martes, 29 de abril de 2008

José Martí y los derechos humanos.

Publicado el 04-26-2008

Diario Las Americas
Por Guillermo Cabrera Leiva

Pareciera una repetición innecesaria hablar de José Martí y los derechos humanos. No lo es, sin embargo, cuando se lee el folleto editado por Carlos Ripoll, que bajo el sencillo título de “José Martí, Derechos Humanos”, reúne medio centenar de pensamientos del Apóstol, donde vibra el genio y la visión de un legítimo defensor de la dignidad humana.

Porque al leerlo se descubren verdades y se detectan ideas que enriquecen nuestro espíritu y nos proveen de armas para combatir la injusticia.

En sus palabras de introducción al pensamiento martiano, hay un párrafo muy significativo, donde Ripoll señala lo siguiente: “Todos los crímenes sociales que ha padecido Cuba, desde el descubrimiento hasta el presente, tienen raíz en alguna violación de los Derechos Humanos tal como se enuncian en la Declaración Universal, y aún en su más amplio sentido: agravios o atropellos contra “la dignidad plena de hombre”.

Martí definía los derechos humanos como la esencia misma de la criatura humana; tal es así que expresa: “Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar”

Esta interpretación de la importancia de los derechos humanos responde a su amplia visión espiritual de la sociedad, y a su alto concepto del amor familiar. De ahí que se cometa una grave equivocación al calificar a Martí como un marxista, según lo repiten los aduladores del castrismo.

Para Martí el derecho a pensar, y el derecho a expresar lo que se piensa, es la piedra angular de todos los demás derechos. Insiste en múltiples ocasiones en la necesidad de dar vía libre al pensamiento, y de poseer el valor para manifestarlo:

“Quien esconde por miedo su opinión, y como un crimen la esconde en el fondo del pecho, y con su ocultación favorece a sus tiranos, es tan cobarde como el que en lo recio del combate vuelve grupas y abandona la lanza al enemigo”.

Ripoll considera, en su breve introducción al pensamiento martiano, que Cuba vive hoy como en los días de la conquista española, cuando el terror de las armas y los perros se imponía sobre el indio infeliz, y lo acosaban y sometían brutalmente hasta llevarlo al suicidio:

“Había entonces religiosos que no daban la espalda al crimen. Alzó la voz nuestro primer disidente, el padre Bartolomé de las Casas. Pasados más de quinientos años, aun hoy está vivo Las Casas: ni el crimen se ha agotado en la Isla ni falta quien lo delate. En las primeras décadas de la conquista se suicidó más del diez por ciento de los indígenas; desde el triunfo del estalinismo en Cuba, más del diez por ciento de la población se ha ido al exilio: otra forma de protesta y de suicidio”.

Al leer los pensamientos de Martí, que Ripoll ha hilvanado con mucho acierto, se advierten joyas valiosas que vale la pena dar a conocer en estos tiempos revueltos y peligrosos.

Martí no escribió pensando únicamente en Cuba. Su corazón y su mente estaban por todo el universo, sintiendo y meditando por todos los que eran víctimas del abuso y la opresión. Su enfoque, aunque nacido de la dura experiencia cubana, tiene una proyección que abarca a todos los pueblos del orbe y encaja en todas las agrupaciones humanas.

De ahí este consejo breve y elocuente: “Bello es que los pueblos combatan por su libertad: mas sólo tienen el derecho de combatir por su libertad los que no opriman la de otros”.

domingo, 30 de marzo de 2008

Recordar a José Martí significa pagar una deuda histórica perenne, dice Alfonso Herrera Franyutti.

29 de enero del 2008

La Jornada.com
Ericka Montaño Garfias

Presentaron la redición de su libro sobre la vida del prócer cubano en México.

Uno de los principales textos sobre la vida del prócer cubano José Martí acaba de ser reditado.

Se trata de Martí en México: recuerdos de una época, libro publicado por primera vez en 1969, después de un viaje que su autor, el pedagogo y humanista Alfonso Herrera Franyutti, realizó a Cuba.

“Recordar a Martí no es un acto protocolario ni de lucimiento literario, sino el pago de una deuda histórica perenne.

“No debemos verlo con una mirada nostálgica, sino puesta en el presente, pues sus ideas adquieren plena vigencia en momentos de crisis para la humanidad y de peligros para México y el resto del continente en que fuerzas extrañas tratan de dividirnos”, dijo Herrera Franyutti durante la presentación del volumen, editado por el Senado de la República en su colección Mesa Directiva.

Herrera, médico de profesión y uno de los más reconocidos especialistas martianos en el país, destacó que José Martí (La Habana, 1853-Dos Ríos, 1895), “es un referente para quienes amamos la libertad, la poesía y la literatura; para quienes queremos un futuro mejor para la especie humana.

“México y Cuba son dos países hermanos unidos por la geografía, la historia, y la fraternidad. Sin embargo esta fraternidad ha sido puesta en peligro por hombres, por políticos, con alma de Caín”.

La estancia del político, poeta, filósofo y escritor cubano en México “dejó profunda huella, tanto por su obra como por lo que el país representó en su vida. México fue para Martí el crisol de su experiencia americana. Por aquí empezó a recorrer los caminos de nuestra América, aquí inició su actividad periodística, observó y señaló el peligro que representaba Estados Unidos para México, que amenazaban con invadirnos y anexionarse territorios del norte, el principio de lo que más tarde sería su lucha antimperialista; conoció el problema indígena, pero también vio la antigua grandeza de la raza aniquilada y conoció la obra de Benito Juárez.

“México fue para Martí fuente de vivencias y experiencias. Fue el despertar de su conciencia de la otra realidad americana, donde nuevas voces se unieron a las inquietudes de su Cuba natal.”

Llegó con el espíritu aterrado

A la presentación asistieron el embajador de Cuba, Manuel Aguilera de la Paz y la senadora Yeidckol Polevnsky, cuya labor permitió la redición de Martí en México: recuerdos de una época.

Sobre el libro, el diplomático resaltó que “cuenta cómo Martí se hizo cronista, orador; cómo amó y fue amado, aquí se casó, forjó amistades, llegó con el espíritu aterrado. Hasta comparó su amor que sentía por estas tierras con el que sentía por Cuba. Su obra escrita aquí es la más extensa, la más apasionada y la más ligada a su inextinguible fe en la América nuestra”.

Polevsnky, en tanto, se dijo admiradora de Martí, “quien hizo por Cuba y por América lo que no se ha hecho después, y puso la base de una enorme y grandiosa revolución que aún nos nutre”.

lunes, 28 de enero de 2008

MARTI Y EL LIBRE COMERCIO.

Por Julio M. Shiling

“A nadie daña tanto el sistema proteccionista como a los trabajadores”. “La protección ahoga la industria, hincha los talleres de productos inútiles, altera y descalabra las leyes del comercio, amenaza con una tremenda crisis, crisis de hambre y de ira, a los países en que se mantiene”. Esto no lo dijo Adam Smith ni Milton Friedman. Pero sí se pronunció en el aproximado intervalo de tiempo de ambos economistas, 1883 para ser exacto. Consecuente con el acérrimo apego que sus principios e ideario tenían con la libertad, José Martí claro dejó conocido su rechazo a medidas gubernamentales que imponían aranceles y trabas al comercio. El artículo “Libertad, ala de la industria” (La América, septiembre 1883) no fue el único donde exclamó el bolígrafo del Maestro, a favor del libre intercambio comercial.

La rígida postura de Martí partía, no de una abstracta y romántica defensa de la libertad, que hubiera sido comprensible dado su paradigmático talento de poeta. Si bien consideraba que “…sin libertad, como sin aire propio y esencial, nada vive”, el razonamiento del Apóstol de la independencia cubana, no provenía de una ciega adulación a lo libertino. Para defender el libre comercio exhibió un discernimiento, modulado más por la fría, pero concreta, racionalidad, que por afanes cargados de emociones y divorciados de serio análisis económico (torpe proclividad, ayer como hoy). Martí enunció la compleja temática, desde el prisma de un “librecambista” (como se le llamaba en esos días), por sus convicciones de que dicho sistema era el que más engrosaba y mejor repartía la riqueza y el bienestar nacional.

“Rebajar de una vez la tarifa, abarataría la vida del obrero” (La Nación, 15 de julio, 1885). En otro reportaje ensayista al gran diario bonaerense, su insigne articulista en Nueva York, hizo eco del sector pro libre comercio en la política norteamericana, al escribir, “Rebájense-dicen los librecambistas-los derechos de importación… póngase al país en condiciones verdaderas y normales, que al comercio den fijeza, al obrero empleo seguro y vida barata, y a los productos modo de competir con sus rivales en los mercados extranjeros" (6 de junio, 1884). Con claridad Martí veía, en un sistema extirpado de imprudentes gravámenes proteccionistas, los obvios beneficios para la sociedad, particularmente su sector menos materialmente pudiente. Así, sin escaparse los detalles, el Apóstol discursivamente captó el meollo del principal debate económico de los EE. UU., en su día.

La polémica traspasaba delineamientos partidistas. Tanto los republicanos, como los demócratas, estaban fraccionados por “proteccionistas” y “librecambistas”. “En cada caso”, anotó Martí, “ha sido demostrado por los abogados de la fe librecambista la injusticia moral y el daño pecuniario de obligar a una nación tan vasta como ésta a vivir estrechamente y a gran costo, por el mero beneficio del escaso número de capitalistas y trabajadores que se ocupan en la producción en territorio nacional a precios altos, de artículos imperfectos, que toda la nación podría comprar perfectos a precios bajos, traídos del exterior” (La América, marzo de 1883). Señalando dos industrias “protegidas” específicas, el Maestro capta el problema con brillante precisión. “Parece que los intereses del hierro de la Pennsylvania”, graba Martí, “y los de la lana de Ohio son las causas principales de los trastornos y dilaciones hasta hoy ocurridos; pero puede asegurarse que el elemento proteccionista en general ha dominado, domina y dominará la situación. Los partidarios de este sistema pretenden con soñada supremacía, que si no fuera perjudicial a la par que ridícula, podría ser soportable,-representar la voluntad, en mayoría inmensa, de los cincuenta millones de habitantes que componen el pueblo americano. Este sacrificio, sin embargo, de las grandes masas populares al egoísmo de contadas clases privilegiadas, no es la voluntad de la nación…” (La América, marzo de 1883). Continúa el prócer cubano, “…que el pueblo sabe que se le obliga a pagar $50 por un vestido que podría venderse por $25 ó $30 si no existiera un derecho ruinoso sobre el paño” (La América, marzo de 1883). La argumentación de que el proteccionismo sirve sólo para proteger a una casta minoritaria, a expensas de la mayoría, fue finísimamente formulada por el Apóstol.

Hallarán, si pretenden incluir a Martí en la comparsa antiglobalización de hoy, un muro, impenetrable y resistente. Esta inmutable realidad pone a prueba la capacidad tergiversadora de los socialistas del Siglo XXI, los castrocomunistas y otros frenéticos. Indudablemente, en la Cuba que se acerca, recetas económicas abundarán. Ojalá que la premisa que sostuvo el Maestro se le preste atención. Bastante ha padecido Cuba de nociones absurdas.



Julio M. Shiling
Director
Patria de Martí
Oficina: 305-559-2254
Celular: 305-389-3536
Fax: 305-559-0407
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jmshiling@patriademarti.com
www.patriademarti.com

lunes, 29 de octubre de 2007

José Martí en un libro para niños.

Publicado el miércoles 17 de octubre del 2007

ARTURO ARIAS-POLO
El Nuevo Herald

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José, un libro destinado a los niños sobre la vida y obra del patriota e intelectual cubano José Martí, será presentado hoy por la editorial Lectorum en el Centro Cultural Español (CCE) de Coral Gables. El volumen pertenece a la colección escrita en verso Cuando los grandes eran pequeños, original de la puertorriqueña Georgina Lázaro, que se propone familiarizar al lector infantil de forma amena con el entorno histórico y el legado de personalidades tan relevantes de la cultura hispanoamericana como Sor Juana Inés de la Cruz, Julia de Burgos, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges.

''Lo novedoso de José es cómo se sintetizó un tema tan ambicioso en pocas páginas. Las ilustraciones de la pintora cubana María Sánchez cautivan por su colorido y su capacidad para apresar la esencia de la cubanía. Es asombroso cómo se pudo abarcar la trayectoria martiana desde su nacimiento hasta su exilio en España. La idea de recurrir a los versos octosílabos recuerda la musicalidad de los Versos sencillos de José Martí y es una manera de motivar a los niños a seguir investigando en la obra del apóstol'', dice el escritor e investigador Antonio Orlando Rodríguez, a cargo de la presentación del libro.

Georgina Lázaro comenzó su carrera literaria hace once años después de ejercer el magisterio. Desde entonces ha publicado más de 40 libros, entre los más conocidos se encuentran El flamboyán amarillo, El mejor es mi papá y ¡Viva la tortuga! Su primera colaboración con María Sánchez en Cuando los grandes eran pequeños ha sido una de las claves del éxito de este proyecto por tratarse de una artista plástica cuya obra incluye una vasta iconografía de José Martí. El público que asista a la actividad de esta noche tendrá la oportunidad de conversar con ellas y con Teresa Mlawer, presidenta de Lectorum Publications. Más tarde, representantes de la librería Universal venderán el libro, que tiene un valor de $14.99.•

aarias-polo@herald.com

domingo, 28 de octubre de 2007

Valdés Galarraga vuelve sobre Martí.

1 de octubre del 2007

Periódico Granma

Ramiro Valdés Galarraga, autor de varios libros martianos, tiene ahora en imprenta un nuevo volumen, Tres mujeres en la vida de José Martí, investigación que trata sobre la influencia que ejercieron en el Maestro sus relaciones con Carmen Miyares Peoli, María García Granados y Carmen Zayas-Bazán.

Actualmente en proceso de edición por la Editora Política, el texto exalta la figura de Miyares Peoli, "quien permaneció y trabajó con él los últimos 15 años de su existencia", afirmó este escritor e investigador en entrevista con Granma.

"Ella fue el alma gemela que tanto soñara Martí —apuntó Valdés—, ya que contribuyó, con insoslayable amor, al empeño más caro de la vida del Maestro, la libertad de Cuba. Fue la mujer que lo apoyó en todos los sentidos, en sus alegrías, tristezas y vicisitudes y en lo más importante para él: la organización del Partido Revolucionario Cubano y la gesta de liberación".

Respecto al vínculo del Apóstol con María García Granados, a quien inmortalizó con el poema La niña de Guatemala, Valdés Galarraga lo caracteriza de "romance platónico", vivido durante los apenas siete meses que Martí residió en el país centroamericano.

El autor describe los lazos matrimoniales con Carmen Zayas-Bazán Hidalgo: ella también "fue mujer capaz de hacerlo expresar los más profundos sentimientos", de acuerdo con este libro para el cual su autor invirtió dos años de pesquisa y cuyo prólogo está a cargo del periodista Julio Acanda.

"Los comentarios en sus cartas a Mercado —explica Valdés Galarraga— y las experiencias relatadas en su viaje de luna de miel no dejan lugar a dudas acerca de la fuerza de ese amor. Cuando, por razones de seguridad personal y problemas familiares, Martí tuvo que salir de México, le dejó a su prometida una pulsera de compromiso que tenía grabada una significativa palabra: ‘Espérame’."

Pero, según las investigaciones de Valdés Galárraga, las dificultades económicas, físicas, políticas "y, por qué no, amorosas", laceraron la vida matrimonial de Martí.

Considerado uno de los estudiosos más acuciosos del Apóstol, Ramiro Valdés Galarraga (La Habana, 1919), es autor de los libros Diccionario del pensamiento martiano (2002), del cual acaban de publicarse 15 000 ejemplares en su cuarta edición; José Martí, los padres y las siete hermanas (2004); y Planeta tierra, principales accidentes geográficos (2004). (A.P.B.)

sábado, 1 de septiembre de 2007

Martí encuentra su paisaje.

Por Samuel Feijoo
Cañasanta.com

Sumario: Martí conoció en su niñez un paisaje que nunca olvidaría. La palma surgía en sus discursos como estandarte natural. La primera noche de Martí en Cuba: duerme sobre la tierra amada. Martí carga un rifle y 40 cápsulas. Gómez le nombra Mayor General bajo unos platanales. Le sorprende una orquesta vegetal. El 25 de abril: primer combate en el paisaje. Funge de enfermero. Presencia un fusilamiento en la manigua. Nombres de árboles cubanos. Martí muere en su paisaje.

Desde niño, cuando su padre le llevara una temporada al agreste Hanábana (Matanzas), José Martí se entró en el paisaje cubano, y el paisaje entró en él, con una pasión tan secreta como decisiva. La incandescencia poética, que en Martí fuera un íntimo sello personal y afán siempre nostálgico, cifró la naturaleza isleña con una gloria demasiado sedienta en el estilo de su vida toda. El amor al paisaje natal, acrecentado en el exilio, sobre todo cuando la tierra amada padece bajo el dominio extranjero, deviene angustia cerrada para los hombres con demasiado sueño (con demasiada vida) en sus frentes. Para Martí Patria y palmeras blancas, abiertas y sonando a la brisa matutina, se confundían en un solo cuerpo luminoso, arrastrador. Martí se sentía atraído con gran violencia, tanto por su Patria políticamente opresa como por el paisaje delicioso que la centraba, fijado en su niñez de pupilas absortas ya para siempre vencidas por el monte mágico. Es de notar que en la carta escrita a su madre, a los nueve años de edad, desde Hanábana, el primer elemento de paisaje que nombra es "río", un río crecido. También será el último que nombre, horas antes de caer en Dos Ríos...

Para leer todo el artículo, hacer clic [aquí]

miércoles, 29 de agosto de 2007

Niño mexicano venció a José Martí en el ajedrez.

Con apenas siete años de edad, derrotó al también cubano Agustín Mendiola en presencia de asiduos a ese tipo de partidas, incluido un funcionario del gobierno mexicano.

Juventud Rebelde
Por: Luis Hernández Serrano
Correo: digital@jrebelde.cip.cu


Andrés Ludovico Viesca Gutiérrez

Nuevos elementos sobre el niño mexicano que ganó a José Martí la única partida de ajedrez que hasta ahora se le conoce, acaban de ser revelados por el joven investigador martiano, natural de Camagüey, Axel Li Cabrera.

Aparecen en el documentado reportaje Indicios del ajedrez en José Martí, publicado en el último número de la revista Opus Habana, dirigida por el doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, y correspondiente a los meses de febrero/junio del presente año.

Aunque el reportaje aborda en general la vinculación del Apóstol con el ajedrez, el joven Axel —del equipo editorial de esa revista— menciona al sabio niño ajedrecista en todas las páginas y en más de 20 momentos, e incluye, entre otras, la foto del muchacho, de cuyo paradero nunca más se supo, y de los dos cubanos presentes en el tope.

Andrés Ludovico Viesca Gutiérrez, nacido en la ciudad de Parras de la Fuente, en Coahuila, México, el 8 de abril de 1869, venció al Maestro, quien tenía 23 años en el momento de aquella partida famosa, efectuada en octubre de 1876, en la casa del cubano Nicolás Domínguez Cowan (1840-1898) y propiciada por otro cubano, Andrés Clemente Vázquez (1844-1901), ambos residentes en tierra azteca.

«Con apenas siete años de edad —refiere Axel Li— el pequeño derrotó consecutivamente al también cubano Agustín Mendiola y a Martí, en presencia de un nutrido grupo de asiduos a ese tipo de partidas, incluido un funcionario del gobierno mexicano».

En ambos casos el niño jugó con las piezas blancas y demostró un talento inusual, pues hacía unos escasos meses que había aprendido los movimientos y las reglas del ajedrez.

El encuentro ajedrecístico lo dio a conocer Andrés Clemente Vázquez, el 24 de octubre de 1876, en el artículo titulado Una gloria mexicana, en su revista La Estrategia Mexicana, e incluía una foto del niño. Después introdujo la noticia en La Habana, en 1893, y más tarde lo puso en su libro En el ocaso, en 1898, donde afirmó: «Esta es la única partida de ajedrez que se conserva, del promovedor de la actual insurrección en Cuba».

Andrés Clemente Vázquez describió así al pequeño Ludovico: «Aprendió a leer y a escribir él solo. Dibuja y hace caricaturas. Es sumamente modesto y tranquilo, más bien melancólico, triste y reflexivo que alegre y bullicioso. Resuelve problemas bastante difíciles, casi instantáneamente. Jamás reforma las jugadas erróneas. No le gusta lo que agrada a los demás niños. No molesta al adversario, no desperdicia el tiempo, es grave y circunspecto, de mirada vaga y sombría, y conversa muy poco, como todos los grandes meditadores».

La partida histórica.

Blancas: Andrés Ludovico, Negras: Martí.
1. P4R,P4R; 2.CR3A,P3AR; 3.P4D,CD3A; 4.P5D,CDAT; 5.CD3A,P3AD; 6.PxP,PCxP; 7.A3R, C2C: 8.AR4A, CR3T;9.D3D,A4A; 10. OO,P3D; 11.P3TD, AxA; 12.PxA, C4AD; 13.D2R,A5C; 14.P4CD, AxC; 15. DxA, C2C.

viernes, 17 de agosto de 2007

Información general.

A partir de hoy 17 de agosto dejo de tener conexión estable a internet y sólo me conectaré esporádicamente.

Lamento los inconvenientes y les pido disculpas por ello.

Gracias.

lunes, 6 de agosto de 2007

El club crepúsculo de Nueva York, capítulo desconcido de José Martí.

Cubarte
Por: Imeldo Álvarez García

(Cubarte). El doctor en Ciencias Históricas Rodolfo Sarracino (La Habana, 1934), Investigador Titular del Centro de Estudios Martianos, en el 2003 puso en manos de los lectores un valioso libro relacionado con un personaje poco conocido, que protagonizó – entre el 23 de junio y el 24 de agosto de l886, en pleno gobierno de Porfirio Díaz – un incidente que puso a la soberanía de México al borde del precipicio, ante el riesgo real de una intervención más de Estados Unidos: José Martí y el caso Cutting.

En el artículo “Vindicación de Cuba” publicado en 1889 en el The Evening Post de Nueva York, Martí expresó: Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting, al rechazar, con viril indignación, consideraciones ofensivas contra nuestro pueblo.

Aunque en 1892 el Maestro lamentó que Lincoln le quiso oír al intrigante Butler el consejo de echar sobre el basurero de Cuba toda la hez y el odio que quedó viviente de la guerra contra el Sur, siempre tuvo del Presidente norteamericano una sincera admiración. (Fidel, después de enero de 1959, en su histórico viaje a Estados Unidos, fue a rendirle tributo al gran hombre).

Ahora, demostrando su categoría científica, vuelve Sarracino a sorprender con la investigación de un capítulo desconocido de las actividades de José Martí en Estados Unidos.

“Descubrir una verdad regocija como ver nacer un hijo”, dijo Martí, y hay que añadir que pocas veces le es dado a un historiador experimentar esa sensación tan elocuentemente expresada por el más universal de los políticos cubanos.

¿Cuál era la verdadera naturaleza del Club, fundado el 4 de enero de 1883?

Digamos que la membresía del Club Crepúsculo estaba integrada por grandes empresarios, científicos, militares, escritores, periodistas, intelectuales cuya influencia se extendía prácticamente a toda la sociedad estadounidense, hombres y mujeres prominentes de gran prestigio que, en sentido general, motivados por la conciencia, veían con preocupación la transición del país hacia el imperialismo, y que independientemente de precisiones ideológicas, compartían con Martí las ideas de la justicia internacional y la solidaridad humana.

Lo importante de la investigación del doctor Sarracino, es que Martí consideraba posible establecer un equilibrio, no sólo internacional, sino en Estados Unidos, que inhibiera desde el interior del Imperio en ciernes su tendencia expansionista dirigida contra el Caribe y concretamente contra Cuba, política que se sustentaba en la consolidación de la alta burguesía industrial y financiera norteamericana.

El líder de Los Caballeros del Trabajo, Terence Vincent Powderly, que dirigía esta poderosa central obrera que en 1886 había alcanzado ya la cifra de 700,000 afiliados de todos los oficios, capaz de paralizar con sus huelgas a las redes ferrocarrileras y a regiones enteras de Estados Unidos, asistía, invitado, a todas las cenas del Club, porque en ellas podía conversar informalmente con aquellos personajes y dar a conocer sus mensajes.

Martí pudo conocer a muchos de sus miembros en el parque Twilight, retiro situado en las montañas Catskill, en el verano de 1890.

A ochenta de sus socios le fue posible dirigirles la palabra en un célebre restaurante de Nueva York, en octubre de ese año, siendo ya Cónsul General de la República Argentina y Cónsul del Paraguay y en los días en que escribiera sus Versos sencillos y pronunciara el famoso discurso en Hardman Hall sobre el inicio de la guerra de los diez años.

Uno de los rasgos importantes del Club Crepúsculo era que sus miembros se inspiraban en las ideas filosóficas de Ralph Waldo Emerson y Herbert Spencer. En sus actividades participaban Walt Whitman, el poeta de Leaves of Grass; Mark Twain, el notable novelista y ensayista; Andrew Carnegie, multimillonario, “magnate del acero”, y también filántropo, escritor y amante de la paz; Henry George, autor de Progress and Poverty, economista, reformista fundador del primer partido socialista en la ciudad de Nueva York, quizás uno de los más asiduos a las sesiones del Club; James Howard Bridge, autor de Millionaire and Grub Street: cofrade contacts in the Last Century, obra biográfica en la que critica a la burguesía norteamericana; Charles Edwin Markham, poeta laureado, que dijo: “En vano construimos la ciudad, si antes no construimos al hombre” y “ponerse del lado de los oprimidos es lo único digno que puede hacerse en la vida”.

También participaban Richard Watson Gilder, editor de la revista The Century, presentador de las Obras completas de Abraham Lincoln, crítico literario y musical, escritor que Martí respetaba y que habitualmente disfrutaba de su descanso de verano en el Twilight Park; Oliver Wendell Colmes, jurisconsulto, médico con varias obras científicas publicadas, amigo de Emerson y de William James, poeta y autor de El Derecho Civil (Common Law); John Burroughs, poeta y naturalista, amigo de Whitman, que residía precisamente en las montañas Catskill cuando Martí las visitó; Henry Holt, uno de los más importantes editores estadounidenses del período, director de la primera etapa de la revista Life.

El acceso al Club Crepúsculo era uno de los recursos tácticos de Martí en su lucha por evitar la anexión de Cuba a Estados Unidos.

Veía aquel espacio como una caja de resonancia política de la lucha de los cubanos. Junto a la voluntad de los patriotas, la unidad y la decisión independentista, había que actuar en medios incontrolados por el gobierno norteamericano y en sectores de la sociedad sin duda influyentes en diversos planos.

La lección fue bien aprendida por miembros de la Junta Revolucionaria de Nueva York, los cuales, al caer el Apóstol en Dos Ríos, continuaron frecuentando los espacios estadounidenses de características equivalentes al grupo que estudia Sarracino en esta nueva obra suya. En abril de l896 dicha Junta se reunió con miembros del Club y aprobaron una resolución demandando el reconocimiento de la beligerancia del pueblo cubano.

Cuando se repasan los libros publicados por el doctor Sarracino, además de José Martí y el caso Cutting, se advierte la solidez, creatividad y calado de sus investigaciones. Esos libros son: El Grupo Rockefeller actúa, Los que volvieron a África, Inglaterra: sus dos caras en la lucha cubana por la abolición, La Guerra Chiquita: una experiencia necesaria.

Ha dado a conocer en varias antologías y publicaciones seriadas, estudios y artículos científicos sobre temas de gran actualidad, dentro y fuera de Cuba. Su participación en eventos científicos es constante. Ha cumplido misiones en el Servicio Exterior en diversas regiones del mundo y recibido numerosos premios y distinciones.

Este nuevo libro, en proceso editorial, habrá de ser, sin duda, otro plausible aporte a la historiografía cubana.

miércoles, 18 de julio de 2007

José Martí.

Cubarte
Por: Fernando Martínez Heredia.

Cubarte.- Era un muchacho habanero de quince años, blanco pero hijo de dos inmigrantes pobres, el único varón entre seis hermanos. Un buen maestro le apreció sus incipientes cualidades intelectuales y su deseo de saber, y le facilitó continuar estudios. Ese fue el inicio del cambio de su destino: en vez del mostrador de una bodega, la escuela secundaria.

Su país era hermoso y bestial. Desde hacía ochenta años molía sin cesar el trabajo y las vidas de cientos de miles de esclavos africanos. Palacios, pensadores, quitrines, contradanzas, hermosas señoritas, espléndidos varones, vivían sobre un mar de crimen y de iniquidades. El niño habanero era muy sensible, más allá de las vivencias familiares, y en una excursión con su padre se topó con la máxima expresión de resistencia humana de los más humildes: el suicidio. Treinta años después, ya dueño de su idioma, sintetizó en un poema el horror de la esclavitud en Cuba, la destrucción de la condición humana, inmortalizó aquel oscuro sacrificio y dio cuenta de la marca que dejó en él: “¡Un niño lo vio: tembló / de pasión por los que gimen: / y, al pie del muerto, juró / lavar con su vida el crimen!”.

Aquel año de sus quince el pueblo del este del país se levantó contra el poder colonial. El pichón de isleña creció bruscamente, y utilizó un arma a su alcance, los endecasílabos: “No es un sueño, es verdad: grito de guerra / lanza el cubano pueblo, enfurecido…” Con su poema de adolescente participaba así en el bautizo del nuevo gentilicio. Quizás ya conocía la letra de la marcha guerrera del bayamés, de música un tanto mozartiana, que había confirmado a la recién nacida entre la sangre y el humo del incendio: “que morir por la patria es vivir”.

El joven criollo asumió el mandato de aquel verso, y se volvió cubano. Entonces vinieron la hoja subversiva y la poesía militante, el ardor patriótico y la policía. Fue preso en noviembre de 1869, más por su actitud rebelde que por cometer un delito. Sometido a la jurisdicción militar, la alta marea represiva y la modesta condición social del acusado se reunieron: fue condenado a seis años de trabajos forzados. Quince meses después de aquella poesía anúteba con la que había cantado al Diez de Octubre, José Julián Martí Pérez dio el paso decisivo del compromiso con la revolución, poner su cuerpo en ella. Y escribió otros versos, ahora más complejos en la forma, pero sobre todo cargados de contenido humano, versos que traían juntos al dolor y el amor, la entrega a la causa y la visión de su propio futuro:

“En ti encerré mis horas de alegría / y de amargo dolor; / permite al menos que en tus horas deje / mi alma con mi adiós. / Voy a una casa inmensa en que me han dicho / que es la vida expirar. / La patria allí me lleva. Por la patria, / morir es gozar más.”

Todas las rebeldías juveniles son hermosas, aunque muchas resultan efímeras. Pero la del joven sujeto al grillete en las canteras, junto a la gente pobre e inerme de Cuba, apenas comenzaba. En los veinticinco años que viviría después de este 1870 tuvo que optar muchas veces entre seguir siendo rebelde o dejar de serlo. Aprendió que no siempre la disyuntiva es tan clara como cuando uno afirma “O Yara o Madrid”, y que la rebeldía está obligada a ser lúcida y tajante, creativa y tenaz, consecuente y hábil, sagaz, tierna y heroica. Martí optó por la abnegación, la voluntad inquebrantable, la constancia y la entrega, la vida en el exilio permanente, en la pobreza material del que renunció a ser un abogado de éxito, un escritor de fama bien pagada, un próspero y culto padre de familia. Optó por no sustituir en su casa la función del padre trabajador y no ser el sostén que la madre y las hermanas esperaban del hijo varón tan prometedor, y asumió el dolor de quedar separado de su pequeño hijo por una decisión que debió ser, sin duda, desgarradora.

El deber es una de las expresiones que más encontramos en sus escritos, en reflexiones, discursos, poemas, cartas; en consejos que brinda, en polémicas, en juicios acerca de otros y de sí mismo. Es el norte en su brújula más personal, como es la creación de la patria cubana el norte de toda su actuación pública. Y como se penetran una y otra esfera en su vida, y tienden a unificarse, así en su proyecto se articularán el deber individual y el del cuerpo social puesto en movimiento, y el deber de Cuba en América se manifestará. La política revolucionaria es el centro de la actuación pública de Martí, una política que no pretende venir a gobernar la vida de la gente, ni siquiera por estar segura de que tiene la misión de salvarla. Su labor es enseñar a los cubanos a servirse de la política para hacerse dueños de sus vidas y crear su país. La ética, entonces, no se conforma con proveer reglas para guiar la conducta de cada uno; se enlaza firmemente con la política revolucionaria y sirve como fiscalizador y juez de sus principios y sus acciones, como acicate de sus creaciones y su vigor. A la vez, la ética garantiza la eficiencia de esa política, aunque sin pretender despojarla de su especificidad.

Dura labor la de Martí, que portaba todas esas cualidades por las cuales le llamaron apóstol en vida, y que se dedicó a echar las bases del futuro. Para reunir los individuos en una escala capaz de modificar el resultado esperable después del Zanjón, que no pasaría de ser una modernización de la dominación, se vio en la necesidad de congeniar las virtudes y los méritos de sus paisanos con las confusiones, ambiciones, torpezas, los intereses mezquinos y el miedo a los cambios. Para darle continuidad a la revolución de Yara tuvo que preparar una revolución diferente a aquella; para unir a los viejos y a los jóvenes entre sí, y unos con otros en la revolución, se vio obligado a tejer con paciencia infinita una red de coordinaciones y de voluntades, y un partido político nuevo, y a ser el jefe de todos. Debió mover a los inertes y atajar a los imprudentes, darse a los humildes y atraer a todos los demás que pudiera, negar las razas y combatir la realidad del racismo, querer la igualdad de oportunidades y la república democrática para el bien de todos y pelear por la independencia nacional para conseguir la libertad y la justicia, juntas.

Se pueden encontrar las huellas de esa tarea ciclópea suya, tan llena de maravillas y angustias, de hiel y de alegrías, en los miles de páginas que escribió. Como clava a la idea de anexión en el angustiado poema “Al extranjero”, o el orgullo inflamado con que cuenta los episodios de la gesta del 68; la hondura tan convincente al exponer los materiales muy diferentes y hasta opuestos con que habrá que hacer la revolución y la república –por ejemplo, en su discurso del 10 de octubre de 1891--, y la terca convicción por sobre todo: “los locos, somos cuerdos”; la correspondencia incansable, seductora o conceptuosa, ese prodigio de ciencia política que es su artículo “El lenguaje reciente de ciertos autonomistas”, la felicidad de irse por fin a la revolución en sus escritos de 1895. Con la madre se toma algunas libertades, entre tanta actividad cívica. Un año antes de su muerte le escribe: “...sigo mi labor, más pura, madre mía, que un niño recién nacido, limpia como una estrella, sin una mancha de ambición, de intriga o de odio (…) Mi porvenir es como la luz del carbón blanco, que se quema él, para iluminar alrededor. Siento que jamás se acabarán mis luchas (…) Sólo los infelices que llegan pocas veces al poder y suelen llegar con demasiada ira, tendrán paces conmigo”.

Pudo gozar de un primer triunfo: desatar la guerra revolucionaria que iba a crear la nación y a los cubanos. Él conocía la trascendencia de aquel hecho. Al desembarcar en Oriente el 11 de abril, con Máximo Gómez, escribe en su cuaderno: “Dicha grande”. Viene a enfrentar tareas inmensas y difíciles: afirmar, organizar y extender la guerra; definir las líneas fundamentales del poder y la política de la revolución, y dejar constituida la República en Armas; ejercer la conducción política del proceso –aunque él duda que le sea posible, al menos por un tiempo--; y correr la suerte de los combatientes. En el campo de Oriente, Martí goza al conocer las personas, el paisaje y los nombres de las cosas de su tierra natal, los relatos, los hombres y los lugares de la Guerra Grande. Y goza al ver a tanta gente de Cuba que sólo había imaginado --con su mar de virtudes y defectos--, metidos en la revolución verdadera.

Sin descanso, Martí se sumerge entre los jefes y los soldados, hace política diaria y sostiene con Maceo y Gómez la entrevista de La Mejorana, pinta hechos y caracteres en su Diario, divulga la revolución hacia el exterior, firma una dura orden de guerra, vive la cotidianidad de la guerra irregular. Y todavía le da tiempo a admirar la belleza de una joven señora andaluza, y –allí donde tantos miles sólo verían amaneceres y acciones por librar-- es capaz de ver una estrella, y una paloma.

Conoce ahora también a la muerte palpable, no sólo al estado o el tránsito que han estado tan presentes en sus escritos y sentimientos. Dos Ríos pudo haber sido solamente su primer combate, un encuentro sin demasiada importancia. Hoy sabemos que iba hacia la muerte desde que llegó por Playitas, pero es únicamente por lo que sucedió. Por la patria, morir es gozar más. Martí multiplicó con su muerte el valor permanente de la obra de su vida, la promesa que la revolución le estaba haciendo a un pueblo nuevo y la trascendencia de su proyecto cubano y continental. Ellos siguen hoy con nosotros, y delante de nosotros, señalando un camino.

martes, 17 de julio de 2007

Fernando Pérez investiga en la adolescencia de Martí y aboga por la "diversidad de criterios"

Noticine.com
© Corresponsal-NOTICINE.com

Fernando PérezEl cineasta cubano Fernando Pérez, cuyo último trabajo "Madrigal" llegó hace pocos meses a las pantallas, se encuentra trabajando en la documentación de su próximo proyecto, un telefilm sobre la figura de José Martí para la serie iberoamericana "Libertadores". Según informa la web Cubacine, el autor de "La vida es silbar" y "Suite Habana" ha decidido no narrar los hechos históricos relacionados con la lucha por la independencia cubana, sino la infancia y adolescencia del héroe nacional, referencia constante en la vida cubana. Por otro lado, Pérez ha hecho unas declaraciones este lunes a Granma sobre la necesidad de "diversidad de criterios" y su oposición a las ideas "únicas" que "no favorecen ni contribuyen a enriquecer el pensamiento".

"Libertadores", como ya informó NOTICINE.com el pasado marzo, es un ambicioso proyecto de la productora española Wanda Films con la cadena estatal TVE para presentar a las nuevas generaciones a los líderes de los respectivos movimientos independentistas de la América Hispana, en una serie de telefilms. Entre otras figuras del cine de la región contactadas figuran el argentino Fernando "Pino" Solanas y el chileno Raúl Ruiz.

José Martí, conocido como "El apostol" entre otros epítetos laudatorios, será tratado por su compatriota Fernando Pérez, considerado el realizador y guionista contemporáneo más destacado en Cuba, donde este mismo año ha sido reconocido con el Premio Nacional de Cine. Gloria María Cossío, colaboradora en su producción más reciente, está ya investigando sobre la historia vital del periodista, poeta e ideólogo de la independencia de la mayor de las Antillas.

La última cinta de Pérez, "Madrigal", no ha sido precisamente la mejor recibida de su carrera. Desconcertó a algunos, aburrió a otros, fascinó a unos pocos... En cualquier caso, se trata de un film muy personal, que incluye muchas de las preocupaciones, obsesiones y metáforas del autor de "Madagascar". Siempre ha sido consciente el director cubano de esa dificultad, y así lo ha expresado en los medios. Lejos de rechazar las críticas, Pérez considera que cualquier polémica es sana. "Si en algo creo es en la diversidad de criterios, y el arte debe -y puede- provocar esa diversidad. Las unanimidades, las ideas únicas, no favorecen ni contribuyen a enriquecer el pensamiento. Todo lo contrario", declaraba este lunes al diario portavoz del Partido Comunista Cubano Granma.

"Una película que provoque polémicas, que no deje indiferente al público, que provoque incluso criterios divergentes entre sí, es una película que está viva y dinamiza", añadía el realizador de "Madrigal", que asume también las opiniones de los especialistas en los medios, aún siendo negativas: "Tomar una crítica como un ataque para mí sería negar los principios que uno se plantea como artista. No aceptar la crítica sería negarse uno mismo, porque el ejercicio del criterio propio es un derecho del creador y de sus críticos".

La carta: una expresión literaria de José Martí.

La Estrella online
Leoncio Obando Q.
periodistas@estrelladepanama.com

No fue José Martí más poeta que pensador, ni más humano que patriota. Sus escritos denotan la fluidez de su pensamiento lleno de ternura y rebeldía. Al cumplirse el pasado diecinueve de mayo un aniversario más de su muerte, se honró su memoria con la publicación de una de sus cartas inéditas a un amigo muy querido: Felipe Sánchez.

Este escrito aparecido en uno de los diarios de Estados Unidos que se editan en español, en realidad no estaba destinado a la publicación, dada la fraternal intimidad de la misma; sin embargo, su contenido sencillo y entusiasta no es muestra menor de su gran sensibilidad y nobleza, que a la postre, es una de las distinciones más honrosas que ha visto la luz pública.

El decidido defensor de las nuevas corrientes modernistas puso su poesía al servicio de la emancipación de su patria, de la real corona española, sus cartas al igual que sus crónicas desde New York y Buenos Aires, son páginas inolvidables que se suman a la ternura de su poemario inmortal Ismaelillo; canto amoroso dedicado a su pequeño hijo, y que es un testimonio de su pensamiento, especialmente cuando dice: "La poesía es la vaga, es más bello lo que de ella se espera que lo que es ella en sí".

La transcripción de esta carta a su amigo Felipe ha sido expuesta de manera literal, sin otro cambio que los que exige la ortografía moderna, veamos:

New York, 14 de septiembre de 1882

Sr. Felipe Sánchez Solís

Mi amigo muy querido:

"Hace meses recibí una afectuosa carta suya. No me tenga a mal que no se la haya respondido hasta ahora, que no ha sido falta de cariño, y vehemente agradecimiento, sino culpa de mis tristezas, que con las de mi patria se aumentan y me quitan a veces toda fuerza de la mente y de la mano."

"Me invita usted a volver a México, que es tanto como invitar al hijo ausente a que vuelva al solar propio, pues no sabe usted que quiero a México con tal vehemencia ternura que no parece sino que fuera mi verdadera patria?, allí mis mejores amigos; allí mentes clarísimas, corazones principales, deleitosos recuerdos, naturaleza arrogante y seductora, vida fantástica y mágica. Allí usted, cuya memoria me regocija cuyo ejemplo me da fuerzas y cuya amistad me enorgullece.

"Por tantas partes he ido hablando de usted. Usted habla, para mí, lengua de siglos.
No sé si será usted ahora senador, pero pienso en usted siempre como si lo fuere, y no de estos ruines senadores de hoy, sirvo de aquellos sencillos y majestuosos de Tlaxcala. ¿Qué ha sido de su casa? ¿O qué de sus cuadros? ¿Qué de la benévola Lusanita, de su arrogante hija mayor, de aquella pequeñuela de ojos resueltos y vivaces, y de sus dos excelentes hijos? La suya es esa patriarcal, y yo no he de dejar que otro hable de ella, sino que tomo empeño -para ganar honra con tributarla a quien la merecen narrarlas bondades, merecimientos y faenas del muy noble caballo indio, del discreto y venerable Felipe Chicencaulta. Ve usted, que nada olvido.

"Muy de prisa estoy ahora, por exceso de trabajo, pero aún me queda tiempo para decirle que no tengo conmigo, ni la enviaría aunque la tuviese, aquella biografía sucinta que le escribió Villaseñor, sino que en cartas que irán detrás de ésta, y en las que hagamos escribir al leal Gerardo, trataremos del modo de que yo reponga, con datos que de allá me manden, y juicio que yo saque de mí, biografía de quien con tanto exceso la tiene merecida. Escribirla será para mí verdadero regalo”.

lunes, 25 de junio de 2007

Martí en Francia.

Cubarte
Por: Mercedes Santos Moray

(CUBARTE) Hace más de cuatro décadas que, desde la Universidad de Burdeos, se potenciaron los estudios sobre José Martí. Así varios hispanistas galos comenzaron a desandar el silencio, y fueron adentrándose en la obra y en la vida de nuestro Apóstol, realizándose también encuentros con especialistas cubanos, coloquios e intercambios de publicaciones.

Entre esas relevantes personalidades se debe mencionar, ante todo, dentro de los ámbitos académicos, al desaparecido profesor Nöel Salomón, imantado por métodos de lo que se considera, también, la literatura comparada, instrumentos exegético que le permitieron a él adentrarse en el vasto universo de la papelería martiana.

En verdad hay una triada de destacados intelectuales franceses, integrada por Nôel Salomón, y los más jóvenes Paul Estrade y Jean Lamore quienes no sólo han dedicado varios lustros de trabajo científico al Maestro, sino que han contribuido asimismo al enriquecimiento de los perfiles históricos, literarios y culturales en los que se desarrolló el pensamiento y la vida de Martí.

Del Profesor Emérito de la Universidad de Burdeos, Jean Lamore, acaba de aparecer la primera biografía sobre el Apóstol, que ya se encuentra circulando entre los lectores galos, a los que se dirige en primera instancia y que, posteriormente, tendrá también su edición en español.

El estudio biográfico, de unas 300 páginas, fue publicado por la editorial Ellipsis, y cuenta además como valor añadido con numerosas ilustraciones y también otros documentos, así como una cronología, resultado del análisis y la reflexión sobre las relaciones entre José Martí y su época.

En diciembre del 2007 aparecerá la edición en castellano que será asumida por el estado Michoacán, en México, cuyos centros universitarios desarrollan un profuso trabajo sobre la historia, y que tienen profundos vínculos con los historiadores en la Isla.

Recuerdo aquellas valoraciones de Nöel Salomón, en pos de una definición ideopolítica de Martí, y también rememoro aquellos encuentros sostenidos en Francia, entre martianos de ambos países, así como los intercambios culturales y otros espacios dedicados también la obra y la vida de grandes figuras de las letras de América Latina, como el propio Martí y el nicaragüense Rubén Darío, celebrados en Burdeos.

Como esta otras contribuciones galas al estudio del ideario martiano, realizadas por Paul Estrade, pienso en su acercamiento al papel de la mujer en los clubes del Partido Revolucionario Cubano, en relación con aquellos clubes nacidos al calor de la Revolución Francesa de 1789, así como en las investigaciones de Jean Lamore, sobre todo aquellas relacionadas con el estadio mexicano y guatemalteco martianos, quien con la escritura y publicación de su biografía, amplía también la caja de resonancia de José Martí, como su divulgación y estudio, en el contexto de la vieja Europa y de los medios académicos de Occidente.

Fuente: CUBARTE

lunes, 18 de junio de 2007

Doña Leonor Pérez Cabrera: Una mujer extraordinaria.

CubAhora
MARLENE VÁZQUEZ PÉREZ

Leonor Pérez CabreraLas buenas cualidades de los padres casi siempre se acendran al pasar a los hijos. A esa verdad, tantas veces oída, volvemos inevitablemente al repasar la biografía de Doña Leonor Pérez Cabrera, madre de José Martí.

Como la mayoría de las dedicadas al hogar y al cuidado de la familia, ella puede parecer a simple vista una mujer común, apagada en la gris atmósfera doméstica. No obstante, poseía una talla humana extraordinaria, como lo confirma su entereza para soportar las numerosas pruebas y limitaciones que debió enfrentar durante su larga vida.

En estos días, en los cuales conmemoramos el centenario de su muerte, ocurrida en La Habana el 19 de junio de 1907, vale recordarla como homenaje a su memoria.

Nació en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, el 17 de diciembre de 1828, y su nombre completo era Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera.

Uno de los primeros obstáculos que venció fue el de aprender a leer, pues lo hizo en contra de la voluntad de sus padres, que se lo prohibían por su condición de mujer. Siendo aún una adolescente se instaló en La Habana en compañía de su familia, que poco después de la llegada, y gracias a un premio de lotería, compró una amplia casa en la calle Neptuno.

El 7 de febrero de 1852 contrajo matrimonio con Mariano Martí y Navarro, militar español nacido en Valencia y radicado en Cuba en virtud de sus funciones. De esa unión nacieron ocho hijos: José Julián, Leonor Petrona, Mariana Matilde (Ana), María del Carmen (La Valenciana), María del Pilar, Rita Amelia, Antonia Bruna y Dolores Eustaquia.

Entre 1857 y 1859 permaneció en Valencia, España, en compañía de su esposo e hijos. Luego regresaron a La Habana, donde residieron hasta 1874, año en que se trasladaron hacia México, donde se les reunió José, deportado a España en 1871.

Doña Leonor volvería a La Habana en 1877, en unión del resto de la familia, pero el hijo amado quedaría en México y se verían en el futuro solo de forma intermitente, por períodos de convivencia más o menos breves.

Pasó por el dolor de sobrevivir a seis de sus hijos y a su esposo, de ver a su primogénito en presidio, con el cuerpo y el alma lacerados por el horror que padeció y contempló en las Canteras de San Lázaro.

Después lo vio partir al destierro, y más tarde lo supo inmerso en la preparación de la Guerra de Independencia, lo que debe haber significado para ella infinita zozobra, amargamente coronada por su muerte en combate.

Las cartas que intercambiaron madre e hijo en los años de separación son de una ternura honda, que no excluye, por parte de ella, la reconvención cuando la considera oportuna, y de él el respeto profundo hacia la que le dio el ser. En ellas Doña Leonor escribió con corrección y sentimiento, y mostró una sensibilidad y delicadeza poco comunes. Como madre de familia, ya mayor, marcada por decepciones y sufrimientos, siempre prima en sus cartas el sentido práctico y el llamado a la conquista de medios de vida seguros para los suyos.

Es frecuente el reproche al hijo que demora en escribirle, inmerso en sus múltiples tareas a favor de Nuestra América. Ella le reitera, como ha venido haciéndolo desde la niñez, que "(...) el que se mete a redentor sale crucificado, y que los peores enemigos son los de su misma raza".

Más adelante, en la misma misiva, dirá: "Qué sacrificio tan inútil, hijo de mi vida, el que estás haciendo de tu tranquilidad y de la de todos los que te quieren, no hay un solo ser que te lo sepa agradecer, el que más achaca tu sacrificio al ansia de brillar, otros, a la propia conveniencia, y nadie en su verdadero valor".

Como prolongación de ese diálogo entre ambos, dirá el hijo: "Vd. Se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y, ¿por qué nací de Vd. con una vida que ama el sacrificio?" En estas líneas, contenidas en su última carta, redactada el 25 de marzo de 1895, se sintetiza y completa aquel temprano apunte, escrito a los 16 años, al dorso de la conocida foto en presidio:

"Mírame, madre, y por tu amor no llores:

si esclavo de mi edad y mis doctrinas

tu mártir corazón llené de espinas,

piensa que nacen entre espinas, flores".
Ellas también explican, por sí solas, el origen humano y ético de José Martí.

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Fuente: EXCLUSIVO, 18/06/07

viernes, 15 de junio de 2007

REALIZAN CONFERENCIA EN CONMEMORACIÓN DE LLEGADA DE MARTÍ A GUATEMALA.

Publicado: 14/06/2007 - 17:04

Tele Diario

En Guatemala se realizó la Quinta Conferencia Científica en conmemoración de los 130 años de la llegada al país del escritor cubano José Martí. Durante la actividad expertos cubanos hablaron sobre los legados del escritor en el proceso de integración de la región.

En esta ocasión según la cubana Mayra Beatriz Martínez, del Centro de Estudios Martianos de la Habana Cuba, se amplió sobre la estancia de Martí en otros países del área.

En este caso, en la Quinta Conferencia, han llegado académicos de Panamá, México, Barbados y otros países más, por lo que se espera que en la próxima la convocatoria crezca.

Al destacar la llegada de Martí al país, Martínez, subrayó que el poeta llegó a Guatemala buscando un lugar para establecerse y trabajar. Y tereminó siendo un sitio donde el terminó desarrollando su vocación de servicios latinoamericanista, amplió su proyecto mansipatorio, político y cultural.

Martí, dejó textos maravillosos como el diario de Izabal a Zacapa, que es el diario que habla de su viaje en mula de una a otra población. En esta ocasión Martí entra de Izabal a Zacapa donde narra toda su trayectoria.

martes, 12 de junio de 2007

Publican en París primera biografía francesa de José Martí.

Santiago de Cuba, 11 jun (PL) La primera biografía francesa de José Martí circula hoy en librerías de esa nación europea, confirmó hoy aquí su autor, Jean Lamore, profesor emérito de la Universidad de Burdeos.

En unas 300 páginas de textos, ilustraciones y documentos se abordan la vida y obra revolucionaria de Martí, con capítulos dedicados al acontecer cronológico y al análisis de sus concepciones sobre asuntos medulares de la realidad que le tocó vivir.

En declaraciones a Prensa Latina, Lamore anunció la salida de una versión en español, para diciembre próximo, a cargo de autoridades del estado mexicano de Michoacán.

Adelantó también la expectativa que podrían derivarse de los empeños editoriales de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y el Centro de Estudios Martianos.

Esta nueva publicación, por la editorial Ellipses, se suma a más de una decena realizada por el estudioso galo, tanto de forma individual como colectiva, acerca de la historia y la cultura cubanas.

apr mc

domingo, 10 de junio de 2007

Homenaje a Leonor Pérez en el centenario de su muerte.

Homenaje a Leonor Pérez en el centenario de su muerte

Por Teresa de Jesús Torres Espinosa

Doña Leonor Pérez
Doña Leonor Pérez

Rebelde, amorosa, con criterios propios y al mismo tiempo cándida. Así era doña Leonor, la madre de José Martí, nacida en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, el 17 de diciembre de 1828, y bautizada con el nombre de Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera. El próximo 19 de junio se conmemora el centenario del fallecimiento de esta mujer tenaz (La Habana, 19-6-1907), capaz de enfrentar vicisitudes y carencias.

En recordación a la efeméride, el Museo Casa Natal de José Martí ha organizado múltiples homenajes que comenzaron desde el mes de mayo con el ciclo de conferencias Leonor Pérez, trayectoria de vida, a cargo de la especialista Olivia Cano, de la Asociación Canaria de Cuba. El homenaje a la progenitora del Héroe Nacional ha abarcado además el coloquio Martí y los jóvenes, en coordinación con la Asociación de Pedagogos de Cuba, y el taller Iconografía de José Martí en la cultura del coleccionismo, con los temas Leonor y Mariano, los padres de José Martí, y José Martí y su relación familiar, por el Lic. Ramón Guerra Díaz.

En la sede de esa institución patrimonial –ubicada en la antigua calle Paula (hoy Leonor Pérez)–, este 8 de junio se presentará el documental Madre del alma, dirigido por Natasha Vázquez y Lídice Pérez, con la investigación y asesoría histórica de Olivia A. Cano Castro, la dirección de fotografía de Rigoberto Senarega, la edición de Fermín Domínguez, la música de Alex Padín, la banda sonora de Jorge Fernández, y las actuaciones de Ida Gutiérrez y Patricio Wood. Producido por el Grupo Creativo de la TV Cubana y la Consejería de Educación, Cultura y Deportes, y la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias, el cortometraje recibió el premio al mejor guión y el lauro que concedió la Biblioteca Nacional en la última edición del Premio Caracol.

Los homenajes a Leonor Pérez incluirán también la colocación de una ofrenda floral ante su mascarilla en el cuarto natal, por los niños del aula museo y trabajadores de la Casa de José Martí, el 19 de junio a las nueve de la mañana, y las tertulias martianas, que conducirá Ramón Guerra Díaz, una en la propia instalación y la otra con los abuelos del Centro Geriátrico Santiago Ramón y Cajal, los días 22 y 29 de junio, respectivamente, siempre a las diez de la mañana.

Publicada: 08/06/2007
Dirección de Patrimonio Cultural

La página en blanco de la biografía de Martí: La Masonería.

Por: Eduardo Vázquez Pérez

Esa noche Samuel no pudo dormir. Cuando conocí la noticia pensé en las páginas que ya nadie volvería a leer, y en las toneladas de papel que podrían regresar a su estado virginal: había encontrado pruebas documentales de la filiación masónica de José Martí. Como en las más espectaculares novelas policíacas, esos papeles no aparecieron en España —donde fue iniciado en la masonería—, ni en México —donde sostuvo una polémica pública sobre un tema masónico—, ni en Estados Unidos —donde residió largos años—, sino en la ciudad de Cienfuegos, donde nunca estuvo.

Samuel Sánchez Gálvez es profesor de Historia en la Universidad de Cienfuegos y trabaja sobre su tesis de doctorado en Ciencias Históricas con el tema de “El pensamiento masónico en Cienfuegos entre los años 1878 y 1902” . Por ese motivo, hace más de cinco años vive sumergido entre libros de actas, papeles y legajos que se conservan en la logia Fernandina de Jagua, fundada en esta ciudad en 1878, cuyo archivo constituye un valioso receptáculo de la historia, no sólo de la masonería, sino también de la localidad.

A estas alturas usted se estará preguntando qué hacían unos documentos masónicos de José Martí en Cienfuegos. Nuestro propósito en este punto se limita a ofrecer la información mínima, según se la hemos escuchado a Sánchez Gálvez en comparecencias públicas. Después les propongo reflexionar sobre otros aspectos de la relación de Martí con la masonería, que forman parte de nuestros intereses investigativos.

Entre las decenas de humedecidos legajos, centenarios, cubiertos de polvo y desbordantes de bacterias nocivas a la salud, hacía más de un siglo reposaba el expediente masónico de Amelio de Luis y Vela de los Reyes. El nombre llamó la atención del investigador, pues coincidía con aquel que Fermín Valdés Domínguez citó en un célebre artículo, “Ofrenda de hermano”, de 1908, donde decía que él y Martí, “en Madrid y en días de tregua en el estudio”, visitaban la logia Armonía, que sostenía un colegio para niños pobres; en el cual, su director y maestro era el español, deportado por infidencia, Don Amelio de Luis y Vela de los Reyes. En una labor entre la arqueología y la taxidermia, Samuel Sánchez descosió el legajo, y fue entonces que en el diploma de maestro masón de Vela de los Reyes descubrió la conocida firma de José Martí. Pero para sorpresa de los analistas del tema, no remitía a la logia Armonía, a la cual se consideraba que había pertenecido Martí, sino a Caballeros Cruzados No. 62 perteneciente al Gran Oriente Lusitano Unido (GOLU)

¿Por qué se encontraba allí ese documento?

Cuando por alguna razón un masón solicita la baja de una logia, esta tiene la obligación de entregarle un certificado donde consta su carácter de miembro de la institución, fecha de ingreso y grado que ha alcanzado. Ese documento lo avala para solicitar su ingreso en otra logia de cualquier parte del mundo. Cuando por alguna razón el masón no cuenta con ese certificado, presenta su diploma del más alto grado que posee. Después de concluida la Guerra de los Diez Años (1868–78), Vela de los Reyes regresó a Cuba y se estableció en Cienfuegos, donde murió. Para continuar su vida masónica solicitó la afiliación en Fernandina de Jagua, y para eso presentó su diploma de maestro masón. El documento tiene fecha del 4 de julio de 1871 y en él aparece la firma de José Martí como secretario, cargo de alta responsabilidad en una logia.

¿Una logia portuguesa en España?

Como sugiere su nombre, el Gran Oriente Lusitano Unido (GOLU) era un cuerpo masónico con sede en Portugal, pero que llegó a fundar más de ochenta talleres en España. Según nuestras indagaciones, varios de los amigos cubanos de Martí de esos años formaron parte de los talleres que el GOLU tenía en Madrid a los inicios de los 70, particularmente Armonía No. 52, Libertad No. 40 y Caballeros Cruzados No. 62. La organización y reconocimiento internacional del cuerpo portugués, los aires democráticos, y no ser un cuerpo español, deben haber influido en la decisión de aquellos cubanos, deportados o emigrantes políticos. En mayo de 1871 otra logia del GOLU — La Discusión — convocó al resto de sus hermanas a que discutieran en su seno la “cuestión de abolir inmediata y simultáneamente la esclavitud en las islas de Cuba y Puerto Rico”.

En 1871 los funcionarios portugueses del GOLU tomaron acuerdos discriminatorios para los españoles. Esto, unido a la convulsión política que vivía el país en medio del movimiento liberal, provocó que en los siguientes dos años dieciséis logias del GOLU abandonaron este Oriente y se unieron en su mayoría al Gran Oriente de España (GODE), alineado políticamente con el liberal radical Manuel de Ruiz Zorrilla, a quien apresuradamente iniciaron y convirtieron en Gran Maestro. Ruiz Zorrilla había proclamado su intención de buscar una solución al problema de Cuba, abolir la esclavitud y suprimir el servicio militar de carácter discriminatorio para los pobres —las quintas—, entre otras medidas de carácter progresista. Ello podría explicar por qué ese grupo de jóvenes cubanos se movió entre logias del GOLU y el GODE. Todos los liberales no eran masones, pero era difícil que un masón no simpatizara con el liberalismo.

Siempre se consideró que José Martí había sido miembro de la logia Armonía, que tuvo el número 52 en el GOLU, y que luego reaparece con el 36 como parte del GODE. Fermín Valdés Domínguez lo afirmó en el mencionado artículo de 1908, donde dice que “Martí era el orador” y resalta que en aquella logia: “nos dábamos cita todos los cubanos jóvenes que estábamos en Madrid”. El descubrimiento de Sánchez Gálvez sitúa a Martí en el primer semestre de 1871 en Caballeros Cruzados N. 62, y también encontró otros papeles con la firma de Martí y fecha de mayo, cuando aún faltaba más de un año para el arribo de Fermín a la Península. Aún no puede negarse que en algún momento Martí haya integrado el cuadro de Armonía. Fermín sí perteneció a esa logia, según consta en su diploma del grado 18 expedido en septiembre de 1872. A ella también pertenecieron algunos de sus amigos comunes.

El hallazgo de esa comunicación con fecha de mayo de 1871 representa otro aporte a la biografía martiana, al revelar que la utilización del seudónimo de Anáhuac por parte de Martí no surgió cuando conspiraba en Cuba en 1879 —como se sostenía hasta el momento— sino que fue el nombre simbólico que seleccionó cuando fue iniciado en la masonería. Debido a las persecuciones y prejuicios, fue costumbre de la masonería en algunos países que al ser iniciado el nuevo hermano determinara el nombre con el cual quería que ser identificado. Para los historiadores este hábito ofrece interesante material para el estudio de las mentalidades. Por ejemplo, otro de sus amigos, Pedro Márquez Rivas, tomó el de Hatuey 2 y Fermín el de Abdallah, nombre del protagonista del drama del mismo nombre que Martí escribió a los 16 años. Este hallazgo reafirma la temprana vocación americanista del joven José Julián, que se autobautiza con un nombre de la cultura prehispánica antes de haber pisado tierra continental.

La página en blanco

Entre los tantos temas a los que incita Martí, el papel que pudo desempeñar la masonería en sus años de formación no ha sido privilegiado por los historiadores. Ha quedado testificado que, apenas llega al Madrid de 1871, fue iniciado en la masonería y elegido como secretario, cargo de alta responsabilidad. En México (1875-76) se conoce de sus relaciones masónicas y sostiene una polémica pública, donde demuestra un sentido enaltecedor por la orden. Esto comprende como mínimo un período de cinco años, desde que tenía 18 hasta los 23. Pero en la madurez, mientras organizaba su proyecto liberador, continuó considerando a la masonería como un taller donde se cultivan virtudes necesarias para el goce de la libertad. ¿Cómo es posible entonces que no se haya explorado con responsabilidad académica este componente de su experiencia?

El joven Martí vivió rodeado de masones en España y en México. El diario El Jurado Federal, al cual se vincula Martí desde el segundo semestre de 1871, era un recinto de liberales y masones. Todavía en 1894 recordaba de su director: “la pobreza grande de Francisco Díaz Quintero, que por no dejar morir El Jurado Federal, donde defendía el derecho de Cuba a la libertad y la clemencia, empeñaba las cucharas, las sábanas, el pequeño tesoro de su noble Pepa y del único hijo”. Partidario en política de Manuel Ruiz Zorrilla, no fue Díaz Quintero “un masón de butaca”, sino hombre que llegó a presidir en 1874 la Cámara de Justicia del Gran Oriente de España.

Algo semejante ocurre con su primera estancia mexicana (1875-76). La Revista Universal, a la cual se vincula Martí, era también una plaza de masones que apoyaban al presidente liberal Lerdo de Tejada. Es oportuno señalar que los mencionados artículos de Martí, en cierta medida, eran continuación de la posición de defensa de publicación respecto a la orden masónica. El 10 de marzo de 1875, en un pequeño suelto, la revista argumentó que el fin de la institución era “trabajar en bien de la humanidad y para el progreso de los pueblos”.

Entre sus afinidades en México contó al cubano Nicolás Domínguez Cowan, prestigiosa figura de la masonería en la Isla y fundador del primer periódico masónico cubano. Este había tenido que emigrar, luego de encabezar un sonado hecho ético y patriótico que llevó a la cárcel a más de sesenta masones. Durante dos años presidió la logia de la que fue miembro el hombre que más influyó en la formación moral, patriótica y literaria del adolescente José Julián Martí y Pérez. Por eso decimos que las tempranas motivaciones de Martí por la institución de la escuadra y el compás no hay que buscarlas en Madrid, sino en La Habana.

El colegio San Pablo fundado y dirigido por Rafael María de Mendive, a quien se le considera el padre espiritual de Martí, contó dentro de su claustro de profesores, amigos y asistentes a sus tertulias, con numerosos masones y liberales. El mismo Mendive era miembro de la emblemática logia San Andrés No. 9. En otro momento podremos extendernos sobre las repercusiones íntimas que debió provocar este círculo de influencias. Sirva de adelanto conocer que seis de sus miembros han dado nombre a logias y capítulos masónicos en Cuba.

Juicio de Martí sobre la masonería

No son mucho los textos en los que, de manera directa, José Martí se refirió a la masonería; sin embargo, en todos sostiene el mismo criterio. En 1876, en México, cuando sólo tenía 23 años, y cinco de haber sido iniciado, definió así los fines de la masonería: “Obrar irreprochablemente, perfeccionar el ejercicio de la libertad, preparar a los ciudadanos a la vida pública, ayudar al logro de toda noble idea, estos son, sin nada incógnito, sin nada oculto, los misterios de la orden masónica” (1) . En 1892, cuando tenía 39 años y ya estaba inmerso en la preparación de la guerra necesaria y la fundación del Partido Revolucionario Cubano, escribió en Patria: “En silencio y donde los pedantes no los ven practican los cubanos, en roce y creación, todas las virtudes necesarias para el goce de la libertad (…) en codeo mutuo y constante, limándose la vanidad o ayudándose de ella para la virtud, han de vivir los hijos de un pueblo que quiere ser dichoso. En las Sociedades de Socorro, en las de los Caballeros de la Luz , en las Sociedades masónicas cultivan cubanos y portorriqueños las virtudes republicanas.” (2)

Para explorar por donde iban sus reflexiones en esos días es interesante releer la nota que publica en ese mismo número de Patria —3 de abril de 1892— en la que subraya la idea anterior de cuánto él considera que puede contribuir la masonería en la educación para vivir en libertad. Se refiere al entierro del tabaquero Ramón Valle y resalta que fue en enterrado “con los ritos de la hermandad masónica en que vivió él como la patria misma, por ser la patria imposible sin el trato libre, de los que han de vivir en ella como hermanos…” (3) [El subrayado es nuestro]

Su desafió mayor era crear “sobre los restos de una mala colonia una buena república”, transformar a los súbditos de una colonia en ciudadanos de una república moderna. Martí vio en la masonería y en otras sociedades semejantes, instrumentos de educación republicana, práctica necesaria para el futuro de la Isla. “Ser ciudadano es cosa difícil —escribió—, y es preciso ensayarse en ella desde la niñez. Ni la teoría de los héroes vale en el Mundo lo que la de la asociación.” (4)

Masonería y República

Todo el que conoce de algún modo la masonería descubre que el funcionamiento interno de una Gran Logia es semejante al de una república, incluyendo la división de los tres poderes clásicos y la utilización del sufragio universal para sus decisiones. Se plantea como un proyecto de convivencia y entendimiento que se sobreponga a cualquier credo o filosofía. La tolerancia como sostén de su democracia, y esa tolerancia en materia religiosa, conducen a que dentro de la institución se funcione como un estado laico. Los métodos democráticos educan para vivir en un estado de derecho. La conducta ética que debe exigirse a sus miembros completaba lo que Martí calificó de “nueva religión de amor activo entre los hombres”, y que me sorprende que no sea citada como referencia a la masonería, a pesar que Martí la describió como “el sábado en la logia, el domingo en su presidencia o en su tesorería, la noche entre el periódico y el libro”.(5) [El subrayado es nuestro]

Hijos del muérdago inmortal

En horas de angustia, en julio de 1894, mientras avanzaba hacia la convocatoria de la guerra que pretendía sin odio, Martí le escribió a su amigo y hermano Fermín Valdés Domínguez: “Hay que hacer, en Cuba, sobre todo, una especie de sociedad secreta de hombres libres” (6) . ¿Pensaba el Apóstol en las logias del Gran Oriente de Cuba y Las Antillas, que fueron calificadas de revolucionarias y a las que pertenecieron la mayoría de los líderes de la revolución de 1868? Esta idea parece reafirmarse tres meses después cuando recuerda en Patria —2 de octubre de 1894— la reciente muerte de un patriota de la primera revolución con estas palabras: “Creyó en aquella primera masonería de Cuba, en hijos de muérdago inmortal, jurados a extinguir la servidumbre ajena o propia de la faz de al tierra y de las entrañas de la tierra que importa poco que las cosas se quiten de la faz si siguen en las entrañas.” (7) [El subrayado es nuestro]

No estudiar esa experiencia de su período de formación, ni indagar en el saldo que pudo dejar en la construcción de su ideario, más que dejar la página en blanco es arrancarla. El estudio de los puntos de contacto entre el pensamiento martiano y los presupuestos masónicos es mucho más rico de lo que pudiera pensarse, y recuerdo ahora las palabras que Shakespeare puso en boca de Hamlet: “¡Hay algo más en el cielo y la tierra, Horacio, de lo que ha soñado tu filosofía!”.

Notas

1- José Martí: Obras Completas, Editorial Nacional de Cuba, La Habana , 1963-1973, t. 28, p. 49. En lo sucesivo se citará como OC.
2- OC t. 5, p. 347.
3- OC t. 4, p. 382.
4- OC t. 12, p. 305.
5- OC t. 2, p. 279.
6- OC t. 3, p. 224.
7- OC t. 5, p. 362.

Fuente: Caimán Barbudo

jueves, 7 de junio de 2007

José Martí, entre Carmen y María.

Arique. Revista de Poesía
por Reinaldo Cedeño Pineda

Exploraciones sobre la hermosa relación entre el héroe nacional cubano, José Martí (1853-1895) y la niña María Mantilla/ Dos amores en las antípodas: Carmen Zayas Bazán y Carmen Miyares/ Las cartas de la ¿polémica?/ Declaraciones de las nietas de María Mantilla en el siglo XXI.

El 9 de abril de 1895, José Martí tiene un pie en suelo haitiano y otro a bordo del carguero alemán Nordstrand, presto a zarpar hacia costas cubanas. Las primeras palabras del Diario que la posteridad conocerá como “De Cabo Haitiano a Dos Ríos”, son notas de apremio, apenas una línea, como quien marca un destino.

Sin embargo, ese propio día, escribe a María Mantilla una de las cartas más tiernas que he leído jamás, y más aleccionadoras. Con toda justeza ha sido considerada como su “Testamento íntimo”. Habla un padrazo:

Y mi hijita ¿qué hace allá en el Norte, tan lejos? ¿Piensa en la verdad del mundo (…) -en saber, para poder querer- (…) ¿se sienta amorosa junto a su madre triste? ¿se prepara a la vida, al trabajo virtuoso e independiente de la vida?

(…) Yo amo a mi hijita. Quien no la ame así no la ama: Amor es delicadeza, esperanza fina, merecimiento y respeto. ¿En qué piensa mi hijita? ¿Piensa en mí?

Para leer todo al artículo hacer clic [aquí]

miércoles, 6 de junio de 2007

Justicia social en las crónicas de José Martí.

Por Yoel Cordoví Núñez, Investigador del Instituto de Historia de Cuba
Servicio Especial de la AIN

Mientras en el periódico La América, José Martí discurría sobre los efectos nocivos del sistema proteccionista en todos los órdenes de la sociedad norteamericana, en sus crónicas publicadas en La Nación, entre 1883 y 1884, profundizaba en ese mundo de contrastes, marcado por "las convulsiones aceleradas de la vida moderna".

Martí vive en una gran ciudad de Estados Unidos, con su desmesurado crecimiento poblacional y urbanístico. La vida en Nueva York, a su juicio, era "una locomotora de penacho humeante y entrañas encendidas".

No podía escapar a su mirada la "hermosa luz eléctrica" que iluminaba el puente de Brooklyn, las avenidas extendidas por la ciudad, con asombrosos edificios, las oficinas y bancos y las Bolsas "que dan miedo", la locomotora "que va y viene como ardilla de hierro" y "su campana sonora".

Tampoco olvidaba a las "lindas damas, que en suntuosas comidas se despiden de las alegrías embriagadoras del invierno", y de otras que "frenéticas, remontan sus joyas, por que parezcan nuevas y den celos".

En ese modelo de gran urbe, le desagrada el "ansia de goces" y el "amor desenfrenado y desequilibrado de lucro"

En todo momento advierte el egoísmo que reina y "el amor excesivo al ornamento", mientras que en los barrios pobres la situación "es de echarse a llorar", repletos de gente miserable: "los maridos ebrios querellan con sus mujeres desesperadas, que intentan en vano hacer callar a sus hijuelos, comidos por el cólera infantum."

El joven periodista toma partido junto a los neoyorquinos pobres, en buena medida inmigrantes. Rechaza airado las injusticias y las deformaciones morales que imponía la vida moderna.

No es que se oponga a la ciudad, tantas veces contrastada con el medio rural, o la pequeña ciudad, sino a los problemas sociales existentes en los grandes conglomerados poblacionales.

Entre 1883 y 1884, sus crónicas para La Nación acercan al lector a los grandes conflictos obreros que tenían lugar en Estados Unidos: "Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres."

De ahí sus palabras tras el fallecimiento de Carlos Marx: "no fue solo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres."

A pesar de las lógicas diferencias de concepciones entre ambos pensadores revolucionarios, la identificación de Martí con la personalidad del líder del proletariado mundial quedaba reflejada cuando expresó: "El veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha".

Pero Martí no solo se identifica con los obreros y sus luchas, sino también con todos los sectores marginados en Estados Unidos, particularmente los indios, despojados de sus tierras: "¿Por qué les quitan sus valles donde nacieron, y nacieron sus hijos y sus padres (.) y a sus esposas, y a sus hijuelos, los clavan a los árboles y los ametrallan si resisten?

Su simpatía hacia esos pueblos y sus ansias de justicia lo conducen a denunciar tales atropellos. Señala el desbordante espíritu metalizado de ciertos sectores de la sociedad estadounidense, pero también "la soberbia conciencia de su fuerza y el desdén por las demás razas que hoy caracteriza al pueblo norteamericano".