Marlene Vázquez Pérez
19 de mayo de 2026
Servando Cabrera-Marti-1972. Tinta sobre-papel. Coleccion Memorial José Martí
Para los cubanos el 19 de mayo es un día sagrado. Con la conmemoración de la caída en combate de Martí, se renuevan ese día los votos de fidelidad a la memoria del Apóstol y a la Patria. La efeméride se multiplica en el respeto y la gratitud de cada cubano digno, dispuesto a seguir su ejemplo. Pensemos su mausoleo en Santa Ifigenia del mismo modo en que escribió él respecto al deceso de otro grande de Cuba, Antonio Bachiller y Morales: “Pero estas tumbas son lugares de cita, y como jubileos de decoro, adonde los pueblos, que suelen aturdirse y desfallecer, acuden a renovar ante las virtudes, que brillan más hermosas en la muerte, la determinación y la fuerza de imitarlas.”[1]
Este año la fecha está enmarcada por circunstancias especialmente difíciles debido al endurecimiento del bloqueo que sufre el pueblo cubano desde hace más de seis décadas, y a las difíciles condiciones de existencia cotidiana de los que vivimos en Cuba. La amenaza real de una agresión armada por parte del gobierno de los Estados Unidos pende sobre la Isla, dándole una vez más la razón a Martí y a sus previsiones sobre la voracidad y el espíritu conquistador del insaciable vecino.
Hoy no vale lamentar una vez más la pérdida prematura de su vida, y sí pensar su partida física de la manera en que él concibió el cese de la existencia terrenal: “Otros lamenten la muerte necesaria: yo creo en ella como la almohada, y la levadura, y el triunfo de la vida.”[2]
La capacidad fecundante de su legado es indudable en el presente, y persiste por encima de los años transcurridos desde su caída en combate. Repasar sus textos relativos a la Conferencia Panamericana (1889) y a la Conferencia Monetaria (1891) nos ayuda a entender mejor los orígenes de la agresividad de los Estados Unidos respecto a Nuestra América y también hacia la Humanidad. Sorprende el alcance visionario de Martí, su manera de comprender las contradicciones internas del país norteño, de avizorar los peligros que desbordan hoy todo el absurdo imaginable, de encontrar las “razones ocultas” en las propuestas “amigables” del “pueblo pelirrubio” en el ápice de su movimiento expansionista hacia Nuestra América.

















