Por: Xiomara Pedroso Gómez
21 junio 2026
Martí de Luz - Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
En tiempos en que la espiritualidad parece perder el lugar central que en algún momento ocupó en la evolución de la humanidad y se comoditiza como una mercancía común, textos con más de cien años alertaban sobre los peligros de este fenómeno en la América del Norte decimonónica. Las realidades y dinámicas sociales descritas parecen repetirse como un déjà vu colectivo. Las memorias casi premonitorias son de la autoría de José Martí, escritas en tres partes, bajo el título “Impresiones sobre Estados Unidos de América (por un español recién llegado)”, en 1880. Aunque en ellas expone ideas que serían desarrolladas en profundidad años más tarde, tienen el valor de condensar en su mirada, uno de los rasgos definitorios del perfil de la nación norteña: la polarización y las contradicciones que se plantean entre la formación de la riqueza y el desarrollo humano.
Es interesante el modo en que Martí aborda la escritura de sus impresiones. A primera vista el título parece hacer referencia a una tercera persona. Sin embargo, se trata de un texto autorreferencial. Martí era aquel español recién llegado. Había terminado su exilio en España y llegó a los Estados Unidos con el extrañamiento propio de enfrentarse a una realidad contrastante con Europa. Fueron aquellas, como indica el título, sus primeras impresiones. A lo largo de los quince años de estancia en Norteamérica y gracias a la agudeza de su observación, acabaría por profundizarlas, y documentarlas en la obra cumbre del periodismo martiano: las “Escenas Norteamericanas”.¹
De manera general se advierte en los textos la positiva impresión que causa en el joven el esplendor americano. Martí elogia la disposición al trabajo, el ambiente fomentado para el progreso y la prosperidad material: “Una buena idea siempre halla aquí terreno propicio, benigno, agradecido. Hay que ser inteligente; eso es todo. Dese algo útil y se tendrá todo lo que se quiera. Las puertas están cerradas para torpes y perezosos; la vida está asegurada para los fieles al trabajo” (Martí, 2016, p. 70).
Pero casi de inmediato, Martí logra percatarse del trasfondo que ocultaban tanto adelanto y bonanza. Con un posicionamiento crítico comienza a preguntarse: “Todos trabajan, todos leen. ¿Pero siente cada uno, en igual medida que lee y trabaja?” (Martí, 2016, p. 70).