Pedro Corzo
Sábado 31 de enero de 2026
En este 173 aniversario del natalicio de José Martí se aprecia entre los cubanos una mayor confianza en el futuro, concurrente, con la profunda y vasta crisis que enfrenta el sistema totalitario castrista, tan grave, en la opinión de muchos, que no descartan el fin de esa tiranía, aunque el totalitarismo se haya fundado sobre la desesperanza y la permanencia del sistema.
Es apropiado reconocer que la represión bajo el totalitarismo tiene un formato integral y diversificado que ha intoxicado con el terror a la mayoría de la población. Las regulaciones restrictivas de un sistema absoluto trascienden lo policial ya que hacen acto de presencia en el mundo laboral, educativo y social, incluyendo la familia. No hay actividad ajena al control del Estado después que se implanta un sistema totalitario.
Esta gestión tan abarcadora limita en gran medida la formación de una oposición articulada nacionalmente con propuestas de carácter social y reivindicativas que promuevan proyectos políticos y sociales, factor que impide a los opositores promover protestas y reclamos que le conviertan en opción de cambio.
El control es tan dominante que la inmensa mayoría de la población se siente desamparada ante las autoridades del Estado. La indefensión y la desesperanza es un sentir extendido en toda la sociedad, producido, por la supremacía del Estado, gobierno y partido, en los más ínfimos detalles del quehacer diario.
Por suerte, para los cubanos, nuestra historia cuenta con las doctrinas y ejemplos que nos dejó José Martí, parte fundamental de nuestro pensamiento nacional. La vocación patriótica del “Maestro”, su confianza en el futuro y su hacer constante a favor de su utopía, una república “con todos y para el bien de todos” son referentes para cualquier ciudadano con conciencia cívica, como lo fueron sus convicciones sobre la libertad individual y la soberanía popular.

























