viernes, 29 de agosto de 2008

Publican en México libro sobre José Martí.

Radio Habana Cuba

La Habana, 28 ago (RHC-AIN) El libro Martí en México: Recuerdos de una Época, del investigador mexicano Alfonso Herrera, fue presentado en la sede del Senado de ese país latinoamericano.

Afirmó Herrera que Martí es un referente obligado para quienes amamos la libertad y creemos que un mundo mejor es posible, y comentó que el contenido de su libro trata la vida y obra del Héroe Nacional de Cuba durante su permanencia en tierra mexicana.

El autor resaltó la vigencia del ideario martiano en una coyuntura hemisférica orientada a la unidad entre los pueblos latinoamericanos.

A su vez Santiago Creel, presidente del Senado mexicano, catalogó la obra como un hecho cultural importante en el contexto del fortalecimiento de las relaciones con Cuba.

Fuentes: RHC, AIN, GRANMA, TRABAJADORES, JUVENTUD REBELDE, PL, REUTER, EFE, IPS, ANSA, AFP, XINHUA, TASS, DPA, AP.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Comenzó rodaje del filme José Martí, el ojo del canario.

Radio Habana Cuba

La Habana, 26 ago (AIN) Fernando Pérez, uno de los más importantes cineastas cubanos de los últimos años, y su equipo de filmación, comenzaron en esta capital el rodaje de la película José Martí, el ojo del canario.

Sobre la infancia y adolescencia del Apóstol de la Independencia de Cuba, versará esta historia de ficción en que intervienen los primeros actores Rolando Brito y Broselianda Hernández, en los papeles de Don Mariano Martí y Doña Leonor Pérez, respectivamente.

Además integra el elenco Julio César Ramírez para dar vida al maestro Manuel María de Mendive, otro personaje de trascendental importancia en la trama.

Tras un exhaustivo trabajo de selección y pruebas de cámara, el niño Damián Antonio Rodríguez resultó escogido para recrear la infancia de Martí; mientras que el joven Martí será Daniel Romero, estudiante de segundo año de actuación de la Escuela Nacional de Arte.

Aproximadamente dos años de investigación y búsquedas empleó el Premio Nacional de Cine 2007 y director de Suite Habana, Clandestinos y La vida es silbar, para el argumento y guión de este proyecto, enmarcado en los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX.

Las principales locaciones de la película, cuyo estimado de rodaje es de 11 semanas, se ubican fundamentalmente en La Habana Vieja (Palacio de Aldama), Guanabacoa, Regla y el Cerro.

También están comprendidas otras barriadas en el municipio habanero de San Antonio de los Baños y en la provincia de Matanzas.

Erick Grass asumirá la dirección artística, Raúl Pérez Ureta, la fotografía, y el compositor Edesio Alejandro la música original de esta cinta, del Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos, Wanda Producciones y TV Española.

Fuentes: RHC, AIN, GRANMA, TRABAJADORES, JUVENTUD REBELDE, PL, REUTER, EFE, IPS, ANSA, AFP, XINHUA, TASS, DPA, AP.

martes, 20 de mayo de 2008

MARTI Y EL MONSTRUO.

Por Julio M. Shiling

Tan antiguo como la historia es el concepto de “monstruo”. Esta palabra derivado del latín (monstrum) ha operado como compendio dentro de la mitología, leyendas, ciencia ficción y más comúnmente, como expresión figurativa literaria y oral. Artífices, adeptos, amigos y apologistas del comunismo cubano han expendido un monumental esfuerzo, con el mencionado concepto. Construyendo su mitología revolucionaria, la dictadura cubana no perdió tiempo en enlistar una sumisa intelectualidad para ayudar, a no sólo construir el “hombre nuevo”, sino también de-construir la verdad. La metodología, esta vez, sería la descontextualización.

El haber residido en la casa al lado de la que habitaba Mariano Martí en México, sirvió para que Manuel Antonio Mercado y de la Paz conociera al Apóstol de Cuba. El eximio mexicano llegó a ser Oficial Mayor de la Secretaria de Gobierno del Estado (Michoacán), Diputado al Congreso, Subsecretario de Gobernación, Vicepresidente de la Academia Mexicana de Jurisprudencia, Secretario del Colegio Nacional de Abogados y Secretario del Gobierno del Distrito Federal. Para José Martí fue un entrañable amigo. Duda no me cabe, que por el recíproco efecto que Mercado le tenía al Maestro, y en honor a la verdad, con su propia licencia para ejercer la ley, demandaría al régimen castrocomunista (si en Cuba hubiera un Estado de Derecho), en nombre de Martí, por difamación y desvirtuación de carácter.

Presentaría como evidencia una exposición muy allegado a él: una carta que el insigne cubano le escribió, un día antes de su traslado a la Vida Eterna y consagrar en Dos Ríos, ese espacio de tierra para siempre (Carta a Manuel A. Mercado, Campamento de Dos Ríos, Mayo 18, 1895). Con la oración, “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas…”, han intentados los castristas y sus simpatizantes, de elevarla a connotación internacional, ofreciéndole amplias riendas para que circule el mundo, desacompañada de un serio análisis y por supuesto, con una coreografiada interpretación. Mucho hubieran dado por poder anexarle un acompañamiento musical, como gozan ciertas estrofas de los Versos Sencillos, insertada a la canción la “Guantanamera”. Sin embargo, como todo lo que sostiene, moral e intelectualmente al régimen sanguinario en Cuba, carece de sustancia, y no resistiría el escrutinio objetivo.

Los papagayos y propagandistas del castrocomunismo han pretendido reducir el testamento político de Martí a esa oración específica y la citada carta a Mercado, en general. En el intento de alistar al Maestro en las filas del fundamentalismo antinorteamericano, genérico factor inherente en todo movimiento totalitario (comunista, fascista, nazista o islamista radical), acto de sublime imbecilidad han cometido. Usando el hacha más que el pincel, extirparon unas palabras selectas y la descontextualizaron del pensamiento e ideario martiano íntegro. Cabalmente, lo han contradicho y tergiversado.

Martí le cuenta (en la carta) a su amigo mexicano de su entrevista en la manigua con Eugenio Bryson, corresponsal de un diario norteamericano. Este (Bryson) le relata al Apóstol lo conocido por muchos. La metrópoli española, frustrada y amargada por su incapacidad de dominar el movimiento independista cubano, prefería lidiar en la derrota con una potencia extranjera, que un victorioso ejército mambí. La crónica verbal de Bryson exponía su conversación con Arsenio Martínez Campos, arquitecto del Pacto de Zanjón y gobernador español en Cuba, y la articulación del mismo sobre la preferencia española de “entenderse con los Estados Unidos a rendir la Isla a los cubanos”. Nuevamente, eso era conclusión sospechada y nada nuevo. La reseña adicional del corresponsal norteamericano, sobre la corriente anexionista y el pulso antiindependentista del momento, no aportó tampoco ninguna revelación novedosa. Sin embargo, esta carta inconclusa ha sido el banderín predilecto y angular del despotismo cubano, para timarnos de que el autor intelectual de la independencia de Cuba, podría también ser el progenitor transcendental de la barbarie revolucionaria, en marcha desde 1959, y su odioso fastidio con el vecino al norte.

La coincidencia de la fecha de la carta (el día antes de fallecer en combate Martí), indudablemente, le ha prestado un servicio a las pretensiones del régimen. Pero sólo la desfachatez o la ignorancia pueden servir de excusa, para el que engulle la postulación castrista. El sacar esencialmente de su completitud contextual, posturas tan claras como abisal, solamente se atreve un sistema que cuenta con el absoluto control del poder y una intelectualidad borrega y cómplice. La objeción de los cubanos (y algunos españoles también) de permanecer una colonia de la corona española, se personificada en tres corrientes: el autonomismo, anexionismo (a EE. UU.), e independentismo. Para el Maestro, independentista par excellance, ningún camino que no fuera el de la absoluta emancipación de la tierra de sus padres, era factible. Cuba para los cubanos (y todo el que la amara), no aislada ni exportadora de ideologías “extranjerizas”, sino partícipe de una comunidad de naciones libres, era la colocación de, no sólo Martí, sino de la gama de próceres, antes y después, que anhelaron la independencia de Cuba. Rechazo a inclinaciones anexionistas, constituía una base firme, en el planteamiento independentista. Fuera quien fuera la nación deseosa de apoderarse de Cuba. Pero eso sí, sin rencor o cólera hacia nadie. Si no hubo malquerencia o bilis, hacia los españoles, en el corazón del Apóstol, sería incompatible que del pecho de Martí brotara, hacia la democracia practicante más antigua del mundo (y no es Grecia), sentimientos paralelos a los que los propiciadores de luchas de clases han divulgado.

Cuba, desde su descubrimiento por una potencia europea, ha sido codiciada por diferentes poderes. Los EE. UU. no han sido la excepción. Tampoco ha sido una postura, dentro del entorno político norteamericano, monolítica. Si bien presidentes como Jefferson y Polk, expresaron interés en adquirir la isla caribeña, hubo otros, Lincoln y Teodoro Roosevelt (para citar dos), que no compartían esa inclinación. Adicionalmente, existe en los EE. UU., una activa práctica del concepto de “separación de poderes”. De manera que un mecanismo, centralizado, arbitrario y absoluta, para llevar acabo dicha transacción no existía. Parte del problema con la premisa castrocomunista es la óptica que el prisma totalitario ofrece. La facilidad de ejecutar decisiones unilaterales, sin lícito procedimiento ni prejuicios democráticos, es ejercicio cotidiano en dictaduras totalitarias. El mundo libre nunca ha operado así.

La historia está colmada de ejemplos de regímenes, buenos y malos, que explican su expansión territorial a través del tiempo, tanto con legítimo, como con absurdo, razonamiento. Sin relativizar el asunto, el hecho es que cada caso obliga un considerable y balanceado análisis, previo a la emisión de juicio. Con respecto a los EE. UU., los enemigos modernos de la democracia, que ven en la libertad un impedimento, han concretado todo lo alcanzable por, demagógicamente, falsear la historia ocurrida, y presentar otra distorsionada.

La Doctrina del Destino Manifiesto, la argumentación teórica de extender la nación norteamericana del Atlántico al Pacífico, no fue un planteamiento ideológico doctrinal y menos con pretensiones “científica”. Era un precepto. Se considera que el concepto surgió de un sermón verbal de John Cotton, un ministro puritano, en 1630. No fue hasta 1845 que un columnista llamado John O’Sullivan retomó el tema. Cierto es que en los 1890’s, entre sectores de políticos y la intelectualidad estadounidense, cobró nueva vida. Pero una distinción urge que se haga diferenciando dicha postura no-escrita de expansión y el “norteamericanismo” como fenómeno socio-político excepcional.

El hecho de que los EE. UU. la fundaron individuos que vinieron buscando la libertad religiosa y fomentaron los documentos políticos más audaces, con respecto a la protección de libertades civiles y limitaciones al poderío estatal (First Virginia Charter de 1606, Fundamental Orders of Connecticut de 1639, First Continental Congress: Declaration of Colonial Rights de 1774, Virginia Declaration of Rights de 1776), sin duda contribuyó a la percepción de muchos de sus ciudadanos (y otros no-ciudadanos), que la mencionada nación, ex colonia inglesa, tenía un importante sitio dentro de una esquema Providencial. Al menos nunca antes había existido un experimento político, donde tanto se enfatizó la libertad como derecho natural y la búsqueda convencional para su preservación. Las complejidades de una sociedad plural como la norteamericana, forjada de amalgamas de culturas, idiosincrasias, pero suficientemente fuerte para no sólo no perder su identidad, sino extender la civilidad de su cultura socio-política a todos sus residentes (naturales o recién llegados) y a la vez establecer la potencia económica más rica del planeta, no escapó la admiración de Martí. Este fenómeno era relevante aún en la época del Maestro.

Para Martí, la libertad era una consagración. Sería inconsecuente que el insigne cubano desplegara animosidad hacia la esquema política cuya primacía era la libertad de cada individuo. Gran contraste a la bárbara experimentación que se cometía al otro lado del Atlántico, donde la guillotina resultó ser el bisturí de los ingenieros sociales franceses. Martí gozaba del mágico don del poderío de palabras. Pero su poética alma, exponiendo siempre con galán y exquisito vocablo, jamás se desprendió de la consistencia. Por eso muy temprano en su vida expresó su admiración por el excepcionalismo norteamericano. De particular elogio fueron su dinamismo, pluralismo y, valga la redundancia, el cultivo a la libertad que encontró en el país donde más tiempo, terrenalmente, habitó. La estimación del Apóstol por la tierra de Washington, y su amor por Abraham Lincoln, Ralph Waldo Emerson y Wendell Phillips (cuya fotografía colgaba en la oficina de Martí: ver Carta a Gonzalo de Quesada, Abril 1, 1895. Nota: no había retrato de Marx), no le impedía, simultáneamente, criticar y objetar ciertos procedimientos, corrientes políticas y costumbres culturales de la misma.

El absolutismo socialista en Cuba ofende la inteligencia humana, al pretender encasquillar al Maestro en un simplismo inaplicable. Martí era lo suficientemente sofisticado para segregar lo deseado de lo indeseado, sin destruir el panorama generalizado. El exilio extendido del Apóstol en los EE. UU. y partes de América, le ofreció una apreciación sociológica, donde veía ciertas aventajas en la aplicación de modelos culturales que tomaran más en cuenta factores idiosincrásicos. El paradigma anglo sajón protestante (EE. UU.) o el europeo, estrictamente aplicado en América Latina, Martí consideraba que se encontraría con problemas de inadaptabilidad, sin añadiduras autóctonas. Su análisis partía de consideraciones sociológicas y antropológicas, no ideológicas. El palpar inclinaciones eurocéntricas en los EE. UU., fue otra observación del Apóstol, no distante de la realidad. Dicha inclinación, reflejaba una muestra de la bajeza humana, relevante a toda la humanidad y anotada por Martí, ciertamente, de lo que consideró latente en los EE. UU. Pero no es menos cierto, que plasmó en sus escritos también la movilidad con que la sociedad norteamericana navegaba. Fenómeno hecho posible sólo en un lugar de oportunidades. Esa otra parte contenía los elementos admirables hacia el país norteño. La búsqueda en exceso de riqueza material fue otra detracción.

La crítica del Maestro hacia el consumismo y el ritmo de vida en los EE. UU. reflejaba una legítima inquietud compartida, incluso, por numerosos norteamericanos también. Sin duda, la época que le tocó Martí vivir fue una de gran expansión económica, invenciones, innovaciones y el uso de la tecnología como nunca antes (para esa época). El desplazo poblacional hacia la urbanización, el influjo de masas de nuevos residentes provenientes de países diferentes, vislumbraba la llegada de la modernidad y todos sus costos de adaptabilidad. El planteamiento del Maestro preserva su relevancia aún hoy y es una cuestión que toda sociedad que descubre el progreso económico y tecnológico, tiene que enfrentar: mantener un equilibrio entre lo material y espiritual. Pero en ningún momento, abogó Martí por una intervención convencional coercitiva. Mucho menos prescribió un plan de “acción revolucionaria” para implantar la utopía. La reverencia martiana por la libertad se lo impedía. Su crítica era una apelación a un más enaltecido modo de vivir, pero uno sin sacrificar el libre espacio de los ciudadanos.

Nociones como la desigualdad, fueron atendidas por el Apóstol desde el prisma del liberalismo. Nunca comulgó con las recetas radicales del socialismo para lidiar con ese problema. De manera que sus anotaciones de como se desenvolvía el nuevo orden económico en su día y los ajustes al capitalismo, la tecnología que trajo y el peaje del reajuste social, fueron siempre uno de trabajar para su mejoría, dentro del sistema social existente. Nunca reemplazándole. Menos violentamente y sostenido por coerción.

Los EE. UU., ya para la época del Maestro, encabezaba el mundo en capacidad productiva. Había, incluso, sobrepasado los países europeos. Su deseo de extender su influencia en el continente donde es encuentra, era de esperar. Eso ha sido el caso, con toda potencia, a través del tiempo. En eso, tampoco, los norteamericanos han sido exclusivos. Aquí no se está emitiendo un juicio de si es una conducta benigna, o no, la temática de hegemonías. Pero si se fuera intentar, abría una largísimo lista de naciones e imperios sobre el cual habría que emitir un veredicto. Se puede comprender, también, que en un mundo globalizado, hoy, la mayoría lo ve con menos sospecha. Martí, político capacitado, actuó correctamente alertando, desde la óptica de su tiempo y lugar, sobre la potencialidad del vecino norteño. Como patriota y toda una vida ungida por la independencia de su patria, era natural que combatiera cualquier pisco anexionista. Su cautela, en nada lo convierte en un antinorteamericano. La inquietud del Maestro con los EE. UU., legitima en ese momento, jamás en la práctica alcanzó la proporción de injerencia que los comunistas cubanos, nos han querido convencer.

Para el analista objetivo, en el precastrocomunismo las relaciones entre Cuba y EE. UU., nunca alcanzaron dimensiones categóricas, de un imperio y su súbdito. Pese a situaciones específicas e inoportunas y “enmiendas” que todos lamentamos (y luego fue derogada), el entrometimiento de los EE. UU., en los asuntos de la República de Cuba, conocía límites que quedaba demostrado, cada vez que el estado republicano cubano así lo decidía (presidencia de Alfredo Zayas, para nombrar sólo un instante). Un análisis de las relaciones cubanas-norteamericanas, previas a la dictadura castrista, compelería una ardua visitación histórica, donde protagonistas criollos tendrían que asumir su responsabilidad por las intromisiones, concretadas o tentativas, ya que muchas veces obedecían mezquino intereses partidistas o sectarios domésticos. Si se fuera a categorizar, el vínculo cubano-norteamericano como uno de imperialista-súbdito, habría que redefinir la terminología de palabras y conceptos. Nuevamente, la patraña castrocomunista, no resistiría un mínimo escrutinio, superada ya de su fatigada descarga, emocional pero vacía.

Curiosamente, Cuba sí llegó alcanzar niveles descriptivamente paralelos o en aproximación, a lo que preocupaba a Martí. Pero no fue la nación de Lincoln la que propició el alcance imperial. Sino sucedió con el régimen que instauró Lenin, el mismo “revolucionario” que enmendó el marxismo, con nada menos, que su tesis sobre el imperialismo (un experto en la materia de violar la soberanía de otros). Pronto y fácil, el que se documenta descubre, que la palabra “imperialismo” ha sido una más en el grande vagón de términos y expresiones, mancillados y deformados. Martí equiparaba el imperialismo con el ejercicio autocrático del poder político por una fuerza foránea. Punto. La misma carta a Mercado demuestra al Maestro usando la palabra, en su referencia a los EE. UU., estrictamente bajo condiciones de una acción anexionista. La otra referencia es con la metrópoli española, y la obvia monarquía absolutista. La tediosa extensión que Lenin (particularmente), Rosa Luxumberg y otros marxistas le dieron al concepto original de “imperialismo”, desembocó en su desnaturalización total. Hoy pudiera querer decir todo lo que un comunista quiere que sea. Siempre y cuando, por supuesto, esté denigrando o insultando. Cuando se lee a marxistas, uno se lleva la impresión de que escriban para que nadie los lea, pero que todos los sigan. Martí, sin embargo, sí leyó a Marx y los socialistas que lo precedieron. Ninguno lo convenció. Desde 1959, el despotismo cubano y sus cacatúas, quieren convencernos a todos del sentir de animosidad del Apóstol, hacía los EE. UU., su sistema (económico y político) y un percibido imperialismo que, naturalmente, ellos mismos, con exclusivismo, insisten en definir.

Martí era, enfáticamente, antiimperialista. La voluntaria renuncia a la soberanía cubana que la dictadura castrista ejerció con la Unión Soviética, jamás el Maestro hubiera aplaudido. Más aún, su desprecio por toda esquema convencional que privara al hombre del necesario variable para, con decoro vivir la vida: la libertad; encontraría en Martí un acérrimo e intransigente enemigo de dicho sistema. El problema del castrocomunismo en particular y el socialismo en general, con los EE. UU., no es su pesada diatriba de huecas acusaciones de “imperialismo”, que ni ellos exactamente pueden precisar. El léxico propagandista es pura letanía ideológica. La lucha por influenciar el rumbo del mundo está siempre latente. Y ellos no son meros espectadores. Luchan por monopolizar el reguero de la hegemonía. Pero claro la marxista-leninista. El verdadero problema que tienen con la nación norteamericana es la preponderancia que esta le concede a la libertad en todas sus facetas y el impedimento que esto les resulta a sus objetivos subversivos.

El fidedigno testamento político del Maestro, para el que lo quiera buscar, lo escribió en un pedazo de Cuba en Quisqueya, llamado Montecristi. Ahí con Máximo Gómez en la proximidad, redactó un Manifiesto para la eternidad. La ausencia en la misma del concepto del odio, ha privado a los comunistas de esa inherente (y necesaria) arma en el arsenal ideológico de la lucha de clases: el odio, como bien lo narró el buen marxista-leninista Ernesto (Che) Guevara. El verdadero “monstruo” está aún en el poder en Cuba. La verdadera monstruosidad es la barbarie cometida por un movimiento político psicópata y su engendrado sistema, que ha afligido la patria de Martí. Pero todo llega. El Maestro espera concluir su obra.

Julio M. Shiling
Director
Patria de Martí
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sábado, 17 de mayo de 2008

Martí, el maestro.

Mercedes Santos Moray
Servicio Especial de la AIN

Aunque numerosas fueron las profesiones que, a lo largo de sus 42 años de vida, asumió José Martí, sobresale su trayectoria como maestro, es decir, docente, ya que en verdad su magisterio trasciende el aula, y deviene enseñanza viva.

Una de las vías de su formación -no solo desde el intelecto, sino como ser humano- llegó al niño primero y luego al adolescente, gracias al magisterio cubano, a esos criollos que desde la educación iban formando a los patriotas, frente a la obsoleta educación de corte neofeudal que cultivaba la metrópoli en la Isla.

No olvidemos la obra de Félix Varela en el Seminario San Carlos, su labor en la batalla de ideas frente a la escolástica y luego la presencia fundacional de José de la Luz y Caballero, quien fue, además, mentor de juventudes, y de alumnos tan destacados como el poeta Rafael María de Mendive.

Por eso, Martí continuará esa vocación tan hermosa, y se afirma incluso que la ejerció durante su primer destierro, en Madrid, aunque no se han encontrado pruebas suficientes para sostener tal afirmación.

Lo que sí es cierto es su presencia en Guatemala como maestro, desde 1877, cuando impartió clases en la Escuela Normal, al ser invitado por su coterráneo José María Izaguirre, quien dirigía la institución académica, en aquellos tiempos del liberalismo centroamericano.

También sería docente en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Central, y ejerció en la Academia de Niñas de Centro América, entonces bajo la dirección de doña Margarita Izaguirre, en cuyo alumnado estaba María García Granados, la que todos conocemos por el romance de "La niña de Guatemala", que integró los Versos Sencillos.

Tras el Pacto del Zanjón, y al producirse su regreso a Cuba, también fue maestro en el colegio habanero de la Casa de Educación, mientras ejercía como pasante, desde su condición de abogado, en algunos bufetes.

Luego de un breve período en la península y en los Estados Unidos, volvería Martí a ser maestro, en Caracas, la capital de Venezuela, donde reside en 1881 y ejerce en el colegio Santa María y en el Villegas.

Obligado a enrumbar hacia Norteamérica, por su enfrentamiento al gobierno de Guzmán Blanco, comenzará a vivir la historia de los tres lustros de su madurez como persona e intelectual en EE.UU.

Y durante esos casi 15 años, fue asimismo maestro de adolescentes, jóvenes y adultos, al enseñar en la Escuela Central Superior de la ciudad de Nueva York, con un alumnado de fuerte presencia migratoria.

Asumida la labor pedagógica con verdadera pasión, en 1890 se sumó desde el magisterio a la Sociedad Protectora de la Instrucción, fundada por trabajadores cubanos y puertorriqueños, en su mayoría de raza negra, a quienes trasmitió no solo conocimientos académicos, sino el sentido de la eticidad mientras sembraba en todos también el amor a la Patria.

Esas jornadas del docente José Julián Martí y Pérez, realizadas sin recibir pago por las clases que impartía, fueron quizás las más suyas, las que le permitieron darse con mayor libertad a sus discípulos, en los cuales sembró amor y fe, ideales de libertad y de igualdad racial.

Serían esos trabajadores humildísimos quienes comenzarían a llamarlo "Maestro", desde el sentido apostólico del concepto, obra de educación y guía, de fundación misionera, muchos de los cuales se sumarían también al ideario de la independencia, que ya desde la creación del Partido Revolucionario Cubano y del periódico Patria, esparcía Martí sabedor del valor moral de la enseñanza.

Los fantasmas que atormentaban a José Martí.

El Nuevo Herald
ARIEL HIDALGO

Las celebraciones cubanas del 20 de mayo opacan una conmemoración que no debía pasarse por alto: la caída en combate del mentor del alma nacional cubana. La república nacida en 1902, al día siguiente de cumplirse siete años de su partida, no era en verdad la que él soñó, sino la que previó con aprehensión en carta memorable horas antes de desaparecer: la república formal sometida al vecino poderoso con la complicidad de una ''especie curial'', ``prohombres desdeñosos de la masa pujante''.

Pero si bien nunca hubiera consentido con una independencia mediatizada por aquella enmienda impuesta por bayonetas de tropas de ocupación, tampoco habría aceptado poderes absolutos unipersonales con una política violatoria de los derechos fundamentales de los cubanos, algo que también presintió en 1884 en la carta de ruptura con el general Máximo Gómez al expresar su temor a contribuir ''a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto'' que el despotismo colonial de España, ''más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimada por el triunfo''. Si bien no fue consecuencia directa de la colonia, aquel régimen llegó más de medio siglo después, ''legitimado'' por su triunfo sobre otra dictadura que arrastraba con muchos de los nefastos rezagos de aquella república.

Un pequeño volumen publicado recientemente en Nueva York por Carlos Ripoll, el más importante estudioso actual de la vida y obra de Martí, confirma lo que ya muchos intuíamos: que el pensamiento de los derechos humanos en Cuba tiene en José Martí al más importante de sus precursores. Una página completa de este periódico aún sería insuficiente para un recuento de todo lo que Ripoll ha hecho para difundir el pensamiento del maestro, entre otras cosas, innumerables folletos sobre diversas aristas de su pensamiento, muchos de ellos financiados con su propio bolsillo.

En esta selección de pensamientos, Derechos humanos, encontramos que Martí destacó ''la importancia de abrir la república a todas las ideas'' y se opuso a ''la república que al desconocer un partido cualquiera'', reprimiría ''una expresión de la naturaleza humana''. Fue, en suma, un defensor de los derechos políticos: ''Ni rey sobre el derecho político, ni rey sobre la conciencia. Por encima del hombre, sólo el cielo''. Y advertiría en lo que parece una profecía: ``¿Haremos los cubanos una revolución por el derecho, por la persona del hombre y su derecho total y negaremos, al día siguiente del triunfo, los derechos por que hemos batallado''?

La defensa del ''respeto a la libertad y al pensamiento ajenos'' constituía una parte tan fundamental de su ideario político que llegaba a llamarle, en la cita con la que Ripoll abre esta selección, ''mi fanatismo''. Y agregaba: ''si muero o me matan, será por eso''. La defensa de este derecho es muy reiterativo en su obra. En los años 80 del pasado siglo un joven cubano, Francisco Benítez Ferrer, fue apaleado y encarcelado por escribir en un muro este otro pensamiento que ahora Ripoll también recoge: ``Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar''.

Pero hoy en Cuba, no sólo cientos de personas guardan prisión por expresar opiniones diferentes a la línea oficial, sino que también se desconoce el derecho a crear asociaciones independientes, ni qué decir que mucho menos se permitirían legalmente las asociaciones políticas.

La certeza sobre este apostolado antecesor de los derechos fundamentales de la persona humana se nos reafirma aún más por la fuerte influencia de los trascendentalistas norteamericanos del siglo XIX, como Emerson y Thoreau, con su prédica de la preponderancia del espíritu por sobre todos los poderes terrenales, la misma línea genealógica espiritual que luego iría a desembocar en Mahatma Gandhi y Martin Luther King, este último el más grande paladín de los derechos civiles en los Estados Unidos. Encontramos la huella de este influjo en incontables frases hoy memorables: ''Una idea justa, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército''. Con esta convicción comienza su memorable ensayo Nuestra América, que resume en este pensamiento: ``Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados''.

Ysin embargo, este hombre, aún joven --contaba sólo 42 años en su lance final-- desató la guerra que desembocó en el cierre definitivo de la historia colonial de España en América, la guerra que completó, con una última estrofa, el gran poema americano de Bolívar, Hidalgo y San Martín, pero interrumpiendo, lamentablemente, el desarrollo de un pensamiento que habría sido faro de libertad en el mundo moderno, tragedia que hizo brotar este lamento de su amigo Rubén Darío al conocer la noticia: ``¡Qué has hecho, maestro!''

Pero ahora, 113 años después, nosotros debemos proseguir esa lucha sin odios donde él la dejó en Dos Ríos, para hacer desvanecer, de una vez y para siempre, los fantasmas que ya desde entonces atormentaban su mente, pero por caminos que las circunstancias no le permitieron transitar: los de la paz.

infoburo@aol.com

Intensa jornada cultural en memoria de Martí.

La Jornada
De la Redacción

Con motivo del 113 aniversario luctuoso del prócer cubano José Martí, quien el 19 de mayo de 1895 murió en combate luchando por los ideales de la revolución, recibirá un homenaje en esta capital.

Por ser uno de los más grandes pensadores latinoamericanos, la embajada de Cuba en México, el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y la asociación José Martí de Cubanos Residentes en la Ciudad de México organizan diversas actividades para honrar la memoria del libertador de la isla.

El embajador Manuel Francisco Aguilera de la Paz ofrecerá mañana domingo un discurso en alusión a Martí, en el parque María Teresa ubicado en la delegación Gustavo A Madero, donde se encuentra un busto que fue develado con motivo del 110 aniversario de la muerte del pensador, poeta, escritor, diplomático y político cubano.

La trova, símbolo de Cuba para el mundo, engalanará el homenaje luctuoso, además de la presentación de un espectáculo de danza folclórica mexicana, en una hermandad cultural de ambos países, que en su construcción histórica han sido fuertemente influenciados por el ideario emancipador de Martí.

Reconocido principalmente por su actuación en el movimiento de independencia cubana, su pensamiento ha trascendido fronteras espaciales y temporales.

México, país significativo en la vida del revolucionario, pues aquí residió entre 1875 y 1877 –además de encontrar el amor, pues fue aquí donde conoció a su esposa, originaria también de la isla caribeña, Carmen Zayas Bazán–, ahora brinda reconocimiento a ese icono latinoamericano con de una ofrenda floral en la estatua del héroe nacional cubano en el Centro Cultural Martí, acto que también encabezará Aguilera de la Paz.

Para concluir la jornada conmemorativa, se inaugurará la muestra Martí en la plástica, integrada por impresiones de obras de artistas cubanos, como Roberto Fabelo y Flora Fong, y mexicanos, entre ellos Diego Rivera y Mario Gallardo, además de autorretratos de Martí.

La exposición concluirá el 28 de mayo, en la estación Auditorio Nacional del Metro.

(Con información de Alondra Flores)

martes, 6 de mayo de 2008

Importantes donaciones para el Museo Casa Natal de José Martí.

Cubarte
Por: Miralys Sánchez Pupo

(Cubarte).- Las huellas de la vida de José Martíaún permanecen por muchos lugares donde pasó. Muchas de ellas han sido atesoradas por instituciones o personas que lo han amado y desearon preservarlas para el futuro. Esa es una de las claves presente en la actual Edición Crítica asumida por un equipo de investigadores del Centro de Estudios Martianos para mostrar a través de la documentación rescatada las disímiles facetas de la vida y la obra universal dejada por el Maestro para el futuro. Por esa condición todas las búsquedas en ese sentido constituyen importantes donaciones como las recientemente recibidas por el Museo Casa Natal de José Martí en La Habana Vieja.

El más alto pensamiento político del siglo XIX nació en una humilde casa ubicada en la calle Paula número 102, en las actuales proximidades de la Terminal de Trenes, muy cerca del mayor segmento que se conserva en la calle Egido de las antiguas murallas que rodearon a la capital para protegerla de ataques de ladrones del mar, ella es un bastión de aquel segmento de la historia. Pero más rutilante aún son todos los documentos y constancias que permanecen alrededor de la vida del pequeño que nació en éste punto el 28 de enero de 1853 y forman parte del arsenal martiano del museo que lo tiene de centro de sus fondos...

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martes, 29 de abril de 2008

José Martí y los derechos humanos.

Publicado el 04-26-2008

Diario Las Americas
Por Guillermo Cabrera Leiva

Pareciera una repetición innecesaria hablar de José Martí y los derechos humanos. No lo es, sin embargo, cuando se lee el folleto editado por Carlos Ripoll, que bajo el sencillo título de “José Martí, Derechos Humanos”, reúne medio centenar de pensamientos del Apóstol, donde vibra el genio y la visión de un legítimo defensor de la dignidad humana.

Porque al leerlo se descubren verdades y se detectan ideas que enriquecen nuestro espíritu y nos proveen de armas para combatir la injusticia.

En sus palabras de introducción al pensamiento martiano, hay un párrafo muy significativo, donde Ripoll señala lo siguiente: “Todos los crímenes sociales que ha padecido Cuba, desde el descubrimiento hasta el presente, tienen raíz en alguna violación de los Derechos Humanos tal como se enuncian en la Declaración Universal, y aún en su más amplio sentido: agravios o atropellos contra “la dignidad plena de hombre”.

Martí definía los derechos humanos como la esencia misma de la criatura humana; tal es así que expresa: “Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar”

Esta interpretación de la importancia de los derechos humanos responde a su amplia visión espiritual de la sociedad, y a su alto concepto del amor familiar. De ahí que se cometa una grave equivocación al calificar a Martí como un marxista, según lo repiten los aduladores del castrismo.

Para Martí el derecho a pensar, y el derecho a expresar lo que se piensa, es la piedra angular de todos los demás derechos. Insiste en múltiples ocasiones en la necesidad de dar vía libre al pensamiento, y de poseer el valor para manifestarlo:

“Quien esconde por miedo su opinión, y como un crimen la esconde en el fondo del pecho, y con su ocultación favorece a sus tiranos, es tan cobarde como el que en lo recio del combate vuelve grupas y abandona la lanza al enemigo”.

Ripoll considera, en su breve introducción al pensamiento martiano, que Cuba vive hoy como en los días de la conquista española, cuando el terror de las armas y los perros se imponía sobre el indio infeliz, y lo acosaban y sometían brutalmente hasta llevarlo al suicidio:

“Había entonces religiosos que no daban la espalda al crimen. Alzó la voz nuestro primer disidente, el padre Bartolomé de las Casas. Pasados más de quinientos años, aun hoy está vivo Las Casas: ni el crimen se ha agotado en la Isla ni falta quien lo delate. En las primeras décadas de la conquista se suicidó más del diez por ciento de los indígenas; desde el triunfo del estalinismo en Cuba, más del diez por ciento de la población se ha ido al exilio: otra forma de protesta y de suicidio”.

Al leer los pensamientos de Martí, que Ripoll ha hilvanado con mucho acierto, se advierten joyas valiosas que vale la pena dar a conocer en estos tiempos revueltos y peligrosos.

Martí no escribió pensando únicamente en Cuba. Su corazón y su mente estaban por todo el universo, sintiendo y meditando por todos los que eran víctimas del abuso y la opresión. Su enfoque, aunque nacido de la dura experiencia cubana, tiene una proyección que abarca a todos los pueblos del orbe y encaja en todas las agrupaciones humanas.

De ahí este consejo breve y elocuente: “Bello es que los pueblos combatan por su libertad: mas sólo tienen el derecho de combatir por su libertad los que no opriman la de otros”.

domingo, 30 de marzo de 2008

Recordar a José Martí significa pagar una deuda histórica perenne, dice Alfonso Herrera Franyutti.

29 de enero del 2008

La Jornada.com
Ericka Montaño Garfias

Presentaron la redición de su libro sobre la vida del prócer cubano en México.

Uno de los principales textos sobre la vida del prócer cubano José Martí acaba de ser reditado.

Se trata de Martí en México: recuerdos de una época, libro publicado por primera vez en 1969, después de un viaje que su autor, el pedagogo y humanista Alfonso Herrera Franyutti, realizó a Cuba.

“Recordar a Martí no es un acto protocolario ni de lucimiento literario, sino el pago de una deuda histórica perenne.

“No debemos verlo con una mirada nostálgica, sino puesta en el presente, pues sus ideas adquieren plena vigencia en momentos de crisis para la humanidad y de peligros para México y el resto del continente en que fuerzas extrañas tratan de dividirnos”, dijo Herrera Franyutti durante la presentación del volumen, editado por el Senado de la República en su colección Mesa Directiva.

Herrera, médico de profesión y uno de los más reconocidos especialistas martianos en el país, destacó que José Martí (La Habana, 1853-Dos Ríos, 1895), “es un referente para quienes amamos la libertad, la poesía y la literatura; para quienes queremos un futuro mejor para la especie humana.

“México y Cuba son dos países hermanos unidos por la geografía, la historia, y la fraternidad. Sin embargo esta fraternidad ha sido puesta en peligro por hombres, por políticos, con alma de Caín”.

La estancia del político, poeta, filósofo y escritor cubano en México “dejó profunda huella, tanto por su obra como por lo que el país representó en su vida. México fue para Martí el crisol de su experiencia americana. Por aquí empezó a recorrer los caminos de nuestra América, aquí inició su actividad periodística, observó y señaló el peligro que representaba Estados Unidos para México, que amenazaban con invadirnos y anexionarse territorios del norte, el principio de lo que más tarde sería su lucha antimperialista; conoció el problema indígena, pero también vio la antigua grandeza de la raza aniquilada y conoció la obra de Benito Juárez.

“México fue para Martí fuente de vivencias y experiencias. Fue el despertar de su conciencia de la otra realidad americana, donde nuevas voces se unieron a las inquietudes de su Cuba natal.”

Llegó con el espíritu aterrado

A la presentación asistieron el embajador de Cuba, Manuel Aguilera de la Paz y la senadora Yeidckol Polevnsky, cuya labor permitió la redición de Martí en México: recuerdos de una época.

Sobre el libro, el diplomático resaltó que “cuenta cómo Martí se hizo cronista, orador; cómo amó y fue amado, aquí se casó, forjó amistades, llegó con el espíritu aterrado. Hasta comparó su amor que sentía por estas tierras con el que sentía por Cuba. Su obra escrita aquí es la más extensa, la más apasionada y la más ligada a su inextinguible fe en la América nuestra”.

Polevsnky, en tanto, se dijo admiradora de Martí, “quien hizo por Cuba y por América lo que no se ha hecho después, y puso la base de una enorme y grandiosa revolución que aún nos nutre”.

lunes, 28 de enero de 2008

MARTI Y EL LIBRE COMERCIO.

Por Julio M. Shiling

“A nadie daña tanto el sistema proteccionista como a los trabajadores”. “La protección ahoga la industria, hincha los talleres de productos inútiles, altera y descalabra las leyes del comercio, amenaza con una tremenda crisis, crisis de hambre y de ira, a los países en que se mantiene”. Esto no lo dijo Adam Smith ni Milton Friedman. Pero sí se pronunció en el aproximado intervalo de tiempo de ambos economistas, 1883 para ser exacto. Consecuente con el acérrimo apego que sus principios e ideario tenían con la libertad, José Martí claro dejó conocido su rechazo a medidas gubernamentales que imponían aranceles y trabas al comercio. El artículo “Libertad, ala de la industria” (La América, septiembre 1883) no fue el único donde exclamó el bolígrafo del Maestro, a favor del libre intercambio comercial.

La rígida postura de Martí partía, no de una abstracta y romántica defensa de la libertad, que hubiera sido comprensible dado su paradigmático talento de poeta. Si bien consideraba que “…sin libertad, como sin aire propio y esencial, nada vive”, el razonamiento del Apóstol de la independencia cubana, no provenía de una ciega adulación a lo libertino. Para defender el libre comercio exhibió un discernimiento, modulado más por la fría, pero concreta, racionalidad, que por afanes cargados de emociones y divorciados de serio análisis económico (torpe proclividad, ayer como hoy). Martí enunció la compleja temática, desde el prisma de un “librecambista” (como se le llamaba en esos días), por sus convicciones de que dicho sistema era el que más engrosaba y mejor repartía la riqueza y el bienestar nacional.

“Rebajar de una vez la tarifa, abarataría la vida del obrero” (La Nación, 15 de julio, 1885). En otro reportaje ensayista al gran diario bonaerense, su insigne articulista en Nueva York, hizo eco del sector pro libre comercio en la política norteamericana, al escribir, “Rebájense-dicen los librecambistas-los derechos de importación… póngase al país en condiciones verdaderas y normales, que al comercio den fijeza, al obrero empleo seguro y vida barata, y a los productos modo de competir con sus rivales en los mercados extranjeros" (6 de junio, 1884). Con claridad Martí veía, en un sistema extirpado de imprudentes gravámenes proteccionistas, los obvios beneficios para la sociedad, particularmente su sector menos materialmente pudiente. Así, sin escaparse los detalles, el Apóstol discursivamente captó el meollo del principal debate económico de los EE. UU., en su día.

La polémica traspasaba delineamientos partidistas. Tanto los republicanos, como los demócratas, estaban fraccionados por “proteccionistas” y “librecambistas”. “En cada caso”, anotó Martí, “ha sido demostrado por los abogados de la fe librecambista la injusticia moral y el daño pecuniario de obligar a una nación tan vasta como ésta a vivir estrechamente y a gran costo, por el mero beneficio del escaso número de capitalistas y trabajadores que se ocupan en la producción en territorio nacional a precios altos, de artículos imperfectos, que toda la nación podría comprar perfectos a precios bajos, traídos del exterior” (La América, marzo de 1883). Señalando dos industrias “protegidas” específicas, el Maestro capta el problema con brillante precisión. “Parece que los intereses del hierro de la Pennsylvania”, graba Martí, “y los de la lana de Ohio son las causas principales de los trastornos y dilaciones hasta hoy ocurridos; pero puede asegurarse que el elemento proteccionista en general ha dominado, domina y dominará la situación. Los partidarios de este sistema pretenden con soñada supremacía, que si no fuera perjudicial a la par que ridícula, podría ser soportable,-representar la voluntad, en mayoría inmensa, de los cincuenta millones de habitantes que componen el pueblo americano. Este sacrificio, sin embargo, de las grandes masas populares al egoísmo de contadas clases privilegiadas, no es la voluntad de la nación…” (La América, marzo de 1883). Continúa el prócer cubano, “…que el pueblo sabe que se le obliga a pagar $50 por un vestido que podría venderse por $25 ó $30 si no existiera un derecho ruinoso sobre el paño” (La América, marzo de 1883). La argumentación de que el proteccionismo sirve sólo para proteger a una casta minoritaria, a expensas de la mayoría, fue finísimamente formulada por el Apóstol.

Hallarán, si pretenden incluir a Martí en la comparsa antiglobalización de hoy, un muro, impenetrable y resistente. Esta inmutable realidad pone a prueba la capacidad tergiversadora de los socialistas del Siglo XXI, los castrocomunistas y otros frenéticos. Indudablemente, en la Cuba que se acerca, recetas económicas abundarán. Ojalá que la premisa que sostuvo el Maestro se le preste atención. Bastante ha padecido Cuba de nociones absurdas.



Julio M. Shiling
Director
Patria de Martí
Oficina: 305-559-2254
Celular: 305-389-3536
Fax: 305-559-0407
P.O. Box 523903 Miami, Florida 33152
jmshiling@patriademarti.com
www.patriademarti.com

lunes, 29 de octubre de 2007

José Martí en un libro para niños.

Publicado el miércoles 17 de octubre del 2007

ARTURO ARIAS-POLO
El Nuevo Herald

Ampliar imagen

José, un libro destinado a los niños sobre la vida y obra del patriota e intelectual cubano José Martí, será presentado hoy por la editorial Lectorum en el Centro Cultural Español (CCE) de Coral Gables. El volumen pertenece a la colección escrita en verso Cuando los grandes eran pequeños, original de la puertorriqueña Georgina Lázaro, que se propone familiarizar al lector infantil de forma amena con el entorno histórico y el legado de personalidades tan relevantes de la cultura hispanoamericana como Sor Juana Inés de la Cruz, Julia de Burgos, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges.

''Lo novedoso de José es cómo se sintetizó un tema tan ambicioso en pocas páginas. Las ilustraciones de la pintora cubana María Sánchez cautivan por su colorido y su capacidad para apresar la esencia de la cubanía. Es asombroso cómo se pudo abarcar la trayectoria martiana desde su nacimiento hasta su exilio en España. La idea de recurrir a los versos octosílabos recuerda la musicalidad de los Versos sencillos de José Martí y es una manera de motivar a los niños a seguir investigando en la obra del apóstol'', dice el escritor e investigador Antonio Orlando Rodríguez, a cargo de la presentación del libro.

Georgina Lázaro comenzó su carrera literaria hace once años después de ejercer el magisterio. Desde entonces ha publicado más de 40 libros, entre los más conocidos se encuentran El flamboyán amarillo, El mejor es mi papá y ¡Viva la tortuga! Su primera colaboración con María Sánchez en Cuando los grandes eran pequeños ha sido una de las claves del éxito de este proyecto por tratarse de una artista plástica cuya obra incluye una vasta iconografía de José Martí. El público que asista a la actividad de esta noche tendrá la oportunidad de conversar con ellas y con Teresa Mlawer, presidenta de Lectorum Publications. Más tarde, representantes de la librería Universal venderán el libro, que tiene un valor de $14.99.•

aarias-polo@herald.com

domingo, 28 de octubre de 2007

Valdés Galarraga vuelve sobre Martí.

1 de octubre del 2007

Periódico Granma

Ramiro Valdés Galarraga, autor de varios libros martianos, tiene ahora en imprenta un nuevo volumen, Tres mujeres en la vida de José Martí, investigación que trata sobre la influencia que ejercieron en el Maestro sus relaciones con Carmen Miyares Peoli, María García Granados y Carmen Zayas-Bazán.

Actualmente en proceso de edición por la Editora Política, el texto exalta la figura de Miyares Peoli, "quien permaneció y trabajó con él los últimos 15 años de su existencia", afirmó este escritor e investigador en entrevista con Granma.

"Ella fue el alma gemela que tanto soñara Martí —apuntó Valdés—, ya que contribuyó, con insoslayable amor, al empeño más caro de la vida del Maestro, la libertad de Cuba. Fue la mujer que lo apoyó en todos los sentidos, en sus alegrías, tristezas y vicisitudes y en lo más importante para él: la organización del Partido Revolucionario Cubano y la gesta de liberación".

Respecto al vínculo del Apóstol con María García Granados, a quien inmortalizó con el poema La niña de Guatemala, Valdés Galarraga lo caracteriza de "romance platónico", vivido durante los apenas siete meses que Martí residió en el país centroamericano.

El autor describe los lazos matrimoniales con Carmen Zayas-Bazán Hidalgo: ella también "fue mujer capaz de hacerlo expresar los más profundos sentimientos", de acuerdo con este libro para el cual su autor invirtió dos años de pesquisa y cuyo prólogo está a cargo del periodista Julio Acanda.

"Los comentarios en sus cartas a Mercado —explica Valdés Galarraga— y las experiencias relatadas en su viaje de luna de miel no dejan lugar a dudas acerca de la fuerza de ese amor. Cuando, por razones de seguridad personal y problemas familiares, Martí tuvo que salir de México, le dejó a su prometida una pulsera de compromiso que tenía grabada una significativa palabra: ‘Espérame’."

Pero, según las investigaciones de Valdés Galárraga, las dificultades económicas, físicas, políticas "y, por qué no, amorosas", laceraron la vida matrimonial de Martí.

Considerado uno de los estudiosos más acuciosos del Apóstol, Ramiro Valdés Galarraga (La Habana, 1919), es autor de los libros Diccionario del pensamiento martiano (2002), del cual acaban de publicarse 15 000 ejemplares en su cuarta edición; José Martí, los padres y las siete hermanas (2004); y Planeta tierra, principales accidentes geográficos (2004). (A.P.B.)

sábado, 1 de septiembre de 2007

Martí encuentra su paisaje.

Por Samuel Feijoo
Cañasanta.com

Sumario: Martí conoció en su niñez un paisaje que nunca olvidaría. La palma surgía en sus discursos como estandarte natural. La primera noche de Martí en Cuba: duerme sobre la tierra amada. Martí carga un rifle y 40 cápsulas. Gómez le nombra Mayor General bajo unos platanales. Le sorprende una orquesta vegetal. El 25 de abril: primer combate en el paisaje. Funge de enfermero. Presencia un fusilamiento en la manigua. Nombres de árboles cubanos. Martí muere en su paisaje.

Desde niño, cuando su padre le llevara una temporada al agreste Hanábana (Matanzas), José Martí se entró en el paisaje cubano, y el paisaje entró en él, con una pasión tan secreta como decisiva. La incandescencia poética, que en Martí fuera un íntimo sello personal y afán siempre nostálgico, cifró la naturaleza isleña con una gloria demasiado sedienta en el estilo de su vida toda. El amor al paisaje natal, acrecentado en el exilio, sobre todo cuando la tierra amada padece bajo el dominio extranjero, deviene angustia cerrada para los hombres con demasiado sueño (con demasiada vida) en sus frentes. Para Martí Patria y palmeras blancas, abiertas y sonando a la brisa matutina, se confundían en un solo cuerpo luminoso, arrastrador. Martí se sentía atraído con gran violencia, tanto por su Patria políticamente opresa como por el paisaje delicioso que la centraba, fijado en su niñez de pupilas absortas ya para siempre vencidas por el monte mágico. Es de notar que en la carta escrita a su madre, a los nueve años de edad, desde Hanábana, el primer elemento de paisaje que nombra es "río", un río crecido. También será el último que nombre, horas antes de caer en Dos Ríos...

Para leer todo el artículo, hacer clic [aquí]

miércoles, 29 de agosto de 2007

Niño mexicano venció a José Martí en el ajedrez.

Con apenas siete años de edad, derrotó al también cubano Agustín Mendiola en presencia de asiduos a ese tipo de partidas, incluido un funcionario del gobierno mexicano.

Juventud Rebelde
Por: Luis Hernández Serrano
Correo: digital@jrebelde.cip.cu


Andrés Ludovico Viesca Gutiérrez

Nuevos elementos sobre el niño mexicano que ganó a José Martí la única partida de ajedrez que hasta ahora se le conoce, acaban de ser revelados por el joven investigador martiano, natural de Camagüey, Axel Li Cabrera.

Aparecen en el documentado reportaje Indicios del ajedrez en José Martí, publicado en el último número de la revista Opus Habana, dirigida por el doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, y correspondiente a los meses de febrero/junio del presente año.

Aunque el reportaje aborda en general la vinculación del Apóstol con el ajedrez, el joven Axel —del equipo editorial de esa revista— menciona al sabio niño ajedrecista en todas las páginas y en más de 20 momentos, e incluye, entre otras, la foto del muchacho, de cuyo paradero nunca más se supo, y de los dos cubanos presentes en el tope.

Andrés Ludovico Viesca Gutiérrez, nacido en la ciudad de Parras de la Fuente, en Coahuila, México, el 8 de abril de 1869, venció al Maestro, quien tenía 23 años en el momento de aquella partida famosa, efectuada en octubre de 1876, en la casa del cubano Nicolás Domínguez Cowan (1840-1898) y propiciada por otro cubano, Andrés Clemente Vázquez (1844-1901), ambos residentes en tierra azteca.

«Con apenas siete años de edad —refiere Axel Li— el pequeño derrotó consecutivamente al también cubano Agustín Mendiola y a Martí, en presencia de un nutrido grupo de asiduos a ese tipo de partidas, incluido un funcionario del gobierno mexicano».

En ambos casos el niño jugó con las piezas blancas y demostró un talento inusual, pues hacía unos escasos meses que había aprendido los movimientos y las reglas del ajedrez.

El encuentro ajedrecístico lo dio a conocer Andrés Clemente Vázquez, el 24 de octubre de 1876, en el artículo titulado Una gloria mexicana, en su revista La Estrategia Mexicana, e incluía una foto del niño. Después introdujo la noticia en La Habana, en 1893, y más tarde lo puso en su libro En el ocaso, en 1898, donde afirmó: «Esta es la única partida de ajedrez que se conserva, del promovedor de la actual insurrección en Cuba».

Andrés Clemente Vázquez describió así al pequeño Ludovico: «Aprendió a leer y a escribir él solo. Dibuja y hace caricaturas. Es sumamente modesto y tranquilo, más bien melancólico, triste y reflexivo que alegre y bullicioso. Resuelve problemas bastante difíciles, casi instantáneamente. Jamás reforma las jugadas erróneas. No le gusta lo que agrada a los demás niños. No molesta al adversario, no desperdicia el tiempo, es grave y circunspecto, de mirada vaga y sombría, y conversa muy poco, como todos los grandes meditadores».

La partida histórica.

Blancas: Andrés Ludovico, Negras: Martí.
1. P4R,P4R; 2.CR3A,P3AR; 3.P4D,CD3A; 4.P5D,CDAT; 5.CD3A,P3AD; 6.PxP,PCxP; 7.A3R, C2C: 8.AR4A, CR3T;9.D3D,A4A; 10. OO,P3D; 11.P3TD, AxA; 12.PxA, C4AD; 13.D2R,A5C; 14.P4CD, AxC; 15. DxA, C2C.

viernes, 17 de agosto de 2007

Información general.

A partir de hoy 17 de agosto dejo de tener conexión estable a internet y sólo me conectaré esporádicamente.

Lamento los inconvenientes y les pido disculpas por ello.

Gracias.

lunes, 6 de agosto de 2007

El club crepúsculo de Nueva York, capítulo desconcido de José Martí.

Cubarte
Por: Imeldo Álvarez García

(Cubarte). El doctor en Ciencias Históricas Rodolfo Sarracino (La Habana, 1934), Investigador Titular del Centro de Estudios Martianos, en el 2003 puso en manos de los lectores un valioso libro relacionado con un personaje poco conocido, que protagonizó – entre el 23 de junio y el 24 de agosto de l886, en pleno gobierno de Porfirio Díaz – un incidente que puso a la soberanía de México al borde del precipicio, ante el riesgo real de una intervención más de Estados Unidos: José Martí y el caso Cutting.

En el artículo “Vindicación de Cuba” publicado en 1889 en el The Evening Post de Nueva York, Martí expresó: Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting, al rechazar, con viril indignación, consideraciones ofensivas contra nuestro pueblo.

Aunque en 1892 el Maestro lamentó que Lincoln le quiso oír al intrigante Butler el consejo de echar sobre el basurero de Cuba toda la hez y el odio que quedó viviente de la guerra contra el Sur, siempre tuvo del Presidente norteamericano una sincera admiración. (Fidel, después de enero de 1959, en su histórico viaje a Estados Unidos, fue a rendirle tributo al gran hombre).

Ahora, demostrando su categoría científica, vuelve Sarracino a sorprender con la investigación de un capítulo desconocido de las actividades de José Martí en Estados Unidos.

“Descubrir una verdad regocija como ver nacer un hijo”, dijo Martí, y hay que añadir que pocas veces le es dado a un historiador experimentar esa sensación tan elocuentemente expresada por el más universal de los políticos cubanos.

¿Cuál era la verdadera naturaleza del Club, fundado el 4 de enero de 1883?

Digamos que la membresía del Club Crepúsculo estaba integrada por grandes empresarios, científicos, militares, escritores, periodistas, intelectuales cuya influencia se extendía prácticamente a toda la sociedad estadounidense, hombres y mujeres prominentes de gran prestigio que, en sentido general, motivados por la conciencia, veían con preocupación la transición del país hacia el imperialismo, y que independientemente de precisiones ideológicas, compartían con Martí las ideas de la justicia internacional y la solidaridad humana.

Lo importante de la investigación del doctor Sarracino, es que Martí consideraba posible establecer un equilibrio, no sólo internacional, sino en Estados Unidos, que inhibiera desde el interior del Imperio en ciernes su tendencia expansionista dirigida contra el Caribe y concretamente contra Cuba, política que se sustentaba en la consolidación de la alta burguesía industrial y financiera norteamericana.

El líder de Los Caballeros del Trabajo, Terence Vincent Powderly, que dirigía esta poderosa central obrera que en 1886 había alcanzado ya la cifra de 700,000 afiliados de todos los oficios, capaz de paralizar con sus huelgas a las redes ferrocarrileras y a regiones enteras de Estados Unidos, asistía, invitado, a todas las cenas del Club, porque en ellas podía conversar informalmente con aquellos personajes y dar a conocer sus mensajes.

Martí pudo conocer a muchos de sus miembros en el parque Twilight, retiro situado en las montañas Catskill, en el verano de 1890.

A ochenta de sus socios le fue posible dirigirles la palabra en un célebre restaurante de Nueva York, en octubre de ese año, siendo ya Cónsul General de la República Argentina y Cónsul del Paraguay y en los días en que escribiera sus Versos sencillos y pronunciara el famoso discurso en Hardman Hall sobre el inicio de la guerra de los diez años.

Uno de los rasgos importantes del Club Crepúsculo era que sus miembros se inspiraban en las ideas filosóficas de Ralph Waldo Emerson y Herbert Spencer. En sus actividades participaban Walt Whitman, el poeta de Leaves of Grass; Mark Twain, el notable novelista y ensayista; Andrew Carnegie, multimillonario, “magnate del acero”, y también filántropo, escritor y amante de la paz; Henry George, autor de Progress and Poverty, economista, reformista fundador del primer partido socialista en la ciudad de Nueva York, quizás uno de los más asiduos a las sesiones del Club; James Howard Bridge, autor de Millionaire and Grub Street: cofrade contacts in the Last Century, obra biográfica en la que critica a la burguesía norteamericana; Charles Edwin Markham, poeta laureado, que dijo: “En vano construimos la ciudad, si antes no construimos al hombre” y “ponerse del lado de los oprimidos es lo único digno que puede hacerse en la vida”.

También participaban Richard Watson Gilder, editor de la revista The Century, presentador de las Obras completas de Abraham Lincoln, crítico literario y musical, escritor que Martí respetaba y que habitualmente disfrutaba de su descanso de verano en el Twilight Park; Oliver Wendell Colmes, jurisconsulto, médico con varias obras científicas publicadas, amigo de Emerson y de William James, poeta y autor de El Derecho Civil (Common Law); John Burroughs, poeta y naturalista, amigo de Whitman, que residía precisamente en las montañas Catskill cuando Martí las visitó; Henry Holt, uno de los más importantes editores estadounidenses del período, director de la primera etapa de la revista Life.

El acceso al Club Crepúsculo era uno de los recursos tácticos de Martí en su lucha por evitar la anexión de Cuba a Estados Unidos.

Veía aquel espacio como una caja de resonancia política de la lucha de los cubanos. Junto a la voluntad de los patriotas, la unidad y la decisión independentista, había que actuar en medios incontrolados por el gobierno norteamericano y en sectores de la sociedad sin duda influyentes en diversos planos.

La lección fue bien aprendida por miembros de la Junta Revolucionaria de Nueva York, los cuales, al caer el Apóstol en Dos Ríos, continuaron frecuentando los espacios estadounidenses de características equivalentes al grupo que estudia Sarracino en esta nueva obra suya. En abril de l896 dicha Junta se reunió con miembros del Club y aprobaron una resolución demandando el reconocimiento de la beligerancia del pueblo cubano.

Cuando se repasan los libros publicados por el doctor Sarracino, además de José Martí y el caso Cutting, se advierte la solidez, creatividad y calado de sus investigaciones. Esos libros son: El Grupo Rockefeller actúa, Los que volvieron a África, Inglaterra: sus dos caras en la lucha cubana por la abolición, La Guerra Chiquita: una experiencia necesaria.

Ha dado a conocer en varias antologías y publicaciones seriadas, estudios y artículos científicos sobre temas de gran actualidad, dentro y fuera de Cuba. Su participación en eventos científicos es constante. Ha cumplido misiones en el Servicio Exterior en diversas regiones del mundo y recibido numerosos premios y distinciones.

Este nuevo libro, en proceso editorial, habrá de ser, sin duda, otro plausible aporte a la historiografía cubana.

miércoles, 18 de julio de 2007

José Martí.

Cubarte
Por: Fernando Martínez Heredia.

Cubarte.- Era un muchacho habanero de quince años, blanco pero hijo de dos inmigrantes pobres, el único varón entre seis hermanos. Un buen maestro le apreció sus incipientes cualidades intelectuales y su deseo de saber, y le facilitó continuar estudios. Ese fue el inicio del cambio de su destino: en vez del mostrador de una bodega, la escuela secundaria.

Su país era hermoso y bestial. Desde hacía ochenta años molía sin cesar el trabajo y las vidas de cientos de miles de esclavos africanos. Palacios, pensadores, quitrines, contradanzas, hermosas señoritas, espléndidos varones, vivían sobre un mar de crimen y de iniquidades. El niño habanero era muy sensible, más allá de las vivencias familiares, y en una excursión con su padre se topó con la máxima expresión de resistencia humana de los más humildes: el suicidio. Treinta años después, ya dueño de su idioma, sintetizó en un poema el horror de la esclavitud en Cuba, la destrucción de la condición humana, inmortalizó aquel oscuro sacrificio y dio cuenta de la marca que dejó en él: “¡Un niño lo vio: tembló / de pasión por los que gimen: / y, al pie del muerto, juró / lavar con su vida el crimen!”.

Aquel año de sus quince el pueblo del este del país se levantó contra el poder colonial. El pichón de isleña creció bruscamente, y utilizó un arma a su alcance, los endecasílabos: “No es un sueño, es verdad: grito de guerra / lanza el cubano pueblo, enfurecido…” Con su poema de adolescente participaba así en el bautizo del nuevo gentilicio. Quizás ya conocía la letra de la marcha guerrera del bayamés, de música un tanto mozartiana, que había confirmado a la recién nacida entre la sangre y el humo del incendio: “que morir por la patria es vivir”.

El joven criollo asumió el mandato de aquel verso, y se volvió cubano. Entonces vinieron la hoja subversiva y la poesía militante, el ardor patriótico y la policía. Fue preso en noviembre de 1869, más por su actitud rebelde que por cometer un delito. Sometido a la jurisdicción militar, la alta marea represiva y la modesta condición social del acusado se reunieron: fue condenado a seis años de trabajos forzados. Quince meses después de aquella poesía anúteba con la que había cantado al Diez de Octubre, José Julián Martí Pérez dio el paso decisivo del compromiso con la revolución, poner su cuerpo en ella. Y escribió otros versos, ahora más complejos en la forma, pero sobre todo cargados de contenido humano, versos que traían juntos al dolor y el amor, la entrega a la causa y la visión de su propio futuro:

“En ti encerré mis horas de alegría / y de amargo dolor; / permite al menos que en tus horas deje / mi alma con mi adiós. / Voy a una casa inmensa en que me han dicho / que es la vida expirar. / La patria allí me lleva. Por la patria, / morir es gozar más.”

Todas las rebeldías juveniles son hermosas, aunque muchas resultan efímeras. Pero la del joven sujeto al grillete en las canteras, junto a la gente pobre e inerme de Cuba, apenas comenzaba. En los veinticinco años que viviría después de este 1870 tuvo que optar muchas veces entre seguir siendo rebelde o dejar de serlo. Aprendió que no siempre la disyuntiva es tan clara como cuando uno afirma “O Yara o Madrid”, y que la rebeldía está obligada a ser lúcida y tajante, creativa y tenaz, consecuente y hábil, sagaz, tierna y heroica. Martí optó por la abnegación, la voluntad inquebrantable, la constancia y la entrega, la vida en el exilio permanente, en la pobreza material del que renunció a ser un abogado de éxito, un escritor de fama bien pagada, un próspero y culto padre de familia. Optó por no sustituir en su casa la función del padre trabajador y no ser el sostén que la madre y las hermanas esperaban del hijo varón tan prometedor, y asumió el dolor de quedar separado de su pequeño hijo por una decisión que debió ser, sin duda, desgarradora.

El deber es una de las expresiones que más encontramos en sus escritos, en reflexiones, discursos, poemas, cartas; en consejos que brinda, en polémicas, en juicios acerca de otros y de sí mismo. Es el norte en su brújula más personal, como es la creación de la patria cubana el norte de toda su actuación pública. Y como se penetran una y otra esfera en su vida, y tienden a unificarse, así en su proyecto se articularán el deber individual y el del cuerpo social puesto en movimiento, y el deber de Cuba en América se manifestará. La política revolucionaria es el centro de la actuación pública de Martí, una política que no pretende venir a gobernar la vida de la gente, ni siquiera por estar segura de que tiene la misión de salvarla. Su labor es enseñar a los cubanos a servirse de la política para hacerse dueños de sus vidas y crear su país. La ética, entonces, no se conforma con proveer reglas para guiar la conducta de cada uno; se enlaza firmemente con la política revolucionaria y sirve como fiscalizador y juez de sus principios y sus acciones, como acicate de sus creaciones y su vigor. A la vez, la ética garantiza la eficiencia de esa política, aunque sin pretender despojarla de su especificidad.

Dura labor la de Martí, que portaba todas esas cualidades por las cuales le llamaron apóstol en vida, y que se dedicó a echar las bases del futuro. Para reunir los individuos en una escala capaz de modificar el resultado esperable después del Zanjón, que no pasaría de ser una modernización de la dominación, se vio en la necesidad de congeniar las virtudes y los méritos de sus paisanos con las confusiones, ambiciones, torpezas, los intereses mezquinos y el miedo a los cambios. Para darle continuidad a la revolución de Yara tuvo que preparar una revolución diferente a aquella; para unir a los viejos y a los jóvenes entre sí, y unos con otros en la revolución, se vio obligado a tejer con paciencia infinita una red de coordinaciones y de voluntades, y un partido político nuevo, y a ser el jefe de todos. Debió mover a los inertes y atajar a los imprudentes, darse a los humildes y atraer a todos los demás que pudiera, negar las razas y combatir la realidad del racismo, querer la igualdad de oportunidades y la república democrática para el bien de todos y pelear por la independencia nacional para conseguir la libertad y la justicia, juntas.

Se pueden encontrar las huellas de esa tarea ciclópea suya, tan llena de maravillas y angustias, de hiel y de alegrías, en los miles de páginas que escribió. Como clava a la idea de anexión en el angustiado poema “Al extranjero”, o el orgullo inflamado con que cuenta los episodios de la gesta del 68; la hondura tan convincente al exponer los materiales muy diferentes y hasta opuestos con que habrá que hacer la revolución y la república –por ejemplo, en su discurso del 10 de octubre de 1891--, y la terca convicción por sobre todo: “los locos, somos cuerdos”; la correspondencia incansable, seductora o conceptuosa, ese prodigio de ciencia política que es su artículo “El lenguaje reciente de ciertos autonomistas”, la felicidad de irse por fin a la revolución en sus escritos de 1895. Con la madre se toma algunas libertades, entre tanta actividad cívica. Un año antes de su muerte le escribe: “...sigo mi labor, más pura, madre mía, que un niño recién nacido, limpia como una estrella, sin una mancha de ambición, de intriga o de odio (…) Mi porvenir es como la luz del carbón blanco, que se quema él, para iluminar alrededor. Siento que jamás se acabarán mis luchas (…) Sólo los infelices que llegan pocas veces al poder y suelen llegar con demasiada ira, tendrán paces conmigo”.

Pudo gozar de un primer triunfo: desatar la guerra revolucionaria que iba a crear la nación y a los cubanos. Él conocía la trascendencia de aquel hecho. Al desembarcar en Oriente el 11 de abril, con Máximo Gómez, escribe en su cuaderno: “Dicha grande”. Viene a enfrentar tareas inmensas y difíciles: afirmar, organizar y extender la guerra; definir las líneas fundamentales del poder y la política de la revolución, y dejar constituida la República en Armas; ejercer la conducción política del proceso –aunque él duda que le sea posible, al menos por un tiempo--; y correr la suerte de los combatientes. En el campo de Oriente, Martí goza al conocer las personas, el paisaje y los nombres de las cosas de su tierra natal, los relatos, los hombres y los lugares de la Guerra Grande. Y goza al ver a tanta gente de Cuba que sólo había imaginado --con su mar de virtudes y defectos--, metidos en la revolución verdadera.

Sin descanso, Martí se sumerge entre los jefes y los soldados, hace política diaria y sostiene con Maceo y Gómez la entrevista de La Mejorana, pinta hechos y caracteres en su Diario, divulga la revolución hacia el exterior, firma una dura orden de guerra, vive la cotidianidad de la guerra irregular. Y todavía le da tiempo a admirar la belleza de una joven señora andaluza, y –allí donde tantos miles sólo verían amaneceres y acciones por librar-- es capaz de ver una estrella, y una paloma.

Conoce ahora también a la muerte palpable, no sólo al estado o el tránsito que han estado tan presentes en sus escritos y sentimientos. Dos Ríos pudo haber sido solamente su primer combate, un encuentro sin demasiada importancia. Hoy sabemos que iba hacia la muerte desde que llegó por Playitas, pero es únicamente por lo que sucedió. Por la patria, morir es gozar más. Martí multiplicó con su muerte el valor permanente de la obra de su vida, la promesa que la revolución le estaba haciendo a un pueblo nuevo y la trascendencia de su proyecto cubano y continental. Ellos siguen hoy con nosotros, y delante de nosotros, señalando un camino.

martes, 17 de julio de 2007

Fernando Pérez investiga en la adolescencia de Martí y aboga por la "diversidad de criterios"

Noticine.com
© Corresponsal-NOTICINE.com

Fernando PérezEl cineasta cubano Fernando Pérez, cuyo último trabajo "Madrigal" llegó hace pocos meses a las pantallas, se encuentra trabajando en la documentación de su próximo proyecto, un telefilm sobre la figura de José Martí para la serie iberoamericana "Libertadores". Según informa la web Cubacine, el autor de "La vida es silbar" y "Suite Habana" ha decidido no narrar los hechos históricos relacionados con la lucha por la independencia cubana, sino la infancia y adolescencia del héroe nacional, referencia constante en la vida cubana. Por otro lado, Pérez ha hecho unas declaraciones este lunes a Granma sobre la necesidad de "diversidad de criterios" y su oposición a las ideas "únicas" que "no favorecen ni contribuyen a enriquecer el pensamiento".

"Libertadores", como ya informó NOTICINE.com el pasado marzo, es un ambicioso proyecto de la productora española Wanda Films con la cadena estatal TVE para presentar a las nuevas generaciones a los líderes de los respectivos movimientos independentistas de la América Hispana, en una serie de telefilms. Entre otras figuras del cine de la región contactadas figuran el argentino Fernando "Pino" Solanas y el chileno Raúl Ruiz.

José Martí, conocido como "El apostol" entre otros epítetos laudatorios, será tratado por su compatriota Fernando Pérez, considerado el realizador y guionista contemporáneo más destacado en Cuba, donde este mismo año ha sido reconocido con el Premio Nacional de Cine. Gloria María Cossío, colaboradora en su producción más reciente, está ya investigando sobre la historia vital del periodista, poeta e ideólogo de la independencia de la mayor de las Antillas.

La última cinta de Pérez, "Madrigal", no ha sido precisamente la mejor recibida de su carrera. Desconcertó a algunos, aburrió a otros, fascinó a unos pocos... En cualquier caso, se trata de un film muy personal, que incluye muchas de las preocupaciones, obsesiones y metáforas del autor de "Madagascar". Siempre ha sido consciente el director cubano de esa dificultad, y así lo ha expresado en los medios. Lejos de rechazar las críticas, Pérez considera que cualquier polémica es sana. "Si en algo creo es en la diversidad de criterios, y el arte debe -y puede- provocar esa diversidad. Las unanimidades, las ideas únicas, no favorecen ni contribuyen a enriquecer el pensamiento. Todo lo contrario", declaraba este lunes al diario portavoz del Partido Comunista Cubano Granma.

"Una película que provoque polémicas, que no deje indiferente al público, que provoque incluso criterios divergentes entre sí, es una película que está viva y dinamiza", añadía el realizador de "Madrigal", que asume también las opiniones de los especialistas en los medios, aún siendo negativas: "Tomar una crítica como un ataque para mí sería negar los principios que uno se plantea como artista. No aceptar la crítica sería negarse uno mismo, porque el ejercicio del criterio propio es un derecho del creador y de sus críticos".

La carta: una expresión literaria de José Martí.

La Estrella online
Leoncio Obando Q.
periodistas@estrelladepanama.com

No fue José Martí más poeta que pensador, ni más humano que patriota. Sus escritos denotan la fluidez de su pensamiento lleno de ternura y rebeldía. Al cumplirse el pasado diecinueve de mayo un aniversario más de su muerte, se honró su memoria con la publicación de una de sus cartas inéditas a un amigo muy querido: Felipe Sánchez.

Este escrito aparecido en uno de los diarios de Estados Unidos que se editan en español, en realidad no estaba destinado a la publicación, dada la fraternal intimidad de la misma; sin embargo, su contenido sencillo y entusiasta no es muestra menor de su gran sensibilidad y nobleza, que a la postre, es una de las distinciones más honrosas que ha visto la luz pública.

El decidido defensor de las nuevas corrientes modernistas puso su poesía al servicio de la emancipación de su patria, de la real corona española, sus cartas al igual que sus crónicas desde New York y Buenos Aires, son páginas inolvidables que se suman a la ternura de su poemario inmortal Ismaelillo; canto amoroso dedicado a su pequeño hijo, y que es un testimonio de su pensamiento, especialmente cuando dice: "La poesía es la vaga, es más bello lo que de ella se espera que lo que es ella en sí".

La transcripción de esta carta a su amigo Felipe ha sido expuesta de manera literal, sin otro cambio que los que exige la ortografía moderna, veamos:

New York, 14 de septiembre de 1882

Sr. Felipe Sánchez Solís

Mi amigo muy querido:

"Hace meses recibí una afectuosa carta suya. No me tenga a mal que no se la haya respondido hasta ahora, que no ha sido falta de cariño, y vehemente agradecimiento, sino culpa de mis tristezas, que con las de mi patria se aumentan y me quitan a veces toda fuerza de la mente y de la mano."

"Me invita usted a volver a México, que es tanto como invitar al hijo ausente a que vuelva al solar propio, pues no sabe usted que quiero a México con tal vehemencia ternura que no parece sino que fuera mi verdadera patria?, allí mis mejores amigos; allí mentes clarísimas, corazones principales, deleitosos recuerdos, naturaleza arrogante y seductora, vida fantástica y mágica. Allí usted, cuya memoria me regocija cuyo ejemplo me da fuerzas y cuya amistad me enorgullece.

"Por tantas partes he ido hablando de usted. Usted habla, para mí, lengua de siglos.
No sé si será usted ahora senador, pero pienso en usted siempre como si lo fuere, y no de estos ruines senadores de hoy, sirvo de aquellos sencillos y majestuosos de Tlaxcala. ¿Qué ha sido de su casa? ¿O qué de sus cuadros? ¿Qué de la benévola Lusanita, de su arrogante hija mayor, de aquella pequeñuela de ojos resueltos y vivaces, y de sus dos excelentes hijos? La suya es esa patriarcal, y yo no he de dejar que otro hable de ella, sino que tomo empeño -para ganar honra con tributarla a quien la merecen narrarlas bondades, merecimientos y faenas del muy noble caballo indio, del discreto y venerable Felipe Chicencaulta. Ve usted, que nada olvido.

"Muy de prisa estoy ahora, por exceso de trabajo, pero aún me queda tiempo para decirle que no tengo conmigo, ni la enviaría aunque la tuviese, aquella biografía sucinta que le escribió Villaseñor, sino que en cartas que irán detrás de ésta, y en las que hagamos escribir al leal Gerardo, trataremos del modo de que yo reponga, con datos que de allá me manden, y juicio que yo saque de mí, biografía de quien con tanto exceso la tiene merecida. Escribirla será para mí verdadero regalo”.

lunes, 25 de junio de 2007

Martí en Francia.

Cubarte
Por: Mercedes Santos Moray

(CUBARTE) Hace más de cuatro décadas que, desde la Universidad de Burdeos, se potenciaron los estudios sobre José Martí. Así varios hispanistas galos comenzaron a desandar el silencio, y fueron adentrándose en la obra y en la vida de nuestro Apóstol, realizándose también encuentros con especialistas cubanos, coloquios e intercambios de publicaciones.

Entre esas relevantes personalidades se debe mencionar, ante todo, dentro de los ámbitos académicos, al desaparecido profesor Nöel Salomón, imantado por métodos de lo que se considera, también, la literatura comparada, instrumentos exegético que le permitieron a él adentrarse en el vasto universo de la papelería martiana.

En verdad hay una triada de destacados intelectuales franceses, integrada por Nôel Salomón, y los más jóvenes Paul Estrade y Jean Lamore quienes no sólo han dedicado varios lustros de trabajo científico al Maestro, sino que han contribuido asimismo al enriquecimiento de los perfiles históricos, literarios y culturales en los que se desarrolló el pensamiento y la vida de Martí.

Del Profesor Emérito de la Universidad de Burdeos, Jean Lamore, acaba de aparecer la primera biografía sobre el Apóstol, que ya se encuentra circulando entre los lectores galos, a los que se dirige en primera instancia y que, posteriormente, tendrá también su edición en español.

El estudio biográfico, de unas 300 páginas, fue publicado por la editorial Ellipsis, y cuenta además como valor añadido con numerosas ilustraciones y también otros documentos, así como una cronología, resultado del análisis y la reflexión sobre las relaciones entre José Martí y su época.

En diciembre del 2007 aparecerá la edición en castellano que será asumida por el estado Michoacán, en México, cuyos centros universitarios desarrollan un profuso trabajo sobre la historia, y que tienen profundos vínculos con los historiadores en la Isla.

Recuerdo aquellas valoraciones de Nöel Salomón, en pos de una definición ideopolítica de Martí, y también rememoro aquellos encuentros sostenidos en Francia, entre martianos de ambos países, así como los intercambios culturales y otros espacios dedicados también la obra y la vida de grandes figuras de las letras de América Latina, como el propio Martí y el nicaragüense Rubén Darío, celebrados en Burdeos.

Como esta otras contribuciones galas al estudio del ideario martiano, realizadas por Paul Estrade, pienso en su acercamiento al papel de la mujer en los clubes del Partido Revolucionario Cubano, en relación con aquellos clubes nacidos al calor de la Revolución Francesa de 1789, así como en las investigaciones de Jean Lamore, sobre todo aquellas relacionadas con el estadio mexicano y guatemalteco martianos, quien con la escritura y publicación de su biografía, amplía también la caja de resonancia de José Martí, como su divulgación y estudio, en el contexto de la vieja Europa y de los medios académicos de Occidente.

Fuente: CUBARTE