Por Maricel González Suárez
2 de enero de 2025
José Martí es una de las personalidades de nuestra historia más recurrente en el hacer de cada día; su legado inspira, conmueve, ánima, y desafía siglos para perpetuar su devoción por la patria y sus semejantes.
Una de las aristas de su vida que llega con tamaña distinción a este tiempo es la que lo descubrió cronista y corresponsal, comentarista y editorialista, me detengo entonces en el José Martí periodista.
Su palabra estremece, llega impetuosa, desde el ayer en que vislumbró el peligro de la ambición imperial, con la claridad que apunta cuán esencial es el mejoramiento humano y la necesidad de trabajar con todos y para el bien de todos.
La obra martiana es elegante y profunda, fuera en prensa escrita o en la oratoria pródiga, cautivaba. La fuerza de su palabra extendía los brazos y comprometía al emigrado indeciso y ofuscaba al enemigo.
Con apenas 15 años publicó el soneto ¡10 de Octubre! a escasos días del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en 1868; el único ejemplar de El Diablo Cojuelo revela su prosa irónica con la que ataca al gobierno colonialista.


















