Publicado: 2016-12-15
Por: Marlene Vázquez Pérez
Fuente: CUBARTE
La mayor
parte del orbe está escandalizada, o temerosa, o sorprendida, o indignada, o
sumida en la decepción y la incertidumbre, por el resultado de las elecciones
presidenciales en Estados Unidos. No voy a opinar sobre un hecho comentado
abundantemente por especialistas en el tema en las más diversas latitudes y
medios de comunicación. Solo quiero decir que aunque no me agrade, no me
sorprende en absoluto la llegada de Donald Trump al poder, pues como dijo
alguien cuyo nombre no consigo ahora precisar, saber historia no es saber lo
que pasó, sino lo que va a pasar.
Cuando se ha leído a José Martí, quien indudablemente fue un testigo excepcional de la
vida cotidiana, la política, y la cultura estadounidense durante casi tres
lustros en las postrimerías del siglo XIX, se tiene la certeza de que lo
acontecido era lo previsible. Las campañas electorales norteñas y sus
resultados, estuvieron siempre en el punto de mira del cubano, pues constituían
toda una novedad para el joven intelectual, oriundo de un país oprimido por el
dominio colonial español. Además, sus experiencias políticas en otras tierras
de nuestra América, como México, Guatemala o Venezuela, distaban mucho de la
democracia representativa, y siempre estuvieron marcadas por el signo fatídico
del caudillismo.
Escenas norteamericanas, enviadas sistemáticamente a los diarios más prestigiosos
de Sudamérica, como La Nación, de Buenos
Aires y El Partido Liberal,de
México, entre muchos otros, alabó el proceso eleccionario como nueva forma de
nombrar las instancias gubernamentales a diversos niveles, pero también puso en
tela de juicio las zonas oscuras de un proceder que se había maleado por la
corrupción, el fraude y las luchas de los sectores más ricos por hacerse con el
poder a toda costa.