Aries Cañellas
Madrid 25 Mar 2026 - 17:59 CET
No es casual que el discurso de La Habana vuelva ahora a sus orígenes, a los primeros discursos de Fidel Castro.

Fidel Castro en su última celebración del Primero de Mayo, 2006 - Cubahora
Los regímenes totalitarios desarrollan una arquitectura del dominio en la que la manipulación del lenguaje es fundamental para resignificar la realidad. Esta resignificación les brinda los cimientos necesarios para reorganizar el espacio público y político de una nación de acuerdo con sus intereses.
En sus etapas iniciales, esos regímenes suelen apropiarse del discurso político que les ha precedido y sustituir paulatinamente el significado de los conceptos tradicionales, excluyendo aquellos que no se adaptan a su proyecto. En el caso concreto de Cuba, un análisis cuantitativo del discurso permite identificar estos patrones —de apropiación y de exclusión— que apuntaban con claridad hacia un futuro gobierno totalitario desde un período tan temprano como 1953–1955.
¿Dónde estás, "democracia"?
La historia me absolverá, las Cartas desde el presidio y el Manifiesto no. 1 al pueblo de Cuba son algunos de los textos más relevantes que Fidel Castro escribió en ese periodo. Al aplicar la metodología Voyant —empleada por las principales universidades para realizar análisis del discurso— sobre más de 150 páginas descubrimos, casi sin sorpresa, que el término "democracia" —o sus derivados— registra una presencia casi nula, solo aparece ocho veces.
¿Cuál fue, entonces, el eje conceptual en torno al cual Castro construyó el arraigo popular que alcanzó en ese periodo?
La tríada con mayor preponderancia es "Cuba-pueblo-libertad", complementada con alta frecuencia por "Patria-Constitución".
Estos cinco conceptos, empleados con reiteración, remiten al lector a la idea fundacional de la República, a los tiempos martianos y a los discursos de Eduardo Chibás, cuyo nombre aparece en las Cartas desde el presidio más veces que el propio término "democracia".
La invocación de José Mar/tí en el alegato del juicio del Moncada venía a cimentar simbólicamente la legitimidad y dignidad de la causa fidelista: una causa que evocaba con elevada frecuencia la Constitución de 1940, mientras eludía hablar de democracia, eje fundamental de esa misma carta magna.
Este ciclo oportunista de yuxtaponer sus ideas en las martianas, ofreciéndolas así como la continuación del ideal independentista, es particularmente visible —como formula discursiva— en el Manifiesto no. 1, de agosto de 1955. Castro declara las intenciones del movimiento que dirige y además pretende obtener legitimidad y apoyo, por lo que la apelación al Apóstol inicia y cierra intencionalmente el manifiesto.
Mientras, pasa desapercibido que en ese primer manifiesto público el concepto "Constitución" —por cuyo restablecimiento afirman luchar— está ausente.
En octubre de 1953, Castro necesitaba la Constitución de 1940 como arma jurídica para legitimar la rebelión ante el tribunal. En agosto de 1955, ya no era necesaria la cobertura de ningún texto legal: escribe desde el exilio, donde el derecho cubano no es aplicable.
¿Y los yanquis?
El aparato ideológico de la futura revolución utilizará los términos "yanqui" e "imperialismo" como reiteraciones centrales. Serán el centro alrededor del cual confluirán discursivamente todos los males. De esta manera se logrará que en el imaginario social del auditorio ambos sean equivalentes a maldad.
Sin embargo, en esta etapa inicial que va de 1953 a 1955 Fidel Castro no emplea esta retórica. "Yanqui" aparece solo dos veces en los tres documentos analizados, mientras que "imperialismo" está ausente por completo.
Es singular que en la actualidad, en su intervención del pasado 13 de marzo, el presidente Miguel Díaz-Canel tampoco usara estos términos (ni ninguno de sus derivados como "imperio" o "imperial") tan habituales en la jerga victimizante/acusatoria del régimen de La Habana.
No solo no los empleó, sino que ninguna de las veces que mencionó a Estados Unidos lo hizo en una construcción negativa del discurso.
Los regímenes totalitarios no son muy dados a abrirse ni a reinventarse positivamente. En su lugar lo que suelen hacer es sortear la crisis mediante el regreso a sus orígenes discursivos.
Resulta sospechoso este regreso a un modelo de discurso político que no se empleaba en Cuba desde hacía siete décadas.
Al analizar discursos suele tener tanta importancia las palabras elegidas como las omitidas. Ambas trazan, con igual precisión, las intenciones políticas. En 1953, la ausencia de "democracia" en el discurso de Fidel Castro no era un olvido; era una hoja de ruta. Si ahora el régimen traza un regreso a los orígenes de su discurso la pregunta pertinente no es qué están diciendo desde La Habana, sino qué están dejando, una vez más, de decir.
Tomado de: Diario de Cuba
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