Rosa María Fernández
12 de agosto de 2026
Durante la travesía en alta mar, el joven Martí cumplió los 18 años. Iba rumbo a España el criollo rebelde que le nació a un español.
Hijo de padres españoles. Su madre, Leonor Pérez Cabrera de Islas Canarias; Mariano Martí Navarro, su padre, natural de Valencia y en La Habana un Sargento Primero del Real Cuerpo de Artillería, entre otros oficios, celador de Policía.
Dentro de la humildad de su hogar, latían valores humanos contra el abuso impune de la administración colonial, por lo que pudieran ser muchas las causas, algunas ideológicas y hasta espirituales, las que generaban un nuevo modo de ser en la naturaleza hispánica de los hijos de los españoles. Al menos así fue para el joven Martí, quien vivió en un permanente examen de conciencia. Era, dijo alguna vez: «la misma levadura rebelde, y en cierto modo democrática, del español segundón y desheredado…».
“De aquí a dos horas en barco desterrado para España. Mucho he sufrido, pero tengo la convicción de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzas para tanto y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente hombre, sólo a Ud. lo debo y de Ud. es cuanto bueno y cariñoso tengo”. Escribió previo a su partida de la isla un 15 enero de 1871, en una emotiva carta a su profesor y mentor espiritual Rafael María de Mendive.
Salió de Cuba en calidad de deportado a bordo del vapor Guipúzcoa y arribó a las costas de Santander, Cantabria, el 1 de Febrero de 1871.

























