PorRoberto Abe Camil*
Mar 18, 2026

Calle de Mesones 11, Residencia de Martí en 1877. Foto: Archivo del autor.
Ricardo Peralta Saucedo, nacido en la Ciudad de México, ha tenido una larga trayectoria en la administración pública. De igual forma, su militancia marcadamente obradorista, lo recompensó siendo Administrador de Aduanas y Subsecretario de Gobernación con Andrés Manuel López Obrador. De unas semanas a la fecha, funge como Representante del Gobierno de Tlaxcala en la Ciudad de México y también es colaborador del diario Excélsior con la columna “México correcto, no corrupto”.
La entrega en Excélsior del pasado lunes 16 de marzo se tituló “De Martí al Granma: México en la historia de la soberanía cubana”. Evidentemente el texto es empático con los suspiros de una dictadura en estado agónico y ensalza el hecho de que el “Granma” zarpó de Tuxpan con rumbo a la Sierra Maestra. En la aludida columna, Peralta no pierde oportunidad para exaltar a su jefa, la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. Escribió ahí: “…Martí residió dos años en la Ciudad de México, en la casa ubicada en la calle de San Ildefonso número 40, inmueble que hoy alberga la Casa de Tlaxcala, donde se instalará un espacio inmersivo que evocará su presencia en esta casa. Recientemente fue restaurada, bajo el liderazgo de Lorena Cuéllar Cisneros…”
La obligada precisión a la inexactitud de lo afirmado por Peralta nos remite a recordar el breve pero entrañable paso de Martí por México, nación a la cual el Apóstol de la Independencia Cubana, consideró su segunda patria. Como es bien conocido, la beligerancia del joven José Julián en pos de la independencia de la mayor de las Antillas, así como una falsa acusación, lo internaron primero en el infierno de los trabajos forzados en las canteras, y después lo enviaron al destierro en España en 1871. En la península ibérica no perdió el tiempo y se matriculó en las universidades de Madrid y Zaragoza, concluyendo sus estudios en Filosofía y Letras, así como en Derecho. Sin embargo, la Familia Martí Peréz, sufriendo por el exilio del hijo pródigo, se trasladó a México para poder reunirse todos juntos de nueva cuenta. El futuro prócer, los alcanzó en el Valle de México, en febrero de 1875.
Al descender del ferrocarril que llegó de Veracruz, Martí tuvo sentimientos encontrados: la felicidad por abrazar a los suyos, pisar suelo azteca y conocer al político Manuel Mercado, su hermano mexicano. Pero también la tristeza de enterarse de la muerte de Ana, su hermana más querida y bellísima habanera, que fue cortejada sin éxito por un joven Venustiano Carranza. Ana en cambio, fue novia del talentoso pintor michoacano Manuel Ocaranza.



















