Barbara M. Cortellan Conesa
27 noviembre, 2025
“Todo convida esta noche al silencio respetuoso más que a las palabras: las tumbas tienen por lenguaje las flores de resurrección que nacen sobre las sepulturas; ni lágrimas pasajeras ni himnos de oficio son tributo propio a los que con la luz de su muerte señalaron a la piedad humana soñolienta el imperio de la abominación y la codicia.”
José Martí

Foto: Tomada del Portal del ciudadano de La Habana
El 27 de noviembre de 1871 quedó marcado en la memoria histórica de Cuba. El fusilamiento de ocho jóvenes estudiantes de medicina constituye uno de los episodios más trágicos del colonialismo español en la Isla. Aquel crimen, donde la inocencia fue destruida por la arbitrariedad del poder, se transformó en símbolo permanente de la injusticia colonial.
Desde Madrid, José Martí, entonces un deportado político de 18 años, recibió la noticia con profunda consternación. Aunque kilómetros lo separaban de su tierra natal, el suceso resonó en su conciencia revolucionaria: había experimentado personalmente la crueldad del sistema opresor en las Canteras de San Lázaro.
La respuesta del joven patriota fue inmediata. En 1872, durante su destierro en España, promovió la circulación de un escrito de protesta que, aunque firmado por su compañero Fermín Valdés Domínguez, reflejaba su pensamiento. Un año después, publicaría su emotivo poema “A mis hermanos muertos el 27 de noviembre”, transformando el dolor en instrumento de lucha ideológica.















