jueves, 18 de junio de 2026

La calle donde Martí todavía camina

Nay Salas Profesora y escritora
17/jun/26 - 17:00

¿Qué ocurre cuando una persona del pasado sigue teniendo una huella en un lugar donde la mayoría camina sin verla? Te comparto la ubicación porque hay calles que guardan nombres, y otras guardan vidas; y cuando vuelvas a pasar, espero que puedas mirarlo diferente: Calle de la Manifestación, nº 13, Zaragoza.

La vida que aquí aún encontrarás no está convertida en piedra, ni en una placa de metal frío que solo anuncia: “En esta casa vivió José Martí, héroe de la independencia de Cuba”. Significa una placa pequeña frente a una vida inmensa; una calle cotidiana frente a una historia universal; un joven de entonces frente al mundo de ahora; Cuba y Aragón como dos lugares que aparentemente se separan pero siguen dialogando en el tiempo.

Universal Martí, cubano y zaragozano por autodesignación, vio la luz primera el 28 de enero de 1853. Hay coincidencias históricas que uno no puede explicar como juegos del destino, pero que le obligan a mirar más cerca. Por eso no busco descubrir a Martí. Vengo a mirar lo que quedó cuando todos dejamos de mirar.

¿Qué hacía un joven de 21 años en una Zaragoza del siglo XIX? ¿Qué miraban sus ojos cuando caminaba por esas calles? ¿Qué preguntas le rondaban la cabeza? ¿Qué dolores llevaba consigo y qué sueños era capaz de sostener cuando todavía no era el Martí de los libros, de los monumentos y de las plazas, sino solamente un muchacho intentando entender el mundo?

Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿qué haría hoy? No para disfrazarlo de moderno ni vestirlo con las herramientas de este tiempo, sino para poner frente a nosotros dos épocas que parecen lejanas y, sin embargo, siguen conversando: un joven con ideales y un joven con inteligencia digital; un hombre con una pluma y un hombre con infinitas plataformas para hacerse escuchar.

La verdadera pregunta no es si Martí tendría redes sociales, sino si en este tiempo seguirían existiendo personas capaces de comprometer su vida con una idea, de defender aquello que creen justo aunque el camino sea más difícil. Quizás ahí comienza el verdadero viaje: no hacia el Martí que pasó por Zaragoza, sino hacia la huella que dejó caminando por ella; y la que se llevó a Cuba en su maleta.

Aquí tienen jóvenes cubanos, españoles y del mundo, la oportunidad enorme de seguir un modelo de pensamiento y formación cuyas bases están creadas en la historia, y solo necesitan ser recuperadas desde el presente.

Martí vivió Aragón como una experiencia de vida. En su obra literaria evoca al Ebro, el Pilar, Lanuza, el carácter aragonés y la defensa de las ideas. En Versos sencillos (1891) escribe:

“Para Aragón, en España,
tengo yo en mi corazón
un lugar todo Aragón…”

Tampoco se puede hablar de la presencia de Aragón en Martí sin detenerse en uno de sus textos más vivos en la memoria cultural cubana: La bailarina española, incluido dentro de sus Versos sencillos. No es un poema muerto en los libros; en Cuba se aprende desde edades tempranas, se recita en escuelas, se trabaja en la formación literaria básica, y atraviesa generaciones como una imagen sin explicación. Incluso en representaciones escolares, el verso sale del papel para quedarse en el cuerpo de la infancia: niñas cubanas aparecen vestidas con trajes españoles.

Martí nos regala allí una España ni abstracta ni lejana, sino sensorial, en movimiento. “Baila muy bien la española…”, dice el poema, donde no hay distancia cultural sino una mirada que observa, admira y reconstruye una identidad que también le pertenece. En sus Obras Completas la presencia española no es anecdótica: aparece como territorio afectivo, político y humano, y Aragón se inscribe en ese mapa íntimo donde la geografía se vuelve memoria. Queda claro que Martí tradujo a España en imágenes para el mundo.

No es casual que en Cuba, junto a la figura de Martí, convivan también imaginarios populares como Elpidio Valdés, creado por Juan Padrón; el personaje de dibujos animados se convirtió en uno de los símbolos culturales más reconocidos de la identidad cubana. Antes de leer a Martí, muchos cubanos aprendieron a sentir una parte de nuestra historia viendo a Elpidio Valdés cabalgar por la manigua.

De alguna manera, la cultura cubana ha mantenido vivo ese puente. No sé si las geografías realmente terminan o si algunas, como Aragón en Martí, continúan respirando en otros lugares mucho después de haber sido vividas.

Tomado de: Aragón Digital

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