Gilberto López y Rivas/ I
21 de agosto de 2026 00:04
"La dirigencia de la Revolución Cubana se formó y tomó conciencia política a partir de Martí". Foto Ap
A propósito de la celebración de los cien años del nacimiento del comandante Fidel Castro Ruz, y en el contexto de acontecimientos trágicos como la agresión militar a la República Bolivariana de Venezuela, y el secuestro de su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, así como la amenaza imperialista que se cierne sobre Cuba, es pertinente destacar el legado de José Martí y su vigencia plena en este siglo XXI.
José Martí nutrió a los jóvenes dirigentes del Movimiento 26 de Julio, no sólo de un profundo sentimiento patriótico, sino también, su pensamiento y su ejemplo de combatiente muerto en campaña, constituyeron un venero de enseñanzas en torno a la lucha por la independencia nacional, el principio unitario antiimperialista de una organización en ciernes frente al enemigo principal, la lucha contra la discriminación racial y, sobre todo, el significado de lo que Nuestra América representa frente al Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe.
La dirigencia de la Revolución Cubana se formó y tomó conciencia política a partir de Martí, logrando la continuidad histórica de un proceso que transcurre, paradójicamente, entre la última jornada anticolonial del siglo XIX en América y la primera revolución socialista en este continente. Justo es afirmarlo: el triunfo del pueblo cubano sobre el tirano Batista y los imperialistas que lo respaldaban es la expresión cabal de la continuidad y el enriquecimiento de la herencia martiana.

























