Dalia Reyes Perera
Jueves, 26 Marzo 2026 07:49
Antes de partir hacia su querida Cuba, en marzo de 1895, para incorporarse a la Guerra Necesaria, Martí escribe cuatro documentos importantes que hablan de su alma y sus sentimientos: el manifiesto de Montecristi, programa de la Revolución y tres cartas a seres queridos: su madre, su amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal, y a las niñas Carmen y María Mantilla.
Creciente agonía. El sentido del deber, el amor a Cuba, el abrazo a la Patria amada, aunque en ello vaya la vida, es la idea cardinal que deja nuestro José Martí a fines del mes de marzo, cuando se prepara para regresar a su tierra y luchar por la definitiva independencia.
¿Qué sentimientos afloraban en el Maestro entonces, cuando se acercaba al cumplimiento de su sueño dorado? Hoy nos acercamos al hombre con el corazón a flor de piel, latiendo más fuerte.
El Apóstol recién había cumplido 42 años, y en vísperas de salir hacia Cuba, junto al General en Jefe Máximo Gómez, para cristalizar la Guerra Necesaria, sintió la urgencia, en su creciente agonía por su isla, de dejar constancia del caudal de sus ideas, de su pensamiento vasto y culto.
Como hijo, el deber de decirle a su progenitora Doña Leonor cuánto la amaba, y cuánto había representado en su vida, a pesar de los reclamos de la madre que quería al hijo varón junto a ella; como padre espiritual, Martí toma un tiempo también para escribir y dar consejos a las niñas María y Carmen Mantilla, mientras, al amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal, le revela lo más íntimo y hondo de su pensamiento revolucionario y latinoamericanista.




















