Por Cubadebate
13 de octubre de 2026
El Museo Finca El Abra celebra este 28 de enero el 80 aniversario de su fundación, inaugurado en 1944, al cumplirse el 91 aniversario del natalicio de José Martí. Este sitio sagrado de la historia pinera y cubana, fue la primera institución museística creada en la Isla, con la peculiaridad de ser custodiada por los descendientes directos de la familia Sardá Valdés, que aún residen en el lugar.
Dentro de su intensa labor como historiador, abogado y periodista, el doctor Emilio Roig de Leuchsenring fue un enérgico defensor del estudio y el rescate de los sitios relacionados con la vida de José Martí para rendirle el tributo permanente de los cubanos. Uno de esos lugares es la Finca El Abra, en la histórica Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud. Luego de recorrerla entre el 12 y el 15 de noviembre de 1943, el Historiador de la Ciudad de La Habana se comprometió personalmente con las labores ya iniciadas para rescatar ese inmueble y convertirlo en museo. Entonces, dentro del «vía crucis martiano», califica El Abra como «dulce remanso»[1], adonde llegó el joven luego de cumplir parte de la condena por el delito de infidencia en las canteras de San Lázaro, en la sección conocida como La Criolla. Antes había estado recluido en la Cárcel Nacional y el Presidio Departamental de La Habana.[2]
¿Cómo llegó Martí a Isla de Pinos? Al ver que su hijo se encontraba en un delicado estado de salud, con los ojos dañados por la cal y el sol, además de las heridas supurantes de los grilletes, sus progenitores doña Leonor y don Mariano no cesaron de clamar por ayuda hasta conseguir que fuera indultado. El padre apeló a sus relaciones de trabajo como celador de policía para el reconocimiento de buques en el puerto de Batabanó, principal enclave marítimo que enlaza a La Habana con Nueva Gerona, capital de Isla de Pinos. De algún modo logró sensibilizar al contratista catalán José María Sardá y Gironella, quien residía junto a su familia a unos tres kilómetros de esa ciudad pinera en la Finca El Abra, una extensión de doce caballerías de tierra, adquiridas el 26 de octubre de 1868 por valor de veinticuatro mil escudos de plata[3]. Dentro de estos terrenos existían instalaciones para la producción de los materiales de construcción que Sardá empleaba en sus obras habaneras, los que fueron transportados por aquel puerto, donde trabajó don Mariano y, tal vez, de allí se conocían.
Maestro de obras, coronel de Voluntarios y arrendatario de la cantera La Criolla, Sardá era una persona influyente en las esferas gubernamentales y amigo personal del Capitán General. Por eso logra, apoyado por amigos exmilitares, que le fuera otorgado el indulto al joven recluso de apenas 17 años, conmutando su pena de seis años de presidio y trabajos forzados por la de ser relegado a Isla de Pinos. Aquí fue registrado en el Libro de Deportados de la Comandancia Militar, el 13 de octubre de 1870, según documento que señala: «En este día ha ingresado en esta isla el estrañado [sic] por infidencia Don José Martí».[4] En dicha comandancia radicaba en el mismo edificio del Ayuntamiento, todo deportado político debía presentarse con regularidad a las autoridades.
Bajo la garantía personal de Sardá, durante los dos meses y cinco días que permaneció en Isla de Pinos, Martí convivió en la casa familiar del propietario, recibiendo especial atención de su esposa Trinidad Valdés Amador. Hasta que el domingo 18 de diciembre de 1870, algo recuperado de las secuelas del presidio, parte hacia La Habana. Apenas unos meses después, ya radicado en España, adonde llegó deportado el primero de febrero de 1871, Martí le hizo llegar a Trinidad una carta y un crucifijo, acompañados de una foto con esta dedicatoria: «Trina, solo siento haberla conocido a usted por la tristeza de tener que separarme tan pronto».



















