Redacción TV Santiago
enero 19, 2026
El 19 de enero de 1869, en una imprenta de la calle Obispo, en el corazón de La Habana, la palabra se volvió arma y canto.
Bajo un inesperado resquicio de libertad de prensa decretado por el Capitán General Domingo Dulce, José Martí, junto a su hermano del alma Fermín Valdés Domínguez, dio a luz El Diablo Cojuelo: un volante impreso que fue, a la vez, grito primigenio de independencia y destello literario.
El periódico, nacido en los talleres de la Imprenta y Librería El Iris, llevaba en sus entrañas el fuego de una prosa nueva.
El artículo de fondo y varios de los textos breves salieron de la pluma de un Martí de apenas dieciséis años, marcando lo que la historia reconocería como sus primeras manifestaciones en prosa contra el colonialismo español.
El nombre no era casual. Lo tomaron prestado de la novela homónima del español Luis Vélez de Guevara (siglo XVII), obra descrita en su día como “una visión rápida de la vida y sociedad, chispeante de ingenio”.
Un título que funcionaba como máscara irónica y declaración de intenciones: observar la sociedad con mirada ágil y mordaz. Pero más que el ingenio, lo que transpiraba aquella única edición era un valor patriótico tan intenso como el literario.
Los estudiosos ven en esas páginas la semilla clara de su ideario independentista. En su portada, una declaración desafiante firmada por el misterioso diablo dejaba clara su posición:
“Nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo a hacerlo. (…)
Figúrese usted, público amigo, que nadie sabe quién soy: ¿qué me importa que digan o que no digan?”.
Era el estreno de una voz que, oculta tras el seudónimo juguetón, ya no temía a la murmuración ni a la incomprensión.
Aquella hoja volandera, efímera en su existencia física, se volvió eterna en su significado: el lugar donde el verbo martiano, por primera vez, se hizo público, libre y revolucionario.
El diablo cojuelo había salido a la calle, y con él, la conciencia de una nación que empezaba a escribir su propia historia.
Tomado de: TV Santiago

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