Roelkis Ramos Romero
abril 1, 2026
Cuando el mar enfurecido de la costa baracoesa parecía querer devorar la frágil goleta Honor, un puñado de hombres desafió a las olas y al destino. En la madrugada del 1 de abril de 1895, Antonio Maceo, José Maceo, Flor Crombet y otros 22 patriotas pisaron suelo cubano en la desembocadura del río Duaba. No era un simple desembarco; era el cumplimiento de una cita con la historia y el inicio decisivo de la Guerra Necesaria concebida por José Martí.
Aquel día, hace hoy 131 años, la expedición que había partido desde Costa Rica logró su cometido tras una travesía azarosa. La furia del mar fue apenas el primer obstáculo de una odisea que demostraría, una vez más, la férrea voluntad del «Titán de Bronce» y sus compañeros. Llegar a Cuba no era solo un acto militar, sino el impulso simbólico que Martí había llamado a realizar para unificar fuerzas y levantar a la nación en armas.
El impacto de su llegada fue inmediato. Tras el desembarco, los expedicionarios se adentraron en la espesura oriental, donde mantuvieron un sinfín de acciones combativas y soportaron una voraz persecución por parte de las tropas coloniales españolas. Sin embargo, su estrategia militar y su coraje lograron trascender las adversidades. La presencia de los Maceo en la manigua era la confirmación de que la llama independentista, que había renacido el 24 de febrero con el Grito de Baire, ardía con más fuerza que nunca.
Este hecho no solo consolidó el levantamiento en el oriente del país, sino que envió un mensaje claro a los independentistas en el exilio y a la metrópoli: la lucha por la justicia y la independencia de Cuba había comenzado de manera irreversible. La «hombrada» de Duaba se convirtió así en un pilar fundamental de la contienda que culminaría con la intervención de los Estados Unidos en 1898 y el posterior establecimiento de la República en 1902.
Para los cubanos de hoy, aquel desembarco trasciende la crónica militar. Es un recordatorio del sacrificio y el compromiso de quienes ofrendaron sus vidas en la epopeya de la independencia. Por ese amor a la soberanía, y con la memoria de los que cayeron en las distintas jornadas libertarias —desde la manigua hasta la Revolución liderada por Fidel Castro—, defender las conquistas alcanzadas sigue siendo un deber. Ahora, más que nunca, el legado de aquellos 24 expedicionarios que llegaron a Duaba, inspirados por el ideal martiano, se mantiene vigente como ejemplo de dignidad y resistencia.
Tomado de: TV Santiago


















