martes, 2 de junio de 2026

Martí, periodista comprometido

Néstor Arroyo
26 mayo, 2026

En mayo suelo escribir sobre Martí, y este año no podía ser distinto. En esta ocasión me detengo no en el héroe que cayó en Dos Ríos, ni en el orador que hacía temblar las asambleas de cubanos exiliados y que superaba en potencia oratoria incluso a Castelar, sino en el periodista que, durante años, semana tras semana, escribió desde Nueva York para los grandes diarios de América Latina con una potencia expresiva, una plasticidad casi pictórica y un manejo del idioma sin parangón.

Martí ejerció un periodismo comprometido con honestidad y valentía. Desde 1880 hasta 1895 envió crónicas a La Nación de Buenos Aires y a La Opinión Nacional de Caracas, entre otros diarios del continente. Y estas eran esperadas por una enorme legión de seguidores.

Sus crónicas norteamericanas, por ejemplo, son el testimonio más sostenido de ese compromiso de informar, interpretar y fijar postura. Cubrió la inauguración del puente de Brooklyn, el incendio de un teatro en Chicago, la ejecución de un asesino, la miseria de los inmigrantes, las contradicciones del capitalismo en auge y la inauguración de la Estatua de la Libertad el 28 de octubre de 1886, entre otros acontecimientos. Y nunca se limitó al dato, detrás de cada hecho buscaba la condición humana. Escribía teniendo siempre como norte a los humildes, como dice en los Versos sencillos (1891): “Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar”.

Gabriela Mistral, en su ensayo “La lengua de Martí”, señala que su prosa golpea “con la originalidad antes que con cualquier otra cosa”, y que esa originalidad tiene “trazos” precisos: “de tono, de vocabulario, de sintaxis”.

Rubén Darío, que esperaba sus crónicas con devoción, lo definió sin reservas: “Su vida fue un combate”. Empezó con el presidio a los dieciséis años, luego con el exilio casi permanente entre el viejo y el nuevo mundo, y con la pobreza que combatía con dignidad. Y terminó, finalmente, con la muerte el 19 de mayo de 1895, apenas iniciada la guerra que él había organizado también desde las páginas de Patria, el periódico que fundó en Nueva York en 1892.

Patria no era un periódico en el sentido convencional. Era un instrumento político de liberación. Desde sus páginas Martí articuló la unidad de los cubanos en el exilio, recaudó fondos, respondió a sus críticos, y practicó un periodismo de propaganda política y de compromiso ético. El Apóstol, hasta en la urgencia de la guerra, mantuvo el rigor y el respeto por las palabras.

Hoy, releer a Martí es casi una necesidad para todo el que escribe en español, no solo para los periodistas. Tanto por el dominio del idioma, por lo descriptivo de su estilo, por lo atinado de sus frases, por la lealtad ante sus creencias y por la pasión de sus convicciones.

Al respecto, Rubén Darío, el grandioso poeta nicaragüense y americano, principal exponente del movimiento modernista del cual Martí fue precursor, escribió en un ensayo que tituló: José Martí: “Nunca la lengua nuestra tuvo mejores tintas, caprichos y bizarrías”.

Tomado de: Periódico El Caribe

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