martes, 7 de octubre de 2008

Primera página web sobre Martí en Cienfuegos.

Granma
ONELIA CHAVECO

La primera página web sobre los testimonios patrimoniales de José Martí en la provincia cubana de Cienfuegos, quedará inaugurada el próximo día 18 de octubre en saludo al aniversario 155 del natalicio del Apóstol.

El sitio constituirá una evidencia de las relaciones del héroe nacional y el Partido Revolucionario Cubano con la ciudad y su movimiento patriótico durante la década del 80 del siglo XIX.

Esta web se hospedará en el portal de Patrimonio que forma parte de la red cienfueguera Azurina, y comenzará a funcionar a partir del próximo 20 de octubre, día de la cultura cubana.

Informáticos del Centro provincial de Patrimonio actualizarán periódicamente la página, donde reflejarán el quehacer de instituciones que atesoran información sobre José Martí y construcciones conmemorativas en su honor.

Los usuarios también podrán encontrar un directorio cienfueguero con locaciones y calles que llevan su nombre, obras de arte con su figura, así como datos históricos importantes.

En la Web Martí se publicarán obras de importantes investigadores cienfuegueros como Samuel Sánchez Gálvez quien demostró la presencia del Apóstol en la logia Masónica con el hallazgo de dos documentos con su firma y nombre simbólico.

También se llevarán a la red investigaciones de Mirtha Luisa Acevedo, especializada en estudios martianos y de los vínculos de su familia con territorio cienfueguero.

(AIN)

lunes, 6 de octubre de 2008

Una crónica viva, las huellas del Apóstol.

Cubarte
Por: Mercedes Santos Moray
06 de Octubre, 2008

(Cubarte).- A una escritora camagüeyana que, en este año, acaba de cumplir 85 de vida, aunque la enfermedad ha silenciado su presencia en nuestro horizonte cultural, a ella, a Mary Cruz debemos la autoría de un breve volumen: El hombre Martí, publicado por el Centro de Estudios Martianos, y prologado por quien ha sido su compañero, el poeta y ensayista Ángel Augier.

Desde el preámbulo, el propio Augier define este cuaderno, acercamiento a una subjetividad, la de Martí, en el decursar de su existencia, libro escrito con amor, y resultado de muchos años de lecturas y de búsquedas, de voluntad divulgativa, en lo esencial, y no de afanes exegéticos, texto que tiene una virtud, la de seguir las huellas del Apóstol, desde el costado más personal y humano, es decir, desde las raíces mismas de su encarnadura, descubriendo ante los lectores aquellos rasgos físicos y también morales de un ser humano excepcional.

Verdadera crónica viva este libro estructurado con un sentido didáctico, que invita a otras lecturas, y también a investigar esos costados en los que no se suele abundar, cuando se trata de la abundante papelería dedicada a Martí, porque la escritora que aquí usa de sus técnicas ensayísticas, pedagógicas y también narrativas, quiere adentrarnos en la espesura de un hombre, desde la niñez a la muerte, para no sólo conocerle mejor, sino y sobre todo, para que se nos agrande, desde la individualidad, ese cubano que devino símbolo y que muchas veces se nos diluye entre ideas, como si nunca hubiera sido un sencillo habitante de este mundo.

De interés, incluso metodológicamente, resulta el apunte de Mary Cruz cuando nos presenta el desarrollo de aquel cuerpo que sólo llegó a los 42 años, y cómo nos describe su cabellera, abundosa en la niñez, ensortijada en la juventud, hasta ver cómo clarea, mientras se agotan las energías físicas y se aproxima en la madurez al final de la vida, con la calvicie que describe el médico forense, al examinar al caído en Dos Ríos.

También los ojos, que la autora concluye, gracias a numerosos testimonios de los coetáneos de José Marti, como el centro de su expresión facial, y como el reflejo de su propio carácter, estos sus ojos pasan de ser castaños a claros, o se definen por la escritora como “glaucos”, con esa capacidad que tantas personas tienen de varias con el tiempo y las propias motivaciones afectivas.

Otro elemento lo será la sonrisa, siempre breve, y sólo muy ocasionalmente atrapada por el lente y la pintura, de mayor espontaneidad cuando sostiene al pequeño José Francisco, a la altura martiana de sus 28 años, y luego, desvanecida, aunque no ausente su sentido del humor, tras laceraciones y vivencias en una vida que, como la suya, fue tan intensa.

A estos temas suma Mary Cruz su exploración de la personalidad, la construcción del ser humano en un despiece narrativo que sigue, también, el sendero de ver las variaciones de la existencia, los cambios ocurridos en distintas facetas de aquella naturaleza, en las que tuvo tanta importancia el amor, desde los padres y las hermanas, hasta las mujeres que fueron alimento de su espiritualidad y, en especial, su relación con quien fue su esposa, Carmen Zayas Bazán.

Lectura esta que se disfruta, y que como he apuntado, no aspira a ser conclusiva en sus datos, sino una apertura hacia investigaciones necesarias, al tiempo que nos entrega una mirada otra, no desde el mármol de la estatua, ni tampoco desde la dimensión heroica, sino que se aproxima, siempre, a un hombre de mediana estatura, cuerpo delgado y gran voluntad, dinámico e inquieto, que se ha situado en el centro de nuestra historia, y que nos reclama igualmente, gratitud y amor, un conocimiento de su persona, desde muchos aspectos, para entenderle mejor también, y ver cuánto nos dio, aquel criollo de tez trigueña y ojos oblicuos, de voz de barítono, como señalan sus amigos y oyentes, el mismo de la calle de Paula y del cruce del Cauto con el Contramaestre.

jueves, 2 de octubre de 2008

La ética y la acción de José Martí.

Fernando Dávalos
Colaborador de Rebelde
2 de Octubre de 2008, 9:50 a.m.

LA HABANA, CUBA.- El pensamiento ético y la acción de José Martí, en la segunda mitad del siglo XIX, tenía una matriz latinoamericanista y de apego a las clases populares, y hacen saber que la grandeza no puede hacer olvidar las obligaciones familiares y cotidianas. Por eso se entiende que fue un hombre sometido a múltiples tensiones, contradicciones y hasta reveses. Supo construir su imagen pública patriótica, en estrecho y singular contrapunto con su vida íntima, y sufrió la incomprensión de su madre, de la esposa y de numerosos amigos, que deseaban que su brillante talento se aplicase al ejercicio de la abogacía y al disfrute de una holgada vida familiar.

Martí padeció, pero no cejó por entregarse a Cuba.

Pasó tiempo separado de su hijo, lo que expresó más de una vez en sus textos, y eso le dolía. Tanto fue que le hizo considerarse un muerto en vida. Adoptó el sencillo traje de color negro porque afirmaba que guardaba luto por la esclavitud de Cuba. Se sintió desposado con la patria. Pero no cesó en sus delicadezas de caballero y fue buen conocedor de telas y modas, y aconsejó con buen gusto a sus amistades, al comprar ropas para su hijo y al presentar a los personajes femeninos de Lucía Jerez, su única novela. Mantenía sus finezas, pero se entregaba de cuerpo y alma a la conspiración.

Su sentido estético le haría rechazar el oropel y el artificio, y por ello, quizás, trabajaba sus textos sin cesar y nunca encontró sus Versos Libres a punto para publicar. Defendía lo pictórico, y un día en Nueva York gastó el único dólar de sus escuálidos bolsillos en comprar una taza de porcelana china para disfrutar de su belleza. La amistad y el agradecimiento formaban parte de sus deberes y de sus gozos. En sus cartas al mexicano Manuel Mercado demuestra que siempre reconocía en aquél la ayuda a sus padres y hermanas, y cómo le abrió él mismo las vías para incorporarse a la vida intelectual del México de entonces, y a su sustento diario. Martí fue así de honrado, que no olvidaba.

Su maestro Rafael María de Mendive, en los años juveniles, y mentor de su amor a Cuba, resultó siempre sagrado en su memoria. Quienes le tendieron la mano a Martí, fueron aceptados y queridos, aunque no coincidieran en sus posiciones políticas. Mediante la franqueza y la lealtad logró servicios para Cuba de un natural de Galicia que estaba integrado al recalcitrante Cuerpo de Voluntarios, afín al gobierno colonial, y de un joven español que servía en el barco que le condujo, en 1879, a la segunda deportación de su amada Cuba. Ese fue el joven Pepe Martí, comprometido en la lucha y en todo momento delicado, esclavo de sus letras, y humilde soldado de Cuba.

miércoles, 1 de octubre de 2008

¿Cómo era José Martí?

Fernando Dávalos
Colaborador de Rebelde
1ro. de Octubre de 2008, 10:10 a.m.

La Habana, Cuba.- Se ha escrito que José Martí poseía el arte de escuchar, pero era un hombre que hechizaba a quienes estaban atentos, en un aula con los cubanos negros de Brooklyn, en salones de la Quinta Avenida neoyorquina, o ante la tropa mambisa alzada en los campos orientales de Cuba. Podía transformar su cálida voz, de rápida y pegajosa palabra en la intimidad, en un fogoso y convincente discurso, cuando así era necesario.

De entonces algunos detallan sus ademanes, el gesto y la mirada penetrante y enérgica, y dulce, como lo señaló la chilena Gabriela Mistral, que hallaba vida en sus ojos aún después de muerto Martí, en cualquier retrato antiguo. Su palabra y sus ojos eran su elocuencia.

Era hombre de detalles. Cuando visitó a Manuel Mercado en 1894, ya próximo a su caída en combate, Martí no olvidó una flor o un pequeño recuerdo. En víspera de un viaje a Tampa, suprimió su comida para comprarle un recuerdo a la hija de cinco años de un tabaquero. Al hacer una visita, dirigía una palabra amable a cada persona, cual repetía en las despedidas de sus cartas, en sus dedicatorias y en sus poemas. Recordaba casi siempre a quien vio antes, lo recuerda el historiador Pedro Pablo Rodríguez.

Martí no era tan serio como aparece en las fotos de entonces, como era una costumbre. Intercalaba la risa en sus conversaciones, y gustaba de bailar. Se le recuerda en México cómo animaba las redacciones y las tertulias de intelectuales.

En Nueva York, maduro ya, sus amigos le buscaban para ir al bar de moda, en el hotel de Hoffman. Sabía de vinos y comidas, y dice Enrique Collazo, quien lo trató en momentos en que apenas dormía, porque preparaba expediciones subrepticias para Cuba, ordenaba una comida como nadie, pero comía poco o nada. ¡Cómo serían las preocupaciones de Martí!

Fue Pepe frugal de hábitos y por necesidad, y quizás también para predicar sin palabras ante cualquier cubano habitualmente dispendioso. Martí era hiperquinético, como ahora se dice, nervioso y no podía estar tranquilo, pero pasaba horas escribiendo. Subía los escalones de dos en dos, pero le leía pacientemente a su hijo y pasaba largos ratos cerca de María Mantilla, mientras ella estudiaba piano. Martí supo combinar las decisiones de la guerra que preparaba (1895), con los detalles amorosos de su hogar, a pesar de tan graves tensiones en cada momento. Pudo controlar y encauzar su orgullo, su rebeldía y cualquier arranque de soberbia. Fue una voluntad al servicio de la causa y de los demás.

“Era un hombre de gran corazón que necesitaba un rincón donde querer y donde ser querido. Tratándole se le cobraba cariño, a pesar de ser extremadamente absorbente”, relata uno de sus colaboradores en las lides patrióticas, cuya relación con José Martí comenzó con un sonado choque epistolar. La naturaleza viril del soldado Martí se mantuvo en todo momento, y con sus convicciones, le llevaron al primer combate en la localidad de Dos Ríos, en la zona oriental de su amada Cuba, el 19 de mayo del año de la guerra que previó, donde cayó de su cabalgadura muerto a balazos, en la que no era habilidoso jinete. En esos momentos marchaba a organizar el gobierno de los patriotas en armas, otra inmediata encomienda y preocupación de la histórica causa.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Diarios de campaña, de Martí: Vivo reflejo de una vida.

5Septiembre.cu
Mirtha Luisa ACEVEDO FONSECA
(24/09/2008) 3:45 p.m.

Texto que debe ocupar espacio privilegiado en la biblioteca de cualquier lector, se encuentra a la venta en nuestras librerías.

Es frecuente encontrar en páginas escogidas de la obra martiana algunos fragmentos de sus diarios de campaña, o en ocasiones, se han publicado indistintamente con títulos como De Montecristi a Cabo Haitiano, o De Cabo Haitiano a Dos Ríos. Es menos usual para el lector descubrir la obra completa registrada en sus dos partes, como sucede en esta publicación del Centro de Estudios Martianos: José Martí, Diarios de Campaña, a la venta en nuestras librerías.

Se trata de la edición crítica realizada por la investigadora y ensayista Mayra Beatriz Martínez en un libro que bien puede estar destinado a un lugar privilegiado en el interés de cualquier lector, por la minuciosidad del relato de estos viajes y la poética de sus textos.

Las páginas de Diarios de Campaña son reflejo de lo acaecido en la vida de su autor; allí transitan junto a los sucesos, las anécdotas, los estremecimientos más sublimes, las vivencias del Maestro desde el 14 de febrero de 1895 hasta las últimas letras escritas horas antes de morir. Están recogidos los hechos transcurridos en apenas 3 meses y 5 días, de una existencia antes cargada de acontecimientos disímiles: prisión, destierro, incomprensiones, traición; y ahora estos últimos pasajes son un verdadero soliloquio donde emergen la certeza del camino soñado, la solidaridad humana; allí se suceden los amigos, las muestras de respeto y cariño en letras donde subyace un sentimiento de plenitud espiritual.

Como todo diario, la intimidad denuncia las inquietudes de la pluma, y la lectura insaciable lo acompaña en estos momentos cruciales, cuando aun en circunstancias aciagas no renuncia a los libros.

Transmiten cuanto pudiera rastrearse de la cultura caribeña y cubana, aparecen las costumbres culinarias, la música, los hombres y mujeres que en diversas circunstancias asisten a los finales del siglo XIX en Santo Domingo y Haití, y quienes en Cuba asumen la irrenunciable circunstancia de la guerra contra el colonialismo español.

Tanto en el tránsito por República Dominicana y Haití como en lo referido desde tierra cubana, se aprecian los recursos del poeta inconmensurable que fue su autor. Sale a la luz la originalidad en la adjetivación martiana cuando al referirse a un lugar de República Dominicana, Santiago de los Caballeros, la califica de "trabajadora y épica", dos consideraciones aparentemente poco comunes unidas en una valoración intrínseca. En otros párrafos, cuando ya ha conocido del alzamiento en Cuba del 24 de febrero, el diario y la poesía delatan su impaciencia: "El sueño es culpa mientras falta algo por hacer".

Y como para no renunciar al acercamiento a este libro debe ponderarse la minuciosa edición explícita en estas páginas con 548 notas al pie de acotaciones históricas, precisión de lugares y personas relacionadas con la ruta martiana.

Sin dejar cabos sueltos, la investigadora completa el volumen en los anexos con los datos de 69 figuras vinculadas con el Apóstol. Y un glosario de términos significativos referentes a la flora, la fauna y las costumbres.

Para hacer justicia de la existencia de tan preciado volumen, habría que agradecer al cuidado de Manuel Sanguily y Garrite, que recibiera el primer diario en 1910 de manos de Carmen Miyares, en cuyas manos quedó guardado por haber sido dedicado a sus hijas.

El segundo diario apareció en 1940 en los archivos de Máximo Gómez, a quien fuera entregado, por Ramón Garriga, el joven ayudante de José Martí, que custodiaba el manuscrito en sus alforjas, cuando la muerte atrapa a su autor en Dos Ríos.

Asumir esta lectura será una recreación llena de poesía y vida; no son relatos de guerra, son cantos de amor a la naturaleza y a los hombres y mujeres que habitan en ella; escritos por quien tanto amó la existencia humana.

martes, 23 de septiembre de 2008

Erigirán complejo monumental a José Martí en capital guatemalteca.

Prensa Latina

Guatemala, 23 sep (PL) Una plaza presidida por la estatua de José Martí será erigida en la capital guatemalteca en homenaje al Héroe Nacional de Cuba, informó hoy aquí Erasmo Lazcano, subdirector de la Oficina del Programa Martiano.

El conjunto arquitectónico, donde también estará la Niña de Guatemala, se corresponderá con otro en La Habana con efigies del prócer cubano José Joaquín Palma y el guatemalteco Rafael Álvarez Ovalle, autores de la letra y música del himno de este país.

La idea surgió durante una reciente visita del alcalde Álvaro Arzú a la nación caribeña y tiene como objetivo profundizar las relaciones de amistad entre los dos pueblos, dijo el funcionario a Prensa Latina.

Lazcano está en la capital guatemalteca junto al arquitecto José Villa, designado para la construcción de la obra, que será colocada en la emblemática Avenida de las Américas del sur de la urbe.

Villa es vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el creador del monumento a John Lennon en un parque del barrio de El Vedado, así como el del Caballero de París que adorna las calles del Casco Histórico de La Habana Vieja.

La delegación cultural cubana está integrada también por Jorge Lozano Ross, asesor del director de la Oficina del Programa Martiano, Armando Hart.

Este lunes fueron recibidos por el alcalde Arzú para afinar pormenores del proyecto, que será dedicado al amor en toda su dimensión: a la patria, la sabiduría y también a la pareja.

“Durante su estancia en Guatemala Martí tuvo patria, se hizo maestro -que como él dijo fue hacerse creador- y amó”, aseguró Lazcano.

Aunque no existe aún una fecha prevista para su inauguración, se está buscando una que sea significativa para ambos países.

La apertura estará precedida por una jornada cultural dedicada al Apóstol cubano, donde se donarán ocho bibliotecas martianas y se presentarán libros sobre su obra, una muestra de cine, música y poesía, precisó Lazcano.

acl/car/mga

PL-16

viernes, 19 de septiembre de 2008

Martí y Juan Gualberto.

Miralys Sánchez Pupo
Colaboradora Rebelde
17 de septiembre de 2008, 10:05 a.m.

La Habana, Cuba.- Juan Gualberto Gómez conoció a José Martí cuando trabajaba en el bufete de su amigo Nicolás de Azcárate a quien le unían lazos de amistad desde su encuentro en México. Los reunía a todos en La Habana la firma del Pacto del Zanjón como punto final de la Guerra de los Diez Años, que ambos jóvenes consideraron un paréntesis al no haberse conquistado la independencia. Y aquellos vínculos los unió a los tres en los futuros caminos de la patria.

Martí y Gómez se integraron a los grupos que conspiraban en Regla a favor de dar apoyo a lo que se conocerá como Guerra Chiquita por su corta duración. Los clubes habaneros consideraron importante alcanzar la unidad de los patriotas que hasta esos momentos se encontraban segregados por el color de la piel. Ellos ayudaron desde el surgimiento de un Comité Central presidido por Martí que ayudó con el armamento necesario para los alzados en el Oriente y Las Villas.

El espionaje hizo llegar a la casa de Martí a un civil que lo llevó preso. Pero no sabía que detrás de la mampara de la casa estaba Juan Gualberto que esperaba almorzar con él. Llamó a su mujer y recogió unas monedas en su cuarto y pidió un café. Luego de su salida Juan Gualberto conoció que era necesario le siguiera y conocido el lugar donde se lo llevaba buscar el apoyo de Azcárate, quien con su influencia en el gobierno logró se levantara su incomunicación y su salida de Cuba.

Los hermanos en la lucha habían quedado aislados. Martí fue enviado a España más tarde Juan Gualberto estuvo preso y volvió a Cuba en 1890 para reanudar la lucha por la independencia del país. Al escribir el artículo ¿Por qué somos separatistas? Martí le escribió al conocer su campaña en la Isla y se reanudaron sus vínculos conspirativos ahora al calor del Partido Revolucionario Cubano y la guerra que se organizaba.

La correspondencia entre Martí y Gómez acompañada de los cuidados del clandestinaje fue amplia, diaria, precisa. Juan Gualberto recordó la última de sus cartas con sumo cariño que tuvo por fecha los inicios del mes de febrero donde su delegado en la Isla daba los toques finales al reinicio de la guerra. En ella le dijo entre sus frases nerviosas:

“¿Lo veré…? ¿Volveré a escribirle…? Me siento tan ligado a usted, que callo… Conquistaremos toda la justicia”

En una Revista Bimestre Cubana de 1933, se pudo leer las palabras de Juan Gualberto siguientes: “Tal es el recuerdo de la última vez que vi a Martí en 1880, y tal el párrafo para mi inolvidable, de la última carta que me escribió en 1895.”

domingo, 14 de septiembre de 2008

José Martí y Francia.

El Sol de Mexico
Pluma en Ristre
Nora Araujo
Organización Editorial Mexicana
14 de septiembre de 2008

Tradicionalmente los cubanos simpatizaron con el país galo por su historia y su cultura. En el siglo XIX la intelectualidad criolla y progresista se acercó a la cultura francesa como un rechazo a los modelos españoles dominantes. José Martí apreció el ejemplo francés. Pudo conocerlo de cerca en dos ocasiones, siempre al regreso a Hispanoamérica, concluidos sus dos destierros en España. En 1874 y 1879 pasó por París. Permaneció allí días invernales, recorrió museos, tomó apuntes y se entusiasmó con Sarah Bernhardt.

Martí dominaba el francés. Su primera traducción a esa lengua fue "Mis hijos" de Víctor Hugo, publicada en forma de folletín en la Revista Universal de México. En su nota introductoria al primer fragmento (17 de marzo, 1875) Martí expresa su alegría y a la vez su preocupación por traducir a Hugo. Teme traicionar su estilo. Aspira a escribir en buen español, pero siente que es capaz de "afrancesarse" con tal de seguir a "esa inteligencia que va más allá de los idiomas".

Como es sabido, el poeta cubano se ganaba la vida como periodista, pero también la traducción fue un medio de vida. El dominio del francés se extendía a Francia, su geografía e historia, su literatura, su teatro y su pintura. Este arsenal ocupó un lugar destacado en su formación como escritor. Por su pasado revolucionario, por su presente democrático y por su cultura, Francia aparecía en aquel entonces como un país admirable.

Durante varios años se dedicó a seguir de cerca los acontecimientos franceses (y de otros países europeos y americanos). Lo obligaba su labor como "corresponsal extranjero" para la revista caraqueña La Opinión Nacional y su colaboración en Nueva York, con The Hour y The Sun. En sus crónicas explicaba el funcionamiento del sistema francés, de la prensa, pero también comentaba matrimonios y defunciones, se ocupaba de las reseñas de libros, de los estrenos teatrales. Lo acontecido podía suscitarle una sentencia moral, una reflexión filosófica, una valoración histórica, un juicio estético.

De los narradores prefirió a Flaubert, celebrando su maestría perfeccionista, su laboriosidad. La relación con Zola era ambivalente: reconocía la importancia educadora de mostrar la desnudez de los abismos y el vicio, pero rechazaba su sistematización. De los poetas veneraba a Víctor Hugo, su resplandeciente ancianidad, su obra literaria. De la buena poesía, creía que no debía la rima obedecer de mal grado al pensamiento, ni tampoco era labor de los poetas crear frases melodiosas pero vacías de sentido.

Martí fue un eficaz comentarista de la vida teatral parisina. Admiraba fervientemente a la Bernhardt, manejaba los grandes nombres de la escena, atendía la composición social del público como indicador del clima político. Su oficio se asentaba en el conocimiento de los clásicos. Presintió la transitoriedad del tipo de teatro que se representaba en aquella época: "No harán clima en Francia ni fuera de ella, los cantares de Hugo, ni los fenómenos morales del hijo de Dumas".

En sus textos siempre aparecía el París vivo: sus bulevares, sus teatros, sus bibliotecas, sus salones literarios, sus cafés; la Sorbona, la Comedia Francesa, la Opera. Después de la sentencia sabia o del dato erudito añadía el detalle humano, ambiental: la calle, el ruido, el movimiento; la imagen que ayudaba su lector a imaginar, a paladear. Pudo expresar lo esencial de la revolución impresionista, de "esos lienzos locos de estos pintores nuevos".

El carácter periodístico de las crónicas martianas exigió la concreción al hecho de actualidad, pero Martí no descuidó los contextos. Difusor en América del acontecimiento francés (amén de otros), el poeta escribió sobre Francia para ganar el pan, pero siempre con oficio y profesionalismo, sabiduría y deleite. Todo un ejemplo.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Pedro Román estrena “El Sueño de Martí”

Publicado el 09-10-2008

Por Emily Cáceres
Especial para DIARIO LAS AMERICAS

La Organización Cultural No lucrativa ALBA, fundada en 1989, se enorgullece en informarles del estreno mundial de un nuevo musical “estilo Broadway”, del laureado autor, compositor y cantante Pedro Román, dedicado a la vida y al legado que nos dejara nuestro Apóstol José Martí, titulado “El Sueño de Martí”. Es la primera vez que un empeño de esta naturaleza se lleva a la escena en un lenguaje moderno y teatral de sano entretenimiento, en el que los ritmos y canciones cubanas originales, juegan un importante papel en el desarrollo de la trama.

La dedicación, el conocimiento y el talento de Pedro Román alcanzan en este proyecto dimensiones de originalidad, verdaderamente extraordinarias.

Crear un musical histórico de una figura tan venerada y respetada como José Martí y convertirlo a la vez de didáctico e informativo, en sumamente entretenido, es un logro nunca antes alcanzado.

El motivo central que inspiró a Pedro a involucrarse en este proyecto, es la necesidad actual de que las nuevas generaciones conozcan al verdadero Martí, no a la figura que es maliciosamente distorsionada en Cuba, sino al hombre de grandeza espiritual y patriótica, paladín de la democracia y de la libertad.

Este musical cuenta con un elenco insuperable de grandes figuras, encabezado por el actor y cantante Jorge Hernández (en el papel de Martí), Nattacha Amador (Leonor Pérez), Rossana Parodi (Carmen Zayas-Bazán), Ramón González-Cuevas (el abuelo), Rigo Palma (el nieto) y las actuaciones especiales de Chamaco García (Mariano Martí) y Germán Barrios (Máximo Gómez). Participan además Patricio Collado (Maceo), Ismael Requejo (Juan Gualberto Gómez), Miguel Cervantes (un insurrecto), Anthony Costas (en el papel de Martí, joven), Coro y Ballet ALBA y José Alberto y Maritza Nodar. Dirección Musical de Danny González con la producción general de Ernesto de Otero. “El Sueño de Martí” sube a la escena del Miami-Dade County Auditoriun el sábado 4 (8:00 p.m.) y el domingo 5 (3:00 p.m.) de Octubre de 2008.

Información y reservaciones: Oficinas de ALBA (de 12 p.m. a 7 p.m.) todos los días (305) 827-6311. Taquilla de teatro (305) 547-5414 (de lunes a viernes, de 9 a 4) Ticketmaster: (305) 358-5885.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Influencias martianas a mediados del siglo XX.

Miralys Sánchez Pupo
Colaboradora de Rebelde
4 de Septiembre de 2008, 2:15 p.m.

La Habana, Cuba.- La influencia de José Martí descrita desde sus contemporáneos es un caudal de importantes testimonios. Ellos nos acercan a la visión que su tiempo tuvo de aquel gigante. Pero como las montañas, la altura de las genialidades se advierte con mayor claridad a lo largo del tiempo, cuando se les puede apreciar a través de la distancia cronológica. Por eso llama la atención que a pesar de haberse levantado una república que no fue la propuesta por el Maestro, también estuvo a mediados del siglo XX presente en la vida nacional.

Las escuelas públicas que lograron alguna ayuda de las Asociaciones de Padres y Maestros lograron colocar al menos un cuadro de José Martí y en las instituciones de otro nivel se pudieron apreciar algunos bustos o relieves de diferentes formatos y elementos constructivos para la obra. Él no estuvo nunca fuera de aquellas instituciones docentes donde vibró por siempre su razonable idea que ellas eran una fragua de espíritus.

El pensamiento martiano dentro del país contó con tres líneas fundamentales para valorar su obra por figuras del campo de las letras. Según Cintio Vitier ellas se movieron en torno a su sentido humanístico, más que presente a lo largo de su obra. También los aspectos referidos a la ética tan olvidada en la pseudo república y sus más osadas ideas en torno al liberalismo.

Un conjunto de asociaciones entregaron sus esfuerzos por difundir su obra alrededor de Isidro Méndez. Medardo Vitier dio a la luz su título Martí, estudio integral que vio la luz en 1954, presentado de cuerpo completo como paradigma para Cuba y el mundo desde diversidad de enfoques que dieron un toque de frescura a su actualización en momentos de especial interés para no apartar a los cubanos de su ejemplo.

Emilio Roig de Leushenrig enfatizó su acercamiento al Maestro para subrayar los valores y el contenido de su ideología, además de la práctica social martiana a partir del amplio espectro de su palabra y ejemplo personal en la entrega a la gran empresa a la cual dedicó su vida por la independencia de la patria.

Los enfoques marxistas tampoco estuvieron ajenos a fuente tan trascendental a la luz de la teoría de avanzada de aquellos momentos. Además de los numerosos trabajos del intelectual Juan Marinello que lo colocó en el centro de su fuerza cultural para el futuro, también se pudo leer el texto José Martí, revolucionario radical de su tiempo, que nació de la pluma de Blas Roca Calderío, quien estaba al frente de los columnistas cubanos de aquella época.

Las versiones de perfil conservadoras también afloraron. Uno de sus ejemplos fue la obra de Jorge Mañach conocido bajo el título El pensamiento político y social de José Martí, del que no puede desconocerse a pesar de sus limitaciones que corrió de la mano de un prosista de altura. Tales ejemplos nos demuestran que a pesar del olvido que muchos trataron de condenar el pensamiento del Maestro, muchos le siguieron sus huellas en bien del futuro.

El mejor de los verbos.

Diario de Madryn

“…Yo he visto al águila herida
volar al azul sereno
y morir en su guarida
la víbora del veneno…” (J.Martí)

De los grandes hombres posiblemente son las cosas pequeñas las que permiten percibir su magnitud de espíritu. Dice José Prieto por ejemplo que José Martí, el genial patriota cubano, tenía los ojos zarcos (azul, claro y puro) pero que no se percibe en las pocas fotos que existen de él.

“En mi juventud –cuenta Prieto- siendo estudiante del Instituto de Segunda Enseñanza del Vedado, yo residía con mi familia en un apartamento de la calle H-160 y también en el mismo edificio el “coronel Cantillo” veterano del glorioso ejército Mambí, muy respetado por los vecinos y venerado por la muchachada del barrio. En su modesto apartamento, mientras esperaba que corrigiera un escrito mío, noté tres cuadros pequeños –como de una cuarta. Uno de ellos era el rostro de Martí con una bandera cubana de fondo. Impresionaba, era la primera y única vez que veía a Martí con ojos azules; Las bandas azul celeste de nuestra bandera armonizaban con esos ojos; por lo que al notar su firma: Cantillo, lo felicité por el acierto de armonizar los ojos con la bandera.

No era una licencia suya... Repuso que así eran los ojos de Martí, lo que sabía por haber sido secretario de Gonzalo de Quesada, quién a su vez había sido el secretario de Martí. Después me señaló los otros dos cuadritos: el recodo de un río tranquilo entre verdes intensos y otro: solo un boceto a plumilla con firmes y diestros trazos. Y me hizo notar que ambos estaban firmados por aquél genio singular... José Marti.

Muchos años después, en el club San Carlos, de Cayo Hueso, en una conferencia a la cual tuve la suerte de asistir, una investigadora norteamericana (miembro del staff del club), mencionó durante la lectura de un detallado retrato literario, los ojos zarcos de José Martí; publicado allí por su primera visita (Enero 3, 1892) para recaudar fondos en la ciudad-islote; ya pujante emporio de fábricas de tabaco y familias enteras de cubanos expertos en las muchas y delicadas fases de la confección de “habanos”.

En conversación personal con el Dr. Santiago Rey Pernas (eminente orador, Senador de la República y Gobernador de la Provincia de Las Villas) en un pequeño restaurante de la calle 8, en Miami..., le pregunté por los ojos azules de Martí. El ya anciano rostro se iluminó al recordar con deleite: “... Yo no conocí a Martí, pero sí..., “Azulitos”, me decía el general Loynaz del Castillo, quién sí lo conoció.”

A pesar de su estilo preciso, Jorge Mañach en: “Martí el apóstol”, al paso, (página 174) menciona sus -ojos almendrados- (¿por decir: claros?). Pero (página 247), entre las últimas páginas del mismo libro –las más terribles- escribe: “Ximénez de Sandoval, incrédulo, examina el cadáver; el práctico Oliva... un capitán... Chacón el mensajero, (asienten que es Martí). Bajo la azul chamarreta ensangrentada, los papeles no dejan ya lugar a duda. Tenía –escribe Ximénez de Sandoval- las pupilas azules...

Martí merece que el mundo vea, la majestad de su mirada tranquila, y como en el dibujo de Cantillo, los ojos zarcos tal como el color de las bandas de la bandera por la que ha de morir”.

Verbos de recuerdos y luchas, verbos sobre lo importante, porque como decía Angel Ganivet, “El horizonte está en los ojos y no en la realidad”.

viernes, 29 de agosto de 2008

Publican en México libro sobre José Martí.

Radio Habana Cuba

La Habana, 28 ago (RHC-AIN) El libro Martí en México: Recuerdos de una Época, del investigador mexicano Alfonso Herrera, fue presentado en la sede del Senado de ese país latinoamericano.

Afirmó Herrera que Martí es un referente obligado para quienes amamos la libertad y creemos que un mundo mejor es posible, y comentó que el contenido de su libro trata la vida y obra del Héroe Nacional de Cuba durante su permanencia en tierra mexicana.

El autor resaltó la vigencia del ideario martiano en una coyuntura hemisférica orientada a la unidad entre los pueblos latinoamericanos.

A su vez Santiago Creel, presidente del Senado mexicano, catalogó la obra como un hecho cultural importante en el contexto del fortalecimiento de las relaciones con Cuba.

Fuentes: RHC, AIN, GRANMA, TRABAJADORES, JUVENTUD REBELDE, PL, REUTER, EFE, IPS, ANSA, AFP, XINHUA, TASS, DPA, AP.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Comenzó rodaje del filme José Martí, el ojo del canario.

Radio Habana Cuba

La Habana, 26 ago (AIN) Fernando Pérez, uno de los más importantes cineastas cubanos de los últimos años, y su equipo de filmación, comenzaron en esta capital el rodaje de la película José Martí, el ojo del canario.

Sobre la infancia y adolescencia del Apóstol de la Independencia de Cuba, versará esta historia de ficción en que intervienen los primeros actores Rolando Brito y Broselianda Hernández, en los papeles de Don Mariano Martí y Doña Leonor Pérez, respectivamente.

Además integra el elenco Julio César Ramírez para dar vida al maestro Manuel María de Mendive, otro personaje de trascendental importancia en la trama.

Tras un exhaustivo trabajo de selección y pruebas de cámara, el niño Damián Antonio Rodríguez resultó escogido para recrear la infancia de Martí; mientras que el joven Martí será Daniel Romero, estudiante de segundo año de actuación de la Escuela Nacional de Arte.

Aproximadamente dos años de investigación y búsquedas empleó el Premio Nacional de Cine 2007 y director de Suite Habana, Clandestinos y La vida es silbar, para el argumento y guión de este proyecto, enmarcado en los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX.

Las principales locaciones de la película, cuyo estimado de rodaje es de 11 semanas, se ubican fundamentalmente en La Habana Vieja (Palacio de Aldama), Guanabacoa, Regla y el Cerro.

También están comprendidas otras barriadas en el municipio habanero de San Antonio de los Baños y en la provincia de Matanzas.

Erick Grass asumirá la dirección artística, Raúl Pérez Ureta, la fotografía, y el compositor Edesio Alejandro la música original de esta cinta, del Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos, Wanda Producciones y TV Española.

Fuentes: RHC, AIN, GRANMA, TRABAJADORES, JUVENTUD REBELDE, PL, REUTER, EFE, IPS, ANSA, AFP, XINHUA, TASS, DPA, AP.

martes, 20 de mayo de 2008

MARTI Y EL MONSTRUO.

Por Julio M. Shiling

Tan antiguo como la historia es el concepto de “monstruo”. Esta palabra derivado del latín (monstrum) ha operado como compendio dentro de la mitología, leyendas, ciencia ficción y más comúnmente, como expresión figurativa literaria y oral. Artífices, adeptos, amigos y apologistas del comunismo cubano han expendido un monumental esfuerzo, con el mencionado concepto. Construyendo su mitología revolucionaria, la dictadura cubana no perdió tiempo en enlistar una sumisa intelectualidad para ayudar, a no sólo construir el “hombre nuevo”, sino también de-construir la verdad. La metodología, esta vez, sería la descontextualización.

El haber residido en la casa al lado de la que habitaba Mariano Martí en México, sirvió para que Manuel Antonio Mercado y de la Paz conociera al Apóstol de Cuba. El eximio mexicano llegó a ser Oficial Mayor de la Secretaria de Gobierno del Estado (Michoacán), Diputado al Congreso, Subsecretario de Gobernación, Vicepresidente de la Academia Mexicana de Jurisprudencia, Secretario del Colegio Nacional de Abogados y Secretario del Gobierno del Distrito Federal. Para José Martí fue un entrañable amigo. Duda no me cabe, que por el recíproco efecto que Mercado le tenía al Maestro, y en honor a la verdad, con su propia licencia para ejercer la ley, demandaría al régimen castrocomunista (si en Cuba hubiera un Estado de Derecho), en nombre de Martí, por difamación y desvirtuación de carácter.

Presentaría como evidencia una exposición muy allegado a él: una carta que el insigne cubano le escribió, un día antes de su traslado a la Vida Eterna y consagrar en Dos Ríos, ese espacio de tierra para siempre (Carta a Manuel A. Mercado, Campamento de Dos Ríos, Mayo 18, 1895). Con la oración, “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas…”, han intentados los castristas y sus simpatizantes, de elevarla a connotación internacional, ofreciéndole amplias riendas para que circule el mundo, desacompañada de un serio análisis y por supuesto, con una coreografiada interpretación. Mucho hubieran dado por poder anexarle un acompañamiento musical, como gozan ciertas estrofas de los Versos Sencillos, insertada a la canción la “Guantanamera”. Sin embargo, como todo lo que sostiene, moral e intelectualmente al régimen sanguinario en Cuba, carece de sustancia, y no resistiría el escrutinio objetivo.

Los papagayos y propagandistas del castrocomunismo han pretendido reducir el testamento político de Martí a esa oración específica y la citada carta a Mercado, en general. En el intento de alistar al Maestro en las filas del fundamentalismo antinorteamericano, genérico factor inherente en todo movimiento totalitario (comunista, fascista, nazista o islamista radical), acto de sublime imbecilidad han cometido. Usando el hacha más que el pincel, extirparon unas palabras selectas y la descontextualizaron del pensamiento e ideario martiano íntegro. Cabalmente, lo han contradicho y tergiversado.

Martí le cuenta (en la carta) a su amigo mexicano de su entrevista en la manigua con Eugenio Bryson, corresponsal de un diario norteamericano. Este (Bryson) le relata al Apóstol lo conocido por muchos. La metrópoli española, frustrada y amargada por su incapacidad de dominar el movimiento independista cubano, prefería lidiar en la derrota con una potencia extranjera, que un victorioso ejército mambí. La crónica verbal de Bryson exponía su conversación con Arsenio Martínez Campos, arquitecto del Pacto de Zanjón y gobernador español en Cuba, y la articulación del mismo sobre la preferencia española de “entenderse con los Estados Unidos a rendir la Isla a los cubanos”. Nuevamente, eso era conclusión sospechada y nada nuevo. La reseña adicional del corresponsal norteamericano, sobre la corriente anexionista y el pulso antiindependentista del momento, no aportó tampoco ninguna revelación novedosa. Sin embargo, esta carta inconclusa ha sido el banderín predilecto y angular del despotismo cubano, para timarnos de que el autor intelectual de la independencia de Cuba, podría también ser el progenitor transcendental de la barbarie revolucionaria, en marcha desde 1959, y su odioso fastidio con el vecino al norte.

La coincidencia de la fecha de la carta (el día antes de fallecer en combate Martí), indudablemente, le ha prestado un servicio a las pretensiones del régimen. Pero sólo la desfachatez o la ignorancia pueden servir de excusa, para el que engulle la postulación castrista. El sacar esencialmente de su completitud contextual, posturas tan claras como abisal, solamente se atreve un sistema que cuenta con el absoluto control del poder y una intelectualidad borrega y cómplice. La objeción de los cubanos (y algunos españoles también) de permanecer una colonia de la corona española, se personificada en tres corrientes: el autonomismo, anexionismo (a EE. UU.), e independentismo. Para el Maestro, independentista par excellance, ningún camino que no fuera el de la absoluta emancipación de la tierra de sus padres, era factible. Cuba para los cubanos (y todo el que la amara), no aislada ni exportadora de ideologías “extranjerizas”, sino partícipe de una comunidad de naciones libres, era la colocación de, no sólo Martí, sino de la gama de próceres, antes y después, que anhelaron la independencia de Cuba. Rechazo a inclinaciones anexionistas, constituía una base firme, en el planteamiento independentista. Fuera quien fuera la nación deseosa de apoderarse de Cuba. Pero eso sí, sin rencor o cólera hacia nadie. Si no hubo malquerencia o bilis, hacia los españoles, en el corazón del Apóstol, sería incompatible que del pecho de Martí brotara, hacia la democracia practicante más antigua del mundo (y no es Grecia), sentimientos paralelos a los que los propiciadores de luchas de clases han divulgado.

Cuba, desde su descubrimiento por una potencia europea, ha sido codiciada por diferentes poderes. Los EE. UU. no han sido la excepción. Tampoco ha sido una postura, dentro del entorno político norteamericano, monolítica. Si bien presidentes como Jefferson y Polk, expresaron interés en adquirir la isla caribeña, hubo otros, Lincoln y Teodoro Roosevelt (para citar dos), que no compartían esa inclinación. Adicionalmente, existe en los EE. UU., una activa práctica del concepto de “separación de poderes”. De manera que un mecanismo, centralizado, arbitrario y absoluta, para llevar acabo dicha transacción no existía. Parte del problema con la premisa castrocomunista es la óptica que el prisma totalitario ofrece. La facilidad de ejecutar decisiones unilaterales, sin lícito procedimiento ni prejuicios democráticos, es ejercicio cotidiano en dictaduras totalitarias. El mundo libre nunca ha operado así.

La historia está colmada de ejemplos de regímenes, buenos y malos, que explican su expansión territorial a través del tiempo, tanto con legítimo, como con absurdo, razonamiento. Sin relativizar el asunto, el hecho es que cada caso obliga un considerable y balanceado análisis, previo a la emisión de juicio. Con respecto a los EE. UU., los enemigos modernos de la democracia, que ven en la libertad un impedimento, han concretado todo lo alcanzable por, demagógicamente, falsear la historia ocurrida, y presentar otra distorsionada.

La Doctrina del Destino Manifiesto, la argumentación teórica de extender la nación norteamericana del Atlántico al Pacífico, no fue un planteamiento ideológico doctrinal y menos con pretensiones “científica”. Era un precepto. Se considera que el concepto surgió de un sermón verbal de John Cotton, un ministro puritano, en 1630. No fue hasta 1845 que un columnista llamado John O’Sullivan retomó el tema. Cierto es que en los 1890’s, entre sectores de políticos y la intelectualidad estadounidense, cobró nueva vida. Pero una distinción urge que se haga diferenciando dicha postura no-escrita de expansión y el “norteamericanismo” como fenómeno socio-político excepcional.

El hecho de que los EE. UU. la fundaron individuos que vinieron buscando la libertad religiosa y fomentaron los documentos políticos más audaces, con respecto a la protección de libertades civiles y limitaciones al poderío estatal (First Virginia Charter de 1606, Fundamental Orders of Connecticut de 1639, First Continental Congress: Declaration of Colonial Rights de 1774, Virginia Declaration of Rights de 1776), sin duda contribuyó a la percepción de muchos de sus ciudadanos (y otros no-ciudadanos), que la mencionada nación, ex colonia inglesa, tenía un importante sitio dentro de una esquema Providencial. Al menos nunca antes había existido un experimento político, donde tanto se enfatizó la libertad como derecho natural y la búsqueda convencional para su preservación. Las complejidades de una sociedad plural como la norteamericana, forjada de amalgamas de culturas, idiosincrasias, pero suficientemente fuerte para no sólo no perder su identidad, sino extender la civilidad de su cultura socio-política a todos sus residentes (naturales o recién llegados) y a la vez establecer la potencia económica más rica del planeta, no escapó la admiración de Martí. Este fenómeno era relevante aún en la época del Maestro.

Para Martí, la libertad era una consagración. Sería inconsecuente que el insigne cubano desplegara animosidad hacia la esquema política cuya primacía era la libertad de cada individuo. Gran contraste a la bárbara experimentación que se cometía al otro lado del Atlántico, donde la guillotina resultó ser el bisturí de los ingenieros sociales franceses. Martí gozaba del mágico don del poderío de palabras. Pero su poética alma, exponiendo siempre con galán y exquisito vocablo, jamás se desprendió de la consistencia. Por eso muy temprano en su vida expresó su admiración por el excepcionalismo norteamericano. De particular elogio fueron su dinamismo, pluralismo y, valga la redundancia, el cultivo a la libertad que encontró en el país donde más tiempo, terrenalmente, habitó. La estimación del Apóstol por la tierra de Washington, y su amor por Abraham Lincoln, Ralph Waldo Emerson y Wendell Phillips (cuya fotografía colgaba en la oficina de Martí: ver Carta a Gonzalo de Quesada, Abril 1, 1895. Nota: no había retrato de Marx), no le impedía, simultáneamente, criticar y objetar ciertos procedimientos, corrientes políticas y costumbres culturales de la misma.

El absolutismo socialista en Cuba ofende la inteligencia humana, al pretender encasquillar al Maestro en un simplismo inaplicable. Martí era lo suficientemente sofisticado para segregar lo deseado de lo indeseado, sin destruir el panorama generalizado. El exilio extendido del Apóstol en los EE. UU. y partes de América, le ofreció una apreciación sociológica, donde veía ciertas aventajas en la aplicación de modelos culturales que tomaran más en cuenta factores idiosincrásicos. El paradigma anglo sajón protestante (EE. UU.) o el europeo, estrictamente aplicado en América Latina, Martí consideraba que se encontraría con problemas de inadaptabilidad, sin añadiduras autóctonas. Su análisis partía de consideraciones sociológicas y antropológicas, no ideológicas. El palpar inclinaciones eurocéntricas en los EE. UU., fue otra observación del Apóstol, no distante de la realidad. Dicha inclinación, reflejaba una muestra de la bajeza humana, relevante a toda la humanidad y anotada por Martí, ciertamente, de lo que consideró latente en los EE. UU. Pero no es menos cierto, que plasmó en sus escritos también la movilidad con que la sociedad norteamericana navegaba. Fenómeno hecho posible sólo en un lugar de oportunidades. Esa otra parte contenía los elementos admirables hacia el país norteño. La búsqueda en exceso de riqueza material fue otra detracción.

La crítica del Maestro hacia el consumismo y el ritmo de vida en los EE. UU. reflejaba una legítima inquietud compartida, incluso, por numerosos norteamericanos también. Sin duda, la época que le tocó Martí vivir fue una de gran expansión económica, invenciones, innovaciones y el uso de la tecnología como nunca antes (para esa época). El desplazo poblacional hacia la urbanización, el influjo de masas de nuevos residentes provenientes de países diferentes, vislumbraba la llegada de la modernidad y todos sus costos de adaptabilidad. El planteamiento del Maestro preserva su relevancia aún hoy y es una cuestión que toda sociedad que descubre el progreso económico y tecnológico, tiene que enfrentar: mantener un equilibrio entre lo material y espiritual. Pero en ningún momento, abogó Martí por una intervención convencional coercitiva. Mucho menos prescribió un plan de “acción revolucionaria” para implantar la utopía. La reverencia martiana por la libertad se lo impedía. Su crítica era una apelación a un más enaltecido modo de vivir, pero uno sin sacrificar el libre espacio de los ciudadanos.

Nociones como la desigualdad, fueron atendidas por el Apóstol desde el prisma del liberalismo. Nunca comulgó con las recetas radicales del socialismo para lidiar con ese problema. De manera que sus anotaciones de como se desenvolvía el nuevo orden económico en su día y los ajustes al capitalismo, la tecnología que trajo y el peaje del reajuste social, fueron siempre uno de trabajar para su mejoría, dentro del sistema social existente. Nunca reemplazándole. Menos violentamente y sostenido por coerción.

Los EE. UU., ya para la época del Maestro, encabezaba el mundo en capacidad productiva. Había, incluso, sobrepasado los países europeos. Su deseo de extender su influencia en el continente donde es encuentra, era de esperar. Eso ha sido el caso, con toda potencia, a través del tiempo. En eso, tampoco, los norteamericanos han sido exclusivos. Aquí no se está emitiendo un juicio de si es una conducta benigna, o no, la temática de hegemonías. Pero si se fuera intentar, abría una largísimo lista de naciones e imperios sobre el cual habría que emitir un veredicto. Se puede comprender, también, que en un mundo globalizado, hoy, la mayoría lo ve con menos sospecha. Martí, político capacitado, actuó correctamente alertando, desde la óptica de su tiempo y lugar, sobre la potencialidad del vecino norteño. Como patriota y toda una vida ungida por la independencia de su patria, era natural que combatiera cualquier pisco anexionista. Su cautela, en nada lo convierte en un antinorteamericano. La inquietud del Maestro con los EE. UU., legitima en ese momento, jamás en la práctica alcanzó la proporción de injerencia que los comunistas cubanos, nos han querido convencer.

Para el analista objetivo, en el precastrocomunismo las relaciones entre Cuba y EE. UU., nunca alcanzaron dimensiones categóricas, de un imperio y su súbdito. Pese a situaciones específicas e inoportunas y “enmiendas” que todos lamentamos (y luego fue derogada), el entrometimiento de los EE. UU., en los asuntos de la República de Cuba, conocía límites que quedaba demostrado, cada vez que el estado republicano cubano así lo decidía (presidencia de Alfredo Zayas, para nombrar sólo un instante). Un análisis de las relaciones cubanas-norteamericanas, previas a la dictadura castrista, compelería una ardua visitación histórica, donde protagonistas criollos tendrían que asumir su responsabilidad por las intromisiones, concretadas o tentativas, ya que muchas veces obedecían mezquino intereses partidistas o sectarios domésticos. Si se fuera a categorizar, el vínculo cubano-norteamericano como uno de imperialista-súbdito, habría que redefinir la terminología de palabras y conceptos. Nuevamente, la patraña castrocomunista, no resistiría un mínimo escrutinio, superada ya de su fatigada descarga, emocional pero vacía.

Curiosamente, Cuba sí llegó alcanzar niveles descriptivamente paralelos o en aproximación, a lo que preocupaba a Martí. Pero no fue la nación de Lincoln la que propició el alcance imperial. Sino sucedió con el régimen que instauró Lenin, el mismo “revolucionario” que enmendó el marxismo, con nada menos, que su tesis sobre el imperialismo (un experto en la materia de violar la soberanía de otros). Pronto y fácil, el que se documenta descubre, que la palabra “imperialismo” ha sido una más en el grande vagón de términos y expresiones, mancillados y deformados. Martí equiparaba el imperialismo con el ejercicio autocrático del poder político por una fuerza foránea. Punto. La misma carta a Mercado demuestra al Maestro usando la palabra, en su referencia a los EE. UU., estrictamente bajo condiciones de una acción anexionista. La otra referencia es con la metrópoli española, y la obvia monarquía absolutista. La tediosa extensión que Lenin (particularmente), Rosa Luxumberg y otros marxistas le dieron al concepto original de “imperialismo”, desembocó en su desnaturalización total. Hoy pudiera querer decir todo lo que un comunista quiere que sea. Siempre y cuando, por supuesto, esté denigrando o insultando. Cuando se lee a marxistas, uno se lleva la impresión de que escriban para que nadie los lea, pero que todos los sigan. Martí, sin embargo, sí leyó a Marx y los socialistas que lo precedieron. Ninguno lo convenció. Desde 1959, el despotismo cubano y sus cacatúas, quieren convencernos a todos del sentir de animosidad del Apóstol, hacía los EE. UU., su sistema (económico y político) y un percibido imperialismo que, naturalmente, ellos mismos, con exclusivismo, insisten en definir.

Martí era, enfáticamente, antiimperialista. La voluntaria renuncia a la soberanía cubana que la dictadura castrista ejerció con la Unión Soviética, jamás el Maestro hubiera aplaudido. Más aún, su desprecio por toda esquema convencional que privara al hombre del necesario variable para, con decoro vivir la vida: la libertad; encontraría en Martí un acérrimo e intransigente enemigo de dicho sistema. El problema del castrocomunismo en particular y el socialismo en general, con los EE. UU., no es su pesada diatriba de huecas acusaciones de “imperialismo”, que ni ellos exactamente pueden precisar. El léxico propagandista es pura letanía ideológica. La lucha por influenciar el rumbo del mundo está siempre latente. Y ellos no son meros espectadores. Luchan por monopolizar el reguero de la hegemonía. Pero claro la marxista-leninista. El verdadero problema que tienen con la nación norteamericana es la preponderancia que esta le concede a la libertad en todas sus facetas y el impedimento que esto les resulta a sus objetivos subversivos.

El fidedigno testamento político del Maestro, para el que lo quiera buscar, lo escribió en un pedazo de Cuba en Quisqueya, llamado Montecristi. Ahí con Máximo Gómez en la proximidad, redactó un Manifiesto para la eternidad. La ausencia en la misma del concepto del odio, ha privado a los comunistas de esa inherente (y necesaria) arma en el arsenal ideológico de la lucha de clases: el odio, como bien lo narró el buen marxista-leninista Ernesto (Che) Guevara. El verdadero “monstruo” está aún en el poder en Cuba. La verdadera monstruosidad es la barbarie cometida por un movimiento político psicópata y su engendrado sistema, que ha afligido la patria de Martí. Pero todo llega. El Maestro espera concluir su obra.

Julio M. Shiling
Director
Patria de Martí
Oficina: 305-559-2254
Celular: 305-389-3536

Fax: 305-559-0407

P.O. Box 523903 Miami, Florida 33152
jmshiling@patriademarti.com
www.patriademarti.com

sábado, 17 de mayo de 2008

Martí, el maestro.

Mercedes Santos Moray
Servicio Especial de la AIN

Aunque numerosas fueron las profesiones que, a lo largo de sus 42 años de vida, asumió José Martí, sobresale su trayectoria como maestro, es decir, docente, ya que en verdad su magisterio trasciende el aula, y deviene enseñanza viva.

Una de las vías de su formación -no solo desde el intelecto, sino como ser humano- llegó al niño primero y luego al adolescente, gracias al magisterio cubano, a esos criollos que desde la educación iban formando a los patriotas, frente a la obsoleta educación de corte neofeudal que cultivaba la metrópoli en la Isla.

No olvidemos la obra de Félix Varela en el Seminario San Carlos, su labor en la batalla de ideas frente a la escolástica y luego la presencia fundacional de José de la Luz y Caballero, quien fue, además, mentor de juventudes, y de alumnos tan destacados como el poeta Rafael María de Mendive.

Por eso, Martí continuará esa vocación tan hermosa, y se afirma incluso que la ejerció durante su primer destierro, en Madrid, aunque no se han encontrado pruebas suficientes para sostener tal afirmación.

Lo que sí es cierto es su presencia en Guatemala como maestro, desde 1877, cuando impartió clases en la Escuela Normal, al ser invitado por su coterráneo José María Izaguirre, quien dirigía la institución académica, en aquellos tiempos del liberalismo centroamericano.

También sería docente en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Central, y ejerció en la Academia de Niñas de Centro América, entonces bajo la dirección de doña Margarita Izaguirre, en cuyo alumnado estaba María García Granados, la que todos conocemos por el romance de "La niña de Guatemala", que integró los Versos Sencillos.

Tras el Pacto del Zanjón, y al producirse su regreso a Cuba, también fue maestro en el colegio habanero de la Casa de Educación, mientras ejercía como pasante, desde su condición de abogado, en algunos bufetes.

Luego de un breve período en la península y en los Estados Unidos, volvería Martí a ser maestro, en Caracas, la capital de Venezuela, donde reside en 1881 y ejerce en el colegio Santa María y en el Villegas.

Obligado a enrumbar hacia Norteamérica, por su enfrentamiento al gobierno de Guzmán Blanco, comenzará a vivir la historia de los tres lustros de su madurez como persona e intelectual en EE.UU.

Y durante esos casi 15 años, fue asimismo maestro de adolescentes, jóvenes y adultos, al enseñar en la Escuela Central Superior de la ciudad de Nueva York, con un alumnado de fuerte presencia migratoria.

Asumida la labor pedagógica con verdadera pasión, en 1890 se sumó desde el magisterio a la Sociedad Protectora de la Instrucción, fundada por trabajadores cubanos y puertorriqueños, en su mayoría de raza negra, a quienes trasmitió no solo conocimientos académicos, sino el sentido de la eticidad mientras sembraba en todos también el amor a la Patria.

Esas jornadas del docente José Julián Martí y Pérez, realizadas sin recibir pago por las clases que impartía, fueron quizás las más suyas, las que le permitieron darse con mayor libertad a sus discípulos, en los cuales sembró amor y fe, ideales de libertad y de igualdad racial.

Serían esos trabajadores humildísimos quienes comenzarían a llamarlo "Maestro", desde el sentido apostólico del concepto, obra de educación y guía, de fundación misionera, muchos de los cuales se sumarían también al ideario de la independencia, que ya desde la creación del Partido Revolucionario Cubano y del periódico Patria, esparcía Martí sabedor del valor moral de la enseñanza.

Los fantasmas que atormentaban a José Martí.

El Nuevo Herald
ARIEL HIDALGO

Las celebraciones cubanas del 20 de mayo opacan una conmemoración que no debía pasarse por alto: la caída en combate del mentor del alma nacional cubana. La república nacida en 1902, al día siguiente de cumplirse siete años de su partida, no era en verdad la que él soñó, sino la que previó con aprehensión en carta memorable horas antes de desaparecer: la república formal sometida al vecino poderoso con la complicidad de una ''especie curial'', ``prohombres desdeñosos de la masa pujante''.

Pero si bien nunca hubiera consentido con una independencia mediatizada por aquella enmienda impuesta por bayonetas de tropas de ocupación, tampoco habría aceptado poderes absolutos unipersonales con una política violatoria de los derechos fundamentales de los cubanos, algo que también presintió en 1884 en la carta de ruptura con el general Máximo Gómez al expresar su temor a contribuir ''a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto'' que el despotismo colonial de España, ''más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimada por el triunfo''. Si bien no fue consecuencia directa de la colonia, aquel régimen llegó más de medio siglo después, ''legitimado'' por su triunfo sobre otra dictadura que arrastraba con muchos de los nefastos rezagos de aquella república.

Un pequeño volumen publicado recientemente en Nueva York por Carlos Ripoll, el más importante estudioso actual de la vida y obra de Martí, confirma lo que ya muchos intuíamos: que el pensamiento de los derechos humanos en Cuba tiene en José Martí al más importante de sus precursores. Una página completa de este periódico aún sería insuficiente para un recuento de todo lo que Ripoll ha hecho para difundir el pensamiento del maestro, entre otras cosas, innumerables folletos sobre diversas aristas de su pensamiento, muchos de ellos financiados con su propio bolsillo.

En esta selección de pensamientos, Derechos humanos, encontramos que Martí destacó ''la importancia de abrir la república a todas las ideas'' y se opuso a ''la república que al desconocer un partido cualquiera'', reprimiría ''una expresión de la naturaleza humana''. Fue, en suma, un defensor de los derechos políticos: ''Ni rey sobre el derecho político, ni rey sobre la conciencia. Por encima del hombre, sólo el cielo''. Y advertiría en lo que parece una profecía: ``¿Haremos los cubanos una revolución por el derecho, por la persona del hombre y su derecho total y negaremos, al día siguiente del triunfo, los derechos por que hemos batallado''?

La defensa del ''respeto a la libertad y al pensamiento ajenos'' constituía una parte tan fundamental de su ideario político que llegaba a llamarle, en la cita con la que Ripoll abre esta selección, ''mi fanatismo''. Y agregaba: ''si muero o me matan, será por eso''. La defensa de este derecho es muy reiterativo en su obra. En los años 80 del pasado siglo un joven cubano, Francisco Benítez Ferrer, fue apaleado y encarcelado por escribir en un muro este otro pensamiento que ahora Ripoll también recoge: ``Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar''.

Pero hoy en Cuba, no sólo cientos de personas guardan prisión por expresar opiniones diferentes a la línea oficial, sino que también se desconoce el derecho a crear asociaciones independientes, ni qué decir que mucho menos se permitirían legalmente las asociaciones políticas.

La certeza sobre este apostolado antecesor de los derechos fundamentales de la persona humana se nos reafirma aún más por la fuerte influencia de los trascendentalistas norteamericanos del siglo XIX, como Emerson y Thoreau, con su prédica de la preponderancia del espíritu por sobre todos los poderes terrenales, la misma línea genealógica espiritual que luego iría a desembocar en Mahatma Gandhi y Martin Luther King, este último el más grande paladín de los derechos civiles en los Estados Unidos. Encontramos la huella de este influjo en incontables frases hoy memorables: ''Una idea justa, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército''. Con esta convicción comienza su memorable ensayo Nuestra América, que resume en este pensamiento: ``Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados''.

Ysin embargo, este hombre, aún joven --contaba sólo 42 años en su lance final-- desató la guerra que desembocó en el cierre definitivo de la historia colonial de España en América, la guerra que completó, con una última estrofa, el gran poema americano de Bolívar, Hidalgo y San Martín, pero interrumpiendo, lamentablemente, el desarrollo de un pensamiento que habría sido faro de libertad en el mundo moderno, tragedia que hizo brotar este lamento de su amigo Rubén Darío al conocer la noticia: ``¡Qué has hecho, maestro!''

Pero ahora, 113 años después, nosotros debemos proseguir esa lucha sin odios donde él la dejó en Dos Ríos, para hacer desvanecer, de una vez y para siempre, los fantasmas que ya desde entonces atormentaban su mente, pero por caminos que las circunstancias no le permitieron transitar: los de la paz.

infoburo@aol.com

Intensa jornada cultural en memoria de Martí.

La Jornada
De la Redacción

Con motivo del 113 aniversario luctuoso del prócer cubano José Martí, quien el 19 de mayo de 1895 murió en combate luchando por los ideales de la revolución, recibirá un homenaje en esta capital.

Por ser uno de los más grandes pensadores latinoamericanos, la embajada de Cuba en México, el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y la asociación José Martí de Cubanos Residentes en la Ciudad de México organizan diversas actividades para honrar la memoria del libertador de la isla.

El embajador Manuel Francisco Aguilera de la Paz ofrecerá mañana domingo un discurso en alusión a Martí, en el parque María Teresa ubicado en la delegación Gustavo A Madero, donde se encuentra un busto que fue develado con motivo del 110 aniversario de la muerte del pensador, poeta, escritor, diplomático y político cubano.

La trova, símbolo de Cuba para el mundo, engalanará el homenaje luctuoso, además de la presentación de un espectáculo de danza folclórica mexicana, en una hermandad cultural de ambos países, que en su construcción histórica han sido fuertemente influenciados por el ideario emancipador de Martí.

Reconocido principalmente por su actuación en el movimiento de independencia cubana, su pensamiento ha trascendido fronteras espaciales y temporales.

México, país significativo en la vida del revolucionario, pues aquí residió entre 1875 y 1877 –además de encontrar el amor, pues fue aquí donde conoció a su esposa, originaria también de la isla caribeña, Carmen Zayas Bazán–, ahora brinda reconocimiento a ese icono latinoamericano con de una ofrenda floral en la estatua del héroe nacional cubano en el Centro Cultural Martí, acto que también encabezará Aguilera de la Paz.

Para concluir la jornada conmemorativa, se inaugurará la muestra Martí en la plástica, integrada por impresiones de obras de artistas cubanos, como Roberto Fabelo y Flora Fong, y mexicanos, entre ellos Diego Rivera y Mario Gallardo, además de autorretratos de Martí.

La exposición concluirá el 28 de mayo, en la estación Auditorio Nacional del Metro.

(Con información de Alondra Flores)

martes, 6 de mayo de 2008

Importantes donaciones para el Museo Casa Natal de José Martí.

Cubarte
Por: Miralys Sánchez Pupo

(Cubarte).- Las huellas de la vida de José Martíaún permanecen por muchos lugares donde pasó. Muchas de ellas han sido atesoradas por instituciones o personas que lo han amado y desearon preservarlas para el futuro. Esa es una de las claves presente en la actual Edición Crítica asumida por un equipo de investigadores del Centro de Estudios Martianos para mostrar a través de la documentación rescatada las disímiles facetas de la vida y la obra universal dejada por el Maestro para el futuro. Por esa condición todas las búsquedas en ese sentido constituyen importantes donaciones como las recientemente recibidas por el Museo Casa Natal de José Martí en La Habana Vieja.

El más alto pensamiento político del siglo XIX nació en una humilde casa ubicada en la calle Paula número 102, en las actuales proximidades de la Terminal de Trenes, muy cerca del mayor segmento que se conserva en la calle Egido de las antiguas murallas que rodearon a la capital para protegerla de ataques de ladrones del mar, ella es un bastión de aquel segmento de la historia. Pero más rutilante aún son todos los documentos y constancias que permanecen alrededor de la vida del pequeño que nació en éste punto el 28 de enero de 1853 y forman parte del arsenal martiano del museo que lo tiene de centro de sus fondos...

Para leer toda la noticia, hacer clic [aquí]

martes, 29 de abril de 2008

José Martí y los derechos humanos.

Publicado el 04-26-2008

Diario Las Americas
Por Guillermo Cabrera Leiva

Pareciera una repetición innecesaria hablar de José Martí y los derechos humanos. No lo es, sin embargo, cuando se lee el folleto editado por Carlos Ripoll, que bajo el sencillo título de “José Martí, Derechos Humanos”, reúne medio centenar de pensamientos del Apóstol, donde vibra el genio y la visión de un legítimo defensor de la dignidad humana.

Porque al leerlo se descubren verdades y se detectan ideas que enriquecen nuestro espíritu y nos proveen de armas para combatir la injusticia.

En sus palabras de introducción al pensamiento martiano, hay un párrafo muy significativo, donde Ripoll señala lo siguiente: “Todos los crímenes sociales que ha padecido Cuba, desde el descubrimiento hasta el presente, tienen raíz en alguna violación de los Derechos Humanos tal como se enuncian en la Declaración Universal, y aún en su más amplio sentido: agravios o atropellos contra “la dignidad plena de hombre”.

Martí definía los derechos humanos como la esencia misma de la criatura humana; tal es así que expresa: “Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar”

Esta interpretación de la importancia de los derechos humanos responde a su amplia visión espiritual de la sociedad, y a su alto concepto del amor familiar. De ahí que se cometa una grave equivocación al calificar a Martí como un marxista, según lo repiten los aduladores del castrismo.

Para Martí el derecho a pensar, y el derecho a expresar lo que se piensa, es la piedra angular de todos los demás derechos. Insiste en múltiples ocasiones en la necesidad de dar vía libre al pensamiento, y de poseer el valor para manifestarlo:

“Quien esconde por miedo su opinión, y como un crimen la esconde en el fondo del pecho, y con su ocultación favorece a sus tiranos, es tan cobarde como el que en lo recio del combate vuelve grupas y abandona la lanza al enemigo”.

Ripoll considera, en su breve introducción al pensamiento martiano, que Cuba vive hoy como en los días de la conquista española, cuando el terror de las armas y los perros se imponía sobre el indio infeliz, y lo acosaban y sometían brutalmente hasta llevarlo al suicidio:

“Había entonces religiosos que no daban la espalda al crimen. Alzó la voz nuestro primer disidente, el padre Bartolomé de las Casas. Pasados más de quinientos años, aun hoy está vivo Las Casas: ni el crimen se ha agotado en la Isla ni falta quien lo delate. En las primeras décadas de la conquista se suicidó más del diez por ciento de los indígenas; desde el triunfo del estalinismo en Cuba, más del diez por ciento de la población se ha ido al exilio: otra forma de protesta y de suicidio”.

Al leer los pensamientos de Martí, que Ripoll ha hilvanado con mucho acierto, se advierten joyas valiosas que vale la pena dar a conocer en estos tiempos revueltos y peligrosos.

Martí no escribió pensando únicamente en Cuba. Su corazón y su mente estaban por todo el universo, sintiendo y meditando por todos los que eran víctimas del abuso y la opresión. Su enfoque, aunque nacido de la dura experiencia cubana, tiene una proyección que abarca a todos los pueblos del orbe y encaja en todas las agrupaciones humanas.

De ahí este consejo breve y elocuente: “Bello es que los pueblos combatan por su libertad: mas sólo tienen el derecho de combatir por su libertad los que no opriman la de otros”.

domingo, 30 de marzo de 2008

Recordar a José Martí significa pagar una deuda histórica perenne, dice Alfonso Herrera Franyutti.

29 de enero del 2008

La Jornada.com
Ericka Montaño Garfias

Presentaron la redición de su libro sobre la vida del prócer cubano en México.

Uno de los principales textos sobre la vida del prócer cubano José Martí acaba de ser reditado.

Se trata de Martí en México: recuerdos de una época, libro publicado por primera vez en 1969, después de un viaje que su autor, el pedagogo y humanista Alfonso Herrera Franyutti, realizó a Cuba.

“Recordar a Martí no es un acto protocolario ni de lucimiento literario, sino el pago de una deuda histórica perenne.

“No debemos verlo con una mirada nostálgica, sino puesta en el presente, pues sus ideas adquieren plena vigencia en momentos de crisis para la humanidad y de peligros para México y el resto del continente en que fuerzas extrañas tratan de dividirnos”, dijo Herrera Franyutti durante la presentación del volumen, editado por el Senado de la República en su colección Mesa Directiva.

Herrera, médico de profesión y uno de los más reconocidos especialistas martianos en el país, destacó que José Martí (La Habana, 1853-Dos Ríos, 1895), “es un referente para quienes amamos la libertad, la poesía y la literatura; para quienes queremos un futuro mejor para la especie humana.

“México y Cuba son dos países hermanos unidos por la geografía, la historia, y la fraternidad. Sin embargo esta fraternidad ha sido puesta en peligro por hombres, por políticos, con alma de Caín”.

La estancia del político, poeta, filósofo y escritor cubano en México “dejó profunda huella, tanto por su obra como por lo que el país representó en su vida. México fue para Martí el crisol de su experiencia americana. Por aquí empezó a recorrer los caminos de nuestra América, aquí inició su actividad periodística, observó y señaló el peligro que representaba Estados Unidos para México, que amenazaban con invadirnos y anexionarse territorios del norte, el principio de lo que más tarde sería su lucha antimperialista; conoció el problema indígena, pero también vio la antigua grandeza de la raza aniquilada y conoció la obra de Benito Juárez.

“México fue para Martí fuente de vivencias y experiencias. Fue el despertar de su conciencia de la otra realidad americana, donde nuevas voces se unieron a las inquietudes de su Cuba natal.”

Llegó con el espíritu aterrado

A la presentación asistieron el embajador de Cuba, Manuel Aguilera de la Paz y la senadora Yeidckol Polevnsky, cuya labor permitió la redición de Martí en México: recuerdos de una época.

Sobre el libro, el diplomático resaltó que “cuenta cómo Martí se hizo cronista, orador; cómo amó y fue amado, aquí se casó, forjó amistades, llegó con el espíritu aterrado. Hasta comparó su amor que sentía por estas tierras con el que sentía por Cuba. Su obra escrita aquí es la más extensa, la más apasionada y la más ligada a su inextinguible fe en la América nuestra”.

Polevsnky, en tanto, se dijo admiradora de Martí, “quien hizo por Cuba y por América lo que no se ha hecho después, y puso la base de una enorme y grandiosa revolución que aún nos nutre”.