Autor: Dra. Marlene Vázquez Pérez, Directora del Centro de Estudios Martianos
4 de julio de 2026 19:07:29
Dos siglos y medio han transcurrido desde el 4 de julio de 1776, cuando tuvo lugar la Declaración de independencia de las Trece Colonias de Norteamérica, primer paso para la formación de los Estados Unidos. Desde entonces hasta hoy mucho ha variado la concepción inicial que para ese país concibieron sus padres fundadores, y sus relaciones con el resto del mundo
Dos siglos y medio han transcurrido desde el 4 de julio de 1776, cuando tuvo lugar la Declaración de independencia de las Trece Colonias de Norteamérica, primer paso para la formación de los Estados Unidos. Desde entonces hasta hoy mucho ha variado la concepción inicial que para ese país concibieron sus padres fundadores, y sus relaciones con el resto del mundo.
Resulta interesante observar la mirada crítica de José Martí sobre ese acontecimiento, verdadero parteaguas en la Historia moderna. Fue visto en su momento y sobre todo a lo largo de todo el siglo XIX y bien avanzado el XX como un hecho paradigmático para la emancipación humana. Muchas veces se le define como ejemplar e inmaculado, y sin que neguemos el significado trascendental que tuvo en su momento, conviene revisar el asunto bajo el prisma martiano y a la luz del presente.
En toda la obra del Apóstol abundan las referencias a este asunto. De 1885 es este fragmento:
Yo esculpiría en pórfido las estatuas de los hombres maravillosos que fraguaron la Constitución de los Estados Unidos de América: los esculpiría, firmando su obra enorme, en un grupo de pórfido. Abriría un camino sagrado de baldosas de mármol sin pulir hasta el templo de mármol blanco que los cobijase; y cada cierto número de años, establecería una semana de peregrinación nacional, en otoño, que es la estación de la madurez y la hermosura, para que, envueltas las cabezas reverentes en las nubes de humo oloroso de las hojas secas, fueran a besar la mano de piedra de los patriarcas los hombres, las mujeres y los niños.—[1]
¿Por qué Martí proponía esa peregrinación? ¿Por deslumbramiento, acaso? No. Porque era su manera especial de recordarles a los ciudadanos de un país que ya se descomponía, los orígenes ilustres de los cuales no debían renegar. Estamos en presencia de una de las crónicas ejemplares de Martí para entender las entretelas del proceso electoral estadounidense: “Historia de la caída del Partido Republicano en los Estados Unidos y del ascenso al poder del Partido Demócrata,” de marzo de 1885, en la cual se hace una valoración de la contienda electoral de ese año, justo cuando se conmemoraba el vigésimo aniversario del final de la Guerra de Secesión.
Después de esa reflexión y de la convocatoria emotiva al homenaje, viene una larga tirada analítica, donde se exponen las interioridades de una sociedad donde afloraban ya de manera alarmante el egoísmo, la corrupción, la rivalidad y el culto a la riqueza.














