jueves, 14 de abril de 2022

José Martí y su proclama a la unidad

Por Hilda Pupo Salazar
Abril 13, 2022

Ampliar imagen

A José Martí es necesario volver y volver siempre con significativa maestría, para saber reflejar la vida del prócer desde la cotidianidad y así abogamos que sea a la hora de hablar del Autor Intelectual del Asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. Siempre me impresiona estudiar cómo el maestro y amigo de Fidel Castro, García Marques, cuando se propuso escribir: “El General en su Laberinto” supo, magistralmente, desmontar a Bolívar de su caballo, para reflejar, sabiamente, su vida desde todas las aristas como ser humano.

Al incorporarse a las luchas libertarias cubanas, conjuntamente con el Generalísimo Máximo Gómez Báez, el 11 de abril de 1895, hace 127 años, por Playita de Cajobabo, hay que recordar a su mejor discípulo Fidel cuando afirma: “Martí decía que había dejado las cadenas que lo habían acompañado durante toda su vida en la lucha por la independencia de Cuba…”

Ya en los campos de batallas, dispuesto a dar la vida por su Patria, en la Revolución que organiza, desde su intransigencia en medio de las fuerzas adquiridas por las tendencias ideológicas del autonomismo, reformismo y anexionismo, el Apóstol defiende al independentismo como única vía para la separación definitiva de la Metrópolis Española.

Desde siempre resguarda la unidad, sabe las experiencias en las dos guerras anteriores cuando trastornan las mentes, extraviaron decisiones de valiosos hombres para caer en hondos abismos, factores decisivos en reveses concluyentes del proceso revolucionario cubano.

En el discurso del 10 de octubre de 1890, pronunciado en Hardman Hall, Nueva York, expresa: “Porque nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos¸ y no estamos aquí para decirnos ternezas mutuas… sino para ir poniendo en la mano tal firmeza que no volvamos a dejar caer la espada”.

Martí estudia, como nadie, las causas reales y complejas de las anteriores derrotas y desentraña hasta los más mínimos elementos, incluso peligrosos factores que sobreviven y amenazan la unidad y reafirma: “¡Antes de cejar en el empeño de mantener libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila.”

Ya en los campos insurrectos, ejerce la magistral unidad “entre pinos viejos y nuevos”, fundamentalmente con los dos más grandes: “Gómez y Maceo”, en su guerra necesaria, a cuya preparación consagra su vida, habla de “la república trabajadora que sobrevendrá después del triunfo, concebida para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y los derechos de los habitantes leales de Cuba, de todos los cubanos, los de la Isla y los de la emigración”.

El texto del 10 de abril, publicado en el periódico Patria ese mismo día de 1892, a 23 años de la Asamblea de Guáimaro, refleja la primera de las Constituciones mambisas y a un gobierno estructurado con arreglo a sus preceptos y lo que luego es traba al desarrollo de la gesta independentista, iniciada por Céspedes, el 10 de octubre de 1868, que, sin dudas, constituye uno de los factores que condujeron al Pacto del Zanjón…”

Y sentencia: “En los modos y en el ejercicio de la carta se enredó, y cayó tal vez, el caballo libertador; y hubo yerro acaso en ponerle pesas a las alas, en cuanto a formas y regulaciones, pero nunca en escribir en ellas la palabra de luz [… ]”

No se anda con meras palabras, sufre hondamente por tener la Patria tan mancillada, de ahí tanto desvelo para evitar, nuevamente, el peligro de ahuyentar el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en preparativos y llama: “alcémonos para darles tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos, alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos y para el bien de todos”.

Por eso confía tanto en que el Partido Revolucionario Cubano, obra cumbre de su labor política revolucionaria, para la unión, sentida e invencible, de los hijos de la guerra con sus héroes, de los cubanos de la Isla con los que viven fuera de ella, de todos los elementos revolucionarios del pueblo cubano, para enfrentar las tendencias anexionistas, autonomistas o caudillistas que tanto daño habían hecho a la revolución.

Defiende que a su pueblo se ha de ajustar todo partido público, el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos. Y bendice: “Esa esperanza, justa y serena, es el alma de la revolución…”

Como ese escudo indispensable, ahora, ante las renovadas amenazas y las hostilidades crecidas del imperio, prevalece en el proceso de continuidad al 8vo Congreso del Partido Comunista de Cuba, con el constante llamado de Díaz-Canel de defender la dignidad humana, fortalecer la democracia participativa, con el mayor control popular y de preservar siempre el principio de la unidad, como conceptos básicos en nuestra sociedad.

Ampliar imagenHilda Pupo Salazar
Periodista especializada en temas de educación y valores. Autora de las columnas Página 8 y Trincheras de ideas.

Tomado de: ¡Ahora!

No hay comentarios: