aunque todas las reliquias del Apóstol poseen ternura, esta es la más tierna", comentó al rotativo Juventud Rebelde el profesor y museólogo Regino Sánchez Landrían.

La almohadilla es rectangular, mide 37,5 centímetros de largo, 25 de ancho, tres de grosor y pesa alrededor de una libra. Un cordón dorado cierra sus contornos y termina en cuatro lazos. Su tela, blanca y rosada, está bordada con ramas y flores.

Fue obsequiada al Apóstol -como también se conoce al cubano más universal- en noviembre de 1877 por María Josefa García Granados Savorio, hija del ex presidente de Guatemala general Miguel García Granados, español, y de la guatemalteca Cristina Savorio García.

La muchacha, de 17 años, era alumna de las clases de Composición impartidas por Martí, por entonces con 24 años, en la Academia de Niñas de Centro América.

Su relación se fortaleció cuando él y el padre de la joven jugaban ajedrez a menudo en su casa. Dieciséis años después Martí escribió en sus Versos Sencillos: "Ella dio al desmemoriado, / Una almohadilla de olor: / El volvió, volvió casado: / Ella se murió de amor".

El Maestro la guardó durante sus 15 años en Estados Unidos y después de su muerte la conservó la familia Mantilla-Miyares y más tarde Gonzalo de Quesada y Aróstegui.

La almohadilla luego pasó a poder de Quesada y Miranda, quien la exhibió por primera vez en el Museo Martí, que fundó en La Habana el 10 de noviembre de 1928, en Calzada del Cerro 534.

Actualmente se aprecia en la Fragua Martiana, creada el 28 de enero de 1952, en La Habana.

rc/izs

Recordando a José Martí

Sobre la Educación.

"... Si la educación de los hombres es la forma futura de los pueblos, la educación de la mujer garantiza y anuncia los hombres que de ella han de surgir. El ser se ha desenvuelto al calor del hogar, antes que una atribución del ser se desarrolle con el contacto de los libros. Estos reforman, no forman; y si las madres traen al hogar esa costumbre de servilismo, ese bien, -hallarse con la opresión, que en los pueblos esclavos y en las instituciones tiránicas se adquiere,- la educación del temor y la obediencia estorbará en los hijos la educación del cariño y del deber. De los sistemas opresores, no nacen más que hipócritas o déspotas."

[José Martí. Artículo en "Revista Universal". México, 13 de mayo de 1875. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 6. Página 201.]

Consultar: Pensamientos de José Martí sobre la Educación

Efemérides Martiana

15 de Septiembre de 1866

Se inscribe en la clase de dibujo elemental de la escuela de artes plásticas de San Alejandro.

15 de Septiembre de 1892

Llega a La Reforma, Montecristi, República Dominicana, donde se entrevista con el General Máximo Gómez, quien acepta la jefatura del ramo de la guerra.

domingo, 27 de agosto de 2006

Efemérides Martiana

27 de agosto de 1866

El poeta Rafael María de Mendive, director de la Escuela de Instrucción Primaria Superior Municipal de Varones de La Habana, solicita del director del Instituto de Segunda Enseñanza sea admitido Martí a examen de ingreso por cuanto desea: "premiar de alguna manera su notable aplicación y buena conducta, ha creído conveniente, previo consentimiento del Sr. don Mariano Martí, padre del citado alumno, costearle sus estudios hasta el grado de Bachiller inclusive." (Martí había aprendido las primeras letras en una escuela de barrio y a los nueve años iba al colegio "San Anacleto" de Rafael Sixto Casado. Más tarde estudió en el colegio "San Pablo" de Mendive).

viernes, 25 de agosto de 2006

La Guerra Chiquita.

María Delys Cruz Palenzuela

Camagüey, 24 de agosto.

Luego de la trascendental Protesta de Baraguá, protagonizada por Antonio Maceo, un grupo de cubanos emigrados en Nueva York, también inconformes con la negociación hecha en el Zanjón entre algunos jefes militares cubanos y españoles, constituyeron el Comité o Grupo de los Cinco que inmediatamente acordó enviarle una felicitación al Titán de Bronce (como se le llamaba a Maceo), a la que adjuntaban la decisión de recolectar fondos y recursos para proseguir la lucha por él proclamada aquel 15 de marzo de 1878.

Maceo y otros jefes orientales habían reanudado los combates, para lo que contaban con escasos medios para enfrentar a las bien equipadas tropas del general español Martínez Campos, por lo que el Gobierno provisional constituido en Baraguá valoró la imposibilidad de continuar peleando en aquellas condiciones y decidió salvar la vida de Maceo enviándolo al extranjero en busca de ayuda para la contienda.

El 10 de mayo parte el patriota cubano hacia Jamaica, desde allí se traslada a Nueva York, donde convoca a una reunión para darle a conocer a la emigración sobre la difícil situación que atravesaban nuestros combatientes, lo que provocó una cálida reacción entre la concurrencia, con la mayor disposición general a colaborar en todo lo que fuera necesario.

De regreso en Jamaica, Maceo prosigue su labor propagandística, ignorando que el 21 de mayo el Gobierno provisional había decidido poner fin a la contienda.

El general Calixto García Íñiguez, preso en España durante tres años, una vez liberado viajó a Nueva York para contactar con el Comité de los Cinco, el que a partir de ese momento se denominó Comité Revolucionario Cubano, el que en sus bases constituyentes abogó por la constitución de clubes en aras de la independencia.

El Comité de Nueva York fue el coordinador de los clubes dentro y fuera de Cuba. La organización recibió apoyo de los grupos formados en los Estados Unidos y América Latina, mientras que en el territorio nacional se sumaron prestigiosos combatientes de la Guerra de los Diez Años, jóvenes profesionales de la pequeña burguesía, y representantes de las clases más explotadas de la población, quienes desde ese momento trabajaron activamente en la organización de la que se denominaría la Guerra Chiquita.

José Martí, quien residía en La Habana en septiembre de ese año, se incorpora a la conspiración junto a su amigo Juan Gualberto Gómez.

En tanto los clubes de Cuba consideraban necesario unificar su trabajo, los de Nueva York alegaban lo inoportuno de operar centralizadamente, por lo que en marzo de 1879 se reunieron los de aquí y constituyen el Comité Central Revolucionario Cubano, donde fueron seleccionados Ignacio Zaragoitía como presidente y Martí como vice.

A partir de entonces la conspiración se hizo más fuerte; Martí tuvo en sus manos toda la red, al punto que cuando lo detuvieron en septiembre de 1879 le pidió a su amigo Viondi que quemara todos los papeles que tenía en el bufete “si no quiere usted que media Isla vaya a la cárcel”.

Pedro Martínez Freire, uno de los líderes de la conspiración en La Habana, fue detenido el 3 de marzo de 1879, y a las pocas horas corrieron igual suerte en Santiago de Cuba Flor Crombet, Pablo Beola y Mayía Rodríguez, todos enviados posteriormente para España.

Desde ese momento la persecución se hizo implacable por parte de las autoridades españolas contra los cubanos de aquí, por lo que se determinó la anticipación del alzamiento.

El 5 de agosto Maceo y Calixto García reunidos en Kingston, Jamaica, analizaron el plan de operaciones.

En carta del Titán de Bronce a Leyte Vidal el 16 de agosto le expone: “... ha llegado el momento de volver al campo de la lucha para conquistar por medio de las armas lo que por justicia nos corresponde...”

Los prestigiosos jefes militares peregrinaron durante varios meses por distintos países del área con el propósito de organizar expediciones y enviar a la Patria hombres y pertrechos de guerra.

La madrugada del 24 al 25 de agosto Belisario Grave de Peralta se alza, en la zona comprendida entre Gibara y Holguín, días después se incorporaron en Santiago de Cuba José Maceo, Guillermón Moncada y Quintín Banderas; posteriormente en Remedios, Sancti Spíritus, Sagua y la Ciénaga de Zapata grupos de revolucionarios toman las armas. Comenzaba de nuevo la guerra.

La reacción de España no se hizo esperar; el Ministro de Ultramar autorizó al Gobernador General a gastar 50 mil pesos diarios “para conservar la tranquilidad de Cuba”, y declaró en estado de guerra a la provincia de Oriente. Desde la Península llegaron 10 mil hombres para reforzar el ejército colonialista.

Como la mayoría de los jefes insurrectos eran orientales negros y mestizos, el enemigo lanzó la calumnia de que aquella guerra era una especie de tentativa para constituir una república negra en Oriente, a lo que se sumó otra campaña del Partido Liberal, después Autonomista, integrado por burgueses criollos y representantes de los sectores más reaccionarios del pueblo, quienes la catalogaron de empresa liberticida y antipatriótica, de ahí que la situación de los alzados, poco más de seis mil, fuera cada vez más difícil, sobre todo por la falta de apoyo material desde el exterior.

Dada la falacia de que aquello era una “guerra de razas” Calixto García sustituyó a Maceo de la expedición que se preparaba y en su lugar envió al brigadier camagüeyano Goyo Benítez, lo que indiscutiblemente restó fuerza a la Revolución.

Aquella precipitada y pobre expedición tampoco fue acogida debidamente en Oriente ni en Camagüey. Goyo cayó prisionero y fusilado.

Calixto García logró arribar a Cuba el 7 de mayo de 1880 acompañado por sólo 40 hombres. En tanto esto ocurría José Maceo, Quintín Banderas y Guillermón Moncada eran detenidos y posteriormente enviados a cárceles africanas.

El general García viajó varios meses sin encontrar ningún núcleo armado, y ante la persecución de los españoles se vio forzado a entregarse el 4 de octubre de 1880.

En Las Villas Francisco Jiménez se mantuvo peleando hasta el 17 de septiembre, el general Carrillo hasta el 4 de octubre y Emilio Núñez hasta que Martí, en el mes de diciembre, le pidió que cesara.

Pese a todos sus inconvenientes, esta guerra fue una fuente de experiencia para los revolucionarios, un paso de avance dentro del movimiento nacional liberador; su denominación de Guerra Chiquita, como apuntó Juan Gualberto Gómez, se debió al tiempo de su duración, y no por carencia de importancia. Si algo se derivó de ella fue el futuro liderazgo de José Martí para llevar adelante la Guerra Necesaria.

martes, 22 de agosto de 2006

Curiosos hallazgos sobre la sortija de Martí.

Esa célebre prenda fue hecha al Héroe Nacional Cubano con hierro de los grilletes que llevó en el presidio político cuando era un adolescente.

Por: Luis Hernández Serrano
Correo: digital@jrebelde.cip.cu

22 de agosto de 2006 00:36:57 GMT

Interesantes hallazgos y detalles sobre la célebre sortija hecha a José Martí con hierro de los grilletes que llevó en el presidio político cuando era un adolescente han sido revelados por el joven profesor Regino Sánchez Landrián, museólogo especialista de la Fragua Martiana en Ciudad de La Habana.

Se ha dicho que la única imagen donde se ve a Martí con esa sortija en el dedo anular de su mano izquierda, es la del óleo que le hizo el pintor sueco Herrman Norman, en 1891. Sin embargo, también aparece en la foto donde el Apóstol está acompañado de sus amigos Fermín Valdés Domínguez y Panchito Gómez Toro, tomada en Cayo Hueso, en 1894.

«Lo ocurrido durante tantos años es que mientras en el dibujo de Norman esa alianza o anillo se aprecia perfectamente, en la foto aludida, divulgada siempre de tamaño más pequeño en libros e iconografías, no se distingue y hasta parece no tenerla en ese momento», argumenta Regino.

Aclara que en una ampliación de 24 por 34 centímetros que les llegó de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, sí se puede ver nítidamente.

«Esta fotografía se divulgó por vez primera en la iconografía de Arturo R. de Carricarte, editada cuando se inauguró el museo Casa Natal de José Martí, el 28 de enero de 1925.

La sortija fue construida por su amigo Agustín de Zéndegui. El Apóstol le entregó para ello en La Habana, en 1878, el eslabón de la cadena que conservaba del presidio.

Por eso la primera vez que hace mención a ella en carta a Gabriel de Zéndegui, le dice: «Recuérdale al olvidadizo de tu hermano que termine la sortija, que es la única que ajusta a mi dedo». Por supuesto que habla de ajustar en el sentido moral. De ahí que cuando le fue llevada al Maestro por su mamá, Leonor Pérez Cabrera, a Nueva York, en 1887, comentara: «Ahora que tengo mi sortija de hierro, obras férreas he de hacer».

Hay otro elemento de interés: donde la sortija llevaba la palabra "Cuba" no era una parte redondeada, como por error se ha hecho en su réplica actual para niños de cuarto grado que concluyen un curso martiano, sino cuadrangular.

Esta pifia obedece a que Gonzalo de Quesada y Aróstegui, Gonzalo de Quesada y Miranda y Blanche Zacharie de Baralt, en sus obras La Guerra en Cuba, Martí hombre y El Martí que yo conocí, respectivamente en 1886, 1940 y 1945, describen esa sortija con forma de vitola de tabaco, que hoy es ovalada, pero en época de Martí era rectangular.

Entre 'Montecristi' y 'La historia me absolverá'

El problema racial cubano bajo el prisma de la historia, la política y la academia.

Miguel Cabrera Peña, Santiago de Chile
viernes 3 de marzo de 2006 17:42:00

Desde hace poco más de dos lustros, un grupo de profesores universitarios que trabaja fundamentalmente en Estados Unidos (entre ellos Aline Helg, Alejandro de la Fuente y Ada Ferrer), vienen levantando una imagen —están convencidos que destruyen otra falsa— con respecto a José Martí y sus posturas en torno al problema racial cubano. Junto con ciertos círculos académicos, estos autores, que llamaremos cubanistas, han recibido la complacencia de más de un auditorio, de más de una publicación.

Martianos reconocidos en Cuba y otros países no han iniciado, que sepamos, una polémica en la que tienen todas las de ganar. La excepción, Jorge Ibarra, se centra en comentar el denominado "mito de la democracia racial", aunque exige se fundamente el acatamiento a tal ideología.

El mito, en esencia, negó la discriminación y obstaculizó la formación de una conciencia colectiva de la explotación a que eran sometidos los negros, a quienes busca mantener en subordinación. Un maestro del tema como Carlos Ripoll, jubilado pero en efervescencia creadora, enfrenta quizá asuntos más estimulantes que polemizar con estos cubanistas. Pero Eduardo Lolo, cuyo ensayo sobre La Edad de Oro es lo más sagaz que se haya escrito al respecto, señala que la igualdad y el antirracismo vertebran los cuatro números de la revista celebrada.

Con opiniones similares a franceses como Paul Estrade, Juliette Oullion o Jean Lamore, imagino que expertos como Juan E. Mestas, Fornet-Betancourt, Miguel A. de la Torre y otros, lean a los cubanistas y hasta sonrían, pues no falta la que aseguró que el antiesclavismo de Martí fue desestimable.

De acuerdo con Mestas, "en muchísimas ocasiones condenó Martí las desigualdades sociales basadas en las diferencias de raza o de color". Fornet-Betancourt agrega: la defensa del negro se convirtió en una de las preocupaciones centrales de su vida y su obra. Y Cintio Vitier da cuenta de su antirracismo radical, a poco de que el puertorriqueño Maldonado Denis se atreviera a titular "Martí y Fanon" uno de sus ensayos.

De la Torre coloca aquí y allá aclaraciones que por su carácter puntual no alcanzan a abrir una discusión. Para este autor, experto en análisis de raza, género y teoría postcolonial, Martí fue contra su propia blanquedad —acentuó que los españoles venían de sangre mora y cutis blanco (VIII:336)— para crear una Cuba libre de estructuras socioraciales, y añade que se opuso al blanqueamiento de la sociedad cubana, estrategia que venía incubándose desde Arango y Parreño y su discípulo José Antonio Saco, y no dejó de aplicarse en la República.

Aplaudido en Estados Unidos y otras latitudes por los mismos textos que critican nuestros cubanistas, a Martí se le ha ido transformando en un personaje informe, inexplicable, un ente que, si pensamos en los cerca de 35 tomos que tendrá la edición crítica de sus obras completas, lo mejor parecería olvidarlo y que se diga de él lo que a cada cual convenga.

Leer a Martí

Esto de la extensión de la obra de Martí es muy importante, ya que para enterarnos de sus ideas sobre la dinámica racial en Cuba hay que leerlo todo, resultado de sus cavilaciones incesantes. Los cubanistas, sin embargo, encontraron una solución vía rápida, expedita, que en menos de media hora lleva a destino. Alguno decidió, leyendo una compilación que data de 1946 (La cuestión racial), que allí estaba el resumen salvador y disfrutó en llamarlo "good compilation" y, en su tesis de doctorado, "compilación útil". La realidad, empero, es otra. El prontuario es pésimo y faltan galerías completas de la obra del político antillano.

Si la porción cubana de su quehacer aparece fragmentada, están ausentes las cartas (cinco gruesos tomos, ya compilados aparte), sus apuntes (por cerca de dos tomos), y faltan, muy enfáticamente, las Escenas Norteamericanas (cuatro tomos). Habría también que enlistar sus diarios, un grito desde el arte, desde la pintura en palabras, contra la colonización del cuerpo del negro y ámbito donde palpita la más cumplida resistencia de toda nuestra literatura contra el predominio del canon de belleza occidental.

Y no hablamos de La Edad de Oro, donde hasta un negro desnudo es bonito, y nada casualmente observado, en la ilustración de un libro quizá de antropología, por una niña blanca, la "Nené Traviesa". "La Muñeca Negra" es oriunda —y la atmósfera recreada merodea por todo el cuento— de la esclavitud estadounidense, de "La cabaña del Tío Tom", del cual Martí captó, a propósito, sus "flaquezas". Tampoco nos referiremos a numerosos textos encontrados después de 1946.

Continúa ...

El poeta brillante y seductor que llegó a Guatemala (I)


Portada del Libro

Francisco Goldman recrea en 'The Divine Husband' el episodio de la vida de José Martí que éste poetizó en 'La niña de Guatemala'.

Carlos Espinosa Domínguez, Nueva Jersey
lunes 31 de julio de 2006 6:00:00

Un par de novelas, The Long Night of White Chickens (1992) y The Ordinary Seaman (1997), situaron a Francisco Goldman (Estados Unidos, 1954) como uno de los escritores más talentosos y reconocidos de su generación. La primera de esas obras fue galardonada con el Sue Kaufman Prize de la Academia Norteamericana de Artes y Letras. La segunda fue finalista en el International IMPAC-Dublin Literary Award y el Los Angeles Times Books Prize, en la categoría de ficción. Asimismo ambas fueron finalistas en el prestigioso PEN/ Faulkner Award y han sido traducidas a nueve idiomas, incluido el castellano (las dos las publicó la editorial española Anagrama).

Hijo de padre norteamericano y madre guatemalteca, Goldman nació en Boston y ahora vive a caballo entre Nueva York y la capital mexicana. Además de su actividad como novelista, se dedica al periodismo. Revistas como The New Yorker, Harper's, The New York Times Sunday Magazine, Esquire, The New York Review of Books y Outside, entre otras, han acogido sus trabajos.

En el año 2004 apareció la edición de tapa dura de su tercera novela, The Divine Husband. En ella, Goldman desarrolla una trama argumental que comienza en Centroamérica en 1870 y finaliza dos décadas después en Nueva York. Al inicio de la misma la protagonista, María de las Nieves, es una joven soñadora y amante de los libros, que ha decidido hacerse monja. Ese objetivo se ve truncado cuando en Guatemala son cerrados todos los conventos. Su vida experimentará entonces una transformación cuando se matricula en un curso de escritura que va a ofrecer un brillante y seductor poeta cubano llamado José Martí.

Desde que el pasado otoño conocí a Francisco Goldman y supe de la existencia de The Divine Husband, se me ocurrió la idea de entrevistarlo. Son contadas las obras de ficción en las que nuestro Martí aparece como personaje (me vienen a la memoria la novela Silent Wing, de José Raúl Bernardo, y la pieza teatral de Matías Montes Huidobro Un objeto de deseo), así que me pareció importante divulgar entre los cubanos su novela. Finalmente pudimos lograr que nuestros calendarios y agendas de trabajo coincidieran, y en un caluroso mediodía de julio nos encontramos en su apartamento de Brooklyn. Acababa de llegar de México y en pocos días se iba a dictar un taller en España. Lo que sigue es el resultado de nuestra conversación.

Después de dos novelas sobre la realidad contemporánea de Centroamérica, ¿qué te llevó a incursionar en una figura histórica del siglo XIX?

Pienso que se debe a la coincidencia de dos hechos ocurridos en la década de los ochenta. En una ocasión estaba yo sentado en un bar de Guatemala y empecé a hablar con un señor que se hallaba al lado mío, quien me dijo que era de la misma ciudad de Massachussets donde yo nací. Me comentó que sus padres siempre trabajaron en la fábrica de gomas Tillotson, y le dijeron que si alguna vez necesitaban ayuda, fuera a Guatemala y preguntaran por el señor Tillotson. Yo no me lo podía creer: había crecido a unos doscientos metros de esa enorme fábrica, y en el invierno iba con mis amigos a patinar en un pantano que queda detrás. Ahora venía a descubrir que su dueño vivía en Guatemala y yo nunca lo supe. Ya entonces me rondaba la idea de empezar un nuevo libro, y me prometí: algún día voy a inventar la historia de una familia con raíces en el siglo XIX, que uniera, como los Tillotson, a Guatemala con Nueva Inglaterra.

Por otro lado y más importante quizás, es que en esos años —te hablo de 1988, 1989— llegué a un punto en que había dado mucho de mí a esta carrera de combinar mis intentos de escribir novelas (entonces sólo había terminado The Long Night…) con el trabajo de periodista. Tras una década de haberme graduado en la universidad, estaba muy agotado como periodista, como escritor, como ser humano. Estaba harto de la realidad contemporánea, harto de las guerras de Centroamérica, harto de la violencia.

¿Desde cuándo conocías el poema de Martí 'La niña de Guatemala'?

Desde niño. En Guatemala todo el mundo lo conoce.

El hombre tras la cortina de leyendas y mitos

¿Y fue ese poema el que te dio uno de los impulsos para escribir la novela?

Sí. Quise buscar entonces cuál era la verdad de este poema sobre esa niña que, según se dice allí, murió de amor. Yo sabía en ese momento muy poco sobre Martí, así que empecé a investigar. Me pasé un mes completo yendo diariamente a la biblioteca de Guatemala, sólo para revisar periódicos de la época cuando Martí estuvo allí. Esa biblioteca era un lugar increíble, que no tenía ni luz eléctrica. Si tú querías leer, te tenías que sentar al lado de una ventana. Quién sabe cómo archivaban las cosas. Había un viejito que venía y te ayudaba. Durante todas esas semanas llovió sin parar por veintiocho días y yo estuve allí estuve el polvo de aquellos periódicos tan antiguos. Debido a esa combinación de humedad y polvo, por primera vez en mi vida tuve asma, que por suerte desapareció cuando me mudé para México.

Para mí aquellas semanas fueron como perderme en el pasado. Lo que más estupendo me pareció, lo que más me impactó, fue que aquel pasado era muy extraño. Me pareció un mundo de fantasía que no tenía nada que ver con la realidad contemporánea. Qué raros eran entonces, qué rara era Guatemala en 1877, qué cosas tan extrañas publicaban los periódicos. Yo llené cuadernos y cuadernos con anotaciones. Recuerdo un día en que descubrí una noticia maravillosa: "El joven maestro cubano José Martí, recién llegado a nuestro país, anuncia que va a ofrecer en la Academia de Niñas de Centroamérica un curso de composición literaria, arte que tanto eleva el valor de la mujer". ¡Wow!, me dije. Obviamente éste es el mismo curso que tomó la famosa niña de Guatemala, así que si algún día escribo una novela ambientada en esos años alguno de los personajes va a tomar ese curso.

Era un tema fascinante para escribir una novela, pero luego pensé: Martí, con los veintitantos tomos de sus obras completas, un hombre que es todo un mito, oculto tras una cortina de secretos y leyendas. Era demasiado lo que tenía que aprender e investigar, de modo que eché el proyecto a un lado y me puse a escribir mi segunda novela. Sin embargo, nunca dejé de interesarme por la figura de Martí, y la tarea de tratar de entender quién fue se convirtió para mí en un hobby extraño y obsesivo.

¿Cómo diste con la clave para poder empezar a escribir la novela?

En 1997 terminé The Ordinary Seaman y entonces decidí por fin que quería retomar aquel proyecto. Quizás lo que hizo posible que pudiera empezar a escribir The Divine Husband fue que todos aquellos cuadernos que había ido llenando con detalles, sólo con detalles, como ya habían pasado casi cinco años se habían sedimentado, como sucede con la arena en una vasija con agua. Eran como una memoria con vida propia. Al releerlos, yo tuve la sensación de que había estado en Guatemala en esa época y recordaba ese lugar que, por supuesto, era completamente inventado, era una fantasía. Al tener ya ese sentido del lugar, mi imaginación, si tú quieres llamarlo así, pudo pisar tierra firme y avanzar. Pude pues comenzar a partir de algo, que fue esta idea de cómo era entonces la ciudad de Guatemala.

Sé que además de la biblioteca de Guatemala, investigaste en otros sitios.

Sí. Estuve becado en la Biblioteca Pública de Nueva York. Fui también al Centro de Estudios Martianos, en La Habana. En esos años yo tenía una compañera que es mitad inglesa y mitad cubana. Como cada navidad íbamos a Londres, aproveché para trabajar en el archivo donde guardan la correspondencia de los diplomáticos ingleses que estuvieron asignados en Sudamérica. También investigué en bibliotecas de México. La verdad es que cuando ahora pienso en todos los años —siete en total— que me llevó esta novela, no consigo explicarme qué me agarró. Qué me pasaba. Cómo lo hice. Cómo es que me pasé dos años leyendo sólo sobre monjas y conventos. Qué enfermedad mental contraje. (Se ríe) En cierto sentido, era mi manera de prepararme para escribir The Divine Husband. Pero no sé cómo me di el lujo de tomarme tanto tiempo. Espero no tener que volver a escribir un libro sobre una figura como la de Martí.

¿No sentiste un poco de temor al llevar a una obra de ficción a un personaje histórico de la relevancia de Martí?

Si yo fuera cubano, no creo que me hubiera atrevido a escribir esta novela. Me hubiera sentido muy intimidado. ¿Qué me llevó a meterme en este proyecto? Pues más que todo el hecho de que yo compartí ciudades con Martí. ¿Cuáles son las dos ciudades más importantes en mi vida: Nueva York y Guatemala. Por pura coincidencia, él vivió y trabajó en Nueva York por varios años. Pasó además dieciséis meses que para él fueron clave en Guatemala, dieciséis meses que lo impactaron y lo influyeron para siempre.

sábado, 19 de agosto de 2006

Martí y las bailarinas de España.


Publicado el 08-19-2006

Por Guillermo Cabrera Leiva

En un interesante estudio bajo este título, publicado por la Editorial Dos Ríos, expone Carlos Ripoll la visión que tuvo Martí sobre el baile y sobre algunas bailarinas españolas que contempló en varias actuaciones en la ciudad de Nueva York.

Ripoll analiza en este trabajo una faceta poco estudiada del Apóstol, y agrega con ello un capítulo sumamemte interesante a la variada gama de temas tratados por este investigador sobre la vida y la obra de Martí durante su etapa de escritor en la gran urbe neoyorquina.

Hay dos cuestiones fundamentales en este libro. La primera de ella es el criterio que tenía Martí del baile y la distinción que establece entre el baile como sano regocijo hogareño y el baile en los clubs o centros de diversión.

Ripoll reproduce algunos escritos de Martí en que éste califica de espectáculo deshonesto y reprobable el baile en los salones, y escribe versos en que señala que el baile es un incendio del alma.

Por otra parte, apunta Ripoll, Martí conoció de cerca el flamenco y contempló durante su estancia en España a las bailarinas de ese género en el teatro.

Uno de sus Versos Sencillos recoge el espectáculo de la bailarina española, donde describe con elegante maestría los movimientos de Agustina Otero, y en una forma gráfica marca la secuencia de sus giros y vueltas.

El poema lo escribió tras haber visto en 1890 a “la bella Otero” en el Eden Musée de la calle 23, en compañía de los esposos Baralt, sus íntimos amigos.

Esta bailarina, cuyo retrato impresiona por su belleza, era gallega. La otra bailarina que mucho impresionó a Martí, era la andaluza Carmencita Dauset, considerada por algunos superior a la Otero. De ambas hace un interesante recuento Ripoll en este libro, y cita un artículo de Martí, publicado en La Nación de Buenos Aires, en que comenta la presencia de la Otero en Nueva York.

Hay un aspecto adicional en esta obra, que es una curiosidad histórica. Se trata del cine, entonces en sus primeros pasos.

Al final del libro dice Ripoll:

“¡Ah, si pudiésemos ver el baile de la sevillana Carmencita, verla en el Nueva York de aquellos años de Martí! ¡Sólo un milagro nos permitiría esa experiencia! ¡Sólo un milagro! Pero ese milagro existe. Se conserva un trozo de película, de 1894, de Carmencita bailando. Es que ella también pertenece a la historia del cine: fue la primera mujer que filmó el cinetoscopio de Thomas Edison en su estudio “Black Maria”, de New Jersey; la primera que apareció en pantallas de los Estados Unidos, y su baile, considerado inmoral en sus días porque en alguno de sus movimientos se le veían los calzones, el pantalón, hizo que su película diera inicio a la censura en el cine”.

Y sigue diciendo Ripoll:

“¡La bailarina de José Martí! Es lo único que podemos ver tal como él lo vió. Los National Archives, de Washington, en sociedad con Google, el 24 de febrero de este año pusieron en la Internet varios fragmentos de películas. Entre ellas hay uno en que baila Carmencita”.

“¡Un minuto de Carmencita tal como la aplaudió Nueva York hace más de un siglo. ¡Tal como la vio Martí!”.