viernes, 26 de enero de 2007

Inaugurada en Guatemala exposición en homenaje a José Martí.

Guatemala, 26 ene (PL) El Centro Cultural Metropolitano acoge hoy aquí la muestra plástica "José Martí, Nuestra América", en homenaje al aniversario 154 del natalicio del Héroe Nacional cubano y al 130 de su llegada a Guatemala.


"Esta exposición rinde tributo al más querido hijo de Cuba, cuya vida estuvo consagrada al noble ideal de la independencia y la justicia social", declaró en la inauguración la agregada cultural de la embajada cubana, Nancy González.


Más de un centenar de personas acudieron al acto de apertura de la segunda edición de la muestra, que estuvo presidido por el viceministro primero de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, y el embajador en Guatemala, Omar Morales.


"Quizás no pueda encontrarse en la historia otro antecedente o ejemplo de alguien como Martí que en el brevísimo lapso de apenas un año haya dejado en la cultura y el alma de un pueblo como el guatemalteco tan relevante impronta", declaró el diplomático.


Morales agradeció el gesto del Sindicato de Trabajadores de las Artes Plásticas, el Centro Metropolitano y las instituciones y artistas que colaboraron para presentar esta exposición, la cual -dijo- es un reflejo de la hermandad que une a nuestros pueblos.


En la muestra participan cerca de una treintena de artistas nacionales y extranjeros, entre quienes figuran Fernando Minera, Alejandro Wer, José Miguel Pérez, David Alejandro Muralles, Víctor Girón y Milagro Quiroa.


"Uno de los motivos que me inspiró a dedicar parte de mi obra a Martí es su espíritu libertario y antiimperialista y también su literatura", declaró a Prensa Latina el artista Fernando Minera.


Lienzos como "Nuestra América", "La niña de Guatemala", "Caída y Ascenso", "El Gladiador", "América Nueva", "Cultivo una rosa blanca" o "El sueño de Martí", pueden ser apreciados en la exposición.


asg car


PL-32

Martí y la Mujer.

[24.01.2007]- Actualización 11:00 am de Cuba

Por Fefita Gutiérrez Ferrer

"...¿De mujer? Pues puede ser que mueras de su mordida, pero no empañes tu vida diciendo mal de mujer", escribió José Martí, uno de los poetas más eminentes que dio este Continente. Muchos, quizás sin proponérselo, sino por desconocimiento, han demeritado la imagen de la mujer.

En ocasiones se ha cuestionado la estrecha amistad que existió entre Martí y María Granados, entre él y Carmen Miyares, la madre de María Mantilla. Pero si Martí no hubiera escrito esos versos, ni siquiera nos hubiéramos enterado de que existió algún día. María Granados murió de Tuberculosis, una enfermedad incurable en aquel tiempo.

Sin embargo, pocos se detienen a valorar la profundidad de la visión política de Martí, de su pensamiento revolucionario y la misma potencia renovadora notable en su creación literaria que lo convirtieron en uno de los hombres, quizás el primero, en proyectarse a favor de la emancipación de la mujer e, incluso, avizoró el combate contra la violencia y prostitución femenina.

En la carta que le escribió a María Mantilla, el 9 de abril de 1895, entre otras cosas le infunde conceptos vitales acerca de amor, amistad, delicadeza, respeto, importancia de estudiar y prepararse para el trabajo virtuoso e independiente de la vida, para que la deseen los hombres buenos y la respeten los malos, aspectos que reafirmó en la máxima: "Saber para poder querer".

Nuestro Héroe Nacional se adelantó a la lucha en contra de la discriminación de la mujer; por una cultura de igualdad que las hiciera partícipe de la vida, del trabajo creador en aras de alcanzar medios que vengan de su propia labor, "para que viva a la par del hombre como compañera no como juguete hermoso."

A las muchachas y los muchachos desvinculados del estudio o el trabajo, les sería de mucha utilidad releer esta misiva, para que reflexionen, valoren y aprovechen todas las posibilidades que les brinda la Revolución para elevar su nivel cultural y reinsertarlos a la sociedad.

Vale remitirse también a la importancia que le concedió Martí a la utilidad de la virtud, la honradez y la belleza interior de cada persona, cuando aseguró: "Mucha tienda, poca alma. Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera, tiene poco adentro." De hecho, la Federación de Mujeres Cubanas, junto a la Comisión de Prevención han trabajado -y aún siguen trabajando- para arrancar de raíz aquellos casos controlados que alguna vez ejercieron la prostitución o constituyen un tendencia real a ejercerla.

El mejor homenaje a nuestro Héroe Nacional estará en aprehenderse del mensaje educativo explícito en estos versos tomados del poema Hierro: "Los amores vulgares envenenan y ofuscan. No es hermosa la fruta en la mujer, sino la estrella."

jueves, 25 de enero de 2007

A MARTÍ, MAESTRO.

Por Randy Saborit Mora

“MAR” y “MÁRTIR”. Dos sustantivos. Los sustantivos nombran lo sustancial, lodistintivo, lo particular. El MAR sugiere “lo infinito” y “lo inmenso”. MÁRTIR alude al “sacrificio” y “la abnegación”. Esos términos esenciales sintetizan a MARTÍ: un MARMÁRTIR al decir de José Lezama Lima, uno de los más prestigiosos escritores cubanos.

Martí, más que sustantivo, era el verbo. AMAR, por ejemplo, es un verbo modelo porque en todos los modos y tiempos verbales mantiene la regularidad en la conjugación. A MARtí puede conjugársele en todos los modos y para todos los tiempos.

AMAR fue la acción humanitaria que profesó. Amó a Cuba desde la distancia sin perder la correspondencia con ella. Cuatro tomos conforman el Epistolario Martiano, páginas poéticas de un hombre que trocó el odio en amor. Un ser humano que domesticaba la palabra cuando se comunicaba con sus familiares, amigos, o las personalidades necesarias de la guerra patria.

El verbo del Apóstol surcaba el aire o quedaba grabado en el papel como concepto político, elegante y bello. Su torrente verbal podía comprometer al emigrado indeciso, incluso al enemigo acérrimo. Pintaba frases y esculpía ideas. El efecto Martí existe hoy en la palabra como el efecto Mozart en la música, al decir del profesor Jorge Lozano. El Maestro armó de palabras su periodismo, su narrativa, su teatro, su poesía. Su docencia.

Impartió Gramática Española en Nueva York durante la década del 80 del siglo XIX. Le gustaba enseñar una gramática comparada en la que se conociera la raíz de los vocablos para poder emplearlos en el momento justo y de manera correcta. A partir de las reglas teóricas encontraba las aplicaciones prácticas.

V. A. Paltsits fue un joven que aprendió español con Martí en Nueva York: es más fácil olvidar un idioma, que borrar del recuerdo la impresión de un hombre noble, escribió aquel para la Revista Cubana de 1953.

El Maestro resumió algunas ideas de su modo de impartir clases: El instructor de español informa que su intento ha sido enseñar la gramática sin parecer que la enseña (…) Se enseñó el idioma utilizando la pronunciación y la ortografía (…) La relación de los modos verbales españoles con los de otros idiomas, fue plenamente expuesta (…) El uso constante de la pizarra familiarizó la mente de los estudiantes con las ideas comunicadas por el instructor.

Aquel método se fundaba a partir de la enseñanza de palabras aparentemente semejantes, que los estudiantes tenían que emplear en oraciones. Las cláusulas se leían en el aula y se criticaban. Un día el Maestro retó al aula a escribir con los vocablos: Papa, papa y papá. Martí fue recogiendo por los pupitres los escritos, y cuando leyó para sí uno de los exámenes comenzó a reírse. Los estudiantes no entendían, pero se contagiaron con su llanto de alegría. Después de mucho reír, pudo contenerse e hizo público lo que Paltsits había escrito: El Papa no es una papa, ni tampoco un papá.

José Martí: maestro y caballero en Revista Cubana. Homenaje a José Martí en el centenario de su nacimiento;publicaciones del Ministerio de Educación. Dirección General de Cultura, pp.57-60, La Habana, Cuba, 1953.

ESE HABANERO QUE FUE JOSÉ MARTÍ.

Por Mercedes Santos Moray

A breves pasos del mar, donde se levantaban las murallas, nacerá José Martí, el primero y único hijo que tuvieron dos españoles, la canaria Leonor Pérez y el valenciano Mariano Martí, el mismo que crecería entre una oleada de hermanas.

La vida de la capital colonial comenzaba, precisamente, cuando a las siete de la mañana se abrían las puertas de la ciudad, y se agitaba el comercio y se iniciaban las tareas cotidianas también en aquel humilde barrio de Paula, situado en las cercanías de la puerta de la Tenaza, cuyas huellas todavía subsisten en este siglo, al costado de la actual terminal de ferrocarriles.

El suyo era un hogar sencillo y modesto. Su padre se desempeñaba, entonces, como sargento primero de la cuarta batería de la primera brigada del Regimiento de Artillería, y la madre era una hermosa mujer de veinticinco años. José Julián tendría como espacio para su niñez y su adolescencia a la ciudad, en la que escribió sus primeros versos, aprendió a leer y a descubrir el mundo, cultivó la amistad y también vivió fuertes experiencias, como el presidio político.

Pero en aquel mes de enero de 1853, la calle respira el salitre, el aire que avienta el invierno, la brisa que viene del mar y que penetra por la Alameda de Paula, próxima al puerto, donde bregan marinos, soldados y comerciantes en aquella zona de la ciudad, venida a menos, y donde altivo solo hay un palacio, el del marqués de Campo Florido.


La casa es modesta, como la calle en la que se empina y que ahora, muchos años después, la conocemos por el nombre de Leonor Pérez. Es una humilde vivienda blanqueada por la cal, con un pequeño alero que sobresale sobre un balcón, ligero como el viento.

Los primeros pasos permitirán al niño medir la Alameda de Paula, al caminar de la mano de su madre, mientras los ojos ávidos de aquel pequeño habanero se extasían con las gaviotas. En la Iglesia del Ángel, enclavada sobre un promontorio, a un costado del actual Museo de la Revolución, lo bautizarán, como años más tarde su hijo protagonizará ese rito, pero en la Iglesia de Monserrate, ambas enclavadas en el corazón de la ciudad.

Don Mariano es un hombre de genio, ríspido en sus gestos y sus respuestas, que repudia cualquier acto de servilismo y de corrupción, por eso se licencia del ejército español y comienza a peregrinar como celador por los barrios de La Habana, con trabajos inestables que apenas si permiten sobrevivir a su familia.

Leonor cose, mientras tiene a sus siete niñas y crece la prole.

En numerosas ocasiones, por la frágil economía, deben cambiar de viviendas y recorrer la ciudad que se expande extramuros, en una época en la que además las murallas resultan obsoletas. Mientras el azúcar y los cañaverales se adueñan de la Isla y se instaura una economía de plantaciones, sobre la base de la esclavitud y transcurren los primeros años de José Julián Martí y Pérez.

Estudiar será la voluntad del niño y también el deseo de sus padres. Así, recibe sus lecciones en el colegio de San Anacleto, dirigido por un buen maestro cubano, don Rafael Sixto Casado, y establece relación de amistad con otro niño que lo acompañara toda la vida, Fermín Valdés Domínguez.

Los años habaneros de Pepe se interrumpen, por una breve estancia en el Hanábana en la que conocerá, por primera vez, el campo cubano, y también se topará con el cepo y con la crueldad de la colonia, al descubrir los cuerpos lacerados, torturados de los esclavos, de los cimarrones, ese período suyo de la infancia cuando acompaña a don Mariano, quedará para siempre en su retina, como lo testimoniará, años más tarde, en los poemas autobiográficos de sus Versos sencillos.

En Cuba también se desarrolla un pensamiento separatista y el reformista, en medio de las complejas coordenadas de la colonia. Pronto el jovenzuelo se alinea en el partido de los criollos, al calor de su maestro Rafael María de Mendive, una de las voces de la poesía romántica, cuando cursa los estudios secundarios. Lleva, en su traje, como sus amigos, una señal de luto por la muerte de Abraham Lincoln, en aquellos tiempos, en vísperas del alzamiento de La Demajagua.

El habanero es crítico con su medio, polémico en el hogar frente a las ideas paternas, y apasionado lector. Hay periódicos como El Siglo, debates y tertulias en la casona de Mendive en las que Pepe participa, al encontrar allí la extensión del colegio San Pablo, donde continúa su preparación intelectual, alentado por su maestro, y deseoso de adueñarse de la palabra y de las ideas.

Por el Paseo de Isabel II, que ahora conocemos como Paseo del Prado, cabalgan los jinetes en bravos potros, cortejan a las damas que pasean en calesas y quitrines, en ágiles volantas. Y los jóvenes estudiantes confrontan sus tendencias, mientras en la manigua se miden insurrectos y españoles.

También en La Habana crece la agitación y en ese volcán participa Martí. Del lado de España, y como emblema, aparecen los gorriones e, incluso, se celebra un simbólico entierro. Los criollos toman como escudo a un pájaro breve y gentil, la bijirita, símbolos las dos aves de una batalla de ideas que ya respira el aliento de la pólvora y del acero en los campos, pero que se desarrolla en la capital, dentro del movimiento que se conocería como “laborantismo”.

En el café de la acera del Louvre, la muchachada criolla se reúne para debatir sobre la independencia, en los portales del actual Hotel Inglaterra, mientras los Voluntarios, cuerpo paramilitar formado por comerciantes hispanos, se ejercitan en el Campo de Marte, donde hoy se expande el Parque de La Fraternidad.

José Julián Martí ingresa, aunque no continúa sus estudios, en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de La Habana, más conocida hasta nuestros días, como San Alejandro. Y puede proseguir, gracias a la ayuda económica de su maestro don Rafael María de Mendive, sus estudios de Bachillerato.

En el Teatro Tacón, conocido en nuestros días como el Gran Teatro de La Habana, en la céntrica esquina de Prado y San Rafael, se reúnen los jóvenes, alentado por el ejemplo de los insurrectos en los departamentos de Oriente y Camagüey. España quiere mantener "la perla más fiel de la corona", por la que llegará a pagar "hasta el último hombre y la última peseta", frente a la empecinada tozudez de los cubanos.

En el teatro Villanueva chocan cubanos y españoles, cuando un actor grita un ¡Viva la tierra que produce la caña! ¡Viva Carlos Manuel!, y el nombre de pila del jefe de las fuerzas patrióticas, el de Céspedes, conmueve las tablas del escenario, los palcos, todo el edificio y comienza la masacre. La ciudad sufre una ola de represión. Son asaltadas casas y palacetes de criollos proindependentistas.

Esa noche del 22 de enero de 1869, Martí con su amigo Fermín, preparan el único número que saldrá del periódico La patria libre. La Habana y los habaneros se sumarán a la lucha revolucionaria, y entre ellos, con vehemencia y pasión estará también el adolescente que se llamó José Martí.

Aniversario de Martí en Viernes Cultural.

Posted on Thu, Jan. 25, 2007

By LENA HANSEN
El Nuevo Herald

Un recital de la poesía del apóstol cubano José Martí, karaoke para los aficionados al canto y artesanía variada esperan a los que asistan al Viernes Cultural mañana de 6:30 a 11 p.m., entre las avenidas 14 y 17 de la Calle Ocho.

Además de celebrar el 154to. aniversario del nacimiento del apóstol cubano José Martí con un recital de su poesía a cargo de estudiantes del colegio Lincoln Martí a las 7:45 p.m. en la tarima de la avenida 15, los nostálgicos podrán visitar el busto de Martí en el parque Cuban Memorial de la avenida 13.

También habrá karaoke en el escenario de 6:30 a 7:30 p.m., animado por Pablo Cantón, administrador del Neighborhood Enhancement Team de La Pequeña Habana.

''Tenemos una máquina de karaoke con una pantalla para quienes se olviden la letra y un repertorio de más de 20,000 canciones. La idea es que sean temas alegres y bailables, al estilo de Celia Cruz o Willy Chirino, para que aún si el que canta lo hace mal, la gente pueda bailar. Los americanos también están welcome si se lanzan con una de Elvis Presley'', bromea Cantón.

El artista del mes será el pintor cubano Carmelo Prado, especializado en la pintura naif, que expondrá 10 de sus obras al lado del teatro Tower. Graduado de la reconocida escuela de arte San Alejandro de La Habana, Prado ha expuesto su obra en Barcelona y Amsterdam, entre otras mecas del arte.

''No tengo una temática rigida. Pienso exponer una serie basada en los orishas y la cultura afrocubana. Otra temática central es la fusión entre las figuras masculinas y femeninas y mi tributo a la mujer como madre naturaleza y creadora de vida'', cuenta el artista.

El guitarrista cubano Martín Rojas y el trovador Marcelino Valdez pondrán el toque nostálgico a la velada con clásicos cubanos como Corazón rebelde de Beny Moré y piezas reconocidas internacionalmente como Aquellas pequeñas cosas del cantautor español Joan Manuel Serrat, entre otras joyas musicales, a las 8:10 p.m.

El conjunto de música y danza afrocubana Ifé Ilé, liderado por la coreógrafa Neri Torres, también se presentará a las 9:25 p.m.

''Vamos a hacer una rumba, una columbia y terminar con una chancleta. La música será grabada esta vez y tendremos ritmos típicos cubanos como una conga oriental, un guagancó y un son'', adelanta Torres.

lhansen@herald.com

Para más información puede llamar al (786) 314-5993 o visitar www.viernesculturales.com

Un tunero fue el primer editor de Martí.

Por Juan Morales Agüero

En la historia del periodismo y la literatura cubanos existe un hecho que vincula a nuestra provincia con José Martí. A pesar de no ser lo suficientemente conocido, entraña per se un extraordinario significado, pues establece nexos nada menos que con el debut del autor de La Edad de Oro en el universo de la letra de molde.

Los tuneros trabamos conocimiento con esa buena nueva a través de un material periodístico que el diario 26 insertó en sus páginas el día 27 de agosto de 1981 bajo la firma de Carlos Tamayo. Dice así el trabajo en su parte de mayor impacto: “todo parece indicar que Manuel Nápoles Fajardo fue el primer editor de José Martí”.

Como el lector probablemente sabe, Manuel Nápoles Fajardo era hermano de Juan Cristóbal, El Cucalambé, el más eximio poeta bucólico cubano del siglo XIX. Manuel fue autor del primer libro tunero, Flores del alma, publicado en 1860, y solía firmar sus trabajos con el seudónimo de Sanlope, anagrama de su apellido Nápoles.

En el artículo de referencias, Tamayo se remite al testimonio del investigador Camilo Domenech, quien, al revisar el número correspondiente al domingo 26 de abril de 1868 del periódico El Álbum, publicado por entonces en la capitalina Guanabacoa, se llevó una gran sorpresa, pues en el ejemplar aparece, según afirma Domenech, “lo que sin dudas constituye el primer trabajo de Martí en letra impresa”.

Al divulgar después su hallazgo, Domenech precisa que El Álbum era por aquella época un semanario fundado y dirigido por Manuel Nápoles Fajardo, quien lo editaba en una imprenta de la calle Nazaret 16, en la bien llamada Villa de Pepe Antonio, donde residía a la sazón el bardo tunero. Y dice sobre el texto fundacional rubricado por Martí con solo 15 años de edad: “(…) Se trata de un poema dedicado a Micaela Nin, la dama guanabacoense, esposa de Mendive, con motivo del fallecimiento del primogénito de ambos, ocurrido en febrero de ese año”.

No es de extrañar que la primera incursión del más universal de todos los cubanos por los predios de la literatura impresa haya tenido como tema a la familia de José María Mendive, su maestro en el colegio San Pablo, de quien recibió siempre aprecio y apoyo para continuar sus estudios interrumpidos por apuros económicos. El deceso del pequeño Miguel Ángel le inspiró el ya citado poema, estructurado en cuatro partes, y que el joven Martí tituló A Micaela. Su primeros versos dicen:

“Cuando en la noche del duelo / Llora el alma sus pesares, / Y lamenta su desgracia, / Y conduele sus afanes, / Tristes lágrimas se escapan / Como perlas de los mares; / Y por eso, Micaela, / Triste lloras, sin que nadie / Tu dolor consolar pueda / Y tus sollozos acalle; / Y por eso, Micaela, / Triste en tu dolor de madre, / Lloras siempre, siempre gimes / La muerte de Miguel Ángel.”

Martí concluye su poema a la atribulada madre de la siguiente manera: “Pero, ¿no ves, Micaela, / Esa nube y esos ángeles? / ¡Mira! ¿No ves cómo suben? / ¿Los ves? ¿Los ves? ¡Triste madre, / Ya se llevan a tu hijo, / De tus delirios la imagen, / El alma de tus amores, / La noche de tus afanes, / Pura gota de rocío / Linda perla de los mares!... / ¡Llora, llora, Micaela, / Porque se fue Miguel Ángel!”

Carlos Tamayo ha comentado el hallazgo así: “mientras no exista prueba en contra, el tunero Manuel Nápoles Fajardo fue el primer editor que tuvo José Martí”.

"Oh, qué dulce es morir"

Radio Angulo Digital/Jueves 25/01/07
Por Karina Escalona Peña

Una de las más grandes pasiones martiana desde su temprana juventud es el arte dramático, por lo que no resulta extraño que la primera obra entre sus méritos literarios y artísticos es un poema titulado Abdala.

Muy cerca de los sucesos del teatro Villanueva se encontraba el joven Martí velando por la impresión del único número de La Patria Libre, que pretendió ser un semanario democrático cosmopolita.

Allí lo encontró Leonor Pérez cuando salió a buscarlo, acongojada por lo que podría sucederle en medio de las revueltas, según cuenta ella misma años más tarde.

Las dos últimas páginas del periódico corresponden al poema Abdala, un joven héroe africano, personaje seleccionado por Martí para defender a su Patria de un invasor extranjero.

Incluso podría calificarse en parte de autobiográfico, pues el héroe de la historia debe enfrentarse, como le tocó al mismo Martí, a la tristeza de dejar a un lado el amor que profesaba para cumplir con su deber mayor de defender la tierra que lo vio nacer y a la que dedicó su fecunda existencia.

Esta breve pieza poética es considerada por muchos uno de los momentos de mayor intensidad de toda la literatura dramática del Héroe Nacional José Martí, y es ejemplo de la centuria de oro de la literatura cubana (siglo XIX), momento de gran censura y en el que los artistas se expresaban sobre su realidad inmediata.

A los valores artísticos de Abdala debe sumarse su valor patriótico, pues convierte a los versos del joven Martí y al protagonista de su obra en paladines de libertad.

Los anhelos del pueblo cubano se ven reflejados en cada parlamento del héroe de ficción creado por el autor para despertar los sentimientos independentistas que aún yacían callados en el corazón de muchos futuros compañeros de lucha.

Dos aspectos destacan en Abdala: la síntesis poética de la acción y la trascendencia de un mensaje ético que es alimento esencial para el espíritu de la cultura cubana, en estado de formación, y a partir de ahí comienzan a parecer poemas de alto valor patriótico Abdala es sin dudas el claro mensaje de lo que sería la existencia martiana, cuando en el último parlamento del protagonista escribe Martí: Oh, qué dulce es morir, cuando se muere/Luchando audaz por defender la patria!

La palabra martiana.

Por: Mercedes Santos Moray
26 de Enero, 2007

Cubarte.- La lengua de Martí ha conocido de brillantes estudios, algunos tan sensibles como el que, con ese nominativo, escribió una de las mayores voces de América Latina, la chilena Gabriela Mistral quien dejó de existir, físicamente, hace ya medio siglo, pero que vive en nosotros no sólo por su poesía y la lección de valentía personal que nos entregó con su existencia, sino también por ese amoroso acercamiento suyo al discurso literario del Maestro.

Aunque no siempre los que conocieron de la “palabra” de José Martí reconocieron sus méritos, ni la llegaron a apreciar, como sucedió con el también cubano, Manuel Sanguily quien dedicaba ponderaciones a la oratoria del autonomista Rafael Montoso más que a la del Apóstol, en correspondencia con sus gustos personales, deudores de aquella retórica.

Mas creo que la palabra martiana, no sólo la que nos ha llegado por la profusa papelería que se ha logrado editar, no se limita a la escritura sino que nos devela también los misterios de la oralidad, como lo testimoniaron muchos de sus coetáneos, desde la memoria y el recuerdo, únicas vías que tenemos para aproximarnos a aquel verbo que lograba apoderarse de los más plurales auditorios, y que podía hacer vibrar a las multitudes.

Algunas referencias nos quedan de aquel lenguaje oral, el misterio de su palabra viva, desde el apasionado alegato de su defensa ante el tribunal español que lo juzgó y condenó en su adolescencia al presidio político, o luego, durante su breve estadio habanero, tras su retorno a la Isla, a raíz del Zanjón, en los liceos de Regla y Guanabacoa, u otros referentes suyos en espacios de nuestra América como México, Guatemala y Venezuela.

Sin embargo, el proceso de madurez, de crecimiento del ser humano que fue José Martí, del ideólogo en cuanto a la política, la sociedad, la cultura y en su propia obra se nos presenta en el escenario norteamericano, durante aquellos tres lustros de su voluntario y obligado, a pesar de la paradoja de ambos calificativos, en los Estados Unidos.

Hace 120 años, como se refiere en la historiografía martiana, se produjo un giro en la vida y en la obra de Martí, en 1887, cuando pronuncia el discurso del 10 de octubre, en el Masonic Temple, reinicio de una época de bríos, que lo lleva a reactivar sus potencialidades y a integrarse, nueva y plenamente al proyecto emancipador, y a presidir la Comisión Ejecutiva, que encabeza a los emigrados y a dirigirse a los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Comenzaba, entonces, el más brillante período de su palabra, tanto desde la oralidad que le permitía la tribuna, en Tampa, Cayo Hueso y Nueva York, como también la que encontraría en tierras centroamericanas y antillanas cuando realizó su periplo, en obra fundadora del Partido Revolucionario Cubano, ya como su Delegado.

Es el Martí que se adueña de los corazones y de las mentes. No siempre comprendido en profundidad por cuantos le escuchan, ni tampoco en la célula de su complejo y abarcador pensamiento político, económico y social, pero sí amado, seguido, como si fuera un iluminado que nos descubre la verdad, quizás desde la fe y el amor que tiene su semillero en la común religión profesada por el orador y el público que le escucha, la de la libertad y la independencia de Cuba.

Convencer al otro, llegar a las fibras más íntimas, equivocarse y levantarse sobre las heridas, el rencor y los resentimientos, superar las naturales pasiones humanas, incluso los propios intereses, fue la mayor virtud alcanzada por la palabra de Martí en aquellos cinco intensos años que van desde 1891 a 1895.

Como no olvidemos tampoco, o mejor, intentemos aproximarnos desde la calidez dolorosa de su último diario, aquel verbo en la manigua, con el cielo cuajado de estrellas o envuelto en la neblina de la madrugada, al pie de palmas, yagrumas y ceibas, con el río a la espalda y en la cañada el cuerpo que descubre la huella de la mariposa, aquel verbo repito en medio de los soldados, de los iletrados campesinos que integraron el Ejército Libertador, cómo los conmovía la palabra martiana, hasta el punto de llamarlo y recibirlo en los campamentos como “el Presidente”, apelativo que originaba cierta desazón...

Las jornadas, los días de su reencuentro con Cuba, cuando se supo al fin un hombre, y sintió como nunca la experiencia de la felicidad y de la soledad, envuelto en sus propios misterios y contradicciones, aclamados por hombres y mujeres que no le conocían, que nada sabían de aquel “doctor”, de aquel hombrecito que era un civil, a pesar del grado de Mayor general que le confirió Máximo Gómez el 15 de abril, y que sobresalía por su palabra entre tantos generales y oficiales, de veteranos de la Guerra Grande…

La palabra martiana fue entonces el aliento vivo de la tierra. La más genuina expresión de su poética… esa que resonó entre los sables y el plomo, unos minutos antes de caer en el cruce de los dos ríos, el Cauto y el Contramaestre, la que encontró el abrigo de los cubanos sencillos que le amaron sin conocerle, sin haber leído nunca uno de sus artículos, ninguno de sus versos, los que ni siquiera sabían de donde venía, pero que sintieron en el pecho la hondura de aquella voz, y la comprendieron como suele suceder cuando se consigue el éxtasis…

Fuente: CUBARTE

MARTI ¿COMUNISTA?

Publicado en Bitácora Cubana, 25 de enero de 2007
Por Julio M. Shiling

Lo que hay hoy en Cuba, sus instigadores nos dicen, inspiracionalmente hablando, comenzó en el acometimiento de un cuartel en Oriente. La responsabilidad intelectual de la monstruosidad que derivó de aquel ataque al Moncada, nos ha parloteado su máxima figura, es José Martí. ¿Cuánta verdad correlacionar podrá ver en dicha afirmación?

La revolución cubana está sustentada sobre una base de mentiras. Cuba es el único caso en el mundo, donde el comunismo alcanzó el poder negando insistentemente, su esencia marxista. La necesidad metodológica, para insertar en praxis el socialismo “científico” de Marx y Engels, institucionalizó el embuste. Esto se agudizó dada, sin dudas, las excéntricas directivas del capataz de la versión criolla: nacionalismo falso, antinorteamericanismo despiadado y anticapitalismo hipócrita. Falsificación de datos, la historia, hechos, en nada han escatimado al mentir los comunistas cubanos. Era de suponer que la figura insigne de Cuba no escaparía la embestida trolera.

José Martí jamás fue o podía ver sido socialista o, mucho menos, comunista. Claro quedó escrito, su crítica directa a las pretensiones socialistas. Más aún, el Maestro estructuralmente rechazó las premisas imperiosas que sustentan la teoría de su contemporáneo, Carlos Marx. Martí creía en la concordia de las clases sociales, no su lucha. La economía y las relaciones que engendraba era, para el autor del Manifiesto Comunista, el óptimo factor determinante en la vida del hombre. Concepto, para el Apóstol, absurdo. En el rico léxico escrito de Martí, la palabra “economía” sólo se encuentra 14 veces. Dramática diferencial con “libertad”, que aparece 346 instantes.

De no estar informado del socialismo, no se le puede achacar a Martí. Había en 1886 34 publicaciones socialistas (5 de ellos diarios) en los EE. UU. El Maestro era un lector prolífico y responsable. Ya en la tierra de Lincoln había también, desde 1852, un partido comunista que un alemán llamado, Joseph Weydemeyer, había fundado. Lo que más le repelaba al Apóstol de las esquemas socialistas (en todas sus variantes) se sintetiza en cuatro puntos: (1) la enmascarada demagogia de su liderazgo, utilizando hipócritas diatribas para engatusar a los pobres y adquirir poder; (2) el precio social y cultural de subordinar lo individual a lo colectivo; (3) la fomentación de un Estado cíclope e invasor; (4) el atropello a la libertad para implantar esas ideas “confusas”.

Su “antinorteamericanismo” es otro de los tergiversados inventos de la revolución castrocomunista. El llamar a los EE.UU., la “… sociedad más libre y grande en la Tierra”, descalificaría a Martí de semejante calificativo. La crítica selectiva de aspectos de una sociedad, no equivale a sentir desdén por ella. Más cuando los que hacen esas aseveraciones, al ofrecer las críticas, ocultan aserciones que plasman la admiración del Maestro por los EE.UU.

La obra de Martí lo defiende grandilocuentemente contra el infame paralelismo que vincula el ideario martiano y el proyecto comunista. El exánime tirano y su sistema, no lograrán extender la difamación a la figura insigne de Cuba, más allá de su conminada estadía en el poder. Para la figura histórica de Moncada, será así también. ¡Que pesadilla! Tantos años de vilipendio.

Julio M. Shiling
Director
Patria de Martí

P.O. Box 523903 Miami, Florida 33152
jmshiling@patriademarti.com
www.patriademarti.com

Publicado en Bitácora Cubana, 25 de enero de 2007

Alcaldía mayor celebró en escuela día de José Martí.

Caracas, jueves 25 de enero, 2007

distrito metropolitano

La Alcaldía Mayor, a través de la Fundación Caracas para los Niños, inició la celebración del 126 aniversario de la llegada de José Martí a Caracas y 154 años de su natalicio con un concierto ofrecido por integrantes de la Orquesta Sinfónica Infantil de la Escuela Bolivariana José Martí núcleo Sarría. El acto fue ayer en la plaza Juan Pedro López, en Carmelitas. La presidenta de la Fundación, Anahí Arizmendi, dijo que buscan proyectar la vida de Martí.

Presentan sitio web dedicado a Martí.

25 de enero de 2007 02:55:45 GMT

Por: Danay Galletti Hernández y Mario Cremata Ferrán, estudiantes de Periodismo
Correo: digital@jrebelde.cip.cu

Portal José Martí de la Oficina del Programa Martiano
Portal José Martí de la Oficina del Programa Martiano

El portal José Martí de la Oficina del Programa Martiano se presentó oficialmente este miércoles, con el objetivo de divulgar la vida, obra y pensamiento del más universal de los cubanos.

Esta página web incluye, entre otros espacios, dos columnas permanentes a cargo de los Doctores Armando Hart y Cintio Vitier. También la selección de las Obras Completas de Martí, una cronología y visitas virtuales a cuatro sitios relacionados con nuestro Héroe Nacional.

La presentación del sitio (http://www.josemarti.cu), devino momento propicio para homenajear a Cintio Vitier y Fina García Marruz, con la Distinción Pensar es servir: el más alto reconocimiento del Centro de Estudios Martianos (CEM) a personalidades e instituciones que se destacan en la producción de obras sobre el Apóstol desde posiciones revolucionarias.

En el discurso de elogio a estos incansables estudiosos de Martí por más de medio siglo, el investigador Pedro Pablo Rodríguez expresó que Fina se caracteriza por un asombroso rigor en su ensayística, una capacidad analítica profunda y gran sagacidad; mientras que Cintio posee la voluntad de exponer en sus textos un análisis, un estudio, un examen y una acertada visión del mundo.

El Doctor Armando Hart Dávalos, envió un mensaje de amistad y solidaridad al pueblo norteamericano, a través de las palabras de José Martí, quien viviera por más de tres lustros en Estados Unidos.

Como parte de la actividad la doctora Ana Sánchez Collazo, directora del CEM, entregó el premio Mi pequeñuelo a Damaris Odelín Fuentes y el premio Los Pinos Nuevos, a los niños Carlos A. Sánchez y Lucía Fernández. El jurado del Premio de Investigación José Martí seleccionó el trabajo de Luis Ernesto Martínez y destacó el proyecto de Alejandro Sánchez.

El Premio Martiano de la Crítica, en la categoría de libros publicados en los últimos dos años, se otorgó a Marlene Vázquez, autora de Martí y Carpentier: de la fábula a la historia, y a Israel Escalona, por José Martí y Antonio Maceo: la pelea por la libertad.

En la modalidad de ensayo, el premio Ramón de Armas fue entregado a Rafael Borges y al propio Escalona; mientras que un artículo de Pedro Pablo Rodríguez recibió el Emilio Roig de Leuchsenring.

La actividad, que forma parte de los festejos por el trigésimo aniversario de la creación del CEM y los 154 años del natalicio de Martí, concluyó con la interpretación de dos temas de José María Vitier: Danza de fin de siglo y Preludio de Sofía, a cargo del joven pianista Marcos Madrigal.

miércoles, 24 de enero de 2007

José Martí y la lengua española.

Sergio Valdés Bernal
24 de Enero, 2007

Cubarte.- Varios fueron los factores que se conjugaron para que José Martí Pérez (1853-1895) deviniera la más sobresaliente figura de las letras hispanoamericanas decimonónicas, así como una de las figuras cimeras de la literatura escrita en lengua española.

Martí nació en el momento oportuno, cuando existía un predominante núcleo de población cubana, cuya mayoría ya tenía conciencia de constituir un pueblo diferente del español, y cuando este había logrado apropiarse de un solo y único medio de comunicación, la lengua española en su variante cubana. En fin, cuando nació Martí, ya hacía rato que se venía gestando aquella realidad en que él mismo reparó muchos años después, al señalar que “Un ligero estudio de la composición nacional de España y de Cuba, basta a convencer a una mente honrada de la justicia y de la necesidad de la revolución, de la incompatibilidad de carácter nacional, por sus raíces diversas y sus distintos grados de desarrollo, entre España y Cuba, de los objetos encontrados, y por tanto llamados a choque, de ambos pueblos en la negación violenta de la metrópoli europea y retrasada de la isla americana” (1975: IV, 153).

Otros factores no menos importantes que incidieron positivamente en la vida de Martí, fueron el haber nacido en la capital de la colonia, La Habana, y en el seno de un matrimonio exogámico.

La capital siempre fue el centro cultural, político, social, militar y económico más importante del país, al que llegaban con rapidez las noticias de los más importantes acontecimientos ocurridos en su suelo, la metrópolis y el resto del mundo. En la capital habanera, convivían las más diversas contradicciones del régimen esclavista imperante en Cuba, además de que, como todo centro urbano, propiciaba mucho más rápidamente el mestizaje biológico y cultural.

Asimismo, en esta ciudad se concentraba la crema y nata de la intelectualidad cubana, que ya manifestaba sentimientos propios.

Por otra parte, el hecho de que Martí naciera en un hogar exogámico, formado por un padre de ascendencia valenciana y de una madre de origen canario, también fue un importante factor que repercutió en la formación de Martí, ya que únicamente los matrimonios endogámicos son capaces de preservar el legado lingüístico-cultural de sus forjadores y trasmitirlo a su descendencia en una sociedad pluriétnica. De haber sido los padres de Martí de un mismo origen regional hispánico, ya fuesen ambos vascos, catalanes, gallegos, asturianos, canarios o andaluces, por ejemplo, el entorno hogareño en que creció el Martí niño hubiera creado en este una mayor idealización y apego a la cultura del terruño hispánico de donde procedían sus padres, en detrimento de lo cubano.

Indudablemente, Martí sintió admiración y cariño por las patrias chicas de sus padres y, en general, por España, sentimiento que igualmente compartimos hoy todos los cubanos descendientes de españoles, pero le era más cercana y real –como nos ocurre a todos nosotros- la patria que le tocaba vivir, la cubana: “A España se la puede amar, y los mismos que sentimos sus latigazos sobre el hígado la queremos bien; pero no por lo que fue ni por lo que violó, ni por lo que ella misma ha echado con generosa indignación abajo, sino por la hermosura de su tierra, carácter sincero y romántico de sus hijos, ardorosa voluntad con que entra ahora en el concierto humano y razones históricas a que todos se alcanzan, y son como aquellos que ligan con los padres ignorantes, descuidados o malos, a los hijos buenos” (1975: VII, 405).

Aunque Martí luchó denodadamente por la independencia de Cuba con todos los recursos de que podía disponer, su sentimiento independentista no se limitó a las estrechas fronteras de su país, sino que lo extendió al resto de la América española. Por esto Martí fue el más cubano y, a su vez, el más universal de nuestros escritores. Concebía a la América hispanohablante como una comunidad de pueblos unidos por estrechos lazos culturales y lingüísticos, sin dejar de reconocer que “Toda nación debe tener un carácter propio y especial” (J.M.: 1975: VII, 227).

Pero ese hispanoamericanismo de Martí fue viable gracias a la realidad de que en la América colonizada por España emergió un medio de comunicación afín: la lengua heredada de la metrópoli y adaptada a nuestras necesidades de comunicación como hispanoamericanos. Así, la lengua española dio unidad, dentro de la diversidad geográfica y cultural americanas, a las diferentes y nuevas comunidades que fueron surgiendo del lado azul del Atlántico, como él mismo lo llamara: “Y con los pueblos vinieron sus lenguas, pero ninguna de ellas pudo más que la nativa española” (J.M.: 1975: VI, 358).

¿Quién pone en duda que, precisamente, la lengua española es el sello más distintivo del multifacético mosaico hispanoamericano? Por ello Martí, en su sexto cuaderno de apuntes, escribió lo siguiente en torno a “La lengua castellana en América” (J.M.: 1975: XV, 443):

Lo que América pone en la lengua. Lo que por fuerza ya ha de ser la lengua en América. Reflejo de nuestro carácter autónomo, de nuestro clima y abundancia, de nuestra educación mezclada, de nuestro cosmopolitismo literario, de nuestros hábitos fieros e independientes, de nuestra falta de costumbres de reglas largo tiempo imperantes, de nuestro amor natural, como reflejo de nuestra naturaleza, a la abundancia, lujo y hermosura.

Pero el deseo de Martí de que el español americano tuviera su propia forma de expresarse, no atada al molde peninsular, no lo hizo caer en el error en que incurrieron no pocos escritores hispanoamericanos de su época, quienes vinculaban la independencia política y económica de España como la necesidad de una total independencia idiomática.

Martí, como excelente escritor y periodista que fue, sabía que el lenguaje había que cultivarlo y cuidarlo, protegerlo. Por eso era un celoso guardián de la lengua española, sin caer en purismos excesivos y castrantes, pues “Los idiomas han de crecer como los países, mejorando y ensanchando con elementos afines sus propios elementos”. (J.M.: 1975: XV, 443). En su artículo “El castellano en América”, publicado en el periódico uruguayo La Nación, el 23 de julio de 1889, podemos apreciar plenamente la madurez que, como escritor, cultivador y defensor de la lengua española en América, logró acumular y trasmitir. Para él, el lenguaje es una materia moldeable, pues, “Hay algo de plástico en el lenguaje, y tiene él su forma escultórea, y su color, que solo se perciben viendo en él mucho” (J.M.: 1975: XXI, 464), además de que “El lenguaje es siempre hermoso y presenta una atendible novedad: es a la par clásico y romántico” (J.M.: 1975: VII, 426).

Aunque Martí estaba convencido de que “El hombre es superior a la palabra” (J.M.: 1975: V, 235), también tenía conciencia de que “La grandiosidad del lenguaje invita a la grandeza del pensamiento” (J.M.: 1975: IX, 73). Si bien reconocía que toda lenguas se enriquece con préstamos léxicos de otras, y que diversas lenguas aportaron a la española “…las cualidades que le faltan como lengua moderna”, o sea, “…del italiano la sutiliza, del inglés lo industrial y científico, del alemán lo compuesto y razonado, del francés la concisión y la elegancia” (1975: VI, 358), fue un acérrimo enemigo de los préstamos superfluos y lo fue de los galicismos, tan comunes en su época.

Martí era muy cuidadoso al escribir y sopesaba cada palabra que utilizaba. Por eso, por ejemplo, utilizó el vocablo cañales en lugar de cañaverales, a la hora de describir en Guatemala el paisaje en que abundaban terrenos sembrados de caña de azúcar. Esto llamó la atención de Fernando Ortiz (1939: 295), quien, por ello motivado, escribió el artículo “Cañales, dijo Martí”, en el cual señaló lo siguiente: “Un lingüista tan consumado como José Martí debió de apreciar la impropiedad de la voz cañaveral sin referirse a cañaveras…”. Llamamos la atención respecto de que Fernando Ortiz, una de las figuras más sobresalientes de la intelectualidad cubana del siglo XX, calificó a Martí de lingüista. En efecto, Martí fue un lingüista, un estudioso de lengua, un renovador de la misma.

En su largo peregrinar por tierras hispanoamericanas, pues “Lejos nos lleva el suelo de la patria” (J.M.: 1975: V, 93), Martí utilizó numerosos regionalismos en sus escritos, y con parte de ellos confeccionó un interesante listado de 160 americanismos de la más diversa procedencia. En su prosa descriptiva figuran numerosos indoamericanismos, como numerosos fueron los países hispanoamericanos que visitó. Así, hallaremos en sus escritos infinidad de aruaqismos, mayismos, nahuatlismos, quechuismos, mapuchismos, caribismos, quechuismos y otras voces indígenas americanas de diversa procedencia, como hicaco, guanábana, cacique, totopo, chucho, tocolote, milpa, tzité, icbuk, vincha, papa, pampa, tápara, etc. La toponimia indígena americana atrajo su atención, e incluso en algunos casos explicó su etimología, como en Jocotenango (“Jocote quiere decir ciruela, y esta terminación ango quiere decir lugar. La n, como en griego, es infómica”: J.M.: 1975: XIX, 81) y Cozumel (“Cozumel se deriva de cuzumel, que significa tierra de murciélagos, porque cuzán es murciélago), entre otros ejemplos.

Siempre trató de estar informado sobre todo estudio que se hiciese de las lenguas amerindias, de su mejor conocimiento y de su aporte al español americano. Por eso, en sus diversos artículos periodísticos, elogió los trabajos de Arístides Rojas, de Esteban Pichardo y Tapia, de Bachiller y Morales. También tuvo palabras de elogio para los filólogos, lexicógrafos y gramatólogos. Por eso calificó de “notabilísimo filólogo, y como un verdadero filósofo del idioma” a Rufino José Cuervo, o escribió que “Y en cuanto a las leyes de la lengua, no hay duda de que Baralt, Bello y Cuervo son sus avisados legisladores”. Tampoco escaparon al elogio el filólogo Rafael María Merchán ni el lexicógrafo José Miguel Macías.

Martí se dio cabal cuenta de la importancia de la lengua española como vehículo de comunicación a nivel nacional y universal. Y frente al “Norte revuelto y brutal que nos desprecia” (J.M.: 1975: IV, 165) opuso la América Nuestra, a la cual ha unido la lengua española, aun cuando está constituida por disímiles pueblos vinculados por aspectos lingüístico-culturales bastantes afines y a pesar de que “Así nos dejó la dueña España, extraños, rivales, divididos, cuando las perlas del río Guayate son iguales a las perlas del sur de Cuba…” (J.M.: 1975: VII, 117). El concepto de América Nuestra, cuyo sello inconfundible lo constituye la lengua española, siempre es resaltado por Martí: Así, en 1839 escribe sobre “la América que habla castellano” (J.M.: 1975: V, 97), de “Los pueblos castellanos de América que habla español” (J.M.: 1975: VII, 349). En fin, que la lengua española era y continúa siendo lo más representativo de ese mosaico de naciones que es Hispanoamérica, y Martí tenía plena conciencia de ello, pues, la lengua española, la “compañera del imperio” en tiempos de la conquista y colonización de América, en manos de los criollos devino el mejor instrumento de lucha y de trabajo para derrocar el yugo colonial, fue el mejor recurso de convicción de que dispusieron Martí y otros próceres hispanoamericanos en su ardua lucha por la independencia y el desarrollo de la inmensa América Nuestra.

Pero defender la lengua española, cultivarla y desarrollarla, para hacerla lo suficientemente competitiva como para que no estuviese a la zaga de otras lenguas europeas, significó para Martí la necesidad de conocer los idiomas que, como el francés, el alemán y el inglés, eran los más representativos del gran desarrollo científico y cultural alcanzado por la Europa de aquellos días. Además, reconocía el valor del estudio de las lenguas clásicas, el griego y el latín, como lenguas fundacionales.

Martí, además, fue un excelente traductor, con gran dominio de la lengua inglesa y francesa, como lo demuestran algunos de sus artículos y notas, o la carta enviada a María Mantilla el 9 de abril de 1895, en la que le explica cómo debe ser cuidadosa al realizar una traducción, ya que “La traducción ha de ser natural, para que parezca como si la hubiese escrito en la lengua a que la traducen…”.

Fue muy cuidadoso en el uso del lenguaje, ya que “El que ajusta su pensamiento a su forma, como una hoja de espada a la vaina, ése tiene estilo” (J.M.: 1975: V, 128). Así, creó un estilo muy propio, que sobresalió en su prosa, pues “…el verso de improvisa, pero la prosa no; la prosa viene con los años (Ibid.). Por eso fue un gran innovador de la lengua española de su tiempo: el verbo y el adjetivo tuvieron gran importancia en el gráfico y armonioso lenguaje martiano. Por eso, Carlos Ripoll (1979: 203) destacó que Martí se adelantó a los modernistas en el manejo del idioma, además de que fue por otro camino y tuvo otras intenciones. De ahí que Roberto Fernández Retamar (1982: 95) aclare que “…en verdad, lo que Martí inicia no es una escuela, ni un movimiento (como Darío llamaría al modernismo), ni siquiera (exclusivamente) un período de la literatura hispanoamericana, lo que inicia es una época histórica, con su correspondiente literatura”.

Martí fue nuestro escritor más universal, más americano, como lo calificara Juan Marinello (1962). La lengua española, moldeada por el muy propio estilo martiano, se nos manifiesta como supradialectal, o sea, no matizada por una modalidad regional, hispanoamericana, de la lengua español, ni tampoco por el modelo madrileño. Pero en su hispanoamericanismo hallaremos la pizquita de lo cubano, de ese “sabor cubano” –lingüísticamente hablando- en algunos de los pasajes de su Diario de campaña (de Cabo Haitiano a Dos Ríos), presente en nuestros topónimos, nombres de plantas, frutos o animales, así como en alguna que otra expresión cubana: “…tenemos fuego en el corazón y quimbo en el cinto” (J.M.: 1975: II, 434), “Un caballo gualtrapeador le gustaba más, o un gallo giro…” (J.M.: 1975: V, 369).

La lengua española tuvo en Martí, hijo del lado azul del Atlántico, como él mismo lo definiera, a uno de sus mejores exponentes. “De América soy hijo, y a ella me debo”, dijo en cierta oportunidad, y se sintió muy orgulloso de ser “...a mucha honra, españoles de maíz” (J.M.: 1975: XX, 382). Sin dejar de ser un fecundo escritor, incansable periodista, asiduo traductor, defensor, cultivador y estudioso de la lengua española, de tener una fecunda vida intelectual, halló tiempo para el agotador, ingrato y lleno de sinsabores trabajo de organizar a hombres de diversos intereses y encauzarlos con la prédica y el ejemplo, para hallar una vía que liberara a su país del tutelaje español. Por eso se opuso a la práctica del arte por el arte y a la indiferencia ante la sociedad; mediante el lenguaje no rehuyó su compromiso social con América, ni con su patria. Y si bien confesó que “He vivido avergonzado y arrastrando la cadena de mi patria, toda mi vida” (J.M.: 1975: IV, 124-5), sabiendo que “Rodaré por el suelo, sin cuerpo y sin premio –sin el premio siquiera de que mis amigos me entiendan y acompañen en hora de verdadera agonía-…”, cayó de cara al sol en combate el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos, con la convicción de que “…habré hecho cuanto cabe en alma y cuerpo de hombre” (J.M.: 1975: II, 222).

BIBLIOGRAFÍA:

Fernández Retamar, Roberto (1982): “Cuál es la literatura que inicia José Martí”. En Actas del Séptimo Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. Bulzoni Editore. Roma. Vol. I. Pp. 75-100.
Marinello Vidaurreta, Juan (1962): Once ensayos martianos. Comisión Nacional Cubana de la UNESCO. La Habana.
Martí, José (1975): Obras completas de José Martí. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. Tomos I-XXVIII.
Ortiz, Fernando (1939): “Cañales, dijo Martí”. En Revista Bimestre Cubana. La Habana. Vol. 44. Pp. 291-295
Ripoll, Carlos (1979): “Martí y el romanticismo: lenguaje y literatura”. En Revista de Estudios Hispánicos. Río Piedras. Año 6. Pp. 183-204.
Valdés Bernal, Sergio (1995): “José Martí y la lengua española”. En Anuario L/L. La Habana. No. 26. Pp. 4-37.
Fuente: CUBARTE.

Martí hombre.

Diario Las Americas
Publicado el 01-24-2007
Por Luis Mario

El próximo domingo 28 se cumplen 154 años del nacimiento de José Martí. Patriota, poeta, escritor, maestro, dramaturgo, traductor, tribuno... en múltiples vertientes se impone su genio, pero hay otra asignatura en la que también sale sobresaliente: la de hombre. Porque no se puede ser un buen hombre si no se es justo.

Acaso no hay mejor prueba de la justedad martiana que la redacción del Manifiesto de Montecristi, firmado conjuntamente con Máximo Gómez en República Dominicana. Se trata de las bases de la futura República, guerra necesaria sin odios, racismos ni discriminaciones, y aclara que la lucha no es contra el español para quien exige respeto, porque sus fines son “la creación de un archipiélago libre”. En cuanto al racismo, es enfático cuando dice: “Sólo los que odian al negro ven en el negro odio”.

No se puede ser un buen hombre si no se es un hombre honrado.

Cuando Manuel García, un prófugo de la justicia a quien le llamaban Rey de los Campos de Cuba, le ofreció dinero a Martí para la revolución libertadora, rechazó su ayuda, porque su obra requería solamente dinero limpio. Esa actitud fue a pesar de que Manuel García fue un legítimo Robin Hood cubano, que robaba para favorecer a los pobres.

No se puede ser un buen hombre si no se es un buen amigo.

El 21 de octubre de 1869, la Policía arrestó a Pepe Martí. Su amigo Fermín Valdés Domínguez había corrido igual suerte. Ambos habían firmado una carta dirigida a un condiscípulo, Carlos de Castro y Castro, acusándolo de apóstata, por haberse alistado en un regimiento español para combatir a Céspedes. Cinco meses después, ante un tribunal militar, los dos amigos se declaran autores de la carta del conflicto. La Fiscalía había sugerido hasta una posible pena de muerte, pero Martí dio un paso al frente, y con sus ya incipientes dotes de orador, asumió toda la responsabilidad. A él lo condenaron a seis años de trabajos forzados en las Canteras de San Lázaro. Fermín tuvo que cumplir seis meses de arresto mayor.

No se puede ser un buen hombre si no se es un buen hijo.

La comunicación de Martí con su madre, con su padre, con sus hermanas, a pesar de su poco tiempo disponible, fue ejemplar. Una de sus manifestaciones conmovedoras de consuelo está contenida en un cuarteto escrito al dorso de una foto suya en las Canteras de San Lázaro, con los grilletes aferrados a su tobillo derecho:

“Mírame, madre, y por tu amor no llores;/ si esclavo de mi edad y mis doctrinas/ tu mártir corazón llené de espinas/ piensa que nacen entre espinas flores”.

Martí siempre acudía a sus padres españoles, Leonor Pérez Cabrera y Mariano Martí y Navarro. Ambos le inspiraron páginas soleadas de ternura, sobre todo en los momentos supremos de su vida. Ya a punto de zarpar hacia Cuba para pelear por su libertad, le escribe a su madre la siguiente carta que es un testamento:

“Madre mía:

“Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y, ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.

“Abrace a mis hermanas y a sus compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de usted, con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición.

“Su J. Martí.

“Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que usted pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca”.

No se puede ser un buen hombre si no se es un buen padre.

El 22 de noviembre de 1878 nació en La Habana José Francisco, su hijo con Carmen Zayas Bazán. Martí nunca tuvo bienes económicos suficientes para hacerle un buen regalo a su hijo, sin embargo, en 1882 publica en Nueva York Ismaelillo, dedicado a su primogénito, a quien le dice en la introducción: “si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, dile que te amo demasiado para profanarte así”. No, aquellos versos no se parecían a los demás del mismo autor, ni siquiera a la obra de otros poetas. Allí nacía un estilo nuevo, jamás leído antes en las letras españolas. Un regalo irrepetible, inigualable para un hijo, con la transparencia del sentimiento desplegado en versos, con la metamorfosis del amor que se transforma en poesía:

“Por las mañanas/ mi pequeñuelo/ me despertaba/ con un gran beso./ Puesto a horcajadas/ sobre mi pecho,/ bridas forjaba/ con mis cabellos./ Ebrio él de gozo/ de gozo yo ebrio,/ me espoleaba/ mi caballero:/ ¡Que suave espuela/ sus dos pies frescos!/ ¡Cómo reía/ mi jinetuelo!/ Y yo besaba/ sus pies pequeños, / ¡Dos pies que caben/ en sólo un beso!”

Pero no se puede hablar de Martí padre sin recordar a Mañach en Martí, el Apóstol, y la carta que éste le escribe a María Mantilla y que ella recibe en Nueva York el 19 de mayo de 1895, el mismo día que muere en Dos Ríos: “Llevo tu retrato sobre el corazón, como un escudo contra las balas...”

martes, 23 de enero de 2007

Dos estilos. Carlos Ripoll, Lisandro Pérez y la investigación martiana en Nueva York.

martes 23 de enero de 2007 6:00:00
Emilio Ichikawa Morín, Homestead

El 21 de noviembre de 2006 apareció en el periódico El Nuevo Herald un artículo de Carlos Ripoll titulado Martí en The New York Times, donde fechaba dos eventos simbólicamente importantes para la historiografía cubana:

1) La primera mención a José Martí en The New York Times se habría hecho el 7 de marzo de 1892, a propósito de un acto por la libertad de Cuba celebrado en el Military Hall, de Bowery.

2) El dibujo "más antiguo" de José Martí en la prensa de Nueva York (en general) apareció en el periódico The New York Times el 15 de abril de 1893, ilustrando una reseña sobre actos por la libertad de Cuba realizados en varias ciudades.

Unos días después, en el mismo periódico, el profesor Lisandro Pérez respondía a Ripoll con unas precisiones contenidas en su artículo Martí en la prensa de Nueva York:

1) La primera mención a Martí en The New York Times no es la que señala Ripoll, sino la aparecida el 11 de octubre de 1891 (p. 4) en una nota acerca de un evento en el Hardman Hall conmemorando el Grito de Yara y que había presidido el propio Martí.

2-El dibujo más antiguo conocido de José Martí en la prensa neoyorquina apareció en verdad el 13 de septiembre de 1891 en The New York Herald, es decir, no en la fecha ni en el periódico que señala Ripoll.

'Soul' y 'fast'

Más allá de las precisiones realizadas, este diálogo historiográfico (el tono amabilísimo del profesor Pérez impide hablar de polémica) deja ver dos cuestiones importantes:

a) Existen por lo menos dos estilos en la investigación martiana. Un estilo romántico, mimético, donde el historiador adopta una personalidad apostólica plagada de moralismo y espíritu redentor presumible en el mismo Martí, y otra más sencilla, modesta (acaso más martiana en algún sentido), donde el investigador trata de ceñirse a la verdad. Carlos Ripoll trabaja en el primer estilo, sin dejar de amonestar y hasta silenciar a otros colegas que no concuerdan con sus puntos de vista, incluso con su moral. Lisandro Pérez trabaja en el segundo, un poco más desapasionado, es cierto, pero no intimidante.

b) Los resultados vertidos en esos sendos artículos han aprovechado circunstancias tecnológicas distintas que, consecuentemente, tienen que ver con los estilos diferenciados anteriormente. Ripoll tiene el mérito de la soul research, la virtud de haber dedicado una vida entera a una devota aprehensión de Martí papelito a papelito, página a página, imagen a imagen.

El profesor Pérez, en cambio, pertenece ya a la cultura del fast research (encontró sus datos en la edición digitalizada de The New York Times, 1851-presente), donde el mérito radica en la eficiencia y en una velocidad intelectual que, por ser tan alta, extiende las distancias hasta el umbral del desapasionamiento.

Nota: Averiguaciones posteriores indican que la dicotomía metodológica no es exacta. Ni Ripoll ha sido ajeno a la investigación electrónica, ni el profesor Pérez al arduo camino de la página tras la página. Por si un dato faltara, este último dedicó todo un año a husmear en los archivos de varias instituciones neoyorquinas con información sobre el exilio cubano en esa ciudad en el siglo XIX.

domingo, 21 de enero de 2007

Homenaje a José Martí en Turquía.

21 de Enero de 2007

Autoridades locales y una representación de la legación diplomática de Cuba en Turquía rindieron homenaje este viernes al Héroe Nacional cubano, José Martí, en el aniversario 154 de su natalicio.

La colocación de una ofrenda floral tuvo lugar ante el busto de Martí en el parque que lleva su nombre en el distrito de Esenyurt, en Estambul.

La presencia del embajador Ernesto Gómez Abascal y de la diputada a la Asamblea Nacional de Cuba Kenia Serrano, esta última en visita oficial a la ciudad, animó a los representantes municipales a adelantar el homenaje previsto para el 28 de enero.

En el acto también se riondió homenaje a Kemal Atatürk, prócer de la independencia y de la moderna república de Turquía.

A ambos patriotas se refirió la representante del Parlamento cubano al hacer un paralelismo entre las luchas por la independencia de ambos países y el espíritu que movió a ambos ilustres personajes.

La recordación se cerró con breves intervenciones del alcalde del distrito y del diplomático cubano.

Como parte de los homenajes a José Martí por su natalicio, el 29 de enero dictará una conferencia sobre su vida en el Instituto Cervantes de Estambul el primer secretario de la embajada de Cuba en Turquía, Alejandro Simancas.

Fuente: Agencia Prensa Latina

Inauguran singular exposición plástica sobre José Martí.

Camagüey, Cuba, Domingo, 21 de enero de 2007

Exposición Ojos de América
Exposición Ojos de América

La Habana, 20 ene.- Los pintores cubanos Lorenzo Santos (Losama) y Julio Díaz Fleitas proponen en la exposición Ojos de América, imágenes inéditas del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, cargadas de poesía, espiritualidad, originalidad y misticismo.

Abierta en el Museo Casa Natal de José Martí en ocasión del aniversario 154 de su natalicio, la muestra atrae por su carga de intimidad y mensaje humanista que emana.

El profesor Jorge Bermúdez, de la Cátedra Martiana de la Universidad de La Habana, afirmó que el Héroe Nacional es, ante todo, un pensamiento, una ética y una estética, también movimiento y cambio que a todos sirve; un método de interpretación de lo cubano desde lo universal y viceversa.

El crítico subrayó que es a partir de esta esencial dimensión de lo martiano, donde generan sus propuestas Losama y Julio Díaz, como un continuo histórico que lo revelan como una suma de espiritualidades, individuales y colectivas, en la que el Maestro parece decir que en la verticalidad de la conducta está la revelación de la palabra y su correspondiente imagen.

Esa experiencia se traduce en las obras expuestas en hacer de lo mejor de la sustancia de un ayer, la posibilidad del presente y su esperanza.

Los dos artistas de la plástica buscan y encuentran las inéditas maneras de plasmar su contemporaneidad desde una imagen que no cesa y luego creen ver lo suficiente, como para alcanzar a tocar la espiritualidad de un pueblo, que, como su Apóstol, no parece cansarse, porque cultura es aquello de lo que no podemos desprendernos.(Octavio Borges Pérez /AIN)

Desfile Martiano en Hialeah.

Diario Las Americas

El Alcalde de Hialeah, Julio Robaina, anunció la celebración de la Parada de José Martí que se celebra todos los años a lo largo de la 29 calle del oeste en Hialeah en memoria al legado del poeta cubano José Martí.

El desfile se efectuará este domingo 21 de enero comenzando a las 11:00 a.m. en la 29 Calle y la 5ta. Avenida del West hasta la 9na. Avenida en Hialeah.

Participarán destacadas personalidades de nuestra comunidad, oficiales electos de nuestro Estado, del Condado y de nuestra Ciudad. Además, representantes de instituciones, organizaciones patrióticas, fraternales y religiosas. Desfilarán bandas escolares, escuelas, organizaciones cívicas y carrozas que celebrarán el Natalicio del Héroe Nacional Cubano José Martí.

Entre los invitados de honor se encuentra la Sra. Caridad Pérez, fundadora del Colegio Instituto Edison en Hialeah, que será la Gran Mariscal de este desfile anual.

Noticias relacionadas:

viernes, 19 de enero de 2007

Homenaje a José Martí en el aniversario 154 de su natalicio.

19 de enero de 2007

Por Teresa de Jesús Torres

La casa donde naciera José Martí, ubicada en la antigua calle de Paula, en la zona colonial de La Habana, acoge durante todo este mes numerosas actividades con motivo del aniversario 154 del natalicio del Héroe Nacional, el 28 de enero de 1853. La institución patrimonial rememora además por estos días los 130 años de la llegada clandestina del Apóstol a la Isla, quien con el seudónimo de Julián Pérez, el 6 de enero de 1877, arribó al puerto de la otrora villa de San Cristóbal de La Habana, procedente de Veracruz, México.

En La Habana Martí se reencontró con su familia y visitó a numerosas amistades hasta el 24 de febrero, fecha en que regresa a México, para viajar a Guatemala en marzo del propio año. Pasados dos meses conoce a María García Granados, la que ha trascendido como La niña de Guatemala, debido a los versos que el poeta le dedicara.

La jornada homenaje, iniciada desde los primeros días de enero, incluye la inauguración de la muestra Ojos de América este 19 de enero, a las tres de la tarde. El Martí hombre, poeta, periodista, político y crítico de arte es recreado por los artistas Lorenzo Santos (Losama) y Julio Díaz, que aportan dos visiones diferentes sobre el ilustre patriota y pensador, y revelan su significación para los cubanos.

El 24 de enero, también a las tres de la tarde, en la Casa Museo se presentará la revista Honda por Rafael Polanco, vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí y director de la publicación. Tres días después, a las siete de la noche, se realizará una gala artística, dirigida por Alfonso Menéndez.

Además de esas actividades, la instalación de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana invita a recorrer por estos días sus áreas expositivas, que atesoran objetos relacionados con la infancia, adolescencia y juventud del Apóstol, entre ellos la trenza de color rubio cortada a los 4 años de edad del pequeño Pepe, las espuelas de metal y cuero y el cortaplumas que llevaba cuando cayó en combate el 19 de mayo de 1895.

Como parte de la efeméride martiana, otras instituciones de la zona colonial han organizado diversas propuestas: la biblioteca pedagógica Félix Varela invita a visitar la exposición Martí educador, con documentos sobre el Apóstol; la Casa Simón Bolívar anuncia la premiación del concurso filatélico para el 20 de enero, a las dos de la tarde; en tanto, en la Casa Víctor Hugo, el especialista Ramón Guerra impartirá la conferencia “José Martí y Francia”, el día 25 a las tres de la tarde.

Publicada: 17/01/2007
Dirección de Patrimonio Cultural

Leer a José Martí .

18 de Enero, 2007

Por: Rolando López del Amo

Cubarte.- Es en el idioma que irrumpió literariamente, mesteres aparte, con el poema del Cid y alcanzó expresión madura, abarcadora y paradigmática con Cervantes, que tiene su raíz el vínculo de ideas, conocimientos, experiencias y sentimientos que conforman lo hispanoamericano, tronco común a ramas diversas de una comunidad que se complace en la identidad prístina heredada.

José Martí fue un defensor de esa identidad, que debe verse como algo en permanente desarrollo, en el que los pueblos, que son los máximos creadores, interactúan conservando y renovando, como es ley de la vida, su patrimonio propio, en conjunción con el de los demás pueblos de otro origen. Dentro de un concepto integrador de la humanidad toda, Martí fue también un defensor de la diversidad cultural para un mundo equitativo y no hegemónico. Para él, la única hegemonía aceptable era la del bien.

Fue Martí gran admirador de Cervantes y consideraba su importancia para la lengua española como la de Shakespeare para el inglés, Dante para el italiano o Lutero para el alemán. Con su coterráneo y contemporáneo Enrique José Varona, Martí consideró a Cervantes como “aquel temprano amigo del hombre que vivió en tiempos aciagos para la libertad y el decoro, y con la dulce tristeza del genio prefirió la vida entre los humildes al adelanto cortesano, y es a la vez deleite de las letras y uno de los caracteres más bellos de la historia”.

Sobre el genial hidalgo manchego al que Cervantes dio vida y movió en un paisaje geográfico y humano que, tres siglos después, Azorín sentía como contemporáneo de tan arraigado en lo esencial de aquella realidad, Martí escribe estas palabras de añoranza y admiración:” El héroe de la Mancha cruzó los desolados llanos con la lanza bajo el brazo, el yelmo sobre la cabeza, y las manos con guantelete, en busca de injusticias para remediarlas; de viudas para defenderlas; y de desventurados para ayudarlos” Y esto lo escribía un hombre que creía que el egoísmo era la mancha del mundo y el desinterés su sol y que nadie puede estar tranquilo mientras haya una injusticia que reparar y que “hombre es más que ser torpemente vivo: es entender una misión, ennoblecerla y cumplirla”.

Porque esa sed de justicia y ese compromiso con el bien del personaje de Cervantes viven en Martí como divisa suprema, sólo que el cubano no dejará de cabalgar su Rocinante, sino que morirá sobre él, en medio del combate, porque la razón tiene que entrar en la caballería para que la respeten los hombres de acción y puedan ser conducidos por ella.

Cuba debe a Martí la forja ideológica de la nación que es Él unió todo lo que había que unir bajo la divisa de amar y fundar. Él dijo que odiar no era bueno. Y aun la necesaria guerra libertadora que organizó, la previó breve y generosa, para crear después una República para el bien de todos, incluyendo a los coyunturales enemigos, pues de lo que se trataba era de eliminar sistemas injustos y reemplazarlos por un accionar democrático en el que hombres y mujeres, de pieles, orígenes y credos distintos, encontraran en la obra común de trabajo y solidaridad, la vida culta y próspera que la inteligencia humana es capaz de lograr cuando las fuerzas de construcción vencen a las de destrucción.

Para Martí, la Patria era la parte de la Humanidad en la que le había tocado nacer, y al trabajar por ella, lo hacía también por el todo restante. Más allá de cubano o antillano, se sintió hispanoamericano, hijo de lo que llamó Nuestra América, la que va del Río Bravo a la Patagonia, para diferenciarla de la América del Norte, de otro origen y composición. El se sintió heredero del ideal bolivariano y a los niños de Nuestra América les contó del viajero que llegó un día a Caracas y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía o dónde se dormía, sino donde quedaba la estatua de Bolívar, porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. Martí se proclamaba hijo de América y decía también que todo hijo de Nuestra América era cubano. La lucha por la independencia de Cuba y de Puerto Rico debía completar la emancipación americana y prevenir la expansión de los EEUU hacia el sur y contribuir así al equilibrio del mundo.

La paz mundial era un anhelo para Martí quien consideraba que la guerra, que antes era el primero de los recursos, hoy era el último y en el futuro sería un crimen.

La sociedad debía tener como ley primera el respeto a la dignidad plena del hombre y los productos del trabajo debían distribuirse con equidad para eliminar la pobreza. Todos debían trabajar, porque se tiene el deber de ser útil a los demás.

La identidad humana era una más allá de etnias, lenguajes, religiones, geografías. Hombre apasionado por la ciencia creía que esta debía estar al servicio del hombre.

La educación y la cultura tenían un alto deber formador, pues no se trata sólo de adquirir conocimientos, sino de afinar los sentimientos.

Para los niños escribió estas palabras:

“Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vea a uno pasar. Se es bueno porque sí; y porque allá adentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien, o se ha dicho algo útil a los demás. Eso es mejor que ser príncipe: ser útil”.

Él pensaba que los padres buenos eran los que creían que todos los niños eran sus hijos, los niños todos del mundo y soñaba con un futuro en el que fueran buenos todos los hombres, con una vida de mucha dicha y claridad en la que hubiera un gusto de vivir queriéndose todos como hermanos.

Hombre de tan nobles ideas es siempre un amigo querido y necesario, en realidad, un amigo imprescindible después que se le conoce. Y sobre todo, cuando se sabe, que a la defensa de esas ideas dedicó su vida toda.

Los que se inician en la lectura de la obra martiana, han de tener en cuenta que ella está dispersa en artículos periodísticos, cartas, discursos, diarios, cuadernos de apuntes, revista para niños, además de los poemas, la novela y algunas obras de teatro, pero que vale la pena no desmayar, porque cada hallazgo será una recompensa.

El estilo literario de Martí inició corriente nueva en la literatura hispanoamericana con la publicación de “Ismaelillo”, libro de versos dedicado a su hijo. Pero más que los “endecasílabos hirsutos” de sus “Versos Libres” o el sabor a romancero español de sus “Versos Sencillos”, o su prosa de grandes períodos sonoros y ornamentados que caen como aguas desde la altura de una montaña para resumirse luego en oración sentenciosa de sencillez clásica, que muchas veces se convierte en aforismo, o los sintéticos apuntes de sus diarios, lo que conmueve es el pensamiento noble, el sentimiento puro que invita a cada cual a esforzarse por alcanzar lo mejor de sí mismo como parte del esfuerzo para que todos se eleven a su mayor altura.

Con Martí se siente la magia del Universo, se vive la epopeya del hombre en su historia conocida, se comprende que Dios existe en la idea del bien, que todos los pícaros son tontos, que sobre la Tierra no hay más que un poder definitivo: la inteligencia humana; que el triunfo es de los que se sacrifican y que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.

Fuente: CUBARTE

Martí y el deporte.

Pinar del Río, viernes 19 de Enero del 2007

Por Francisco Valdés Alonso

Dentro del vasto caudal literario legado por nuestro José Martí, podemos encontrar una significativa atención hacia varios aspectos relacionados con las actividades de la cultura física y la importancia concedida a su completa aplicación en beneficio de la juventud.

En su quehacer periodístico, Martí dejó reportajes deportivos, su labor no se limitó a la simple descripción pues en cada caso con su elevado sentido constructivo y humano, sacó conclusiones propias.

Cabe señalar en este sentido la correcta relación que halló entre los ejercicios físicos y la salud mental, exponiendo en sus escritos una adecuada valoración de la necesidad social de la cultura física.

Una muestra exacta de la interpretación y sentido dado por el Maestro a la Educación Física son los proyectos de incluir en su amplia labor literaria, escritos que trataban las particularidades y beneficios de dicha práctica.

En La edad de oro expresa: "Los pueblos, lo mismo que los niños, necesitan de tiempo en tiempo, algo así como correr mucho, reírse mucho, dar gritos y saltos".

También nos habló de la imperiosa necesidad de crear gimnasios caseros y domésticos.

Martí denunció las lacras, corrupciones y mistificaciones del deporte sano por el profesionalismo en los Estados Unidos. En su crónica para el periódico La Nación, Buenos Aires, cuatro de marzo de 1882, narra vivamente un combate entre Johan L. Sullivan y Poddy Ryan, donde están presentes los crueles métodos del boxeo rentado norteamericano, muchos de ellos vigentes en la actualidad.

Dice de aquel acontecimiento: "Aquí los hombres se embisten como toros, apuestan a la fuerza de su testuz, se muerden y se desgarran en la pelea y van cubiertos de sangre, despobladas las encías, magulladas las frentes, descarnados los nudos de las manos, bamboleando y cayendo, a recibir entre la turba que vocea y echa al aire los sombreros, y se abalanza en su torno y les aclama el saco de monedas que acaban de ganar en el combate".

Esa crónica escrita por José Martí hace más de un siglo, descarnada denuncia contra el boxeo profesional, está hoy más vigente que nunca porque ese boxeo, lamentablemente, sigue cobrando víctimas en los escenarios del mundo.

Martí fue un gran humanista, un amante de la Educación Física porque consideraba punto fundamental en la estructuración de una perfecta educación intelectual y moral.

Sus bellos pensamientos sobre la actividad muscular del hombre permiten advertir al crítico que aplaude y condena sin contemplaciones. Algunos de sus aforismos plantean: "A los niños, sobre todo, es preciso robustecer el cuerpo a medida que robustece el espíritu... La mente ha de ser bien nutrida pero ha de ver y de dar, con el desarrollo del cuerpo, buena cosa a la mente".

Como muchos otros grandes hombres, Lenin, Che y Fidel, también Martí conoció y practicó el ajedrez. Se sabe que jugó muchas partidas, pero posiblemente sólo fue anotada aquella que lo enfrentó al niño mexicano de siete años, Andrés Ludovioso Viesca, y que apareciera comentada en la revista La estrategia mexicana el ocho de abril de 1869.

La partida que a continuación reproducimos carece de valor técnico pero posee un extraordinario valor histórico, y si bien no podemos afirmar que fuera Martí un ajedrecista de fuerza, tampoco podemos medir por este cotejo su destreza en este deporte, con toda seguridad superior a la que muestra esta anotación.

Recordemos que el amor por los niños fue una constate en la vida del Apóstol, quien no iba a privar al niño Viezca de que al recordarle pudiera decir: "Ese hombre de La edad de oro es mi amigo", y como una muestra más de la caballerosidad del Maestro, la salida le correspondió al niño mexicano.

Blancas: Andrés L. Viesca | Negras: José Martí



1- P4R,P4R, 2-CR3A,P3AR, 3- P4D, CD3A, 4-P5D, C4T, 5-C3A, P3A, 6-PxP,CxP, 7-A3R,C2C, 8- A4AD, C3T 9- D3D, A4A, 10-O-O,P3D, 11-P3TD, AxA, 12-PxA, C4AD, 13-D2R, A5C, 14-P4C,AxC,15-DxA,C2C,16-A6T,D2A,17-TD1D,O-O,18-AxC,DxA,19-TxP,D1C,20-TR1D,C2A,21-TxPAD,T1D,22-TxTj,CxT,23-T5A,C3R,24-T5D,D1AD,25-T3D,C4C,26-D5A,D5A,27-D7D,CxP,28-D5Dj,DxD,29-CxD,P4C,30-C7Rj,R2A,31-C5A,P5C,32-C5Tj,R3R,33-CxP,C3D,34-R2A,P5R,35-T4D,C4C,36-TxPj,R4A,37-T4Aj,R4C,38-CxP.CxP,39-CxPj,R3C,40-C6A,CxP,41-P3C,T1CD,42-C5D,T1R,43-T6Aj,R4C,44-P4Tj,R5C,45-T4Aj,R6T,46-P5T,T4R,47-T4T jaque mate.