ASTRID BARNET
Nuestro José Martí no es solo el admirable líder de un movimiento libertador en lo político, sino también el orientador de los rumbos culturales y educacionales de lo que él calificó como Nuestra América.
La educación de los pueblos hispanoamericanos es para él un proceso que hay que ganar al tiempo y a las circunstancias, y le ofrece a grandes espacios en la gran mayoría de sus escritos. Un recurrente ejemplo de sus criterios pedagógicos lo tenemos en su planteamiento del problema de la educación en los pueblos del continente cuando se parte de una instrucción teológica, notable retraso que debe ser liquidado de manera urgente. Al respecto, recordemos el análisis que, acerca de este tema, realizó el intelectual cubano Juan Marinello, en su libro José Martí, escritor americano(º), cuando expuso:
(…) Conoce que la orientación teológica, insuflada por siglos a través de las órdenes religiosas con respaldo oficial, supone una trama poderosa, tejida de elementos complejos y sembrada en la intimidad de las grandes masas. Con una fe plena en el valor de la ciencia, cree que su predominio bastará a derrotar la enseñanza confesional. Sus sentencias al respecto son muy conocidas: "Que se trueque de escolásticos en científico el espíritu de la educación"," Que la enseñanza elemental sea ya elementalmente científica; que en vez de la historia de Josué se enseñe la de la formación de la Tierra"; "En tiempos teológicos, universidad teológica. En tiempos científicos, universidad científica"; "Contra Teología, Física; contra Retórica, Mecánica"; "El elemento científico ha de ser como el hueso del sistema de educación pública".