Autor: Jorge Enrique Jerez Belisario
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10 de abril de 2026 23:04:35
Un 10 de abril, pero de 1892, nacía también, con la inspiración y el ejemplo de Martí, el Partido Revolucionario Cubano
Con esa Carta Magna, Cuba se inscribió por su propio empeño en el concierto de las naciones republicanas del mundo. Foto: Album Páginas de Gloria
Imaginen ustedes el polvo de abril levantándose en aquel poblado camagüeyano. Las noticias del frente no eran alentadoras: hacía solo seis meses que habíamos encendido la mecha en La Demajagua, y ya Bayamo había caído de nuevo en manos españolas. La iniciativa militar se había ralentizado. Y lo más grave: no existía un solo gobierno que hablara en nombre de la naciente República.
Había tres. Tres gobiernos, dos banderas, una sola urgencia: la unidad o la muerte.
Ese era el paisaje el 10 de abril de 1869. Faltaban muchos, sobraban diferencias; y, sin embargo, ocurrió lo imposible. Los mambises no solo acordaron un mando único: alumbraron la primera Constitución de la República de Cuba en Armas. Esa ley de leyes, de apenas 29 artículos, fue mucho más que un papel firmado bajo el fragor de la metralla. Fue el acta fundacional de la nación cubana, soberana, con división de poderes, separación del mando militar del civil y, sobre todo, con un principio revolucionario que aún nos estremece: la abolición de la esclavitud.
¿Imperfecta? Como toda obra humana. Pero fue nuestra. Los cubanos no esperaron permiso de ninguna metrópoli para darse leyes. Con esa Carta Magna, Cuba se inscribió, por su propio empeño, en el concierto de las naciones republicanas del mundo, en pleno siglo XIX, enfrentando al imperio español.















