Autor: Héctor Alejandro Castañeda Navarro
digital@juventudrebelde.cu
Publicado: Miércoles 25 marzo 2026 | 10:12:24 am.
Firmado el 25 de marzo de 1895 por José Martí y Máximo Gómez, el Manifiesto de Montecristi explicó al mundo las razones de la Guerra Necesaria y delineó el proyecto de república que debía nacer de ella: soberana, inclusiva y profundamente humana
Hay documentos que nacen para responder a una etapa y otros que logran trascenderla. El Manifiesto de Montecristi pertenece a este último grupo. Redactado en la ciudad dominicana del mismo nombre y firmado por José Martí y el Generalísimo Máximo Gómez, el texto constituye una pieza clave del pensamiento político cubano y un hito en la historia de las luchas independentistas de América Latina. Con él, Cuba explicó al mundo las razones de la guerra iniciada el 24 de febrero de 1895, cuyo propósito esencial era conquistar la ansiada y postergada independencia.
El texto vio la luz en medio de una intensa batalla de ideas. La propaganda colonial española se encargó rápidamente de presentar el levantamiento como un acto de barbarie, una amenaza al orden y, sobre todo, como una guerra de razas destinada a sembrar el caos. En ese contexto, el Manifiesto surge como una respuesta estratégica para explicar, legitimar y, al mismo tiempo, definir los principios de la contienda.
Martí construye un discurso que combina claridad política, profundidad ética y visión de futuro. Desde sus primeras líneas establece una distinción esencial basada en que la guerra no es contra el pueblo español, sino contra el régimen colonial que oprime a Cuba. Este matiz, aparentemente simple, encierra una postura profundamente humanista. Al separar a los individuos del sistema que los representa, el Apóstol evita que la lucha derive en odio o venganza y la sitúa en el terreno de la justicia.
El Manifiesto insiste en que la independencia de Cuba no es un capricho ni una aventura irresponsable, sino una necesidad histórica. Durante décadas, los cubanos intentaron reformas y vías pacíficas sin obtener respuestas reales de la metrópoli. La guerra se presenta, entonces, como último recurso y acto legítimo de un pueblo que reclama su derecho a existir como nación.
El documento programático de la Revolución del 95 resaltaba las razones que hacían impostergable la liberación de la Isla: «la guerra de independencia de Cuba, (...) es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo»; además, señalaba la necesidad de que la contienda fuese «generosa y breve».
En esa misma línea, el documento subraya que la contienda no responde a improvisaciones, sino a una decisión consciente y madura, «la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior»:
«La guerra no es la tentativa caprichosa de una independencia más temible que útil, que solo tendrían derecho a demorar o condenar los que mostrasen la virtud y el propósito de conducirla a otra más viable y segura, y que no debe en verdad apetecer un pueblo que no la pueda sustentar; sino el producto disciplinado de la reunión de hombres enteros que en el reposo de la experiencia se han decidido a encarar otra vez los peligros que conocen, y de la congregación cordial de los cubanos de más diverso origen».
Uno de los aspectos más relevantes del manuscrito es su enfoque sobre la cuestión racial. Condena tajante el racismo y desmonta el miedo al negro, un prejuicio utilizado para fracturar la unidad independentista y que influyó en el desenlace de la Guerra de los Diez Años con el Pacto del Zanjón. Frente a esa matriz de opinión, Martí responde con firmeza y sentido de justicia:
«La Revolución, con su carga de mártires desmiente indignada, como desmiente la larga prueba de la emigración y de la tregua en la isla, la tacha de amenaza de la raza negra con que se quisiese inicuamente levantar por los beneficiarios del régimen de España, el miedo a la Revolución».
La lucha independentista, afirma el documento, no pertenece a una raza, sino a todos los cubanos. Negros y blancos, unidos por el sacrificio y la esperanza, son protagonistas de un mismo proyecto de país. En esa idea se sostiene uno de los pilares del ideario martiano: la igualdad como principio irrenunciable de la futura república.
Pero el Manifiesto no se limita a justificar la guerra; también proyecta la nación que debe surgir de ella. Martí advierte que el objetivo no es sustituir un poder por otro, sino fundar una república nueva, basada en la dignidad plena del hombre. La independencia política debía ir acompañada de justicia social, participación ciudadana y equilibrio entre los distintos sectores de la sociedad.
En ese sentido, el documento revela una preocupación sorprendentemente actual: el peligro de nuevas formas de dominación. El apóstol, lúcidamente, percibe el ascenso de los Estados Unidos como potencia y alerta sobre la posibilidad de que Cuba, una vez liberada de España, caiga bajo otra forma de dependencia. Su llamado a construir una nación soberana, capaz de sostenerse por sí misma, cobra hoy singular vigencia.
La guerra debía ser obra de los propios cubanos, sin depender de la intervención de potencias extranjeras, como el poderoso vecino del norte, cuya posible participación ya se vislumbraba en el escenario político de la época. En ese sentido, el Manifiesto afirma:
«Los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los españoles la terminaremos. No nos maltraten, y no se les maltratará. Respeten, y se les respetará. Al acero responda el acero».
El manuscrito definió el rumbo político de la contienda y consolidó la relación entre Martí y Gómez, al sellar una unidad estratégica imprescindible y aprender de los errores que habían lastrado las guerras anteriores, como la desunión y la falta de un proyecto político claro. Da cuenta de la unidad de ideas y de los vínculos que enlazaron a las dos generaciones participantes en la guerra del 95. La firma de Máximo Gómez le otorga un peso adicional ya que además de una declaración política también sería un compromiso militar. Gómez, veterano de las guerras anteriores, encarna la experiencia y la disciplina necesarias para conducir la contienda.
Otro elemento significativo del Manifiesto es su vocación internacional. Martí sabía que la guerra de Cuba no se libraba únicamente en los campos de batalla, sino también en la arena de la opinión pública. Por ello, el documento fue concebido para circular fuera de la Isla, en periódicos y espacios de debate donde pudiera contrarrestar la narrativa colonial. En ese empeño, logró posicionar la causa cubana como una lucha legítima, vinculada a los ideales de libertad que recorrían el continente.
A 131 años de su firma, sus páginas invitan a reflexionar sobre temas que hoy siguen siendo medulares como la unidad nacional, la justicia social, la soberanía y el papel de los ciudadanos en la construcción de su propio destino. En tiempos en que las divisiones pueden debilitar proyectos comunes, el documento recuerda que las grandes causas solo avanzan cuando logran articular voluntades diversas en torno a objetivos compartidos.
Es un texto que convoca a cada generación a encontrar en él nuevas preguntas y respuestas. Su riqueza radica precisamente en esa capacidad de dialogar con el presente y ofrecer claves para interpretar los desafíos de cada época sin perder su esencia.
Montecristi fue, en 1895, un punto de partida para la guerra y hoy sigue siendo brújula para la nación. En sus líneas se condensan las razones de una lucha y los principios de un proyecto de país que, más de un siglo después, continúa librando nuevas batallas.
Tomado de: Juventud Rebelde
Artículos / Noticias relacionadas:
- Manifiesto de Montecristi, la cristalización de los sueños libertarios martianos (+Audio) [25 de marzo de 2026]
- Montecristi evoca 131 años del histórico Manifiesto de Martí y Gómez [25 de marzo de 2026]
- Acto a 131 años del Manifiesto de Montecristi unirá a cubanos y dominicanos [25 de marzo de 2026]
- Manifiesto de Montecristi con la pluma precisa de Martí [25 de marzo de 2026]
- Montecristi, 1895: La palabra que precedió al machete [25 de marzo de 2026]
- El Manifiesto de Montecristi, vigencia de un ideario de libertad[25 de marzo de 2026]
- El manifiesto que dio alma a una guerra [25 de marzo de 2026]
No hay comentarios:
Publicar un comentario